El Juego del Emperador

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Sinopsis

SAGA EMPERADORES - LIBRO I ¿Cómo se puede comenzar a describir esto? La Quinta Guerra Mundial llegó y con ello, el país de Pillisen cayó en manos de los rusos, siendo controlados por una poderosa familia de apellido Shostakóvich, los cuales se convirtieron en los gobernantes, creando así un nuevo imperio, llamándolo Novarrussa. Muchos años después, una nueva era llegó, junto a disputas en la nación y diferencias entre ideales dentro de la misma sociedad, dando inicio así también a la Primera Guerra Civil en toda la historia del país. Sin embargo, las cosas parecían ir diferentes dentro de la mente del Gran Emperador. Ignorando las necesidades del pueblo en ruinas, el gobernante pareció centrarse en un objetivo totalmente diferente: Quería encontrar pareja para sus nietos. Mandando así llamar a posibles candidatos y candidatas, para tener el placer de adentrarse en el Castillo Shostakóvich, y conocer de cerca a los descendientes de aquella nueva corona, ofreciéndoles la oportunidad de desposarse y formar parte de la Corona Imperial. Todo pareció cambiar en ese momento, el pueblo se contentó y la Guerra Civil se calmó, no obstante, no todo era tan bueno como parecía, pues las mentiras y los secretos abundaban en las paredes de aquel misterioso y oscuro lugar. Y solo había algo seguro en todo esto. Nadie está a salvo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
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18+

Chapter 0

Un silencio ensordecedor abundaba en los pasillos del castillo, manteniendo el ambiente aún más tenso de lo que ya estaba por naturaleza. El gran Zar, se encontraba reunido con todos sus nietos y nietas, para hablar sobre la reciente situación que se había dado a conocer, no solo al pueblo, si no, que a ellos también. Nadie quería hablar, nadie se atrevía a decir la primera palabra, pues eso marcaría el inicio de una nueva discusión en aquella familia de gobernantes.

Fuera de aquella habitación, el ministro de Novarrussa y mano derecha del emperador, caminaba de manera presurosa hacia aquella junta; no iba específicamente tarde, pues su excelencia no había sido invitado a tal reunión, ese era un momento único para la familia real imperial, solo que había detalles que se habían adelantado más pronto de lo que se esperaba. Los guardias que custodiaban la puerta, tocaron avisando su entrada, para terminar de anunciar al ministro ante el emperador.

—Su majestad, altezas… —saludó, dándoles una reverencia en señal de respeto —. Lamento la interrupción, pero, mi señor, los invitados ya vienen en camino. Los candidatos y las candidatas para formar parte del imperio están por comenzar a llegar en unas cuantas horas, he recibido llamadas de los representantes y asistentes de todos ellos.

La expresión de sorpresa en los rostros de tres de los cuatro hermanos Shostakóvich fue inevitable de ocultar. No se esperaban que aquellos invitados alistaran sus cosas tan rápido para asistir a aquel encuentro con los descendientes de la corona.

—No puede ser, hay demasiadas cosas que aún no están listas. No estoy preparada para esto—soltó la joven Gran Duquesa Fiorella —. ¿Por qué no nos avisó antes? —preguntó, fijando la vista en los claros ojos de su abuelo.

—Porque creí que habría tiempo suficiente para que dirigieran la noticia. No esperaba que comenzaran a llegar tan pronto —respondió el mayor hacia sus nietos —. Maksim, diles a las doncellas que preparen las habitaciones de invitados del tercer piso, quiero el ala Este para las mujeres y la Oeste para los caballeros —ordenó el Zar —. Encárgate de que todo quede en perfecto orden.

El ministro asintió, atento a las palabras y órdenes del emperador.

—Entendido, mi señor —agregó dando una reverencia hacia la familia imperial, antes de salir de aquella sala.

