Cap.1

Me levante temprano como todas las mañanas, me maquille y le escribí a Alex mi mejor amiga, que sabía que de seguro seguía dormida como siempre, también aproveche mi tiempo para escribirle a Caleb mi mejor amigo que se mudó a los estados unidos por temas de trabajo de sus padres, iba a ser extraño no verlo este año.
—Hola hija —me saludo mi madre.
—Hola mama, ¿cómo estás? —le dije.
—Bien hija, vete a la escuela vas a llegar tarde —hablo mientras miraba las escaleras un poco nerviosa.
Sali corriendo de casa a la de Alex, la cual me tuvo esperando en su puerta por diez minutos.
—Ya se, ya se, me quedé dormida perdón, pasa —dijo ella dando un paso hacia atrás así yo entraba a su casa.
—Vamos Alex apúrate —le dije mientras me sentaba en su sillón que a decir verdad era más cómodo que mi cama.
—Si ya voy, solo déjame vestirme —grito Alex desde su cuarto.
—Imagino lo que tardaría si combinaría su ropa —pensé
Siempre tuvimos estilos muy diferentes yo demasiado femenina y ella muy masculina.
Al final de tanta espera se puso una remera ancha, un pantalón cargo y sus famosas zapatillas conversé rojas, en cambio yo iba con sandalias, una pollera tiro bajo rosa y una remera blanca con brillos corta y al cuerpo.
—Si sigues vistiéndote así, las burlas seguirán —le dije a Alex con un poco de lastima.
—Que se jodan —dijo ella muy segura de su estilo.
—No me malentiendas me gusta tu estilo, pero van a seguir con eso... —aunque ni pude terminar la frase ya que Alex hablo.
—Si y no me importa —dijo Alex segura pero luego busco algo en su cabeza preocupada.
—¡La gorra! —dijimos ambas a la misma vez al darnos cuento de lo que faltaba.
La gorra era muy importante ya que Caleb se la había regalado a Alex para que lo tengamos presente siempre.
—Ya es tarde —le dije.
—Pe-pero —tartamudeo Alex con cara de perrito mojado.
Sin decir una palabra la Tome del brazo y la arrastre conmigo al colegio donde cada una se dirigió a su salón, al llegar vi que alguien había Tomado mi lugar no le daría importancia si no fuera porque el que estaba en mi lugar era Tom kaulitz y una de sus fans egocéntricas sentada en su pierna.
—Emm ese es mi lugar, me hacen el favor y se largan —les hable de una manera muy “amable” haciendo énfasis en “largan”.
—¿Por qué mejor no te largas tu zorra? —dijo la rubia sentada en la pierna de Tom.
—Zorra me dices ¿tu? —Mirandola despectivamente.
Una voz masculina, mejor dicho, la voz de Tom se escuchó interviniendo a la discusión.
—No pelen chicas, tu frida puedes sentarte en mi otra pierna —hablo Tom mirándome como si buscara algo en mí.
—Tal vez en tu otra vida kaulitz —le dije mientras caminaba hacia otro banco para sentarme.
—¿Por qué tan mala? ¿acaso no te gusto como a todas? —pregunto él.
—No, a mí me repugnas —hable para luego sentarme en otro lugar cerca de mis amigos.
Se paso la interminable hora de matemáticas y lo único que quería es ir al recreo a Tomar un poco de aire.
—¿Qué fue lo que paso con Tom hoy? —pregunto uno de mis amigos.
—Las drogas quemaron sus únicas neuronas y pensó que podía parecerme lindo –le respondí.
—¿No te gusta para nada? —me pregunto otra amiga
—Jamás me parecería atractivo un hombre como Tom —le dije.
—Miren ¿esa no es la lesbiana y el gay?, que asco los raritos —dijo una rubia parada atrás de mí, señalando a Alex y un chico que estaba con ella.
—Prometí que jamás nadie lastimaría a Alex y menos Jules —pensé antes de Tomar a la rubia del pelo.
—Que sea la última vez que hablas de Alex o te parto la cara Jules —le dije en el oído mientras la rubia gritaba que la suelte.
—Suéltala —dijo una voz masculina.
—y si no ¿qué Tom?
—¿Le pegas para defender a tu amiga rarita o qué? —dijo el en tono despectivo, sabiendo que él ni sabe quién es Alex.
—¿Que mierda dijiste? —Solté el tonto pelo de Jules y me le acerqué a Tom.
—Ya escuchaste, amiga de la ra... —dijo el sin poder terminar su frase gracias a mi puñetazo en el ojo.
Enseguida las chicas del lugar rodearon a Tom y lo llevaron corriendo a la enfermería, mientras yo y mi grupo nos reíamos de la situación.
—Hola amor mío —Apareció Alex en mi hombro.
—Ya deja de decir eso o van a pensar que realmente eres mi novia —Bromee mientras me reía de su chiste.
—Haga o no eso seguirán con lo de “Alex la lesbiana” —hablo Alex —dejando eso de lado ¿cómo están chicos? — Se dirigió a mis amigos.
