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Devil in disguise — Akiden

Sinopsis

En el mundo de lo más bajo, se encuentran todo tipo de personas tanto buenas como malas, se sabe que Denji nunca tendrá una vida normal y cuando se enteré de cómo su hogar ya no lo es, vendrá alguien... ¿Para protegerlo o... Algo más? . . Historia creada en Wattpad, pero con posibilidad de ser borrada.

Genero:
Romance,Drama
Autor/a:
Karin
Estado:
hace un año
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo uno

El ambiente bullicio de las calles resonaba por todo Tokio, una ciudad llena de luces, carteles, aromas y principalmente de gente, de todo tipo. Pero en dicha sociedad tan amena y alegre, se encuentra lo más bajo, lo peor de dicha jerarquía, prostitutas, drogadictos, caras de mala muerte, vagabundos, increíblemente la multitud ya se había acostumbrado, sin mirar a nadie, sin llegar a percibir el entorno. Todo era igual.

Frente a la persepción de un chico rubio de ojos rojizos reflejaban cansancio, estaba agotado, siempre lo mismo, las mismas caras, las impertinentes peleas, el tabaco que se adentraba a sus pulmones, el sonido constante de las botellas chocando para brindar. Harto de la situación se levantó de su cómodo asiento en la vereda para caminar, como deseaba estar con una chica, con alguien, algo que comer, un lugar al cual pudiera llamar apropiamente hogar.

Caminando entre la muchedumbre se sentía tan exhorto de las voces que llegaban como ecos, lejanos, casi inexistentes, tapo sus oídos con sus delgadas manos al igual que sus bonitos ojos se cerraban, de todos modos, nadie se iba a fijar en él.

—¿Por qué no puedo ser alguien con una vida normal?—. Sus pensamientos eran cada día más axficiantes, no soportaba, ya no quería pensar. Solamente quería estar en los brazos de alguien, que lo consolará... Qué estuviera para él.

Dejó de cubrirse sus oídos mientras sus ojos mostraban la pena y el dolor que tanto quería acabar, había llegado a su destino. Un burdel, con una puerta bien protegida por dos altos y fuertes hombres, vestidos con trajes que relucían su tonificado cuerpo al mismo tiempo que sus ojos eran resguardados con lentes oscuros.

—Denji, has venido temprano, apenas son las dos de la madrugada—. Dijo el de la izquierdo mirando su reloj que brillaba del color de las luces led rosadas que bañaban a quienes se posaban debajo de ellas.

—¿Hay algún evento aún?—. Preguntó mirando de reojo detrás de los guardias.

—Sí, se supone que es hasta las tres, te recomiendo que vayas por la puerta trasera, además se nota que el ambiente está demasiado alterado, mocoso—. Alertó el hombre de la derecha, inclinando su cabeza a la altura del chico, bajando levemente sus gafas para ver con claridad al menor.

—Gracias, Arai y Kishibe-san—. Se marchó, las facciones del chico decayeron, no era su casa, sin embargo las chicas del burdel lo trataban como un hijo, después de todo, decían que él había llegado en invierno, en una terrible noche de frialdad. Un niño en vuelto en telas sucias con leves gotitas cristalinas que caían de sus ojitos rojos, mientras que en su mano tenía escrito en kanji su nombre Denji.

Abrió la puerta e ingresó, todo estaba tranquilo, pasando un pasillo se comenzaron a escuchar los suaves gemidos, el rechinar de las camas, las pieles chocando en armonía, los suspiros que salían. Eso se encontraba detrás de las puertas, en cada habitación había una linda compañía para un hombre necesitado o si fuera el caso, de una mujer.

Su sueño, en algún rincón de su cuerpo, tener una linda chica debajo que en el acto lo mirará y le dijera lo mucho que lo amaba, que su amor era tan puro como el agua de los ríos y salvaje cual océano.

Solo era eso, sueños tan mundanos que cualquier otra persona podría tener, divagando por el pasillo, salió una chica con hermoso cabello rosa pálido abrió la puerta y dejó a plena vista la mitad de su torso con solo una delgada sábana que cubría su voluminoso pecho.

