🌸El Árbol de Cerezo - Kookmin.

Sinopsis

¿Qué estarías dispuesto a perder por la persona que amas? O ¿Qué estarías dispuesto a perder para cambiar los ideales de una sociedad retrograda y abusiva? Eso es lo que se planteo Jimin el día que decidió hacerle frente al mundo e ir en contra de los ideales conservadores de su familia. Algunos dicen que el amor te vuelve tonto. Pero a él lo volvió valiente. Advertencia: Esta historia es del genero fic homosexual. Contiene temas adultos. Escenas sexuales explicitas. Mención y uso de dr0g4s. Violencia, lenguaje vulgar y mención de suicidio. 🌸Jk : Top. 🌸Jm: Bottom.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Ambity16
Estado:
Completado
Capítulos:
43
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capitulo 1: El principio



"Y así como te vi hoy, lo recordare para el resto de mi vida, porque una belleza como la tuya solo es digna de admirar por aquellos que si saben ver. En mis más recónditos océanos eres la luz que ilumina mi sendero; he estado mucho tiempo sin ti y aunque me duele el alma, gracias a eso aprendí a valorar que un amor como el tuyo no se encuentra en cualquier lugar. Estoy feliz con el amor que siento, y espero que tú también lo estés".



Hace 7 años.

– Y la mamá leona sostuvo a su pequeño entre sus dientes, para llevarlo junto a la manada, sus hermanos y padre estuvieron felices de verlo de nuevo, al fin el pequeño leonsito estaba de nuevo junto a su familia. Y de esta manera aprendieron la valiosa lección de que la familia es mucho más importante que un sapo de colores. Fin — mi madre tomo el pequeño libro y lo dejo sobre la mesita de noche, y antes de darme las buenas noches, planto sus labios en mi frente dándome un fraternal beso para demostrarme lo mucho que me quería, pero al apagar la luz una duda surgió en mí.

– Mamá ¿porque las historias se cuentan así? — mi madre encendió la luz de noche y me observo extrañada.

– ¿Así como Jimin? — pregunto ella.

– Desde el inicio hacia el final. ¿Porque no se cuentan al revés? — pregunte a mi madre quien al parecer no entendía mi pregunta.

– ¿Y porque deberían contarse de esa manera? — mi madre no me entendía, pero sé que le intrigaba mi forma de pensar.

– Por qué de esa manera los lectores no se pondrían tristes por las cosas que les suceden a los personajes, porque ya sabrían que todo va a terminar bien — mi hermosa madre sonrió y con un movimiento lento acaricio mi mejilla.

 – Todo necesita tener un trasfondo amor, un porque o un cuando, ¿sino como sabríamos porque el leonsito abandono a su familia en primer lugar? — yo estaba convencido de que de haber sabido que el sapo de colores era mágico y traía fortuna y dicha, no me hubiera molestado con el leonsito por abandonarlos.

– Pero él lo hizo para ayudar a su familia, y yo me enfadé con él porque pensé que era un egoísta — estaba enfrascado en mi punto y nadie me iba a sacar de ahí. 

– Jimin cariño... es tarde, si quieres mañana discutimos esto mejor — dijo mi madre mientras se tocaba el vientre expresando en su rostro dolor — Tu hermana no para de patearme... creo que ya también quiere dormir.

– Esta bien... te amo mamá — exprese rendido.

– Y yo a ti cariño — seguido de esto apago mi luz de noche mientras se levantaba de la cama e iba hasta la puerta de mi habitación, dejando a esta plegada, ya que bien sabía que yo no podía dormir con la puerta cerrada.

Y esta era mi vida en este momento, yo con 10 años con muchas preguntas en mi cerebro y a punto de tener una hermana. Estaba muy emocionado, ya no sería hijo único, y a pesar de que todos me decían que pasaría a segundo plano, yo tenía por seguro que mis padres me seguirían amando pase lo que pase.

  

Era otro lunes caluroso por la mañana, el verano había llegado a Busan y con él la promesa de unas merecidas vacaciones. Me encontraba junto a mi madre en aquel malibu celeste bien cuidado; nosotros no éramos personas de grandes recursos, pero nos gustaba mantener nuestras pertenencias en buen estado.

El malibu se detuvo frente a mi colegio, mi madre bajo del auto para abrirme la puerta y yo me quite el cinturón de seguridad. Tome mi mochila y le di un fuerte abrazo a mi progenitora.

– Vendré por ti a la hora de salida — dijo ella para luego darme un beso en la mejilla — Por favor no te vayas al parque del frente con tu amigo — sentencio con una mirada muy retadora y entendía el porqué; ya que como todo niño de mi edad me gustaba desobedecer a mis padres de vez en cuando.

– Estaré aquí cuando llegues.

Ella asintió para posteriormente subir al auto y perderse de mi vista. Observé como mi mejor amigo llegaba a la escuela en un auto no tan cuidado como el nuestro (definitivamente nosotros ganaríamos en un concurso del auto más lindo de la ciudad). Sus padres estaban discutiendo, mi mejor amigo bajo del auto sin ser despedido por ninguno de sus padres y vi como secaba sus pequeñas lagrimas con el dorso de su mano.

