Capítulo Uno
Un nuevo año escolar comienza y junto con él, la llegada de nuevos es extraño.
Wolf Hill es un lugar entre bosques y montañas, la población es lo justo y el clima varía mucho, por eso, que alguien llegue aquí no es normal.
—Apártate.— digo, no es el mejor día y no tengo ganas de tratar con alguien. Menos con los nuevos.
—Sí, muévete.— Dereck empuja al chico, quien cae como si nada dejando desparramados algunos libros.
¿Por qué es tan débil?
Quizás mi mirada es muy intensa, no lo sé, pero él chico se encoge y rápidamente junta todo para escapar.
—Viste eso, es el típico nerd.— Izan se carcajea y ruedo los ojos, fastidiado por su actitud.
—Oye, Gabriel, no seas aguafiestas. Siempre molestas a los recién llegados.
—No me interesa, hagan lo que quieran.— ajusto mi mochila y comienzo a caminar. Ellos me siguen sin decir nada y mi molestia aumenta.
La academia Müller pertenece a mi familia, el pueblo en general lo es, gracias a nosotros este lugar sigue en el mapa. Debido a eso, muchos quieren lamer mis pies, incluso los profesores.
—¿Qué haras hoy? La princesa organizará una fiesta en su casa.
—Paso, tengo cosas que hacer.
—Gabriel, ¿qué te sucede? Tu novia organiza una fiesta y no irás.— Dereck se interpone en mi camino.
Ah, ese estúpido rumor. Debo hacer algo con eso.
—No es mi novia.— arrugo el ceño y lo aparto.
—Escuchen, realmente hoy no estoy de humor.— entro al salón y miro al grupo que está en una esquina.
Dos nuevos estudiantes se registraron este año. Uno va conmigo y el otro un año menor. La familia se mudo hace unos días y sólo los hermanos fueron vistos.
—¡Gabriel! Él es Daniel, puede formar parte de nuestro equipo.
Lo ignoro y voy a mi asiento. El último año de esta academia tiene un equipo de rugby, una actividad creada por el director para pasar el aburrimiento.
—Tiene un hermano, él también...
—No.— el chico interrumpe el bullicio, su voz sale con desprecio al hablar de su hermano.
—A él no le gustan esas cosas.
El profesor llega y la clase comienza. El chico nuevo se presenta y se gana el aplauso de la mayoría. Las chicas suspiran embobadas.
Daniel Rousseau, diecisiete años, chico extrovertido que busca meterse en la vida de todos. Seguramente se enteró de quien soy y busca besar el suelo donde piso.
—Mis padres son empresarios, por lo que no están nunca en casa.
—¿Por qué se mudaron aquí?— Izan le da una mordida a su sandwich. Dereck está a su lado, pero come en silencio.
¿Quién invitó a este chico?
Les dije que no me molestaran.
—Por mi hermano, el idiota no sabe comportarse. Por cierto, escuché que tu abuelo es el dueño de todo esto...
Ruedo los ojos y me levanto con intención de irme. Nunca me molestó ese hecho, pero últimamente, comienzo a cansarme de tanta atención.
Al girar mi cuerpo, choco contra alguien y toda mi bebida queda sobre mi ropa. La sensación pegajosa me irrita y observo al causante con odio.
—¿Qué mierda te ocurre?— lo empujo, logrando que caiga al suelo. La bandeja de comida se da vuelta y todo el contenido termina sobre él.
Es el mismo chico de la entrada, el hermano de Rousseau. Su cabeza se mantiene gacha y evita el contacto conmigo, la ropa que usa se ve grande y ni hablar de sus anteojos.
No se parece en nada a su hermano.
—No te preocupes, Gabriel, nosotros le enseñaremos una lección.— Izan lo agarra del brazo y se lo lleva junto con Dereck.
Resoplo con molestia y volteo a ver al hermano. Él no se mueve, sigue comiendo con normalidad.
Que estupidez.
