You Are In My Arms, Again. OS Larry Stylinson

Sinopsis

Louis y Harry tuvieron un hermoso y breve romance, que terminó de manera abrupta y sin una explicación. La vida hará que se encuentren y que tengan que pasar algunas pruebas, para intentar recuperar lo que tuvieron. Pero, ¿será suficiente el amor? ¿Dejarán de escapar? OS, soft, LT/HB.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kintsukuroi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Eres Mucho Más


El primer día de universidad puede ser un gran acontecimiento... o no.

Puedes querer que llegue... o no.

Louis era de los que lo esperaba con ansias, aunque estaba triste por dejar sola a su mamá, que a su vez no podía abandonar a su padre enfermo, aunque ellos ya no estuvieran juntos hace años. No lo entendía, pero respetaba su decisión. Entrar a la universidad era una gran oportunidad y se había esforzado por conseguir una beca. Quería olvidarse de Colchester, donde vivió siempre y empezar de nuevo, lejos, solo, intentando borrar de sus recuerdos la imagen de quien pensó, aun a esa corta edad, era el amor de su vida.

Puso toda su energía en él mismo y en estudiar para ser el mejor, por lo que ese día, uno antes de comenzar las clases, llegó muy temprano a instalarse en la habitación del campus que le habían designado debido a la beca. Solo eran 30 estudiantes que recibía la universidad de manera gratuita, y cada dormitorio acogía a dos estudiantes en un espacio cómodo y tranquilo, con un estricto reglamento.

Solo dejó sus cosas, no quería decidir qué cama elegir sin conocer a su compañero, por lo que aprovechó el tiempo para recorrer el lugar y aprender dónde estaban lugares importantes como la cafetería, la enfermería, los baños, los salones y el gimnasio. Cuando se aburrió volvió a su habitación y notó que había alguien más en el lugar, se puso feliz, necesitaba hablar con gente nueva.

Pero apenas vio de espalda al chico, la sonrisa se le borró de la cara.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó, ¿molesto? ¿Triste? No se podía saber.

—¿Qué haces tú aquí? —También preguntó sorprendido, Harry, su compañero de dormitorio.

—Es obvio ¿no? Vine a estudiar, —respondió Louis.

—Yo también.

—Mira, no nos podemos cambiar de habitación por protocolo de la universidad, así es que te propongo una tregua, ¿qué dices?

—Yo no necesito una, pero si así lo quieres, está bien, —contestó bajando la guardia, aunque la tristeza aparecía diáfana en su voz. —¿Estás en finanzas?

—¿De verdad te importa...? —Murmuró en voz baja y con un leve temblor. —Sí, —contestó más fuerte. —¿Entraste a derecho?

—No, a gastronomía. —Vio los ojos de Louis brillar. —Seguí tu consejo.

—Me alegro mucho, ¿sabes?

—Lo sé... Louis, yo necesito explicarte...

—No, —interrumpió. —Por favor olvidémoslo.

—Solo te pido dos minutos y te juro que no vuelvo a hablar del tema.

—No, lo siento. —Y salió, intentando no demostrar su dolor.

Harry se sentó en la cama del lado derecho, y se tomó la cabeza con las manos. Había escapado de Colchester porque no podía seguir viviendo con tanta tristeza de haber perdido de manera tan estúpida a Louis, a su amor, a la persona más importante de su vida.

Recordó con lágrimas en los ojos, el último mes en la escuela. Él y Louis llevaban ese tiempo saliendo, yendo a citas, conociéndose, enamorándose, mirando los atardeceres muy juntos, con sus manos rozándose. Al finalizar julio, Louis le pidió ser novios y pensó que nada podía opacar su felicidad, hasta que hace dos semanas atrás, en la que debía ser su primera vez juntos, todo se había ido a pique.

Pensar en las caricias que Louis le dio, la manera tan dulce de tratarlo, hacía que su piel se erizara. Era un recuerdo vivo que le quemaba.

Cuando Louis quiso avanzar esa tarde, a solas en su habitación y quitarle su polera, no pudo. No preguntó, y quiso entonces tocarlo debajo de ella y Harry se paralizó en ese momento. Le gritó, ya no recuerda qué cosas, y luego salió corriendo sin dar explicaciones. Al día siguiente Louis lo fue a buscar, lo llamó por teléfono, le envió mensajes, y no fue capaz de darle la cara. Sabía que fue su culpa, que debería haber hablado las cosas y de alguna manera, buscar una solución junto a su chico de ojos azules, pero no, no podía, se sentía cobarde, se sentía tan poca cosa...

Quiso alejarse, quiso olvidar, y el destino lo ponía de manera caprichosa en frente de su amor, y eso era solo por un motivo, tenía que explicarse y tal vez, si tenía mucha suerte, lograr que Louis lo perdone por herirlo de una manera tonta pero profunda.

Organizó sus cosas, lo que más pudo. El lado izquierdo era el de Louis, no podía ser de otra manera, así era en su casa, esa que conocía tan bien y que le gustaba recorrer porque la mamá de Louis siempre movía los muebles y cambiaba los adornos, le daba toques nuevos a su hogar. La mamá de Louis que lo quería como a un hijo, con la que habló tantas tardes mientras esperaban a que Louis volviera de su trabajo de un par de horas en un almacén. Pensar en ella era una puñalada más, la defraudó, la decepcionó, le falló...

Buscó una silla para subirse y colgar uno de sus afiches favoritos, pero no podía evitar llorar. Las lágrimas salían sin poder detenerlas, y por eso no pudo notar que no tenía dónde apoyarse. Logró pegarlo, pero al intentar bajar, y no tener dónde poner su pie, cayó pesadamente, azotando su mano izquierda, con demasiada fuerza en el borde de madera de la cama. El ruido del golpe retumbó en sus oídos y de inmediato supo que era malo, no podía dejar de gritar. Tampoco podía mover la mano, por lo que no podía siquiera levantarse. Era tanto el dolor que no podía pensar en nada, estaba nublado, jamás sintió un dolor así, jamás siquiera lo imaginó.

A lo lejos escuchó una voz que intentaba hablarle, pero no podía escucharlo, se sentía al borde del desmayo.

Louis había vuelto al sentirse extrañamente angustiado, y desde las escaleras escuchó los gritos. Corrió desesperado y nunca imaginó ver a Harry en el suelo. No entendía qué había pasado, era imposible comunicarse, por lo que lo único que podía hacer era pedir ayuda. Volvió a correr hacia la enfermería y en medio de gritos desesperados explicó la situación. Pronto la enfermera encargada intentó calmar a Harry, pero tampoco lo logró, y claramente era una situación delicada. Llamó una ambulancia y se lo llevaron al hospital más cercano. Louis iba con él.

Lo entraron a urgencias, y no había dejado de gritar ni de llorar. Apenas estuvo en la camilla lo llevaron a tomarse una radiografía y luego lo llevaron a un box de atención hasta esperar el resultado. Cuando llegó la imagen, lo ingresaron a una sala especial para colocarle un yeso, se había fracturado la mano izquierda en cinco partes. Le pusieron anestesia y le enderezaron los dedos, luego ya le enyesaron y le pusieron un cabestrillo. Debía volver en un mes para una nueva imagen, y ver si necesitaba cirugía o no.

Salió caminando, aún muy sensible, y lo que menos imaginó fue ver a Louis, muy serio y preocupado esperando por él.

Harry sin pensar, se acercó y lloró, con su cabeza apoyada en el hombro de Louis que lo acogió sin dudar.

—Vas a estar bien, ¿qué te dijeron?

—Me fracturé en cinco partes, y tengo que volver en un mes para ver si no es necesario operar... Pero... ¿qué voy a hacer? Voy a perder el año y yo... Lo siento tanto Louis... —Y no podía dejar de llorar.

Louis también lo hacía, le dolía ver a Harry triste, le dolían las disculpas, le dolía amarlo más que antes, le dolía pensar que pudo pasar algo peor y él no hubiese llegado a tiempo por andar de orgulloso.

