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Hasta el infierno [KokoInu]

Sinopsis

Una típica cena en pareja se convirtió en una candente y deliciosa noche de pasión, en la que uno de sus protagonistas se transformó en un ser lleno de lujuria y deseo que su amado descubrió esa noche. ¿Quién de los haría sucumbir al otro hasta arder en el infierno?

Estado:
Completado
Capítulos:
1
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4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Hasta el infierno

Este on-shot fue escrito en el 2022 para la celebración del Pride de ese año. Ojalá les guste.



Caminaban de la mano por las transitadas calles de la ciudad. Era una noche perfecta en la que la lluvia había hecho su magia al obsequiarles una fresca brisa luego de su paso.

Habían salido a comprar los insumos para su hogar, desde que vivían juntos esa tarea la realizaban los dos. Era gratificante para ellos ir al supermercado en compañía de su ser amado.

—¿Quieres cenar en algún restaurante o prefieres que prepare algo en casa? —inquirió Kokōnoi a su pareja—. Esta noche te dejo la elección a ti.

—Prefiero comer en casa, no todos los días estás tan dispuesto a cocinarme —comentó Inui con un deje de sarcasmo—. Debo aprovechar.

—Seishu —masculló—, lo dices como si nunca te hiciera nada para comer —esbozó arqueándole una ceja—. Ya no te voy a ofrecer mis servicios.

—Mi vida, es broma —expresó entre risas, si algo le encantaba a Inupi eran las expresiones en el rostro de su novio cuando se enojaba—. Tú siempre haces lo que sea para complacerme.

Koko lo observó y el brillo de sus ojos lo derritió, por más que quisiera molestarse no podía hacerlo pues la mirada de su pareja tenía un poder hipnotizante que lo hacía caer ante su hechizo.

El azabache se acercó a la mejilla de Inupi y sin decirle nada depositó un tierno beso que demostraba todo el amor que le tenía.

—Vamos, ya sé que te voy a preparar —dijo guiñándole un ojo—. Estoy seguro que te va a fascinar.

—Cualquier cosa que me hagan tus manos me encanta —musitó cerca de su oído—. Veamos con qué me vas a sorprender, Hajime.

Kokōnoi sonrió con picardía entendiendo a la perfección el mensaje de su novio, pero antes de cumplirle cualquier fantasía lo torturaría un poco.

Esa cena que tenía pensada sería muy interesante.


Llegaron al departamento y cada uno se puso a realizar una tarea diferente. Hajime se encontraba en la cocina preparando los alimentos mientras que Seishu guardaba los artículos personales que compararon en el supermercado.

Koko se concentró en su labor al mismo tiempo que pensaba cómo darle un giro inesperado a su tranquila merienda.

Terminó de sazonar la carne y junto a los vegetales la metió en el horno. Debía esperar treinta minutos para que estuviera lista, espacio que ocuparía para preparar un postre sencillo, pero muy delicioso.

—Ya terminé de ordenar, ¿quieres que te ayude con algo? —preguntó Inupi al entrar en la cocina.

—Sí, por favor —respondió el moreno, quien tenía las manos ocupadas con la mezcla de pudin—. Puedes llevar los platos a la mesa, en unos minutos estará lista la cena.

—Claro, con gusto. —El rubio se acercó a la alacena y sacó la vajilla que Takemichi les había regalado cuando comenzaron a vivir juntos—. Creo que estos platos siempre serán mis favoritos, aunque no me guste mucho el diseño con rosas rojas.

—Take tiene un pésimo gusto en cuanto al diseño, pero concuerdo contigo en que también son mis favoritos por el significado —espetó con una sonrisa en los labios—. Tenemos muy buenos amigos.

—Sin duda, aún recuerdo cuando les dimos la noticia y todos nos prepararon una fiesta con regalos por nuestra decisión de vivir juntos —sonrió—. Aunque algunos obsequios eran muy extraños. Cada uno reflejaba su personalidad.

Koko suspiró y asintió mientras servía el pudin en los moldes para meterlos al congelador, esa fiesta siempre sería un grato recuerdo.

«Todos los chicos estaban reunidos en el dōjō de la familia Sano. Esa noche celebraban la unión de dos amigos especiales a los que estimaban muchísimo.