Salgo de la cafetería y voy hasta mi casillero para buscar un cambio de ropa.
Izan y Dereck aparecen luego de unos minutos. No necesito que ellos hagan mi trabajo, más de una vez fui yo quién comenzaba las peleas a propósito, sólo por diversión. Cuando se enteraron del trabajo de mi abuelo, comenzaron a seguirme sin cuestionar mis acciones.
—Me voy, no me sigan.— digo, ellos me miran con extrañeza y se dan la vuelta para irse en dirección contraria.
Salgo de la academia y suspiro. Ser catalogado como el matón de aquí fue sencillo, sólo unos golpes a los demás es suficiente para que te teman. Gracias a ese miedo he controlado un poco la insistencia en acercarse a mí.
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—Oye, marica, sal del camino.— Dereck empuja al chico, quien termina otra vez en el suelo.
Los golpes dados ayer hacen que camine encorvado y lento, un estorbo cuando se quiere salir rápido de este lugar.
Izan patea su pierna y lo miro de reojo para ver su reacción. No hay mucho, sólo se queda allí recibiendo de buena gana los golpes.
Sólo pasó un día y el rumor de su orientación sexual se divulgó por todo el pueblo. Todo gracias a su hermano mayor, quien se unió a mí sin ser invitado.
—No me toques.— mi voz sale con asco y pateo su mano. No tengo nada contra él, sólo no me importa su existencia. Mientras más alejado se mantenga de mí, mejor.
El chico en el suelo se aparta rápidamente. El suéter que lleva es grande por lo que cubre sin problemas sus manos.
Lo miro por última vez y camino lejos de ellos. Mis "amigos" se quedan con él y se escucha como rien mientras le dicen varios insultos.
—Hola, cariño.— Sophie se prende de mi brazo y busca besarme, pero la aparto bruscamente.
—No me toques.— limpio mi ropa y sigo mi camino a pesar de su berrinche.
La muy zorra se atrevió a decir que es mi novia y ahora todos le creen. Sólo tuvimos sexo una vez.
—Joven Müller.
Observo al chófer y niego. Vine en mi motocicleta y me iré en ella.
Doy un paso y apenas lo hago, una figura pasa por mi costado a toda velocidad, chocando un poco con mi brazo. Su cabello castaño se mueve por el viento y un ligero olor dulce se me queda impregnado en la nariz.
—Maldito bastardo.— murmuro, sacudo mi brazo y troto hasta llegar a mi motocicleta. Me coloco el casco y me alejo de ese espantoso lugar.
Al llegar a casa, soy recibido por algunos de nuestros sirvientes y guardias. Mamá se acerca al último y me rodea con sus brazos.
—¿Cómo te fue hoy, hijo? Mamá preparó el almuerzo, ven.— me lleva hasta el comedor y señala la mesa. Hay varios platillos para elegir y en cuanto los veo, sé que no fue ella quien los hizo.
Mamá no sabe cocinar, papá está al tanto de eso y le sigue el juego para evitar herir sus sentimientos.
—Está delicioso, mamá.
Por supuesto, yo también debo seguirle el juego.
—¿Ya hablaste con los niños nuevos? Todos dicen que el menor es más problemático. El director lo reprende con frecuencia y muchos ya lo evitan.
Y sólo pasó un día.
—Al parecer, así es, mamá.— continúo comiéndo sin prestar mucha atención.
Lo están molestando porque yo lo hago.
—No te acerques a él, no quiero que te meta en algún problema.
—Sí, mamá, lo mantengo lejos.
—Por cierto, tu abuelo quiere hablar contigo. Dijo que vendrá en cuanto pueda desocuparse.— palmea mi cabeza y sonríe feliz. Mi abuelo, su padre, es un hombre amable y cumple todos sus caprichos. Al igual que mi papá.
Mi vida es perfecta, si alguien busca la razón de porque soy un bastardo, simplemente chocará contra una pared.