—Deeeeenji, la jefa me pidió que te dijera que fueras a verla—. Gran parte de su cabello tapaba sus ojos miel con una distintiva marca roja en ellos.

—Gyaaah, me hiciste asustar, ya ire—. Su mano presionó su camisa tratando de calmarse por el susto.

—Ni que fuera para tanto, bellaco—. Le mostró una sonrisa mientras que con su mano libre revolvió los lacios cabellos amarillos.

—Poooower—. Alguien por detrás, tomó a la pelirrosa, sacándola de su burbuja, su hermano. Repartiendo besos por su nuca al mismo tiempo que su entrepierna se frotaba con el trasero descubierto de la joven, supo de inmediato que la hora de trabajar había comenzado.

—Adiós, Denji—. Dijo apenada con sus ojos mirando fijamente al chico para después cerrar la puerta y escucharse las risas por parte de la fémina.

Denji bajo la mirada, en su mente procesaba la imagen anterior, dicen que los ojos nunca mienten, que son las ventanas del alma y él lo sabía, los ojos de Power eran tan vivos cuando comía, se bañaba con él, jugaban cartas, en todo, menos cuando trabajaba. Cuando el reloj ya marcaba las once y media, sus ojos perdían el brillo que la caracterizaba, su rostro se mostraba conqueto, pero no feliz.

Tocó la puerta desgastada, giro la perilla y pasó.

—¿Pasó algo, Hime?—. La miró, una mujer con curvas envidiables, una suave y tersa piel, con un parche en su ojo derecho y semi desnuda, con un vestido traslucido negro que enfocaba más su contorneado cuerpo. Lo observó, soltó su cigarro para pisotearlo contra sus bonitos tacones negros y relucientes.

—Denji, te voy a pedir un favor, sé que te hemos adoptado como a un hijo y te hemos dado lo que podemos, pero quisiera que pudieras trabajar—. La mujer visiblemente preocupada por lo que había dicho, continuo. —No es para que nos pagues, sin embargo, quiero que tengas un ingreso por el cual puedas ganar y hacer lo que quieras—.

—¿Quieres que sea uno de ellas?—. Señaló la puerta.

—No, es más, mañana hay un evento muy importante, vendrán todo tipo de clientes. La última vez me pidieron cosas exóticos y tú entras en la categoría de ser muy bonito, tu figura se asemeja a la de una chica—. Cruzó sus piernas mientras sacaba otro cigarro.

—Pero... Yo no soy una chica—. Miró con enfado. —Además no soy un marica para hacerlo con un hombre, que puto asco—.

—Aún con eso en mente, muchas mujeres también vienen por si tanto te disgusta la idea—. Aspiró de su cigarrillo, sintiendo como el gas se filtraba y la adormecía con su aroma.

—No quiero, sé que es algo de tus mañas, pero no caeré—. La señaló con una mirada afilada mientras miraba de cerca.

—Vamos, vamos, cálmate, solo quiero que bailes—. Sonrió la mujer con un poco de sudor cayendo de su frente.

—¿Qué sucede? Dime la verdad—. Se cruzó de brazos el rubio con un puchero adornando su rostro.

Ella se paró y cerró la puerta con delicadeza para sentarse en un sillón, rechinó ante el peso puesto en su almohadillas. —El burdel ya no es mío, Denji—. Susurró.

—¿Qué?, pero sí...—.

—No te das cuenta, nuestros clientes ya no son los mismos, viene personas elegantes, con trajes y joyas en su vestir—. Mordió su pulgar en relación con lo que decía. —No somos dueños de nada, ni siquiera de nuestra vida—. Lo miró.

—Lo sé, me di cuenta por la fiesta que pasó—. Se sentó en la cama. —¿Qué quieren que haga?—. Bajó la cabeza, a lo que llamaba hogar ya no lo era, a quienes llama familia, las alejan. ¿Por qué? Todo lo que tiene posibilidad de ser suyo, se esfuma, se va, se lo quitan.