—Abuelo, vas a tenerme que exculpar con lo que diré, pero me niego rotundamente a realizar esto. Es una blasfemia el traer desconocidos a nuestro castillo en búsqueda de nosotros ser desposados —interrumpió el príncipe y heredero al trono imperial, Conan —. ¿Por qué haces todo esto? Está claro que el pueblo está en deplorables condiciones y no me parece del todo correcto derrochar dinero de esta forma, mientras muchas provincias están muriendo de hambre y dolor por la guerra —agregó con enfado en la voz, sin perder la cordura y el respeto hacia el emperador.

—Guerra que ellos mismos provocaron. No es nuestra culpa el que tengan diferentes ideales entre sí, eso es lo que el pueblo se ganó —respondió duramente el anciano —. Además, Conan, estás a meses de convertirte en emperador y no tienes ninguna prometida o esposa. De los cuatro —los señaló a todos —, tú eres el que más necesita esto. El pueblo necesita saber que toman las riendas de sus responsabilidades como príncipes, y heredero, tienen que asegurarse de que el emperador tendrá a una emperatriz y de que habrá más de un heredero, quieren afrontar el futuro con certeza.

—Entonces, si Conan es la cabeza principal que necesita tener a una esposa ¿Eso significa que el resto no estamos obligados a ser desposados? —cuestionó Connor, segundo hermano mayor de aquella generación de Shostakóvich.

—No. Sí están obligados, pero no tienen tanta presión como Conan de encontrar pareja. Vamos a estar invitando durante esta próxima temporada a nobles jóvenes de las mejores familias del imperio hasta que cada uno de ustedes encuentre a alguien ideal para desposar. Quiero terminar mi reinado con la seguridad de que están ya asentados y van por un buen camino —agregó el viejo.

Estaba claro que no todos estaban conformes con lo que estaba por suceder. Iban a abrirle la privacidad de su hogar a extraños que venían de familias privilegiadas. ¿Qué derecho tenían ellos como para adentrarse en el castillo y creer que tenían posibilidades de conquistar el corazón de los Shostakóvich? El cuarteto de hermanos estaba inaudito. El heredero al trono en gran parte sabía que su abuelo tenía razón, necesitaba encontrar esposa para poder obtener de manera segura a un heredero; la más pequeña de ellas, no se encontraba preparada para esto, sin embargo, en su interior se admitía a sí misma estar emocionada por esto; por otro lado, Connor no estaba contento con la situación, él era el Gran Duque más informal que podía existir, y no quería adentrarse a este compromiso de buscar pareja, él primero quería salir del castillo y de Novarrussa, para explorar el mundo y conocerlo por sus propios ojos. La única persona de esa sala en no hacer mención alguna sobre la situación, era la Gran Duquesa Fallon; no estaba contenta por todo esto, y había preferido quedarse callada durante toda la reunión, pues temía decir algo indebido frente a sus hermanos y hermana por accidente y recibir graves consecuencias después por lo mismo; pues del evento a suceder había varios temas que habían cambiado.

—¿Algo más que quieran decir? —preguntó el Zar.

—No, abuelo. Gracias por la noticia… —respondió el mayor de los hermanos.

Esperaron a que el emperador asintiera y con ello les concediera el permiso de retirarse de la habitación. Uno a uno, fueron saliendo, para dirigirse por lo individual a sus habitaciones, para comenzar a prepararse físicamente para la llegada de aquellos inquilinos a su castillo. La sala de reuniones había quedado casi vacía, pues todos a excepción del Zar y la Gran Duquesa Fallon, se habían quedado ahí, a solas. Entre ellos dos había muchas cosas de qué hablar, ambos tenían mucho que decir, las cosas que se guardaban entre ambos eran inimaginables, sin embargo, era por lo mismo que siempre tenían que ser cuidadosos al charlar con gente cerca de su entorno.

—Esto no había sido lo que acordamos… —habló por primera vez la Gran Duquesa.

—Lo sé, pero hubo un cambio de planes. El pueblo está enloquecido con esto y tus hermanos no deben de saber nada, es mejor mantenerlo así.