—No te preocupes, de alguna manera lo haremos, pero ya no llores más, te va a doler la cabeza. ¿Quieres que llame a Isabella?

—No por favor, mi mamá me llevaría de vuelta de una oreja...

—No lo haré entonces, vamos, necesitas descansar.

Louis hizo parar un taxi y lo hizo subir con cuidado, llegaron en diez minutos. Lo dejó recostado, con una música suave de fondo, y fue a la dirección a entregar el informe médico. Pidió comida por una aplicación y volvió al dormitorio.

Se sentó en la cama de Harry, y con su mano intentó secar las lágrimas que parecían no acabarse nunca.

—¿Te duele? —Preguntó.

—No, no me duele, aún está anestesiada... Es solo que... Siento que todo está mal, —cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás.

—¿Quieres contarme? No, espera, ya vengo.

Harry lo vio salir, y de manera instintiva colocó su mano buena en su estómago, y volvió a llorar. Dos minutos después Louis volvió con una bolsa. La abrió y colocó su contenido en una bandeja que encontró en el pequeño espacio de la cocina, junto a dos vasos.

—Espero que te guste, —dijo poniendo la comida a la mano de Harry que volvió a llorar. —¿No querías sushi?

—¿Por qué eres así conmigo? No me lo merezco.

—Harry, no vamos a hablar de eso ahora, ¿está bien? Lo importante es que te cuides, y que esa mano se mejore y no tengan que operarte. Solo imaginé que te gustarían un poco de mimos para sentirte mejor, y eso trato de hacer.

—Gracias, pero Louis, ¿puedes prometer que me vas a dar una oportunidad de explicarte?

—Lo haré cuando te saquen el yeso. Pero hasta que eso no pase, el tema está prohibido, —contestó, pero su voz era dulce, casi juguetona.

—Bien, entendido, —dijo sonriendo, flechando a Louis como la primera vez.

Comieron mientras conversaban un poco de sus familias, y de lo que esperaban de esa nueva etapa. Después Louis recogió y botó la basura mientras Harry iba al baño. Apenas había pasado un minuto, cuando se sintió un golpe.

Louis corrió hacia el baño y golpeó, porque estaba con seguro.

—Harry, contéstame, ¿estás bien?

—Me caí...

Y un desesperado Louis corrió hacia la puerta de entrada de la habitación, porque había visto un manojo de llaves y alguna debía ser la del baño.

Demasiado nervioso intentaba probarlas, hasta que en el tercer intento lo logró. Entró y vio a Harry en el piso, y supo que no se había golpeado fuerte, pero sí que estaba frustrado.

—Déjame ayudarte, —se ofreció y abrazándolo, logró ponerlo de pie. —¿Qué pasó?

—Perdí el equilibrio intentando bajar mis pantalones. Son demasiado ajustados y con una sola mano no puedo hacerlo.

—¿Quieres que te ayude?

Y Harry bajó la cabeza y su mirada se apagó. En esa posición habló muy bajo: —Te lo agradecería, pero por favor no me toques...

Y apenas Louis escuchó eso, no pudo dejar de sentirse mal, y dos segundos después entendió que algo pasaba con Harry y su cuerpo que él no había notado. —Prometo que solo tocaré tu ropa, ¿está bien?

Harry solo movió su cabeza.

Louis lo hizo, y esperó afuera a que Harry terminara, para ayudarlo a subir su ropa. —Vas a necesitar buzos, es lo más cómodo aunque los odies.

—Jamás. Prefiero no salir de aquí antes que ponerme eso.

—Harry... No seas infantil por favor, es para que estés más cómodo. Es temprano, podemos ir al centro comercial, está aquí a cinco minutos.

—Está bien, ¿de verdad me vas a acompañar?

—Yo te voy a cuidar hasta que estés bien, —contestó mirándolo con todo el amor del mundo, como si fuera una declaración.

Dieron mil vueltas, pero finalmente Harry había decidido que Louis tenía razón y no podía andar con sus jeans ultra ajustados. Sobre todo, porque no podía permitir que alguien más lo ayudara en esa situación tan íntima, para eso estaba él, había dicho Louis.

Cuando volvieron a la universidad, entre los dos lograron ordenar sus cosas, su ropa, y artículos de aseo personal. Luego, una de las partes más difíciles para Harry, sacarse la ropa para ponerse el pijama. Iba a tener que romper su polera, era una de sus favoritas porque se la había regalado Louis en una de sus salidas y no quería hacerlo. Tomó unas tijeras y le pidió ayuda a Louis, no había forma de sacarla por el brazo donde estaba el yeso, porque la gruesa férula cubría hasta pasado el codo. Después Harry se encerró en el baño, intentando cambiarse sin ayuda, y lo logró después de caerse dos veces, pero no quería molestar de más a su compañero.

Intentó acomodarse en la cama, pero estaba acostumbrado a dormir del lado izquierdo, y ahora era imposible, estaba incómodo y tenía frío, porque también tuvo que cortarle la manga al pijama.

De alguna manera se durmió, mientras Louis revisaba su celular. Una hora después dormían en silencio, en la oscuridad.

Pero cerca de medianoche, Louis despertó al sentir el tímido llanto de Harry. Encendió la luz de la mesita de noche, y se levantó. Se acercó y se dio cuenta de que Harry estaba llorando dormido.

—Despierta... —Dijo despacio, rascando sus rizos.

Harry abrió los ojos, pero los tenía rojos y le ardían.

—No quiero molestarte, ¿pero me puedes ayudar?

—¿Qué necesitas?

—Me dieron medicamentos y olvidé tomarlos antes de dormir. Me duele demasiado la mano y la cabeza.

Louis buscó la pequeña bolsa que le habían entregado en el hospital y encontró las medicinas y la receta con los horarios y dosis. Tomó un lápiz y escribió esos datos en las cajas, y además, colocó alarmas en los dos celulares. Luego fue a buscar agua y le ayudó a sentarse para beber.

—¿Necesitas algo más? Por favor Harry, no tengas miedo ni vergüenza, quiero ayudarte.

—Tengo tanto frío, —dijo tiritando.

—¿Estás cómodo?

—No, me cuesta mucho dejar el brazo apoyado y me duele más.

—A ver...

Se movió rápido, buscando dos mantas gruesas que enrolló. Una la colocó en la espalda de Harry, para hacer soporte, y con la otra lo tapó. Usó su propia almohada para que Harry colocara su mano.

—Gracias... Me siento mucho mejor, —habló mientras se empezaba a dormir, producto del efecto de la medicina.

Louis lo miró satisfecho. Si alguna vez pensó en olvidarlo, ahora sabía con certeza que solo podía amarlo cada día más, aunque ese algo extraño y secreto le seguía doliendo, era más fácil teniéndolo al lado.

Se acomodó como pudo, con su mochila bajo la cabeza y una chaqueta encima, porque realmente hacía frío.

A las seis de la mañana sonó una de las alarmas que avisaba de que era tiempo de una nueva dosis de antinflamatorio, y tiritando, Louis despertó a Harry y le dio su pastilla.

—Tienes frío, saca una de las mantas, puedes poner mi mochila y...

—¿Puedo acostarme contigo? —Interrumpió. —Te juro que me pongo de espaldas y puedes apoyarte en mí.

—Claro que sí, hazlo.

Se acomodó Louis y entró en calor rápidamente. Alcanzaron a dormir una hora y media, antes de que ya tuvieran que levantarse para sus primeras clases.

Louis ayudó lo que más pudo a Harry con la ropa, y lo ayudó con su mochila. Pasaron a la cafetería por algo rápido para desayunar y luego, caminaron hacia el salón central, donde les darían la bienvenida a los nuevos alumnos.

Louis estaba realmente muy molesto. Harry llamaba mucho la atención y los celos, algo que jamás sintió, ahora lo golpeaba duramente en su cara. Después tuvieron su primera clase, y ya no pudieron estar juntos. Y Louis, como si fuera el responsable de Harry, habló con el profesor para explicarle que debía tomar sus medicinas, y mostrarle el papel médico. Además preguntó qué clases eran prácticas, para pedir autorización en caso necesario y poder ayudarlo.