—Le dije que solo bailarás, nada más—. La decisión ya estaba tomada y no podía cambiarla, era como un perro que todos podían manipular. Lo detestaba, lo odiaba, pero lo haría solo por ellas, por las chicas a quienes les debía todo.

—Solo dime lo que haré y yo... Cumpliré—.

La mayor en un acto de amor, enrolló sus brazos y lo estrujó contra ella, el aroma del tabaco impreso en su cuerpo lo hizo sentir seguro, se había acostumbrado a ese olor, desagradable, pero que siempre se hizo presente en su infancia.

Un golpeteo se escuchó y se separaron, Himeno se asomo y su expresión supo que la verdad era peor que las mentiras.

—Denji, bailarás con Reze y yo me tengo que ir, me esperan—. La conversación terminó, todo era una mierda y eso él lo sabía mejor que nadie.

—Vamooooos, Denji, te tienes que poner tu letargo—. La joven de cabellos oscuros forcejeo contra el chico para que entrará al camerino con ella. Es hoy, el gran día de humillarse como lo hacía todo el tiempo.

Al final terminó rindiéndose, la vergüenza ya no era opción y salir corriendo lo era peor, se vistió con todo lo que le dió Reze, primero un delgado encaje que entallaba su torso y tapaba en zonas concretas como su intimidad, continuo con las medias nylon de color negro y por fin un letargo rojo junto a unas orejas de conejo negruzco.

—Te ves... Hasta mejor que yo—. Se tapó su boca en un asombro al ver al chico con aquella vestimenta, de verdad, la medida de Reze le había quedado perfecto.

—No digas estupideces, ya me siento demasiado asqueado con esta mierda—. Su mirada por instinto se digirió al espejo. La chica no se equivocaba, se veía como una, sus caderas se hacían presentes y su cintura extremadamente pequeña le daba el toque.

—Siéntate, falta el maquillaje—. Tomó un lápiz labial muy claro para que no se notará la diferencia.

—¿Eso hara algún cambio?—. La miró fastidiado a quien había hecho de las suyas.

—Te asienta bien, sin duda todo irá... Bien—. Suspiró mientras relajaba sus hombros.

—¿Ustedes... Hacen esto todos los días?—. Inclinó su cabeza, dejando caer algunos mechones de cabello en muestra de no querer mirar su reflejo.

—Todos los días, no hay ni un solo minuto en la que ellos dejen de venir. Aún sí está cerrado, quieren entrar—. Acomodó su ropa y se pintó los labios de un rosa salmón, sus ojos se posaron en Denji y con cierta nostalgia, lo abrazó, enterrando su nariz en el cuello contrario. —Tranquilo, todo estará bien. Porque nosotras somos tu familia—.

Ambos salieron al escenario, las luces de todos los colores, se apagaron para dar paso al blanco, iluminando a Power. —Bienvenidos a todos, damas y caballeros, como ya saben ¡Soy Power! Y vengo a presentar el show de hoy, espero poder ocupar de toda su atención—. Sonrió con picardía mientras se inclinada hacia adelante, mostrando como su traje bien ceñido daba paso a la lujuria de aquellos en la sala.

Sus manos suban, nunca había hecho tal cosas, en su vida, es cierto que es un despreocupado, pero no a tal extremo de no sentir el miedo que carcomía su poca cordura. Reze, Al sentir los temblores en el chico, tomó su mano y dulcemente lo obligó a subir los escalones del escenario.

—Damos pasó, a los invitados de hoy con un evento único, un número exclusivo para ustedes. Gyaaaajajajaja—. Río frenéticamente para señalar el telón. —Con ustedes, nuestro dúo dinámico—.

La música comenzó a tocar, un ritmo reconocido en casi todo el mundo "She knows" de Ne-Yo se transmitió. Ambos chicos al escuchar la primera línea, su cuerpo dio inicio al baile, sensual, sus manos delicadas se movían al compás del mover de sus caderas, recorrían cada espacio que les permitía la amplia tarima.

Estaban sincronizados, Denji miraba con sutileza al público, tratando de provocar con esos movimientos que iban desde el danzar de sus muslos hacia abajo hasta el de sus manos delineando su estilizado cuerpo.


