Chapter 1
“Mi alma se siente vacía… Me estoy ahogando en mis lágrimas…”
Sawada Tsunayoshi, mejor conocido como “Dame-Tsuna”, siente que ya no vale la pena vivir.
Desde que tiene memoria, su vida ha sido pura desgracia.
Con lágrimas cayendo desde sus ojos, los recuerdos de su oscuro pasado, lo acribillaron sin piedad.
“Cuando tenía 4 años, sus padres comenzaron a dejarle de poner atención, ¿motivo? El nacimiento de su hermanita Kaori.
La nena nació con un problema respiratorio, y al ser de salud delicada, toda su atención fue puesta en ella, olvidando al menor.
Al cumplir los 6, la pequeña Kaori sucumbió a su mala salud, y falleció. A pesar de que sus padres no le ponían nada de atención, no los odiaba. Ni a ellos ni a Kaori, por eso cuando murió, él también sufrió.
Nana no pudo superar esa pérdida, y comenzó a pensar que Tsuna era Kaori.
Lo vestía con la ropa de su hermana, y lo hacía ir así al colegio. Todas las expectativas y sueños de Nana para su hija las realizó en el castañito.
Para Nana Sawada, jamás tuvo un hijo, su Kaori era hija única.
Su padre Iemitsu, comenzó a ausentarse por trabajo, con el pasar de los meses, sus visitas se volvieron más espaciadas, al punto de solo ir 2 veces al año.
Cuando Tsuna cumplió 12, supo la verdadera razón de que su “padre” solo iba dos veces al año: se había casado con una mujer mas joven que Nana, de hecho, había comenzado a salir con esa mujer antes de la muerte de su hermana, y al parecer, ya estaban por tener a su primer hijo.
Cuando a Nana le llegó la notificación de que legalmente estaba divorciada de Iemitsu, Tsuna se convirtió en su válvula de escape.
Reconoció a Tsunayoshi como varón, admitiendo que su bella hija ya no estaba con ella.
“Mi corazón está latiendo, el veneno récord por mis venas, me estoy quemando en este infierno” …
Culpó de todas sus desgracias al chico, lo golpeaba sin piedad, lo humillaba, e incluso lo sacó de la escuela para ser su sirviente personal.
Para su cuando tuvo 15, las cosas llegaron a un punto de quiebre. Su madre comenzó a prostituirse, y era normal que hombres desfilaran por su casa, como si de un burdel se tratara.
Y él, como siempre, tuvo que cargar con todos los rumores y chismes de la mayoría de los vecinos.
Como si de una plaga se tratara, el joven era tratado con asco por las personas, así que cada vez que salía, de su hogar… Bueno era el infierno en la tierra.
Hasta esa noche de invierno…
Su madre había llegado con un hombre, y a gritos le dijo que se fuera, que ya no era bienvenido ahí.
Lo sacó de la casa solo con la ropa que tenía puesta, sin dinero ni nada.
Con el alma hecha pedazos, Tsuna camino son rumbo, hasta llegar a un parque.”
Sin siquiera sentir el frío, Tsuna lloró hasta que el oyó una voz, trato de pararse de la banca, en donde estaba pero todo se volvió negro, alcanzando a ver unos ojos llenos de preocupación.
- ¡REBORN! ¡KYOYA! – los mencionados salieron del auto donde esperaban al dueño de ese grito- ¡AYUDENME!
- ¿Fon? – un hombre de cabellos azabaches con curiosas patillas y mirada penetrante, se preocupó al oír gritar por ayuda a su compañero.
Sin esperar a que pasara un segundo más, salió del vehículo, y corrió al llamado, no sin antes decirle al joven que los acompañaba, que encendiera el motor.
Al llegar junto a Fon, vio que tenía en sus brazos el cuerpo de una chica, a juzgar por los labios azules, probablemente con hipotermia.
- ¿Qué carajos? - su cuerpo se movió por sí solo, tomo a la “chica” y fueron hacia el vehículo.
- ¡Kyoya, dame tu saco, y ayúdame con esta chica! - el joven de cabellos azabaches y ojos color azul, hizo lo que su padre le indico, con una mirada de auténtica sorpresa.