Ese primer día terminó temprano, porque eran clases de información, de revisar los contenidos y conocerse.

Al llegar al dormitorio, supieron que durante las próximas dos semanas pasarían frío debido a un desperfecto eléctrico que afectaba a todos los dormitorios. Se dio la orden de entregar una manta más por alumno, porque en ese momento el proveedor tampoco tenía stock disponible.

Louis dejó a Harry en la habitación y salió. Volvió una hora después con dos sudaderas o polerones con capucha tamaño gigante de un género suave y muy abrigador, que podrían usar como pijamas o cuando no tuvieran clases y quisieran estar cómodos. La de Harry era azul con cuadrados verdes y la de Louis, verde con cuadrados azules. También compró algo extraño que encontró en una tienda escondida y que era perfecto para ese momento. Eran mangas largas, que se podían ajustar mediante broches dependiendo del tamaño que quisieras. Ahora Harry podría usar incluso algo manga corta, pero usar sus mangas y así cubrir su yeso que sufría con el frío. Y por lo mismo, aprovechó de llevarle dos chaquetas sin mangas, pero bastante gruesas.

Harry lo miraba enamorado desde la cama, poniendo atención a toda la explicación que le dio Louis, que se movía por todas partes y le contaba paso a paso lo que había comprado y por qué. Cuando terminó su historia, y al ver así a Harry, se sintió como un tonto. Se estaba comportando como un novio, no como un compañero de cuarto.

—¿Qué pasó? ¿Por qué te pusiste triste? —Preguntó Harry, levantándose para acercarse.

—Perdón si estoy siendo muy invasivo o molesto, no quiero agobiarte.

—No lo haces, al contrario... creo que jamás podrá pagarte todo lo que has hecho por mí, —sonrió dulcemente, mientras lo abrazaba con un solo brazo.

Y Louis recibió feliz ese gesto, y lo correspondió dejando su cabeza en el hombro de Harry.

Sonó una de las alarmas, y Louis le sirvió el agua a Harry que sacó su medicina desde el pastillero que también le había regalado Louis.

—Tengo que bañarme, estoy apestando, —dijo Harry.

—¿Necesitas ayuda? —Preguntó ligeramente turbado.

—Sí, no puedo mojar el yeso, y con una sola mano me cuesta lavarme el pelo... pero, tengo que pedirte algo... y por favor, no lo tomes a mal... porque no quiero incomodarte... pero, por favor, podrías... evitar... ¿mirarme? Aunque mejor no me ayudes, yo... perdón...

Y Louis podía sentir toda esa angustia que emanaba del cuerpo de Harry y no pudo evitar sentirse mal. No dejaba de preguntarse cómo serían las cosas si hubiera puesto más atención a las señales que mostró Harry cuando se estaban conociendo. Ahora entendía su poco entusiasmo por ir de vacaciones a la playa, o porque nunca se cambió delante de él, porque le había pedido expresamente que jamás lo abrazara por detrás, y que evitara tocarlo en su estómago, pero él nunca le había puesto cuidado, solo pensó que Harry era un poco mañoso con su cuerpo y eso estaba bien. Claramente se había equivocado.

—Ven, vamos al baño, —pidió. Una vez ahí, le dijo a Harry que se desnudara. —Te prometo que no te voy a mirar, pero puedes ponerte esta toalla en la cintura, no importa si se moja. Te lavo el pelo y lo que pueda y luego sigues tú, ¿te parece?

—Gracias... —Contestó triste aún.

Así lo hicieron y Louis quedó empapado, así es que aprovechó de meterse a la ducha cuando estuvo solo en el baño. Cuando salió, vio a Harry enfundado en su manta con capucha, y se veía tan bonito y tierno, que quería besarlo y besarlo sin parar, sin detenerse ni siquiera para respirar. Fue volver a ese día de verano, cuando lo vio llegar tímido e inseguro a la escuela, en medio del bullicio, sin saber a dónde ir ni que hacer, pero sonriendo pese a todo. Y Louis se había acercado y le ofreció ayuda y compañía, también tranquilidad y sus primeras risas juntos.

—Te ves muy lindo... —dijo sin poder evitarlo.

Y Harry le respondió sonriendo grande y mordiéndose el labio.

Esa noche volvieron a dormir juntos. Solo y exclusivamente porque Louis era un mejor apoyo para la espalda de Harry que las almohadas o las mochilas.

La rutina fue la misma, dormir hasta que sonara la alarma del medicamento, y luego dormir un poco más hasta la alarma de levantarse.

Ninguno quería hacerlo, porque realmente era una mañana que congelaba. Louis lo hizo primero y apenas se vistió, fue a buscar dos cafés y dos muffins para desayunar en la habitación. Cuando llegó, Harry aún estaba en la cama.

—Levántate perezoso, hay clases, —dijo riendo, moviéndolo suavemente.

Harry se sentó, y se restregó los ojos. Luego hizo un puchero, tal como un niño pequeño, y quien podría culpar a Louis cuando en un acto de locura tomó las mejillas de Harry y lo besó en los labios, repetidas veces, tal vez cinco o seis; tal vez diez o quince... Quizás habría que preguntarle a Harry cuántas docenas de besos le regaló a Louis, pero lo más probable es que no lo supiera, porque estaba en las nubes, asombrado y feliz de volver a sentir los labios y la dulzura de Louis.

Cuando Louis tomó conciencia de lo que había hecho, se alejó espantado. —Lo siento, lo siento, por favor perdóname... —Estaba aterrado, y debido a eso, salió casi corriendo.

Pese a todo Harry sonrió. Sabía que no se había equivocado cuando una llama de esperanza había crecido en su pecho, al sentir cómo lo cuidaba Louis y todo lo que estaba haciendo por él en ese breve tiempo. Quizás su historia juntos podía recuperarse.

Se vistió como pudo, y tuvo que salir con la ropa desordenada y las zapatillas sin amarrar. Para qué hablar de su pelo que parecía un nido de pájaros, pero no se quejaba.

Caminó por los pasillos muy despacio, no quería tropezarse y menos caerse, y aunque de verdad lo intentó, se tropezó y se cayó pesadamente.

Ahogó un quejido, más de frustración que de dolor, pero se puso de rodillas e intentó levantarse. Nunca se había dado cuenta de la importancia de su brazo para su equilibrio.

Lo logró después de dos intentos y por fin pudo llegar a su salón de clases, donde no tuvo mayores inconvenientes y así como salió de la habitación temprano, volvió a la hora de almuerzo. No sabía nada de Louis, pero al entrar se sorprendió de verlo sentado frente a la mesita de la cocina, al parecer esperándolo con hamburguesas, papas fritas y bebidas.

—Santo cielo Harry, —dijo alarmado Louis. —¿Qué te pasó?

—¿De qué? ¿Por qué preguntas? —Contestó sin entender.

—Tu pelo está desordenado, igual que tu ropa y tus zapatillas... ¿Anduviste así toda la mañana?

—Sí, te fuiste y me dejaste solo, tenía que ir a clases.

—Lo siento, pero, ¿no te caíste, verdad? ¿Estuviste bien?

—Solo me caí una vez, pero logré ponerme en pie y muchos de mis compañeros se ofrecieron para ayudarme con las zapatillas, pero les dije que no, porque solo tú puedes hacerlo.

Louis sonrió en medio de su sonrojo. —De verdad lo siento mucho. Harry, no debí besarte...

—¿Por qué no? ¿No te gustó?

—Sabes que no se trata de eso, no podemos hacer que todo está bien, hay cosas que resolver.

—Pero tú no quieres escucharme y yo sí quiero que nos besemos, entonces ¿qué hacemos?

—¿Aun quieres explicarme qué pasó?

—Quiero, —contestó ensombreciéndose por completo.

—Harry, ¿qué está mal? De verdad quiero escucharte y entender, yo no puedo más con este dolor de no saber.