—¿Convertirlo en una obligación? —cuestionó la rubia.

—Es lo mejor y lo correcto.

—No es mejor, ni correcto y lo sabes. ¿Cómo vamos a proceder con el plan con todos los invitados alrededor? Yo no tengo tiempo para esas cursilerías de citas y conocer gente. Con todo lo que tenemos no puedo permitirme hacer eso.

—Es una maldita orden, Fallon. Sigue mis palabras al pie de la letra. ¡Pon ingenio de tu parte para cumplir con todo! Te necesito y más te vale no defraudar —susurró, posando sus intensos ojos azules en su nieta.

La presión que descansaba sobre los hombros de la joven Gran Duquesa era cada vez mayor. Había cosas que ella no podía soportar y desde los quince años comenzó a cargar con las mismas situaciones que su abuelo. No en el aspecto de mandato, pues ella no era la heredera, no necesitaba gobernar un país; solo que el ser parte de la realeza imperial no era todo oro. Lo que se escondía tras el tapiz de las paredes del castillo era lo que la hacía sufrir en completo silencio.

Con un amargo sabor de boca, la rubia se levantó lentamente de su asiento, para salir de la sala de reuniones en la cual habían estado. Caminó firmemente, provocando que sus tacones resonaran al pasar. Las doncellas y mayordomos a su alrededor bajaban la cabeza en cuanto pasaba por sus lados, hasta que poco a poco el andar de aquella servidumbre se hizo menor. Al llegar al cuarto piso, el cual correspondía al de las habitaciones de la familia imperial, una firme mano se posó con suavidad en el antebrazo de la Gran Duquesa, jalándola con cuidado en dirección de uno de los pasillos de aquel piso. Terminó acorralada contra la pared, el olor de una cara loción varonil inundó sus fosas nasales al instante, provocando que alzara la vista, para encontrarse los ojos azules del Ministro de Novarrussa. .

—Maksim… ¿Qué estás haciendo? Estamos a plena luz del día, cualquiera podría vernos —susurró la menor.

—Lo sé, lo sé. Pero no podía esperar más, necesitaba hablar contigo lo más pronto posible. No me interesa el riesgo, somos adultos, Fallon, y nadie puede decirnos qué hacer o no. Además de que tú eres la Gran Duquesa, tú eres quien manda aquí —respondió el hombre frente a ella, también en voz baja —. ¿Lo sabías? ¿Sabías que ocurriría esta visita de los pretendientes?

—Es algo que los dos sabíamos que iba a suceder.

—No me refiero a eso. Me refiero a si sabias que el Zar los mandaría llamar tan pronto…

El ceño de la chica se frunció por completo. No estaba al tanto de eso, pero a lo que se había mencionado en la junta, ellos habían llamado a voluntad, anunciando su pronta presencia.

—No.

—Crassus los mandó llamar sin nuestro consentimiento. ¿No crees que es demasiada coincidencia el hecho de que al mismo tiempo todos dijeran que ya venían en camino? Teníamos una fecha estipulada y él les envió un recado a todos adelantando las cosas —explicó con algo de frustración.

—Esto es demasiado advenedizo —murmuró la rubia —. Intentaré investigar.

El ojiazul asintió, satisfecho de las palabras de la fémina frente a él. Maksim también comenzaría a investigar al respecto, no podía separarse del Zar hasta no obtener un poco más de información y descubrir a fondo lo que tramaba, y esperaba que, en conjunto con la Gran Duquesa Fallon, las dudas que mantenían fueran disipadas. En completo silencio, el ministro aflojó su agarre de la rubia, moviéndose suavemente hacia un lado, liberándola de su acorralamiento. La chica tragó saliva, y soltó un suspiro silencioso. Volteó a los lados para verificar una vez más que nadie los había visto, y con cautela se alejó de aquel hombre, para continuar con su camino hacia su habitación.