Capítulo 1
El fuerte sol pegaba en el mar, pero la fresca brisa lo opacada de cierta forma, más cuando se estaba en un yate navegando. Un monegasco se ponía protector solar junto a una pequeña, su niña, la luz de su vida. Amaba estos momentos donde eran ellos dos, hacía tiempo que no estaban tan juntos. Pero cierto español estaba celoso porque su hija le quitaba toda la atención.
Si, Carlos estaba celoso de su niña de 2 años, porque para él, Charles era solo suyo de nadie más y ninguna niña se lo quitaría. Por lo que ideó un plan para obtener toda la atención de su esposo. Era ridículo que una persona de 28 años se pelease con una niña, pero más ridículo era que la niña le ganase.
— Charles, mi amor, que te parece si duermes a Valyet y tenemos un momento a solas. – decía el español mientras se sentaba tras el monegasco y besaba su cuello. – hace mucho no tenemos un momento así, intimo.
— Pero Carlos, Val aún no ha comido, no creo que se duerma con el estómago vacío, creo que después podemos tener ese momento. – decía el monegasco tratando de evitar un momento a solas.
Al español no le gustó escuchar eso, por lo que detuvo sus besos y tomo de las caderas a su esposo.
— Vamos cariño, solo por hoy, donde quedo ese lindo esposito mío, apasionado, cariñoso y caliente que conocí.
— Aún sigo siendo esa persona amor, pero ahora no, si me permites iré a la otra parte con la niña. - se separó del español, quien, sorprendido no dijo nada.
Con eso el monegasco se levantó con la niña en brazos, caminando hasta la otra parte del yate, quería convivir con su pequeña antes de volverse a ir a sus trabajos como pilotos. Mientras que el español estaba atónito, no podía creer que su esposo lo rechazarse. Pero ya se las pagaría más adelante, nadie lo rechazaba.
Camino hasta el otro extremo del yate, donde no estaba Charles, pensó un poco en darle su espacio, con la esperanza de que volvieran con él y lo perdonara, cosa que no paso; Charles estaba tan concentrada en estar con Valyet que se olvidó de su ardiente esposo. Carlos un poco molesto decidió ir y conducir hasta el muelle, ya era un poco tarde, pero el sol se estaba poniendo más fuerte, lo mejor era volver antes de que alguno se quemase o sufriera deshidratación, que era lo que menos quería.
El aire golpeaba en el rostro del moreno, le agradaba, le traía paz y satisfacción. Charles estaba disfrutando de la vista junto a la pequeña, se sujetaban fuerte para no caerse, debido a los pequeños brincos que causaba el yate, fue un día perfecto para la familia Sainz Leclerc, bueno no tanto, porque cierto español no pudo cometer sus intenciones, pero eso no quitaba el tiempo familiar que habían tenido junto a sus dos amores.
Lo disfrutaban cada que podían, les encantaba, más porque el español podía ver a sus dos hermosos ángeles juntos riendo y pasándola bien, aunque debía admitir que extrañaba los momentos que tenía a solas con su esposo. Aún recuerda cuando llegó la pequeña Valyet a sus vidas, no podían estar más que contentos por su llegada, la habían anhelado demasiado.
Charles estaba perdiendo las esperanzas, ya había perdido a varios bebés antes y le desanimada saber que no podía darle la familia que tanto deseaba Carlos, quien, le dijo que no debía preocuparse por ello, con tenerlo a su lado era más que suficiente, que no necesitaban nada más. Pero la vida le tenía una hermosa sorpresa y esa era su niña, una combinación de ambos, aunque se parecía un poco más a su papá Charles, pero no le quitaba lo hermosa que es.
Su niña arcoíris lo era todo para ellos, era consentida por todos en la parrilla, sabían lo mucho que la pareja había luchado por tener a ese hermoso ángel con ello. No era sorpresa que sus padrinos Sergio y Fernando la consintieran más que los demás, sobre todo el mexicano, quien también estaba en espera de su pareja Max, otra noticia que los alegro, aunque no a Max, ya que él era el embarazado, siempre qué podía maldecía a Sergio por dejarlo en ese estado.
Nada les preocupaba, eran una familia feliz, estable, amorosa, Carlos no podía pedir más de ello, sabía que había tomado una buena decisión al estar con Charles, el haberle pedido matrimonio, el formar una familia. Le agradecía infinitamente qué lo dejase estar a su lado. Unas manos en su abdomen lo sacaron de sus pensamientos, el monegasco le dejaba unos pequeños besos a su querido esposo, mientras jugaba en su piel.
— Oh no mi amor, esta vez no. – dijo el español tratando de soltar el agarre del menor. – No puedes jugar sucio. – el monegasco se aferró más a su esposo y soltó unas palabras.
— Como es posible que quieras golpear a tu esposo embarazado.
Con ello Carlos dejo de moverse, se paralizo ante la noticia, su esposo, su Charles, su ángel estaba embarazado. Apago el bote y volteo para quedar frente a su esposo, atrapando en un abrazo y repartiendo besos en su rostro, mientras que Charles solo podía reír ante la tierna reacción de su esposo.
— Mi amor, ¿enserio estas embarazado?
— Si, no te lo quería decir hasta que fuese seguro, pero tengo 10 semanas Carlos, seremos padres de nuevo.
— Me has hecho por quinta vez el hombre más feliz de la vida.
— ¿Quinta vez?
— Si la primera es cuando me dijiste que, si cuando te peí ser mi novio, la segunda cuando te pedí matrimonio, la tercera cuando nos casamos, la cuarta cuando me dijiste que sería padre por primera vez y esta con la llegada de nuestro segundo bebé.
Ambos se volvieron abrazar con emoción, con la alegría que no cabía en ellos, Charles aun reía con nerviosismo, como si aún no creyera que serían padres de nuevo. Su familia estaba creciendo, algo con lo que soñaron se estaba volviendo realidad, tenían que celebrar a lo grande, decirles a sus amigos y apoyarse en este proceso, porque los dos lograron, ambos estaban agrandando la familia que siempre quisieron.