—Solo voy a pedirte una cosa y es que necesito que seas completamente sincero conmigo después de escucharme.

—Te lo prometo, —estaba muy nervioso.

—Cuando tenía 10 años, estaba en la casa de mi abuela en Oxford y jugando me metí en la cocina, porque el olor de la comida era muy rico. Quería saber qué había en la gran olla, y me acerqué... demasiado... Yo me apoyé en la cocina, y se me vino encima la olla hirviendo... Me quemé el estómago y un poco más abajo... Fue una quemadura nivel 3, la más grave... Pasé meses en el hospital, me hicieron muchos tratamientos, incluso injertos... Pero jamás he podido volver a mirarme, ver esa horrible cicatriz, rodeada de otras pequeñas... No puedo... Pensar en que alguien me toque, me paraliza, me duele, me mata Louis... —Contó llorando, mientras se apretaba el estómago.

—Harry... No sé qué decirte, yo... Jamás imaginé que pasaste algo así, lo siento tanto... Perdóname si no logro dimensionar tu dolor, pero algo como esto jamás me alejaría de ti, ni podría burlarme de lo que te pasó.

—Tenía 13 años cuando conocí a Matthew y nos hicimos mejores amigos. Después de un año sentí que podía confiar con él y le conté. Tuvo exactamente las mismas palabras que tú y le creí. Pero cuando me quité la polera... dijo que le daba asco y se fue... Al día siguiente intentó disculparse, pero para mí no había vuelta atrás. Lloré por semanas, me dolió y me sigue doliendo, —contó sin dejar de llorar. —Y a pesar de que a ti te amaba más de lo que pensé que podía amar, no pude contarte, porque si me rechazabas... Louis, yo no iba a poder vivir y de verdad lo siento mucho, no quise herirte, pero no estaba preparado...

—Lo entiendo, no te disculpes más y te agradezco con todo mi corazón que estés confiando en mí. Harry, no voy a defraudarte, te lo voy a demostrar. Si algún día quieres mostrarme, estoy listo, y no sé, dime si hay alguna manera en que me creas que esto que siento por ti no tiene nada que ver con cómo te ves... Harry, —dijo acercándose, —yo te amo, cuando te alejaste pensé que me iba a morir de la pena, yo... te amo con todo lo que eres, con tus miedos, con tus inseguridades, con tu dolor...

Se abrazaron en medio de las lágrimas que caían abundantes por sus mejillas. Harry suspirando se separó, y miró a Louis con todo su amor, tomó su mano y la colocó en su pecho, sobre su polera. Sin dejar de mirarlo, comenzó a guiar su mano hacia el lugar de su cicatriz, cada vez más lento y más despacio, hasta que Louis pudo sentir una textura distinta, un poco más áspera, un poco más rugosa, un poco más irregular.

—¿Sientes dolor? ¿O no tienes sensibilidad?

—Hay partes que tienen una sensibilidad extraña, no es como en el resto de mi piel. Hay otras en que no siento nada... —Explicó más tranquilo.

—¿Puedo tocarla sin tu guía, sobre la polera? —Pidió.

—Sí... Pero no te obligues, no es necesario.

Louis sonrió con cariño. —Nunca lo haría. —Puso sus dos manos, dándose cuenta de que era bastante extensa, y pudo notar algunas cicatrices más pequeñas. —Gracias por esto... —Dijo sin dejar de acariciar el cuerpo de Harry.

—¿Crees que es muy grande?

—Lo es, más de lo que pensaba.

Y Harry sonrió, era muy importante sentir que Louis estaba siendo sincero. Por eso, y en un acto que jamás pensó poder realizar, tomó una decisión.

—¿Quieres tocarme debajo de la polera? —Preguntó agachando la cabeza.

—¿Estás seguro? No es necesario, hay tiempo.

—Quiero que lo hagas...

Louis se puso detrás de Harry, y lo abrazó. Sus manos se deslizaron por su cintura, debajo de su ropa, hasta sentir la piel lastimada. Se sentía diferente al tacto, pero no era una mala sensación, solo distinta. La delineó con sus dedos y la repasó varias veces, hasta que el temblor y las lágrimas que habían vuelto a aparecer, desaparecieron lentamente.

—Se siente distinto, —dijo Louis, moviéndose para quedar frente a Harry. —Su textura es diferente, solo eso. ¿Puedo preguntar hasta dónde llega?

—Hasta el inicio de mi... Ya sabes... En los muslos tengo algunas cicatrices también.

—Entiendo... ¿Te sentiste bien? ¿Te sientes mejor?

—Lo hago... Gracias...

—Almorcemos, ven.

En medio de su comida, siguieron conversando del mismo tema. Louis quería que Harry le contara todo lo que había pasado, sentido, todos sus miedos, sus frustraciones. A pesar de lo horrible de la experiencia de Harry, su corazón enamorado estaba sanando a una velocidad impresionante, porque pudo darle una explicación al comportamiento de Harry en ese momento... Su amor estaba intacto, y creciendo hasta Saturno.

Luego de esa conversación cargada de detalles y explicaciones, donde también se refirieron a su “quiebre”, Harry se acostó, estaba muy sensible y se sentía agotado después de tantas emociones y de haber abierto su corazón de esa manera.

Louis lo dejó descansar y salió en silencio. Caminó en círculos por la universidad, mientras reflexionada sobre lo que había pasado. De alguna manera era inevitable culparse, sentir que no fue suficiente o que no logró entregarle suficiente contención a Harry. Quizás el sentirse tan ilusionado y enamorado lo nubló de pensar y de ver más allá. De todas maneras, lamentarse no iba a cambiar las cosas, pero ahora podrían empezar de nuevo, ya sin secretos.

Salió de la universidad y volvió una hora después, Harry seguía dormido. Se sentó en su cama a revisar la planificación del curso para ese primer mes, hasta que sonó una de las alarmas. Buscó la pastilla y el vaso con agua, las dejó en la mesita de noche.

—Despierta... —Le dijo suavemente mientras movía su pierna.

—Me duele la cabeza... —Murmuró.

—Te toca el analgésico, te vas a sentir mejor.

Harry se incorporó en la cama, avergonzado de recordar lo que había pasado y con sus ojos muy hinchados.

—Gracias, —dijo mientras dejaba el vaso a un lado.

—Harry, tengo algo que decirte. He estado pensando en todo lo que nos ha pasado estos últimos meses, y de verdad lo siento mucho. No fui un buen amigo ni un buen novio, pero puedo hacerlo mejor... Sé que nosotros no terminamos “oficialmente”, pero es claro que no estamos juntos. —Explicó mientras Harry lo miraba seriamente. —Cuando te vi aquí, sentí que no podría soportarlo, que era una burla, y ahora entiendo que no puedo seguir sin ti, que mi amor nunca desapareció, y que al contrario, solo ha crecido y creo que no podría amarte más.

—Sí, acepto. —Dijo Harry sonriendo juguetonamente.

—Me quistaste la inspiración, —rió feliz.

—Perdón, pero es que no me gusta verte tan serio... Me pone nervioso. Pero quiero que nunca vuelvas a pensar que no fuiste un buen novio ni un buen amigo. Simplemente estaba aterrado, y me voy a seguir disculpando por haberte dejado sin una explicación, porque sé que te herí y que te dañé, y eso jamás podré borrarlo... Pero ahora ya no tengo secretos, aunque tengo un miedo horrible a que me veas desnudo... Sé que si no puedes con eso, me lo dirás de frente, ¿verdad?

—Si eso te deja tranquilo, te lo prometo, aunque parece que no quieres entender que te amo, que te amo de verdad, con todo lo que eres, con todas tus cicatrices. Te amo Harry... Nunca imaginé volver a tenerte entre mis brazos...

Se acercó hasta encontrar sus labios, y volver a besarlo como antes... con una dulzura intensa, con esas ganas de demostrarle que ese era su lugar, que no los podrían separar, que se pertenecían.

—Para... —Pidió Harry con dificultad.