"And I'ma tear that body up

Anytime she walk in, she tear the party up

Time and time time again, any city, any club

She know what's up, she know she dope

Body like drugs, and I need another dose

Baby putting on a show".


Su vergüenza no podía aumentar, sus movimientos eran lentos y expresivos, se arrodilló, mientras el coro comenzaba.


"From the front to the back

From her head to her toe

Why she do it like that?".


Separó con delicadeza sus rodillas, apoyándose con sus manos en la parte posterior, afianzando para seguir con las embestidas que daba al aire.

Desde la puerta se escuchaba la estrepitosa canción, los guardias recibían a todos los clientes, hasta que cierto joven de una coleta particular se paró ante los guardias. —Joven, su invitación—.

—Soy Aki Hayawaka, tenga—. Los observó con detenimiento, en sus rostros, en su actitud corporal, la inspección fue crítica, profunda, pero rápida.

—Adelante, joven—. Le dieron pase tanto Kishibe como Arai que se mantuvieron al margen para después regresar a su posición original.

—Ese chico, no me gusta—. Comentó Arai con un tono despectivo.

—A mí menos—. Se sacó sus lentes y con una actitud sería reporto por una llamada a todos. —Estén alertas, sabandijas—.

Ya dentro del lugar pudo evidenciar al evento principal, sus ojos se incrustaron en los movimientos del chico rubio, se quedó inmóvil ante su presencia, parecía un ángel, prestaba atención a cada minúsculo paso que daba, había quedado hipnotizado. A la vez Denji se percató por el rabillo del ojo como un sujeto con alto porte y vestido con un traje negro azulado que se le veía ajustado marcando pliegues en su ropa, añadiendo que sus ojos azules brillaban en la penumbra del gran salón.

Su corazón comenzó a bombear con rapidez, su rostro se pintó de un rojo carmín al sentir la intensa mirada del chico. Tocó la parte de girarse.


"Look at that big booty on Judy walking in front of me like

Baby, baby, what's your major? What's your sign?".


Eran el momento en el que ellos bajaban lentamente hasta que sus piernas quedarán completamente flexionadas, moviendo su trasero de un lado para el otro hasta terminar con unas leves sentadas y levantarse. De nuevo sus manos contorneaban su cuerpo, está vez desde sus talones hasta sus muslos, al final darse una palmada a su retaguardia.

Dieron pasos en círculos para después juntar sus manos hacia arriba y continuar meneando la cadera, de nuevo cayendo en sus rodillas en conjunto tomando su cuello, mostrando la dominación que los espectadores tenían en ellos. Ya la última parte seguía con un eco.


"She knows

(She knows, she knows, she knows)

She knows

(She knows, she knows, she knows)

(She knows, she knows, she knows)

Oh she knows".


Terminaron la coreografía acostados de manera lateral mientras sus piernas se alzaban en un perfecto ángulo de noventa grados.

—¡Aplausos, aplausos! ¿Mi audiencia no está alegre con ese baile tan cautivador que se les ofreció?—. La bella joven canturreó mientras hacia pucheros con el micrófono puesto en sus labios carnosos delineados de rojo.

La gran cantidad de personas al instante comenzaron a aplaudir, a lanzar billetes y en alguno que otro caso cheques. Sin embargo la felicidad no duró mucho pues le comunicaron desde su pequeño auricular "comienza la subasta".

Tomó un momento para girar y hablar, pero de nuevo continuó, con un leve temblor en sus labios, llamó a Denji y a Reze. —M-mi querido público, comenzaremos con la compra. ¡Pues a eso vinieron!—. Gritó con algarabía —Que venga Denji y Reze, nuestros artistas principales—.

Ambos fueron obligados a subir de nuevo, a estar en frente de todos, en un corto momento Power Les dijo lo siento y prosiguió con esa sonrisa fingida.

—¡No pueden hacer eso!—. Demandó Himeno, desde la entrada de los camerinos, siendo detenido por un hombre alto con un traje negro por completo.