Arrancaron y se dirigieron rápidamente hacia el hospital. Parecía que la joven (a los ojos de los tres) parecía haber sufrido mucho, no se imaginan que, al llegar al hospital, sabrían el porque
- ¿¡COMO QUE NO LO PUEDEN ATENDER!?- Fue la colérica expresión de Reborn, cuando llegaron al hospital, y la enfermera en turno les dijo que no atenderían a ese chico - ¿¡QUE NO SE SUPONE QUE UN HOSPITAL ES PARA ESO!?
-L-lo siento, pero este es un hospital de prestigio, no podemos atender a este tipo de personas. Seria una deshonra para la reputación de nuestro hospital.
Fon no podía creer en lo que oía, ¿preferían la reputación a la vida de una persona?
Kyoya no espero a que alguien dijera una palabra más, tomo el cuerpo de los brazos de Fon y les dijo que conocía una clínica cerca de ahí.
Se fueron de ahí, aunque el más joven de los azabaches pensaba que eso no se quedaría así.
Llegaron en unos 15 minutos a la clínica, donde fueron atendidos de forma inmediata.
Después de unas horas, el médico les dijo que un poco más y el jovencito (para sorpresa de los tres, ya que pensaban que era una chica) no hubiera sobrevivido, aunque seguía delicado.
-Disculpen mi atrevimiento, pero ¿Por qué lo trajeron aquí? En el hospital tienen más instrumentos médicos
-No lo quisieron atender – explicó Fon con rabia. – No lo entiendo, no se ve como un indigente, pero al verlo se negaron a darle atención medica.
-Ah, es por quien es este chico. Su nombre es Sawada Tsunayoshi y él… - con pena, el hombre les dijo lo que sabia sobre el joven.
A cada palabra dicha, los 3 abrían sus ojos por el asombro. Ni Fon, ni Reborn dijeron nada, solo salieron de ahí tras pedirle al medico que les dijera donde vivía, y pedirle al joven que cuidara al chico.
Llegaron al amanecer, con unos ojos llenos de furia. Le contaron a Kyoya que su madre, si es que se le podía llamar así, lo había echado de su casa, pues a su “clientela” le era desagradable que su puta tuviera un hijo.
- ¿Qué es lo que haremos con él? - cuestionó Kyoya.
-Lo llevaremos con nosotros. – fue la cortante respuesta del de patillas rizadas.
2 AÑOS DESPUÉS…
Kyoya, miraba a la persona que estaba junto a él.
Sus ojos ya no parecían muertos, como hace un año cuando lo conoció.
Aún lo recuerda, como si hubiera sido ayer…
“El castaño despertó tras varios días inconsciente. Lo primero que pasó, fue el clásico ¿Dónde estoy?
Se quiso levantar, pero su brazo estaba conectado a un suero. No paso mucho para que la puerta se abriera, dejando entrar a un hombre de cabello trenzado, ropas chinas y una mirada tranquila.
Se presentó como Fon, y le explicó que él, su hijo adoptivo y su compañero lo encontraron y trajeron. Que ya estaba a salvo.
Sin embargo, por todo lo vivido había creado en él una baja, por no decir nula autoestima, por lo que le pregunto que era lo que realmente quería.
Fon vio como ese joven tenía los ojitos muertos, y sin esperanza alguna.
Se acerco a la camilla, y con cuidado, lo abrazó, sintiendo como el joven se tensaba.
Le explicó como lo habían encontrado, la “plática” que tuvo con Nana, y lo que pensaban hacer con él de ahora en adelante.
Tsuna no sabía qué hacer, pero no tenía nada que perder.
Al darlo de alta, se fueron hacia Sicilia, Italia para tratar de curar las heridas del alma de Tsuna, claro que antes pasaron al ayuntamiento para adoptar al castaño.
Gracias a los contactos que tenía Reborn, así como escuchar la historia del castaño, este paso a llamarse Tsunayoshi Di Arcobaleno.
Cuando llegaron, Tsuna debió aprender el italiano, así como ponerse al día con sus estudios, cortesía de Reborn y Fon.
Sin embargo, quien se encargó de reparar al chico, no fue otro que Kyoya.
Desde que lo vio por primera vez, algo en el le llamó la atención.