—¿Qué pasa? ¿Te duele?

—Sí, me estás aplastando, —explicó riendo.

—Lo siento, no me di cuenta...

—¿Puedes acostarte conmigo un rato? Extraño regalonear contigo... —pidió todo tierno.

—Claro que sí.

Logró encontrar una buena posición para abrazar a Harry, y al mismo tiempo poder apoyar bien su yeso. Pronto aparecieron los besos suaves, juguetones, cargados de sonrisas, de miradas tiernas, de seguridad, de ilusión. De esos momentos que son perfectos, que quieres que se repitan siempre, que te reinician, que calman y provocan.

Besos que muy lentamente, y sin saber cómo, se transformaron en ansias y ganas de un poco más... de querer terminar con eso pendiente que sabían existía entre ellos y que inconscientemente les quemaba en el sur de sus cuerpos.

Harry tomó la iniciativa, siendo más intenso, logrando llevar el cuerpo de Louis casi encima del suyo, dándole un poco más de movimiento y su mano derecha se deslizó con propiedad por su espalda hasta meterse por dentro de su pantalón, y así apretar el trasero turgente y firme de Louis, con el que había soñado más de alguna vez.

Louis por su parte, había perdido su mano en la entrepierna de Harry, tocando fuerte, tratando de estimular más aún esa dura erección.

—¿Está bien tu mano amor? —Murmuró Louis, preocupado.

—No, pero no importa... —Contestó agitado.

Louis se detuvo. —Pero amor, no... Tengo que cuidarte.

—Después... bésame... —Rogó buscando los labios de su novio.

—No amor, no... —Dijo levantándose con cuidado. —Harry, esto es serio, ¿te imaginas que tienen que operarte? ¿Entiendes lo que eso significa?

—Créeme que soy el más consciente de todo Louis, —respondió molesto. —Solo te extrañaba mucho, —continuó más suavemente.

—Amor, lo sé, es lo mismo que siento, pero debemos cuidarte, tienes que recuperarte bien y pronto.

Harry suspiró. —¿Es solo eso? ¿O es que no quieres estar conmigo?

—No puedo creer que me preguntes eso amor... —habló Louis, acercándose para dejar pequeños besos en los labios de su novio. —Quiero, quiero estar contigo, siempre, desde que despierto hasta que me duermo, no dejo de imaginar cómo sería...

—Entonces busquemos una forma... ¿por favor?

—Solo se me ocurre una, pero no quiero que así sea nuestra primera vez...

—¿Cómo?

—De lado, tipo cucharita.

—¿Y el problema sería?

—Que no podría mirarte a los ojos...

Esas palabras se grabaron en el alma de Harry, porque entendió lo importante que era para Louis ese momento, más que para él mismo.

—Lo siento, podemos esperar, tienes razón. ¿Me ayudas a acomodarme? Voy a dormirme temprano. —Pidió muy avergonzado.

—Amor, ¿qué pasó?

—Nada, tengo sueño. —Contestó tratando de acomodarse y cerrando los ojos.

—Harry, dime, habla conmigo.

—No quiero, ¿puedes dejarme tranquilo?

—No quise molestarte... —Dijo sorprendido mientras arreglaba las mantas para taparlo bien y que pudiera apoyar su espalda y su brazo.

Esa noche no durmieron juntos. A la mañana siguiente, Louis intentó ayudarlo con lo de todos los días: la ducha, la ropa, el pelo, su mochila, pero Harry no lo permitió por lo que parecía recién llegado del apocalipsis, pero estaba demasiado avergonzado para aceptar la ayuda de su novio. Sabía que estaba actuando mal, que había exagerado las cosas, pero se había sentido tan culpable de no pensar como Louis, de haber cedido a sus deseos físicos más que emocionales que no pudo reaccionar más que escapando. Otra vez.

Louis en cambio, decidió poner distancia. Esta vez no iba a buscar arreglar las cosas, su relación dependía de Harry.

Cuando Louis volvió a la habitación, solo para recoger unos libros, Harry aún no había llegado. Salió por el pasillo, y lo vio con varias bolsas de supermercado, caminando lento. Se acercó, y sin hablarle ni mirarlo, le quitó las bolsas y las llevó al dormitorio, sin esperarlo. Las dejó en la cama y se fue, tomando el camino más largo, por el que no se encontraría nuevamente con Harry.

Y Harry esperaba encontrarlo para poder hablar, después de romperse la cabeza pensando toda la mañana, pero ver el lugar vacío le hizo entender que su novio estaba molesto, y con razón.

Intentó organizar sus materiales en un espacio que habían acomodado entre los dos, para dejar ingredientes como harina, azúcar, aceites, arroz, fideos... Básicamente eran para practicar durante sus tiempos libres. No recordaba que la repisa era tan alta, y no contaba con que el paquete de harina estaba abierto.

Terminó sentado en el piso, cubierto de polvo blanco, tosiendo, con sus ojos picando... parecía un perfecto fantasma de historietas y fue peor cuando las lágrimas se unieron a la harina y empezaron a formar grumos en su piel. Estaba tan frustrado que no podía evitar odiarse, porque esa situación era consecuencia de sus malas decisiones, al igual que cuando dejó la primera vez a Louis sin explicaciones. Era culpable de todo lo malo que le estaba pasando.

Iba a quedarse así para siempre, cuando se dio cuenta de que se le había hecho tarde para la última clase del día. Se levantó y tomando su mochila salió, sin importarle cómo se veía, sin siquiera secar sus lágrimas.

Muchos se rieron al verlo pasar, y muchos también intentaron ofrecerle ayuda, pero apenas podía sonreír. Tenía un semblante tan derrotado, que el profesor lo dejó entrar sin problemas ni preguntas. Tomó los apuntes lo mejor que pudo, y cuando terminó la clase y todos salieron, se quedó sentado en soledad. Tomó su celular y llamó.

—Hola amor, ¿por qué no me habías llamado? —Preguntó una dulce voz al otro lado de la línea.

—Han pasado cosas mamá... Mi compañero de cuarto es Louis, me caí, me fracturé la mano, me siento tan mal... —Comenzó a llorar.

—Arregla tus cosas, te vienes conmigo.

—Sí mamá... pero no te enojes ¿sí?

—Lo siento bebé, pero ¿cómo no voy a molestarme? Te quebraste la mano, necesitas que alguien te cuide, ¿cómo lo estás haciendo?

—Louis me ha ayudado y consentido... Nosotros volvimos mamá, y de nuevo lo eché a perder...

—Ay Harry... ¿Qué hiciste ahora?

—Por favor mamá... Solo ven a buscarme...

—No Harry, otra vez no, así no. No puedes seguir arrancando toda la vida, tienes que enfrentar las consecuencias de tus actos. Voy a viajar para que te vea un buen médico, pero te quedas allá, ¿me escuchaste?

—...

—¿No me vas a hablar? No sé cómo puedes ser tan infantil, me extraña de ti.

—No soy infantil, solo necesito un abrazo... —Dijo volviendo a llorar, mientras cortaba la llamada.

No tenía ganas de levantarse, menos de caminar en medio de las miradas extrañadas de los demás estudiantes. Acomodó su cabeza en su brazo bueno y cerró los ojos, quizás solo necesitaba respirar profundo.

Cinco minutos le duró la paz, hasta que alguien entró corriendo, asustándolo.

—Por una... Por Dios Harry, ¿por qué no me llamaste? —Preguntó ofuscado Louis, y agitado de tanto correr.

—Soy un tonto.

—Lo eres, pero mírate, vamos, levántate, —dijo tomando la mochila y empezando a caminar, pero se detuvo al notar que Harry no había movido ni un solo dedo. —¿Pasa algo? ¿Por qué no mueves?

—Louis, yo no sé hacerlo, no sé cómo reaccionar, sólo sé escapar, perdóname... No quise volver a lastimarte.

—No es el lugar ni el momento, vamos, tienes que bañarte y cambiarte. —Lo tomó de la mano y lo sacó del salón.

