Capítulo Único
El cielo totalmente despejado, ni una nube, sin aves, sólo el Sol y su esplendor decorando ese azul tan tranquilo.
El océano calmado, no se notaba la presencia de algún otro barco, ni de algún rey marino, y mucho menos de una isla.
Todos en el Sunny estaban igual, tranquilos, sin mucho que hacer, solo esperando a llegar algún lugar para tener una gran aventura.
Usopp y Chopper, pescaban y empezaban a dormirse, ni un solo desgraciado pescado picaba el ansuelo; Brook, tocaba una suave melodia para la bella Nico Robin, quien alegre lo observaba mientras tomaba un poco de té; Nami y Franky, estaban revisando si había daños en el barco por la batalla que habían tenido hace ya semanas, no había nada que hacer, era, de hecho, la quinta vez que revisaban el barco en el día; Luffy, el capitán, estaba sentado en el mascaron de la proa, la cabeza de Léon de Sunny, solo observando y en espera de divisar tierra; Mientras tanto, Zoro, el espadachín, estaba entrenando como siempre, sin camisa y a la vista de todos, en esa ocasión, Nami le había pedido que no usará el nido del cuervo pues tenía "Daños" que claramente no existían, pero al menos reparar algo que no necesitaba reparo los entretenía a ella y a Franky.
-¡Hora del bocadillo!
Y claro, faltaba Sanji, el cocinero siempre alegre de los mugiwaras, llamó por el bocadillo de la tarde, al parecer era el único divertido con toda la paz, cocinando y probando nuevas recetas, creando bocadillos y gozando de la tranquilidad que había por la ausencia de batallas o aventuras, y es que aunque no lo aceptarán, la mayoría de los mugiwaras disfrutaba del disturbio que creaban en cada lugar que visitaban.
Cada uno de nuestros curiosos personajes se fue acercando a Sanji para tomar su bocadillo, sin embrago el cocinero no le permitió tomar a nadie más que a las damas, después les indico a todos los hombres que su comida estaba en la cocina, y entonces todos corrieron hambrientos por su pequeña porción de comida. El rubio suspiró, siempre era lo mismo, podía haber mucha paz en todo el ambiente pero en cada comida se alocaban todos y se lanzaban al ataque.
Todos excepto ese espadachín... Sanji sonrió al verle a lo lejos, era al único hombre al que le llevaba su bocadillo ya que no me interesaba y se lo cedía a Luffy, sin embargo, Sanji como cocinero, no podía permitir que uno de sus chicos en cargo se saltará una comida.
Zoro normalmente se negaba a comer esos aperitivos y pedía únicamente su preciado alcohol, Pero Sanji no podía dejarlo ser un ebrio con malos hábitos alimenticios, así que sólo porque Zoro era necio le preparaba un bocadillo especial, onigiris rellenos de carne de monstruo marino, los favoritos del peliverde. Y definitivamente lo hacía solo porque Zoro era terco, no porque quería hacerlo feliz o algo por el estilo (?)
-Oe marimo. - Decía Sanji acercándose con las manos en las bolsas fumando, tratando de parecer desinteresado. - ¿no escuchaste? Es hora del bocadillo, ¿que no piensas ir?
-Ah, no.- Zoro sonreía, ya sabía que el rubio le tenía algo especial.
-Tsk, ebrio de mierda, toma.- Y le lanzó el paquetito de onigiris que Zoro atrapó hábilmente y con una sonrisa, dejando sus pesas de lado. - Están rellenos con carne de monstruo marinou~ ¡¿por qué carajos no traes camisa?! - Le grito alterandose de la nada y su piel se torno de un bello color rojo.
-Porque estoy haciendo ejercicio, eso es obvio cejas de sushi.- Contestó Zoro sonriendo un poco y con burla.
-No, no, no me refiero a eso. - Sanji estaba desarrollando un tic nervioso en su ojo visible. - Ya se que haces ejercicio, no soy idiota pero... ¡Vubrete esas jodidas marcas! - Dijo en un tono agudo, estaba totalmente avergonzado.
-¿Estas marcas? - Zoro se señaló a sí mismo, estaba cubierto de arañazos en la espalda, mordidas en los hombros y chupetones en todo el cuello. - Mmh, pero si son la prueba de nuestro amor. - Le sonrió coqueto.
-¿Pero que mierda dices? - Se sonrojo el cocinero. - Solo ponte algo, una camisa, una playera, ¡lo que sea pero cubrete!
-¿Para qué? - Zoro se torno serio y se acercó a Sanji. - No me dejas besarte en público, no me dejas decirte que te ves bien en público, no me dejas defenderte, ni siquiera tocarte ¿ahora tampoco puedo hacer ejercicio? - Le miro serio.
-P-pero Zoro... Estas cubierto de las marcas que yo te dejo en... La noche.- Su voz poco a poco se fue haciendo más baja hasta que apenas fue un audible susurro.
-¿Te avergüenza? - Sanji asintió cabizbajo. - ¿Te avergüenzas de que yo... Te ame?
Sanji abrió grandes los ojos y miró a Zoro quien lo observaba serio y esperando una respuesta, el rubio sintió su corazón latir rápidamente, no sabía que Zoro sentía esas cosas, y creyó que era demasiado orgulloso como para aceptar que lo amaba, sin embargo Zoro había sido capaz de decirle lo que sentía, era mucho más valiente que él, más fuerte, más apasionado, como aquella vez que lo vio por primera vez, cuando supo que era el amor a primera vista.
El rubio sonrió y se sonrojo, dio un gran salto y se lanzó a los brazos de Zoro aferrándose en el cuello de este, derribandolo por lo repentino y comenzando a besar sus labios con suma pasión, Sanji no podía tragar su orgullo y decir que amaba a Zoro peor con un beso, con un beso Zoro sabría todo lo ue el rubio había callado.
Zoro siguió la corriente y correspondió al beso que su amanete le daba cerrando los ojos y profundizando lo tomando la nuca del rubio.
Cuando Sanji se separó y quedó sobre Zoro empezó a juguetear con sus dedos sobre el pecho del peliverde, no podía hablar por la emoción, su querido Zoro lo amaba y él lo amaba también, no pudo resistir y empezó a llenar el rostro de su espadachín de dulces besos que solo hacían reír al peliverde, luego siguió besando cada una de esas marcas con mucho cariño, eran la prueba de su amor después de todo.
-Veo que ya lo aceptaron. - Dijo Robin al resto de la tripulación que habían estado observando en silencio a ese par desde hacía un rato.
-¿Aceptar que? - Preguntó el inocente doctor. - ¿Y por qué Zoro esta tan herido? ¿Por qué tiene tantas marcas?
Y todos rieron con vergüenza, nadie quería contarle al pequeño Tony que aquellas marcas Sanji se las dejaba en las noches que se hacían uno, nadie podía decirle a Tony de qué eran esas peculiares heridas... Aunque era algo muy simple de explicar... Eran las marcas de su amor.
Fin