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Sinopsis

Artem ha estado esperando a Tyoma miles de noches, siendo él lo único que lo mantiene cuerdo. Cuando Alyona aparece en su vida, cree que ha podido alcanzarlo por fin.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
dliryum_
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Nomeolvides

He soñado lo mismo los últimos dos mil quinientos años. Y volvería a dormir otros millones de noches más solo para volverle a ver.

Conocí a Tyoma cuando tenía diez años, aún no sabía nada sobre mi eternidad, si lo hubiera sabido, quizás no me hubiera acercado a él. Pero estaría mintiéndote, porque lo único que no me ha hecho perder la cabeza es mantenerme devoto a él.

Como te habrás dado cuenta, él fue mi primer amor. Mi primer todo en realidad, no hay mucho que quede en el mundo moderno que me importe lo suficiente para considerarlo especial para adjudicarle una primera vez. Todo perdió todo rastro de júbilo cuando él se fue de mis manos.

Tyoma era un joven greco de lo que ahora se llama periodo helenístico. Ojos marrones llenos de vivacidad, piel pálida y una cabellera rubia en rulos. Es lo que recuerdo.

Cuando sueño con Yo puedo verlo nitidamente, la vista no me falla y puedo sentir nitidamente como me tiemblan las piernas cada vez que lo vuelvo a ver en ellos. Puedo ver su sonrisa con hoyuelos, puedo tocar sus manos secas y frías, puedo sentir el agua corriendo en mis mejillas. Cada noche, siento que vuelvo a vivir.

Tenerlo en mis brazos fue mi bendición y maldición. No creo que haya nadie más amable que Tyoma en el mundo. Y eso hace que todo arda, porque vivo en la desesperacion de la crueldad humana. No hay nadie como él, y aún así creo que me fastidiaría encontrar a alguien similar. Porque los ángeles no deberían presentarse dos veces.

Prometimos volver a vernos, si eso responde a tu pregunta de porqué vivo sintiéndome melancólico sobre alguien que ya no está. Tampoco sé si puedas entenderlo, nadie debería poder. Amar a alguien por siglos no debería ser posible.

No debería, pero lo hace.

Y es que parece tan fácil hacerlo cuando pienso en él, cuando recuerdo su tacto en mi cuello, su voz melodiosa y la forma en que me sigue fundiendo el cerebro cuando pasa por mi mente. Yo no creo que sea normal, pero tampoco diría que la situación es normal.

— Artem, ¿me estás escuchando?

— Sí, Yo.

Y entonces vuelvo a dos mil veintitrés, miro a Yo a los ojos, esos que ya no veo tan bien gracias a mi degradada vista. Su mano toca la mía y la acaricia levemente.

Dos mil años parecen una locura para esperar a alguien. Pero definitivamente, valía la pena.