—Cállate, este ya no es tu lugar—. Sacó discretamente un arma de fuego y la apunto en su vientre. —Tú ya no eres nadie aquí—.

Dejo de forzar su avance, preocupada de la vida de sus niños. —¿Quiénes son? ¿Por qué aquí?—. Lo miró con recelo.

—Eso no es de tu incumbencia—. Guardó el arma detrás de su espalda. —Es mejor permanecer en silencio, Himeno—. Palmeó la mejilla de la mujer y se fue.

—Maldición—. Mordió su pulgar, quedando desde el rincón para mirar con extremada ansiedad lo que pasaba en el escenario.

—¿Qué, qué pasa aquí?—. Denji miraba con desesperación a Power para recibir una respuesta, pero ella en ningún momento volteo,

—Vamos a empezar por el chico—. Señaló sin dirigir su mirada al mencionado.

El público comenzó a murmurar, la pelirrosa miraba a cada invitado y el sudor empezó a bajar lentamente por su frente, el miedo se estaba apoderando de ella. —N-no me digan que no les gusta, sus caderas son muy prominentes, su cintura es muy fina en comparación con otros—. Animó a la gente, esperanzada de que alguien dijera algo.

El anterior chico de traje azulado, se aproximó entre la multitud y dijo con fuerte voz. —5.000 yenes—. Alzó la mano.

Denji se fijo en quién grito y no era ni más ni menos que el chico que lo miró no hace mucho, el rubor volvió a sus mejillas mientras baja su cabeza.

—Alguien más, alguien más—. Miró y alentó. —¿Quién da más?—.

Una chica de cabello rojizo vestida con un traje negro y una gabardina del mismo tono, alzó la mano. —7.000 yenes—. Se reincorporo, dando con los ojos del chico, expuesto cual conejo espera a su cazador.

De nuevo Aki se pronunció —15.000 yenes—.

—30.000 yenes—. Ofreció la mujer paciente a la respuesta de su rival.

—35.000 yenes—. Le dirigió la mirada mientras ella hacía lo mismo.

—50.000 yenes—. Sonrió, contenta pues nadie supera esa cifra.

—Makima-san, controle sus actitudes—. Un hombre a su lado le susurro a su oído.

—Estará bien... Porque yo ya gané —. Decidió dejar de mirar al azabache para echar un vistazo a su nueva adquisición.

—¡Nadie más, nadie da más, la subasta se cierra en 4, 3—.

La mirada de Denji no se desprendía de aquel joven que competía por quedarse con él, aunque por otro lado una linda chica lo iba a comprar. Los pensamientos cada vez se tornaban más eufóricos con la apariencia del mayor, se sentía muy atraído, cosa que le pareció muy homosexual su parte.

—100.000 yenes al contado—. Alertó a la presentadora.

—Vendido—. Con su dedo índice le hizo un gesto a que se dirigiera al pasillo. —Vendido, pasen al cuarto 23—.

Denji pensó en la mierda que había pasado y ahora debía ir a ese dichoso cuarto para ser follado cual animal de rancho, su cerebro quería reventar, se encaminó a la habitación, llegando primero que el otro por lo que se sentó en la cama.

En sus pensamientos recordó las reglas: decirle a los clientes "amo", preguntar los gustos, por cual posición quisiera empezar y que nunca dejarse besar, mucho menos que no usemos protección.

Los pasos se escucharon detrás de la puerta que en segundos se abrió, seguido del chico, quien lo había comprado, un rostro pulcro, mechones de cabello caían por su frente tapando la misma y una peculiar coleta, sus ojos azules eran penetrantes, su cuerpo bien tonificados, desde sus hombros hasta su cadera, ancha. No pudo evitar fijarse en su virilidad apretada en dichos pantalones de tela, apartó la mirada mientras el joven en pie cerró la puerta con seguro.

La noche recién comenzaba y la luna sería testigo junto a las cuatro paredes del lugar.

Buenas, esta historia era exclusiva de Wattpad, pero como va el hilo de la trama, dudo que se quede en esa plataforma.


Karin20quish se despide.

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