Al verme me sonrió e hizo como si nada pasara. Me daba un dolor en el pecho cada vez que observaba esa situación, pero no podía hacer nada para ayudarlo, era solo un pequeño niño igual que él.

– Hola Hoseok ¿te encuentras bien? — lo sujete del hombro y di unas palmaditas en su espalda, para que supiera que podía contar conmigo.

– Si no te preocupes, ya sabes cómo son — él  era muy positivo, y eso era algo digno de admirar de alguien que viene de una familia como esa — Entremos antes que nos regañen — propuso él. Tomo mi muñeca y me halo hacia la entrada de nuestra escuela.

Nos encontrábamos en el receso. Hoseok y yo nos habíamos comprado un jugo y alguna que otra golosina, yo me encontraba atragantándome con cada uno de aquellos dulces, pero mi amigo no lograba animarse del todo, ni siquiera por estar comiendo Seawu Kang (su snack favorito).

– A veces debes sacar un poco de aire — le dije.

– ¿Ah?

– Mi mamá dice que, si sacamos un poco de aire de nuestros pulmones y luego volvemos a inhalar, es como si sacáramos un poco de dolor de nosotros — le explique a Hoseok, quien me devolvió una sonrisa e intento la técnica que me había enseñado mi madre.

– ¿Mejor? — le pregunte mientras le daba unas palmaditas en su espalda.

– Creo... sabes a veces me gustaría que mis papás fueran diferentes — me hacía muy mal verlo triste, él no era así, debía apoyarlo como el buen amigo que era.

– Tranquilo. Piensa que cuando seas grande vas a poder comprarte tu casa y tendrás todo lo que siempre deseaste — exclame con una sonrisa en el rostro, él me la devolvió y se acercó más a mí.

– ¿Y tú estarás conmigo? — pregunto con un tono nervioso, mientras me miraba a los ojos.

– ¡Por supuesto que sí! ¡siempre estaré contigo! — al decir esto pose mi mano encima de la suya, la cual estaba apoyada en el asiento donde estábamos sentados.

– ¡Jimin! ¡¿qué haces?¡ — escuché la voz de mi padre a lo lejos, y vi cómo se acercaba a nosotros con apremio- ¡No hagas eso! — me tomo del brazo y me halo con fuerza hacia él mientras caminaba a pasos agigantados hacia el auto- ¡tu madre está dando a luz en el hospital! Debemos ir allá — sentencio mi padre.

– ¿Y mi mochila y mis cosas?.

– ¡Las buscaremos mañana! Ya llamé a la directora te han dado permiso, súbete — abrió la puerta del auto y me senté en el asiente del copiloto.

Mi padre parecía muy preocupado, lo pude notar por su timbre de voz y también, porque sus manos parecían mantequilla cuando intentaba coger las llaves del auto.

                            -----❁-----

Llegamos al hospital, mi padre y yo nos acercamos a recepción y él dio el nombre de mi madre. Le informaron que mi madre ya había dado a luz a una hermosa y saludable niña, y que podíamos pasar a verla.

Estábamos detrás del gran cristal junto a una de mis tías (quien fue la encargada de traer a mi mamá al hospital) viendo a mi hermana y a muchos bebes más. La habían llamado Jiyu, su piel era blanca como la leche, pero sus mejillas estaban escarchadas de un hermoso tono rosado. Al instante pensé que se parecía a mí, aunque con la diferencia de que ella era castaña como mi padre y no rubia como mi mamá y yo; pero aun así era hermosa, se veía como un ángel, durmiendo plácidamente en aquella incubadora. Seria mi persona favorita a partir de ahora pensé.

El día del cumpleaños de mi padre hubo llegado, mi hermanita tenía ya dos meses y se hallaba acostada en su cuna, mientras yo reposaba mi mentón en la madera de esta, y jugaba con sus débiles deditos de la mano. Contemplaba su exorbitante belleza con una sonrisa, nunca me cansaría de decir cuan hermosa era. Mi madre entro a la recamara y nos dio un vistazo a mí y a mi hermana.

– ¿Aun duerme? — me había preguntado sentándose en el sillón que se encontraba delante de un gran espejo, y un tocador donde había perfumes y muchas otras cosas más que yo no conocía.

– Si... ¿Qué haces mamá? — ella se encontraba cepillando su cabello y se aplicaba un polvo extraño en el rostro.

– Dando unos últimos retoques a mi físico; por lo que veo mi pequeño caballero ya está más que listo — se volvió para mirarme con una sonrisa, y yo me acerque a ella. — Eres mi pequeño príncipe.

– Y tu eres como una reina.

– Amor ¿podrías sacar mi labial del cajón y pasármelo? — me pidió mi madre, y quería ayudarla, aunque yo no tenía ni idea de que era eso. Abrí un cajón y saqué un pequeño contenedor purpura.