Caminaron en silencio, y como las clases habían terminado por ese día, había poco movimiento. Apenas llegaron a su habitación, Louis empujó a Harry hasta el baño y lo ayudó a desvestirse, siempre cuidando de no mirarlo. Luego le dio tiempo de vestirse y finalmente le ayudó con las zapatillas, y le peinó y secó su pelo.

—¿Dónde dejaste tus papeles médicos que te dieron en urgencias?

—En el cajón de la mesita de noche.

—Bien, hay que adjuntarle la receta de los medicamentos. Vamos, nos están esperando.

—¿Quién?

—Ya verás.

—Louis...

—¿Qué?

—Lo siento.

—Vamos.

Harry suspiró y siguió en silencio a Louis. —¿Aún somos novios? —Preguntó, pero no obtuvo respuesta. —Louis, ¿por qué no me contestas? Estás siendo grosero... Louis, ¿ya no me quieres? ¿Por qué mejor no me mandas al demonio de una vez? Me voy a la habitación, no pienso seguirte.

—Peor para ti, van a venir a buscarte de una oreja. Te recomiendo caminar y dejar de hablar.

Harry resignado volvió a seguir a Louis, y fue entonces, que la vio.

Era Martina, la madre de Louis.

Harry hizo un puchero y llorando se acercó hasta poder abrazarla. —Lo siento, lo siento mucho...

—Lo sé pequeño, no te preocupes, ya pasó... —Dijo meciéndolo. —Ahora hay que preocuparse de esa mano, te voy a llevar donde un especialista.

—¿Y mi mamá?

—Viene en camino, y me encargó que viniera por ti.

—Gracias... ¿Le puedes decir a Louis que ya no esté enojado conmigo? —Pidió mirándola como si fuera una víctima del destino.

—Ustedes, par de adolescentes hormonales... Pero no, no me voy a meter en sus cosas. Ahora, necesitamos un taxi.

Dos horas después, estaban almorzando en un bonito restaurant, Harry y Louis con sus madres.

—Por favor hijo, —dijo Isabella, —sigue las indicaciones al pie de la letra. Si me entero de que no te estás cuidando, dejo de llamarme tu madre, ¿me oyes?

—Sí mamá...

—No quiero ser pesada Harry, pero piensa que necesitas tu mano sana para que puedas estudiar y practicar en la cocina.

—Voy a salirme de gastronomía, voy a ver si me pueden aceptar en derecho. —Los tres pares de ojos se clavaron en él. —El decano de la carrera me dijo que no podía estudiar así, que no puede permitir ningún tipo de ayuda en las clases y que lamentablemente debo retirarme.

Solo pudieron quedarse en silencio, nadie esperaba esa noticia.

—Lo siento mucho Harry, ¿y si te tomas este año, y lo intentas el próximo?

—Perdería mi beca. Perdón, pero necesito estar solo. —Se disculpó, levantándose sin haber comido ni un pedazo de pan.

—Quizás debería hablar con el rector para saber qué opciones tenemos, —habló Isabella.

—Me parece buena idea, comamos rápido y vamos de una vez, —respondió Martina. —Hijo, no vas a probar tus papas asadas?

—Se me quitó el hambre. Voy a ir a buscar a Harry.

—Anda, pero evita pelear, ¿me lo prometes?

—Sí mamá... —Contestó con los ojos en blanco.

Corrió prácticamente hasta la universidad, pero Harry no estaba en la habitación. Se quedó pensando y salió camino al norte hasta un bonito parque que tenía un arco rodeado de flores. A Harry le gustaban las flores, podía estar por ahí. Buscó mirando por todos lados, hasta que lo vio sentado, apoyado en un árbol, con su rostro al sol, con sus ojos cerrados.

—Harry, me tenías preocupado, —dijo agachándose.

—No hay por qué, estoy bien, solo agotado.

—Me imagino.

—Puedes irte, de verdad estoy bien.

Louis suspiró molesto. —Está bien, ¿sabes? No voy a buscarte más, no es justo.

—Tranquilo, desde mañana ya no me verás más, acabo de retirarme de la universidad, te voy a dejar en paz, te lo juro.

—¿Hasta cuándo te vas a comportar como un idiota? ¿Crees que así se resuelven las cosas? ¿Crees que puedes llegar y largarte? ¿Cuándo vas a aprender que uno no puede solo irse? ¿Tan poco importante soy para ti? —Preguntó enojado, casi gritando, levantándose.

—No sé hacerlo, la vergüenza me gana, soy un maldito cobarde... Un maldito cobarde que solo hiere a quien más ama...

—Harry, estás siendo tan dramático, ¿qué fue tan terrible esta vez? ¿Qué pasó en ese momento? ¿Puedes intentar decirlo?

—Yo... Yo tenía muchas ganas... de que estuviéramos juntos... y no pensé en nada, solo quería que pasara...

—¿Y?

—Y tú... tú dijiste que querías mirarme...

—¿Y?

—Y yo, me sentí avergonzado... porque eso fue tan dulce de tu parte y yo solo pensé en sentirte y besarte y pensé que fui superficial y que no te amaba como tú a mí, y me dolió y mi cabeza explotó y yo no sabía qué hacer para decirte todo esto porque pensé que te ibas a sentir mal o que no te amaba o qué se yo... —Explicó en cámara super rápida.

—Ay Harry... Si me hubieras dicho esto sería todo muy distinto. —Dijo volviendo a agacharse. —Que hayas pensado más en lo físico de nuestro encuentro está bien, no pienso que no me ames ni que seas superficial. Creo que hay tiempo para todo, y sí, yo quería que fuera de esa manera, pero tampoco te permití expresar tu opinión. Harry, somos novios, estamos empezando de nuevo, pero sé que me amas, sabes que te amo, sabemos que hay cosas nuevas a las que enfrentarnos, pero por favor, confía en mí.

—Tengo miedo... tengo miedo de que me veas, de que mi cara refleje el terror de que mires mi cicatriz, que no puedas... tengo miedo...

—Lo sé... Pero no puedo hacer nada por eso, no saco nada con prometer que todo estará bien, porque tienes que entenderlo tú, y eso solo lo harás cuando pase, cuando te vea, y confirmes que yo no voy a irme, que me quedo a tu lado porque mi amor no se mide por tu físico...

—Lo siento, de verdad lo siento, mi inseguridad me está matando.

—¿Quieres que la vea? ¿Hoy? Quizás necesitas terminar con la incertidumbre de saber qué va a pasar. Piénsalo, ahora vamos, que nuestras mamás deben irse.

Apenas Harry se puso de pie, con la ayuda de Louis, fue empujado contra el árbol y besado con toda la miel que se derramaba por los labios de Louis.

Al llegar a la universidad, se encontraron al rector conversando animadamente con Isabella y Martina, despidiéndose de abrazos muy en confianza.

Apenas llegaron al lado de ellas, buscaron una explicación.

—Mamá, —preguntó Louis, —¿conoces al rector?

—Fue compañero de escuela mío y un amor de verano de Isabella, —contó riendo.

—¿Es verdad mamá?

—Sí, fue agradable volver a verlo. Tuvimos una relación corta, pero muy tierna... —contestó recordando en medio de un suspiro.

—¿Qué estabas pensando Harry, cuando viniste a entregar el formulario para terminar la matrícula? —Preguntó enojada Martina. —Ustedes deben aprender que las cosas no son desechables, que hay compromisos, que uno no arranca, —dijo tirándole una oreja a Harry.

—Es verdad hijo, ya está bueno. No puede ser que tenga que venir a solucionar tus problemas. Vas a seguir tus clases normales, Jhon entiende que estás pasando por un momento difícil y debido a que ha recibido muchas quejas del decano en estos pocos días, ha decidido removerlo. Debes hablar con el nuevo encargado, plantear tu situación y ver qué te dice. Más te vale que hagas hasta lo imposible por quedarte, ¿me oyes? Te va a recibir mañana a las ocho de la mañana, intenta dormir temprano.