Mikey fue quien propuso la fiesta y cada uno de los chicos estuvo de acuerdo en llevarles un pequeño presente que les serviría a los jóvenes en su nueva vida de pareja.

Comieron y bebieron, cantaron y bailaron, se rieron y recordaron viejas anécdotas que pasaron juntos desde la adolescencia. Era muy significativo que a pesar de los años y de sus caóticas vidas, hicieran el tiempo para acompañarse en cada nueva etapa que iban afrontando.

—Llegó la hora de entregar los regalos y deben abrirlos para saber si les gustaron —dijo Baji con una pícara sonrisa de medio lado—. No nos iremos de aquí hasta que veamos todo lo que les obsequiaron.

—¿No crees que los chicos quieran hacer esto en privado? —musitó Chifuyu en el oído de su novio, él mejor que nadie conocía a Keisuke y sabía que su presente sería algo subido de tono, ya que ni siquiera dejó que él conociera su contenido hasta esa fiesta—. Quizá deberíamos dejar que nos cuenten después lo que les pareció cada obsequio.

—Para nada, todos aquí estamos en confianza. Además, cada uno tiene su pareja, no creo que se espanten por lo que pueda haber dentro de cada caja —expresó al guiñarle un ojo—. Nadie aquí es virgen. Ni siquiera Mikey se pone celoso cuando le hemos regalado a Draken ropa interior comestible para que la use con Emma.

—¿Eh? ¿Qué estás diciendo? —cuestionó Sano, quien se encontraba entretenido abrazando a Takemichi.

—Nada, mi amor, Baji no dijo nada —respondió Take con las mejillas sonrojadas mientras acariciaba el rostro de su novio.

Chifuyu suspiró, de todas maneras iban a terminar haciendo lo que Baji decía, lo mejor era disfrutar el momento y estar atentos a las posibles sorpresas.

Todos se sentaron en el piso mientras les pasaban uno a uno los regalos a la pareja.

—Veamos, este es de Draken y Emma —informó Koko cuando lo tuvo entre sus manos. Era una bolsa muy grande y elegante, la cual abrió con cuidado para apreciar su contenido—. Muchas gracias, esto nos servirá muchísimo.

Emma sonrió y Draken se alegró de que su presente haya sido muy bien recibido. Ellos ya vivían juntos y sabían que cosas eran necesarias, por eso les obsequiaron un útil y cómodo juego de sábanas con sus respectivos cojines.

Siguieron con su tarea de abrir cada uno de los regalos, intercambiando la acción para que ambos pudieran mostrar lo que sus amigos les habían llevado. Los presentes de Mitsuya, Hakkai, Angry y Smiley eran objetos decorativos para el hogar que, estaban seguros harían que su departamento se viera más colorido.

Yuzuha y Senju les entregaron un pase de fin de semana en un spa que incluía un delicioso baño en las aguas termales. Pah-Chin y Peyan les dieron un vale para una cena de dos en un restaurante de comida internacional. Todos hasta el momento se habían lucido con sus obsequios, solo les faltaba abrir los de ciertos individuos que sabían de antemano serían un poquito subidos de tono.

—Abramos el regalo de Chifuyu —arguyó Inupi al tomar la caja que estaba junto a él en el suelo—. E-esto está muy bonito —masculló el rubio con las mejillas completamente ruborizadas—. Gracias.

—¡Sácalo, queremos ver lo que les regaló, mi gatito! —exclamó Baji con picardía—. Conociéndolo imagino que su obsequio terminará haciendo juego con el mío.

Koko se acercó a su novio y vio lo que se encontraba dentro de la caja, de reojo observó a Seishu y con ternura le acarició el rostro. Era algo muy hermoso, pero personal que, de todas maneras, tenían que mostrar. Sacó las prendas y las puso sobre sus piernas dejando que todos los presentes apreciaran el detalle.

—Espero les guste, supuse que todos debemos tener algo así con nuestras parejas —dijo Matsuno con una enorme sonrisa en los labios.

—S-sí, están lindos, muchas gracias —balbuceó Koko al fijar su mirada en la ropa interior con sus iniciales que le había regalado el ojiazul—. Sigamos —dijo para desviar la atención a otra cosa—. Este es el de Baji.