– ¿Es esto? — pregunte.

– Si así es — lo tomo entre sus manos y la destapo — mira ahora tu madre se coloca esto en los labios así... — abrió un poco la boca para aplicarse el labial — y ahora, me veo bonita ¿no lo crees?

– Si mamá te ves hermosa — había quedado impactado, no sabía que algo que desconocía totalmente, podía atrapar tanto mi atención. Ella me sonrió y me tomo de la mano para bajar juntos al comedor.

Habían venido varios primos y tíos, mi padre se veía feliz y aunque yo no me llevaba muy bien con ellos, la felicidad de mi padre al verlos reunidos era todo para mí.

Pero todo cambiara al momento de cenar, porque yo en mi inmensa ignorancia, haría una pregunta que marcaría un antes y un después.

El ambiente era armonioso, muchas risas, la música de la radio sonando y uno que otro chiste por aquí y por allá. Cenábamos gustosamente en el comedor y aunque no me uniera a ninguna conversación, ya estaba disfrutando el momento gracias a la comida de mi hermosa madre.

– Mamá ¿algún día podré usar labial como tú? — inocentemente pregunté a mi madre sin saber que no debí haber hecho nunca esa pregunta.

Todos se quedaron en silencio para mirarme, algunos confundidos y otros asqueados.

–  ¡¿Porque querrías hacer algo así Jimin?! — grito mi padre quien no cabía dentro de su propia furia.

– Por qué mamá dijo que usando eso se ve bonita, y yo también quiero verme bonito — explique con el tono más dulce que un niño podría hacer.

– ¿Qué paso Dong? Tu hijo te salió medio rarito ¿no? — expreso de manera arrogante uno de mis tíos y al parecer lo que dijo fue muy gracioso, por que todos (exceptuando mis padres) comenzaron a reír.

– ¡Cállate y no hagas más preguntas estúpidas! — grito mi progenitor, él estaba demasiado molesto, podría decir que de sus ojos emanaba un fuego ardiente. Tenía una mirada tan terrible que hizo que me encogiera en mi sitio, y no volviera abrir la boca en lo que quedaba de la noche.

                            -----❁-----


Mis padres estaban discutiendo en su habitación sobre lo ocurrido en la cena, papá estaba furioso y lo peor de todo es que no entendía por qué, jamás me había gritado como lo hizo. Ese día un pedazo de mi corazón se quebró, debido a que mi familia se había burlado de mí y mis padres me castigaron por primera vez por algo que ni siquiera era una travesura.

– Lamento no haberle explicado, pero no pensé que iba a preguntar eso, entiéndelo — mi madre trataba de tranquilizar la situación, pero mi padre no quería ceder por nada del mundo.

– ¡No voy a permitir que ocurra esto en mi familia!

Mi hermana se despertó llorando.

– Cariño basta por favor, Jiyu necesita dormir.

– No Hana, me avergonzó delante de toda mi familia — (así que los avergüenzo) — ¡ahora pensaran que mi hijo es un marica!

¿Marica? ¿Qué es eso?.

– No digas eso es solo un niño, yo puedo explicarle par...

– ¡No! Él lo dijo por que realmente lo quiere hacer, aunque le expliques, en el futuro lo querrá hacer igual — él estaba siendo muy duro conmigo, no entendía ¿tanto alboroto por un labial? — la otra vez lo vi muy cariñoso con ese tal Hoseok ¡debemos ser más estrictos no permitiré que mi hijo sea un marica!

Me levanté del piso donde me encontraba sentado, y hui de ahí corriendo hacia mi habitación con las lágrimas cayendo por mis tiernas mejillas. Me avente a mi cama y me cubrí con las frazadas intentando ocultar mi dolor. No conocía el significado de la palabra que uso, pero pensé que debía ser algo muy malo como para asquearle tanto ¿o no?

Y así fue como mis padres en su ignorancia e intolerancia, decidieron mandarme al colegio militar de Seúl, viviría junto a uno de mis tíos quien era un coronel ya retirado y soltero.

Hoseok tampoco sabía que significaba esa palabra, pero al igual que yo le parecía injusto la manera en la que me trataron. Lo iba a extrañar demasiado, como también a mis padres y hermana, pero ya estaba decidido.

Mi tío llego en su enorme camioneta gris a finales de vacaciones, tenía las maletas listas y el corazón deshecho. Trate de convencer muchas veces a mi padre de que no me volvería un marica, que me dejaran quedarme con ellos, pero a cada palabra que decía menos era escuchado.

Yo tenía cierta razón en que algunas historias deberían contarse desde el final hasta el inicio, por que así ustedes no estarían tristes ahora, y mi yo del pasado no se sentiría tan mal consigo mismo. El inicio de esta historia era una clara demostración de que, en muchos casos, personas buenas actúan como malas solo para complacer a un pequeño porcentaje de la población. Pero yo no sería igual que ellos.                                           


  Muchas gracias por leer😊, besos y abrazos 🌸🌸.