—Y tú, —dijo Martina mirando a Louis, —tenle un poco más de paciencia a este cabeza dura, no lo está pasando bien, pero vamos, mira que es un chico precioso y se aman, acompáñense y cuídense. Ahora nos vamos, aquí está el almuerzo que dejaron en el restaurant.

—Llámame mañana apenas tengas noticias, nos vemos chicos, los queremos mucho.

Se despidieron en medio de un lío de besos y abrazos, también de risas y algunas lágrimas.

Al llegar a la habitación, Louis organizó los ingredientes que había llevado Harry y luego se dio una ducha mientras Harry se ponía el pijama. La revisión médica había arrojado que si bien lo más probable es que no necesitara operación, sí debía reposar más y hacerse la idea de que iba a necesitar muchas sesiones de kinesiología. Le habían cambiado las medicinas y el cabestrillo, por uno más más firme y amplio, con el que incluso podía dormir.

Una vez que Louis se vistió, preparó los platos con la comida. Estaban bastante callados, quizás tenían miedo de provocar otra discusión.

—Louis... ¿Sigues siendo mi novio? ¿Vas a dormir conmigo hoy? ¿Quieres regalonear un poquito?

—Todas esas respuestas dependen de ti. Lo que yo quiero y pienso siempre ha estado claro.

—¿Es necesario que seas tan duro conmigo?

—Lo es. A veces me siento como si no te importara, como si siempre tuviera que entenderte y no es así, me agoto y también me canso Harry.

—Te juro que te entiendo y lo lamento, en serio... Pero voy a intentar hacerlo mejor, me va a costar pero lo voy a hacer. Dime que me crees... ¿por favor?

—Lo hago amor, quiero hacerlo.

Y luego de esa breve conversación, se acomodaron en la cama para darse mimos.

—Amo tus besos, ¿te lo había dicho? —Preguntó Harry, ya sintiendo el calor por todo su cuerpo.

—Siempre lo haces amor... pero mis besos son así porque te besan a ti...

Después de una breve interrupción por culpa de una de las medicinas de Harry, siguieron besándose, mientras intercalaban tiernas caricias con intensos toques donde sus manos alcanzaron.

—¿Quieres que lo intentemos? —Preguntó Louis en un susurro.

—Quiero...

Louis se levantó y colocó una almohada debajo de la mano fracturada, por si acaso en algún momento, un movimiento era muy brusco, y se colocó por detrás de Harry. Pasó uno de sus brazos por debajo del hombro derecho de Harry y el otro rodeando su cintura. Sintió la imperceptible tensión en el cuerpo de su novio, al acercarse al lugar de la cicatriz.

—Puedes detenerme cuando quieras amor... Quiero sacar tu polera, necesito morder tu espalda... ¿Puedo?

—Hazlo...

Louis con cuidado le quitó la polera del pijama y luego hizo lo mismo, quedando los dos desnudos en sus torsos. Apenas volvió a tomar su lugar, comenzó a dar pequeños mordidas y besos por montones en los hombros y el cuello de Harry, mientras una de sus manos apretaba uno de sus pezones y la otra tocaba su miembro, ya duro.

—Voy a quitar tus pantalones amor...

—No... No me mires...

—No lo haré, pero concéntrate en mis manos y en lo que sientes... No importa nada más...

Sin moverse, logró desnudarlos por completo, liberando sus erecciones ya húmedas, dándoles un poco de alivio.

Sin dejar de besar los hombros de Harry, comenzó Louis a frotarse, a pasar su miembro por las mejillas de Harry, jugando un poco, relajando el momento, apretando su cintura, evitando tocar la cicatriz pero dándole pequeños caricias, apenas un roce por aquí y por allá. Estaba sudando, transpirando, caliente, con su respiración comenzando a agitarse sobre todo cuando escuchaba los suaves gemidos de Harry que se balanceaba buscando más contacto.

—Lou... Estoy listo...

—No amor, aún no te preparo...

Llevó sus dedos a su boca para llenarlos de saliva y luego fue en busca de esa pequeña y muy apretada entrada escondida en medio de esas hermosas y pálidas mejillas. Humectó por todo alrededor, y luego, con un poco más de su saliva, metió un dedo, suave y despacio. Luego el segundo, el tercero y después los movió, estirando lo que más pudo.

—¿Ahora sí? —Gimió Harry.

—Voy a entrar amor... prometo ser cuidadoso...

Despacio, haciendo un gran esfuerzo, mientras las gotas de sudor caían por su frente, logró entrar. Se movió de adelante hacia atrás, con solo la punta de su miembro entrando y saliendo, para que los dos pudieran acostumbrarse. Un minuto después, entró un poco más, casi desgarrando su garganta con un gemido profundo, que intentó ahogar en la piel de Harry.

—Amor, ¿estás bien?

—Me duele... lo siento...

—Tranquilo amor, tranquilo...

Con mucho cuidado salió, dejando una lluvia de besos en la espalda de Harry.

—No, no salgas... —Sollozó. —Es mi mano, apreté sin querer mis dedos...

—¿Qué hago entonces?

—Sigue... No pares...

Louis volvió a su trabajo lento y cuidadoso, sufriendo por no poder enterrarse con fuerza en Harry ni poder gritar su placer, ni apretarlo sin miedo. Estaba agonizando, solo podía concentrarse en lo que estaba sintiendo al ir abriendo esas paredes calientes que lo apretaban con fuerza, que le provocaban ganas horribles de frotarse y de golpearlo con su miembro duro y ardiente.

Cuando por fin estuvo por completo adentro, abrazó a Harry con mucha fuerza, apretándolo por su cintura hasta llegar a su miembro sensible para comenzar a tocarlo, a masajearlo, a hundir su dedo pulgar en su cabeza por completo mojada, que hacía que su mano se deslizara fácilmente.

Al mismo tiempo que comenzó a masturbarlo, comenzó a moverse, con una cadencia agonizante, tan lento, tan suave, con tanta preocupación. No dejó nunca de besar su cuello, de susurrarle cuánto lo amaba, de preguntarle si se sentía bien, y Harry apenas podía contestar porque estaba disfrutando como nunca lo imaginó. Sentirse como uno solo, con Louis aferrado a su cuerpo, con todas esas sensaciones recorriendo su sangre, entendiendo por primera vez y de verdad, lo que era el sentirse parte del otro, que le pertenecías en cuerpo y alma... Él, Harry, le pertenecía a Louis y jamás pensó que eso lo ayudaría a unir sus partes rotas y que le devolvería todo el calor que perdió alguna vez.

Incluso, cuando sintió la mano de Louis en su estómago, acariciándolo por todas partes, como si verdad no le importara su cicatriz, comprendió que bajo la ternura de esos dedos que lo buscaban, a él tampoco le importaba, lograba olvidarlo, lograba dejarse llevar, lograba disfrutar y entregarse con todo su ser.

Era demasiado profundo lo que sentía, le dolía el pecho... Y logró comprender la necesidad de Louis de mirarlo a los ojos.

—Lou... Lou...

—Sí mi amor... ¿Estás bien? —Preguntó mordiendo su oreja.

—Quiero mirarte...

Louis sonrió, y con todo el cuidado del mundo salió. Acostó a Harry, acomodó su brazo y se colocó encima, cuidando cada movimiento, hasta que sus miradas se conectaron. Mientras miraba los ojos verdes aguados, brillantes, más luminosos que nunca antes, volvió a entrar, y ver a Harry disfrutar del momento, todo vulnerable y frágil, lo llevó a un nuevo nivel de entendimiento, como si hubiese esperado por ese momento toda su vida.

El amor era tanto, tan fuerte, tan arraigado en cada célula, músculo, nervio y arteria de su cuerpo, que era la perfección, la respuesta a todas sus preguntas.

—Te amo... —Susurró en los labios de Harry. Y lo sintió temblar, y lo escuchó gemir suavemente, y lo vio despedazarse en un segundo, y en el próximo florecer... Vio su cuerpo casi inerte, enmudecido bajo su poder, completamente relajado después de lograr su orgasmo y supo lo que era la completa satisfacción, el orgullo latiendo fuerte en su pecho, hasta lograr acabar también, casi con dolor, al borde de la locura, buscando los labios de Harry que apenas lo sintieron, reaccionaron a su calor, calmando su sed.