El moreno tomó la caja grande con moño azul que se encontraba a su lado y con cuidado deshizo el nudo, quitó la tapa y se encontró con un montón de papeles de colores, uno a uno los fue sacando hasta que al final descubrió lo que realmente estaba buscando. Su rubor fue inmediato, haciéndolo que escudriñara los ojos de Inupi para que juntos vieran lo que les habían regalado.

—Les dije que mi obsequio haría juego con el de mi gatito —afirmó con orgullo luego de abrazar a su pareja por la cintura—. Con esto creo que se ahorrarán un par de meses comprando condones y lubricantes.

La pareja no dijo nada, solo le dieron vuelta a la caja de la que cayeron tiras interminables de preservativos y tubos del líquido viscoso que usaban para sus momentos íntimos.

Definitivamente, esos dos hacían una muy buena pareja, pues se complementaban hasta en los obsequios.

—¡Abran el mío! —gritó Takemichi para que la pareja pudiera tener un momento de paz luego de esos instantes acalorados.

—Está pesado —comentó Hajime al tomar entre sus manos el presente de Hanagaki. Retiro el papel que cubría la caja y sonrió con ternura al observar lo que ahí había—. Gracias, Takemichi, esto nos servirá muchísimo.

—D-de nada. Solo pensé que tener una vajilla siempre es necesario —confesó mientras se rascaba la nuca—. Me alegra que les guste.

—Take, ¿no había otro estilo? ¡Qué diseño más feo! —espetó Kazutora, quien acababa de llegar y como presente les regaló una pizza—. Parecen los platos de mi abuela.

Con ese comentario fue imposible no reír a carcajada, la dichosa vajilla sí tenía un diseño del siglo pasado, era anticuada y sin gracia, sin embargo no dejaría de ser muy necesaria.

—No te preocupes, mi amor. A mí sí me encantan todos tus gustos —expresó Mikey antes de darle un profundo beso en los labios a su pareja.

—Como no te van a gustar sus gustos si se enamoró de ti —terminó diciendo Baji mientras le sacaba la lengua a su querido amigo de la infancia—. Les falta el regalo de Mikey, descubramos qué les compró.

—Veamos, ¡aquí está! —Inupi buscó entre todos los papeles regados hasta que encontró el último obsequio que les habían dado—. ¿Eh? Gracias, Mikey.

Seishu sacó de la bolsa que les entregó Sano un jabón líquido lavavajillas y una esponja, junto a una nota que decía: “para que laven los platos que Takemichi les regaló“. Si creían que Baji y Chifuyu se complementaban, les faltaba ver los regalos de estos dos, pues al parecer estaban conectados en todo el sentido de la palabra.

—Eres muy considerado —expresó Koko entre risas.

—De nada, pero aún me falta algo. —De su chaqueta sacó un cd y se los dio a los chicos en sus manos—. Espero que les sirva, Takemichi y yo la vimos muchas veces para entrar en calor.

Inupi esta vez sí se rio con fuerza, era increíble como sus amigos todo lo relacionaban con sus encuentros pasionales, y no es que le molestara, al contrario, si algo amaba de su relación con Hajime eran esos momentos íntimos en los que el moreno lo hacía arder en las llamas del infierno al tenerlo entre sus brazos.

Le dio la vuelta al cd y se los mostró a todos, era una película para adultos que tenía entendido había sido muy famosa. Los chicos se pusieron a hablar y hacer bromas de los regalos mientras que, Koko e Inupi se perdían en sus miradas. Esa fiesta sin duda alguna había sido inolvidable…»

—Koko, ¿no vas a sacar la carne de horno? —inquirió el rubio al observar a su pareja perdido en sus pensamientos.

—¿Eh? Sí, claro —respondió al tomar un guante de cocina para sacar la comida del fogón—. Perdona, solo me puse a recordar.

—Descuida, no pasa nada —expresó, él podía suponer que era lo que estaba imaginando—. ¿Qué deseas tomar? ¿Agua, gaseosa?

—Vino, quiero que tomemos vino. Esta noche tengo un buen motivo para brindar.