Estuvo a su lado en sus sesiones con el psicológico, en sus clases, se convirtió en su amigo y guardián.
Ahora, tras un año en su nueva vida, todos notaban el cambio en el joven.
Tsuna había elevado su autoestima, suave ojos chocolates tenían un hermoso brillo, y ya se había acostumbrado a decirle a Reborn Papá.
Todo gracias a la persona menos esperada: Kyoya.
El susodicho sabia lo que había hecho, aunque no lo comprende, no comprende como fue que ese tierno chico lo haya enamorado.
Si se pone a pensarlo, desde el primer día, sintió una conexión con el castaño.
Así que dejó a un lado su orgullo de carnívoro, y se le confesaría esa misma noche, después de la fiesta de cumpleaños de su conejito.
Por su parte, un Tsuna está hecho un manojo de nervios.
Desde que conoció a Reborn, a Fon y a Kyoya, su vida fue mejor. Les estaba muy agradecido, sobre todo a Kyoya.
El serio pelinegro siempre estuvo a su lado, lo ayudó con las espartanas clases que su padre le daba, o los entrenamientos de Fon.
También le ayudó a hacer amigos, aunque un poco peculiares.
Y lo sabía, sabia que se enamoró de su mejor amigo, pero tenía miedo, ¿Qué tal si le dice sus sentimientos y él lo rechaza? ¿Seguirían siendo amigos?
No, no, no, lo mejor será que entierre su amor en lo más profundo de su corazón.
Ese día fue grandioso, los amigos de Tsuna hicieron que fuera de todo menos aburrida.
También los “tíos” de Tsuna, que eran los demás compañeros de su padre.
Al terminar la fiesta, Kyoya le pidió que fueran un rato a un parque cercano, que había algo que tenía que decirle.
Tsuna fue con el azabache, al llegar la entrada del parque, casi besa el piso de no ser porque su amigo lo sujeto a tiempo.
Un gran sonrojo atravesó la cara del menor, y eso le pareció bello a Kyoya así que, sin poder evitarlo lo abrazo con dulzura confundiendo al contrario.
- ¿Kyoya? - susurro Tsuna devolviéndole el abrazo.
-Tsunayoshi, debo decirte algo muy importante – toma el mentón del menor lo obliga a verle a la cara, y sin previo aviso, le roba un beso a su amado.
Tsuna se queda en blanco por unos momentos, antes de devolver el beso.
Cuando sus pulmones exigían oxígeno, se miraron a los ojos, sonriendo.
Ya no fueron necesarias más palabras, su amor era mutuo, y con la luna de testigo, volvieron a besarse, demostrándose el amor que se tenían.”
Volviendo al presente, el castaño trataba por todos los medios no llorar.
Kyoya lo había invitado a un paseo para su primer aniversario, aceptando sin dudarlo.
Al llegar al parque, sonrió con alegría al ver que es el mismo donde se hicieron novios. Se adentran y llegan a una parte del parque donde hay un roble enorme, con casi 400 años. Realmente hermoso.
-Tsuna, hace un año planeaba confesarme aquí, pero no alcanzamos a llegar. Su pareja ríe de forma nerviosa, ya que, en parte, fue su culpa. – Pero esta vez no fallaré.
Ante la mirada desconcertada de Tsuna, Kyoya sonrió de forma sutil, se incó y sacó una pequeña cajita negra. La abrió y ahí había un anillo de compromiso, tenia un pequeño diamante.
Tsuna no podía creer lo que veía, ¿eso significa que…?
-Tsunayoshi, desde el día en que te conocí, te robaste mi corazón, el verte tan roto me dieron ganas de llorar por alguien por primera vez, y por eso decidí que te repararía y protegería. Por eso… Tsunayoshi Di Arcobaleno ¿te casarías conmigo?
- ¡Claro que sí! - exclamó Tsuna saltando a loa brazos del pelinegro. Unas lágrimas de felicidad escapan de sus ojos, siendo limpiadas por la mano de su, ahora, prometido.
Kyoya tomó el anillo y lo puso en el dedo de su amado.
-Gracias por llegar a mi vida Kyoya… Gracias por salvar mi vida…