Vi que Alex miraba como molestaban al chico que estaba antes con ella, la mire dándole a entender que vaya, pero se cuide, Alex asintió y se dirigió al lugar.
—Volvamos al salón —dijeron los chicos.
Pero antes de poder irnos apareció el director
—No tan rápido señorita Williams
—¿director que paso? —le dije.
—Ustedes ya sabe señorita, vamos ya a detención —hablo el director se le notaba enojo en su voz.
—Está bien, conozco el camino —le dije mientras salía caminando delante de él.
Detención otra vez, pero esta vez no fue normal ya que no estaba sola, sino que estaban Alex, Tom y un chico con un delineado espectacular.
—Se quedarán extra clase toda la semana —dijo el director.
—No podremos ensayar con la banda —hablo Tom preocupado.
—No me interesa kaulitz —la voz del director lo callo.
Mas bien, a nadie le interesa —pensé.
—yo te ... —Alex me dirigió la palabra.
—No quiero saberlo y menos por que estabas con este —la interrumpí enojada señalando a Tom, el me miro enojado desde su lugar.
—No te preocupes amigo tiene un problema conmigo —hablo Tom refiriéndose a Alex.
—¡Es chica! —le gritamos yo y el otro chico, mientras que Tom tenía cara de sorprendido y Alex estaba hundida en su asiento de la vergüenza.
Volvimos a nuestras respectivas clases y Tom me miraba con algo de furia sabía que su golpe no quedaría en la nada, pero solo me recosté en mi mochila y dormí hasta que toco el timbre de salida.
—Todo estuvo raro hoy —le dije a Alex mientras caminábamos a nuestras casas.
—Si, tienes razón —hablo Alex con los ojos llorosos y la voz entrecortada.
—¿Que te pasa “perra”?, cuéntame ya
—Extraño a Caleb, me encantaría que estuviera aquí en estos momentos —dijo Alex mientras una lagrima caía por su rostro.
—Ven aquí “zorrita” —le dije a Alex mientras la abrazaba.
Pero justo en ese momento la vida me dio una de mis mejores oportunidades.
—¿Ese no es el auto de Jules? —le pregunte a Alex.
—Si lo es ¿por qué? —pregunto ella extrañada.
—¿Tienes la navaja que te regale para tu cumpleaños? —le pregunte
—Frida no
—Dámela tuve una idea —le dije mientras estiraba mi mano para que me la diera.
Sin mucha resistencia Alex me dio la navaja, yo le dije que espiara mientras le pinchaba las cuatro ruedas al auto de Jules, pero olvidé que Alex era miope y no vio la figura de Tom mientras nos grababa, algo para agregar es que Jules era la hija del director y ese video era el fin para mí y Alex.
Deje a Alex y llegue a casa donde se escuchaban los gritos de mi padre.
—Hola —hable al entrar, mientras subía a mi cuarto.
—Ven aquí —dijo mi padre, parecía furioso.
—¿Qu-que paso? —le pregunte mientras miraba el suelo y mis manos sudaban.
—¿Otra vez castigada Frida?, por golpear a uno de tus compañeros y tirarle del pelo a la hija del director —me grito mi padre, mientras mi mama me miraba con lastima.
—Papa ellos se la buscaron
—Y tu reaccionas como siempre, ¿eres salvaje o que Frida?, ya no tienes reputación, en este mismo momento iras a pedirle disculpas a la hija del director —me dijo el, sus palabras me hirieron, pero ya no importaba.
—¡No, no y no, jamás me rebajaría a Ju... —No pude terminar la frase que sentí un ardor en mi cara, él me había golpeado.
Mi mama solo se quedó ahí inmóvil. ya era normal verla así.
-¡Ya, vas ya, Frida! —me grito mientras me sacaba de mi casa a la fuerza.
Me dirigí a la casa de Jules y toqué su puerta con algo de odio, ella abrió.
—¿A tu? pasa —hablo con indiferencia Jules.
—Venía a pedirte disculpas —le dije.
—No son aceptadas —dijo ella con un tono burlón.
—Por favor Jules, hago lo que quieras —fue mi peor error decir esa frase.
—¿lo que yo quiera? —dijo Jules con una cara de “perra”.
—Si lo que quieras —afirme mi error.
—Entonces lame mis zapatos y pídeme perdón de rodillas —dijo ella mirándome despectivamente.
En mi mente no se cruzó la idea de pelear, era eso o mi padre y mil veces prefería eso, me arrodillé ante ella y lamí su zapato, situación que me revolvió el estómago.
—Me perdonas Jules —le dije aun vulnerable y de rodillas ante ella.
—Si, ahora lárgate de mi casa —me dijo mientras me empujaba hacia afuera y cerraba la puerta.
Sali corriendo hacia mi casa, mientras me secaba mis lagrimas no se si de tristeza o de rabia, pero nunca me sentí así de vulnerable, llegué subí a mi habitación y me acosté en mi cama.
Solo quería que este día terminara.