Inupi sonrió y sin decirle una sola palabra se acercó hasta el pequeño bar que tenían en la cocina para sacar una botella de su reserva. A él le encantaba cuando su novio tenía la iniciativa de beber, pues el efecto que le provocaba el alcohol era muy placentero.

Bendita fuera la persona que había descubierto el licor.


La cena transcurrió con calma y sin prisa. Kokōnoi había agasajado a Inupi con una de sus comidas favoritas, gesto que el joven agradeció pues era una delicia al paladar degustar las preparaciones de su novio.

En estos momentos, compartían una exquisita copa de vino antes de pasar al postre. El pudin estaba listo en la nevera, pero este podía esperar un poco más sin ningún problema.

—Te das cuenta que la idea de comer en casa fue la mejor —comentó Seishu después de darle un pequeño sorbo a su bebida—. Todo te quedó delicioso.

—Me alegra saber que te gustó. Me encanta complacerte, aunque… —hizo una pausa y absorbió el dulce aroma de las uvas fermentadas, se acercó con delicadeza la copa a los labios, miró a su pareja de reojo, le dedicó una sonrisa y, finalmente, bebió; lo hizo tan despacio que la escena se podía apreciar en cámara lenta— todavía falta lo mejor.

—Su-supongo que te refieres al postre —masculló, le fue imposible no ponerse nervioso ante esos ojos negros que parecían devorarlo—. Si quiere voy por él a la cocina.

Hajime no dijo nada, se levantó de su asiento y sin pronunciar palabra comenzó a retirar los platos de su peculiar vajilla. Los hizo a un lado, dejando libre el espacio de la mesa donde, anteriormente, habían comido. Tomó la botella y se sirvió un poco más de su contenido carmesí.

—¿Quieres vino, Inupi? —inquirió con su seductor tono de voz—. A ti te fascina el vino, ¿verdad?

—Koko, yo… —El rubio amaba los momentos en los que ambos bebían, pues su novio no era muy propenso a hacerlo, pero sabía que sus efectos lo favorecían. Lo único diferente es que esa noche los tintes del licor parecían haberle dado un toque más pasional y hasta posesivo que, Seishu no conocía y estaba dispuesto a experimentar—. Sí, por favor. Quiero un poco más.

—Perfecto, ven —le hizo un gesto con su mano que Inui siguió hipnotizado. Se levantó de su silla y quedó de pie junto a su pareja, quien se encontraba saboreando a su antojo del trago que se había servido—. Me pasas la botella, por favor.

Seishu siguió la instrucción de Koko sin protestar, estaba como en un trance al verle actuar de esa forma tan lujuriosa que no le era familiar. Giró su cuerpo pegando los muslos a la orilla de la mesa para alcanzar la botella que se encontraba en el centro, la tomó entre sus manos y la adhirió a su pecho cuando un cálido aliento le respiró cerca del cuello.

»—Sabías cuando me embriaga tu fragancia —musitó el moreno mientras le besaba la clavícula—. Tu aroma es exquisito.

—Ko-Koko…

—No digas nada, querías beber, ¿cierto? —Lo vio apenas asentir con la cabeza y eso le encantó. No podía verle el rostro ya que se encontraba de espaldas, pero imaginaba que tenía ese brillo en sus pupilas que tanto le gustaba—. Entonces, bebamos, mi amor.

Puso la copa que tenía en su mano sobre la mesa, y con la otra hizo girar a Inupi para dejarlo preso entre su cuerpo y el mueble; con astucia lo levantó y lo sentó sobre este. Le quitó la camisa en un fugaz movimiento y curvó sus labios con picardía al recordar todo lo que había imaginado hacerle, esa noche lo torturaría un poco hasta que su amado suplicara descender hasta los infiernos.

Tomó nuevamente la copa de vino con su mano y le sonrió con malicia. Llevó el cristal cerca de sus fosas nasales y dejó que respirara por unos segundos el delicioso aroma, lo vio abrir los labios por inercia en un gesto desesperado por probar el placentero líquido. Inupi estaba tan extasiado que lo único que deseaba era fundirse con su ser amado.

Kokōnoi vertió un poco de vino en la boca de pareja y esperó a que este saciara escasamente su sed, retirándole la copa para que no se la terminara. Un rastro del líquido cayó por la comisura de sus labios, haciendo que el azabache se lamiera los suyos antes de limpiar con su boca los restos le habían quedado.