Louis lentamente salió, y se colocó al lado de Harry arrastrándolo hasta sus brazos. Tuvo un momento de lucidez en que los cubrió con una manta para dormir un momento, para descansar sus mentes y volver a la tierra y a la realidad que aparecía hermosa al lado de quien amas.

Estuvieron así por cerca de dos horas, hasta que Harry abrió los ojos y vio a su lado el rostro tan precioso y tan en calma de Louis, sobrecogiéndolo, grabándose en su alma para siempre.

—Lou... despierta...

—Hola amor... —saludó sonriendo, frotándose en su mejilla. —¿Estás bien?

—No, me duele mucho la mano.

—Lo siento... Debí ser más cuidadoso, voy a revisar cuánto falta para tu próximo medicamento. —Se levantó desnudo, sin vergüenza, mostrándose seguro, porque estaba con Harry, con su amor. —Justo a tiempo, en diez minutos iba a sonar la alarma.

Llevó el vaso de agua y vio a Harry tomarla y sonreír.

—Lou...

—¿Sí amor?

—Fue... increíble... Gracias por cuidarme así...

Louis sonrió un poco avergonzado, se sentía distinto después de esa primera vez. —Fue maravilloso amor. —Besó su mano con cariño. —Debemos ir a bañarnos, y después voy a buscar algo para comer. Apenas tenemos tiempo para dormir.

—¿Puedo ir primero?

—Claro que sí, ¿te ayudo con el yeso?

—Por favor.

—Toma, para que te cubras, —dijo Louis pasándole una toalla, como era la costumbre.

Harry la tomó y se tapó, y luego se bañó sin problema. Mientras era el turno de Louis, se secó con cuidado, pero no se puso pijama. Había tomado una decisión.

Louis salió tarareando una canción, y le extrañó ver a Harry aun en toalla. —Amor, ¿necesitas ayuda con algo más? ¿Por qué no te has vestido?

—Siéntate aquí, por favor.

Louis lo hizo, sin terminar de entender. Pero su corazón se estremeció cuando vio la toalla deslizarse por el cuerpo de Harry.

—Quiero que me mires, no quiero tener más miedo, quiero que me toques siempre, acostumbrarme a ti, a tus caricias, que algún día quizás quieras dejar algún beso por ahí... —Se notaba el esfuerzo en su voz, pero al mismo tiempo, una dulzura nueva.

Louis lo hizo, lo miró, y sí, se sorprendió. —¿Puedo? —Preguntó mostrando sus manos y Harry asintió.

Llevó sus dedos hasta el abdomen rugoso e irregular, tocó por todas partes, y la verdad, si bien era grande, era una cicatriz bastante bonita. Miró las pequeñas y salpicadas marcas en los muslos y notó la diferencia de colores, seguramente debido a los injertos. Como algo natural, acercó su rostro, y acarició el lugar con su nariz y sus mejillas, luego besó por todas partes, hasta meter el miembro de Harry en su boca. Cuando se dio cuenta, lo soltó, y se asustó.

—Perdón amor, no pensé en lo que estaba haciendo... es que eres tan lindo y estás aquí, y yo te vi, y bueno...

—Lou, respira —dijo riendo. ¿No crees que es desagradable?

—No amor, es muy bonita... O sea, a ver, entiendo que es una cicatriz y que te recuerda algo horrible, pero es, no sé explicarlo... Creo que es linda, tiene distintos tonos, algunas hendiduras, pero es suave, es... bonita... —Y como prueba de sus palabras, volvió a acariciarla. —No sabía que esto podría excitarte amor... —Continuó pasando la lengua por toda la extensión del miembro completamente duro de su novio.

Harry iba a dejarse llevar, pero se estaba congelando de frío. —Lou, para... Necesito abrigarme. —Estornudó.

—Lo siento amor... Ven, —dijo vistiéndolo.

—¿Podrías otro día seguir con eso...? —Preguntó con timidez.

—¿Dudas de que lo haré? Tienes un pene delicioso amor.

—¡Lou! —Se tapó la cara con su mano.

—Es verdad amor, eres lindo y perfecto completamente. Voy a comprar algo ligero para comer y ya dormir, ya vengo. —Dijo mientras se vestía rápidamente.

Harry se acomodó en la cama y comenzó a llorar. La diferencia es que sus lágrimas eran de felicidad, nunca imaginó conocer a alguien que de verdad lo amara como es, que no le importara las marcas de su cuerpo, que quisiera tocarlo sin dudar, que lo hiciera sentir seguro, que pudiera llevarlo a las nubes con sus besos y que lo tratara como al más bello tesoro. Agradeció a ese Dios, al que tantas veces le pidió que lo ayudara, por Louis, por su novio, por el amor de su vida, por el hombre con el que quería caminar siempre.

Apenas Louis llegó con unos sencillos sándwiches de queso y jamón, y dos pequeños vasos de jugo que consiguió en la cafetería, cenaron para después acomodarse y dormir. Por fin Louis podía abrazar a Harry en cucharita, como siempre lo soñó.

Temprano se levantaron, en medio de besos. Louis tenía su primera clase a las diez, por lo que pudo acompañar a Harry a hablar con el nuevo decano. Estaban los dos nerviosos, pero esperanzados.

La reunión se demoró casi media hora, y Louis estaba al borde del desmayo. Cuando salieron, riendo, nunca imaginó que el nuevo decano fuera tan atractivo, y menos, que mirara a Harry de esa manera tan coqueta.

—Gracias, nos vemos después, —se despidió Harry.

—Que te vaya bien, —dijo el decano volviendo a entrar a su oficina.

—¿Cómo te fue? —Preguntó Louis serio, sin poder ocultar su incomodidad.

—Más o menos. Puedo estar en todas las clases teóricas, pero en las prácticas tengo que hacer lo que más pueda, y se me va a evaluar con una escala menor de exigencia, pero tengo que participar en todas las clases. Sin ayuda.

—Mmm, qué bien.

—Lou, —dijo acercándose, —¿qué pasa?

—¿No te parece que el decano es muy atractivo y que te miraba de manera poco apropiada?

—¿Te gustó? No me parece atractivo, para nada. Y creo que fue amable, aunque sí me coqueteó, pero no llegó a ser incómodo.

—¿¡Te coqueteó!? ¿Quién se imagina que es?

—Te amo Lou celoso, —dijo besándolo. —Tú sí eres atractivo, todo precioso, y tan... eres al único que me importa ver.

—Lo siento, —por fin pudo reír. —Nunca fui celoso, no sé qué me pasó.

—¿Nunca fuiste celoso? ¿Estás seguro? Podríamos decir, entonces, que cuando tres de los chicos del grupo de química de la escuela me invitaron a salir, no te pusiste celoso. Tampoco cuando el goleador de la temporada me dedicó un gol, tampoco fueron celos... Menos cuando el mejor jugador de ajedrez quiso invitarme una bebida y le gritaste en medio de la cafetería que me dejara en paz, porque solo tomaba jugo de manzana, tampoco fueron celos... Y...

—Ya basta, no sigas. Está bien, lo asumo, me muero de celos siempre, ¿por qué tienes que ser tan lindo?

—No lo soy, creo que como era muy inseguro físicamente, intenté compensarlo siendo simpático y eso atrae mucho. Pero Louis, no quiero que sea un problema, no quiero que lo pases mal, te juro que no voy a mirar a nadie más... Solo te amo a ti...

—Lo sé amor, —Contestó suspirando. —No voy a ser un novio posesivo, juro que lo voy a intentar, tampoco quiero que lo pases mal. Estoy demasiado feliz de que estemos juntos, de tenerte entre mis brazos otra vez, para siempre amor... Para siempre.

Con un beso en medio del pasillo, hicieron una promesa de amarse más bonito y mejor.