Hajime llevó su lengua hasta los labios de su amado y con cuidado comenzó a lamer ese delicado espacio que tanto le gustaba. Inupi cerró los ojos y se dejó envolver por el placer que estaba experimentando. Koko terminó su tarea y antes de retirarse mordió con sus dientes el labio inferior de Seishu arrancándole triunfante un pequeño gemido.

»—¿Quieres más? —Lo vio asentir y eso lo impulsó a continuar—. Yo también quiero beber, pero lo quiero hacer de tu cuerpo.

Inui abrió los ojos rápidamente cuando escuchó esas palabras, ¿quería beber de su…? No pudo terminar de formular la pregunta cuando sintió un líquido circular por su cuerpo. Todo su pecho estaba cubierto por el rojo vino que terminó invadiendo hasta su muy excitado sexo.

Kokōnoi dejó a un lado la copa y se prendió del cuello de su amado, comenzó a recorrer con sus besos desde esa zona hasta ir descendiendo poco a poco por todo su pecho. Con sus fuertes manos tomó la espalda de Inupi cuando este echó la cabeza hacia atrás en un movimiento involuntario, provocado por las mordidas que Hajime le estaba haciendo en sus endurecidos pezones. Succionaba y lamía a su merced ese delicado lugar que tanto le fascinaba.

Siguió bajando, dejando besos y pequeñas mordidas a su paso, pues con sus labios había quitado todo el exceso de vino, quedando como huella el brillo de su piel mezclada con su propia saliva. La imagen de Inupi respirando agitado por las reacciones que le ofrecían sus caricias lo hicieron perder el poco raciocinio que aún le quedaba.

Sin permiso le desabrochó el pantalón y con rudeza metió su mano en la intimidad de su amado, profanando a su antojo ese santuario que solo a él le pertenecía. Seishu se retorcía sobre la mesa luego de la intromisión tan deliciosa de su amante, le encantaba la forma tan posesiva con la Koko lo estaba enloquecido que lo hizo rodearlo con sus piernas para que el moreno no se escapara de su cuerpo.

Hajime siguió torturándolo con sus caricias y su lluvia de besos esparcidos por todo su cuerpo. Inupi quería tocarlo, hacerlo sentir lo mismo que él estaba viviendo, pero estaba tan ardiente que si Koko no se hundía en él terminaría desfalleciendo.

En un fugaz movimiento el moreno le dio vuelta dejándolo recostado sobre la mesa con las piernas abiertas y, con su novio metido en ellas aún con la ropa puesta. Sintió como una de sus manos lo despojaban de sus últimas prendas, dejándolo expuesto a su antojo para que hiciera con él lo que deseara sin poner ninguna protesta.

Kokōnoi tomó la botella de vino y vertió lo que quedaba del líquido sobre su redondo trasero, logrando arrancarle un profundo gemido cuando su lengua recorrió todo sus glúteos y se posicionó en un área específica que lo hacía arder de deseo.

Seishu mordió el mantel para evitar hacer un concierto con sus gimoteos, el fuego que le recorría por el cuerpo era inexplicable y la necesidad de tenerlo adentro cada vez más grande.

Soltó un momento la tela para suplicarle a su amante con las pocas fuerzas que aún le quedaban.

—Kokōnoi, por favor —murmuró sintiendo que con esas palabras se le iba el alma.

—Dime, Inupi, ¿qué es lo que deseas? —preguntó sin dejar de estimular la zona en la que lo tocaban sus dedos—. Vamos, mi amor, quiero escucharte.

—Hajime, yo… te necesito.

Ese fue el detonante que Koko quería escuchar para terminar con esa deliciosa tortura. Cuando ideó su plan nunca se imaginó que el resultado sería tan placentero. Se quitó el pantalón y con sus manos subió las piernas de Inupi sobre la mesa. El ojiverde corrió su cuerpo hasta que sus dedos llegaron a la orilla del mueble, dejando el rostro pegado al mantel, arqueó la espalda sin que su amante se lo pidiera para favorecerle el contacto.

El moreno se hincó encima de la mesa quedando en medio de los muslos de su pareja, quien lo estaba esperando ardiendo de deseo. Se lamió los dedos y humedeció nuevamente la entrada en la que iba a fundirse, los sonidos de lujuria que estaban escapando de su amante lo encendían. Sin pensarlo más, tomó su miembro y de un fuerte tirón se enterró en novio, la calidez con la que lo recibieron sus paredes hacían que bombeara más sangre a su muy excitada hombría.

Inupi prendía en fuego siempre que tenía la masculinidad de Hajime adentro. La manera en la que el rubio movía sus caderas de un lado al otro provocando el roce desenfrenado en su bajo vientre lo hacía estallar. Seishu mordió el mantel cuando las embestidas comenzaron a aumentar.

Kokōnoi se sujetó de sus glúteos para poder penetrarlo con mayor intensidad. Hajime se encontraba extasiado, poseído por la pasión y el deseo desenfrenado, sentía que el momento del clímax estaba por llegar, pues su amado lo apretaba con sus paredes cada vez más. Creía que iba a explotar, pero quería que juntos descendieran hasta el infierno.

Con rudeza se agarró de la cintura de Seishu y con su otra mano tomó su virilidad. Sus movimientos eran fuertes, duros y muy gratificantes. Inui no podía más, se retorcía entre el mantel por las embriagantes embestidas y las deliciosas caricias sobre su muy hinchado miembro. Arrugó la tela y poco le importó que el imponente ritmo mandara a volar a la apreciada vajilla. En ese momento lo único que anhelaba era entregarle el alma al mismísimo diablo, a ese demonio que lo estaba poseyendo a su antojo.

Hajime intensificó la acción sobre la hombría de su pareja al mismo tiempo que lo hacía dentro de su cuerpo, logrando arrancarle un frutal gemido cuando sus fluidos fueron expulsados de su sexo y terminaron esparcidos sobre el blanco mantel. Escuchar los gritos de su novio y sentir la viscosidad de sus deliciosos jugos lo llevaron al límite que deseaba alcanzar. De un fuerte tirón lo embistió una vez más dejándose correr dentro de su ser.

Tenía la vista nublada y el cuerpo sudado por la excitación vivida que, se dejó caer sobre la espalda de su novio que se encontraba igual que él, gracias a ese momento tan placentero que acaban de compartir.

—Te amo —balbuceó Kokōnoi en el oído de su pareja—. Te amo más que a mi vida.

—Y yo te amo a ti, mi amor —musitó antes de acercarse a sus labios para darle un tierno y necesitado beso—. Eternamente voy a amarte.

—Juntos hasta el infierno.

—Juntos hasta el infierno y hasta donde tú quieras —confesó con ese brillo en sus pupilas que Hajime tanto amaba—. Creo que de ahora en adelante pediré que me cocines cada día.

—Será un placer —acotó cerca de sus labios para darle un profundo y apasionado beso en el que le transmitía todo el amor que por él sentía—. Sabes que vivo para complacerte.

—Lo sé —susurró con una sonrisa en su rostro—. Solo que…

Koko parpadeó al percibir el nerviosismo inesperado en el semblante de su novio, algo de repente lo había puesto así y él quería saber que lo estaba mortificando.

—¿Inupi?

—¡Nos quedamos sin platos! Si te fijas quebramos todos con nuestro encuentro —dijo con las mejillas sonrojadas, gesto que llenó de ternura a su novio pues su rostro se veía precioso—. ¡Qué le diremos a Take!

—Descuida, si le contamos la verdad estoy seguro que nos regalará otra y de paso —espetó con una leve carcajada—, le sacamos otro jabón lavaplatos a Mikey porque el que nos regaló se nos terminó muy rápido.

Inupi sonrió y se recostó sobre el pecho de su pareja, cerró los ojos y se dejó envolver por la calidez de sus brazos. Ese definitivamente era su lugar seguro, su hogar y la razón por la cual seguiría afirmando que el infierno no era como lo describían.

FIN.

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author

hay mas capitulos asi como este one shot?

2 años
author

te leí en la plataforma naranja y en lA libre O que bi3n (censuro el nombre para evitar P2).

pero no dejo de disfrutarlo ~

un año

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