EXPERIMENTO
HANGE EXPERIMENTA CONTIGO

—Entonces... ¿Solo me sentaré aquí?
—Sí, no tienes que hacer nada más que eso.
Ayudar a Hange con sus raros experimentos no era exactamente tu manera de pasar un fin de semana, sin embargo, ella apareció en ti puerta poniéndote un favor y parecía tan emocionada que te convenció en solo segundos.
La castaña te guio hasta su laboratorio, una especie de habitación llena de papeles y gráficos extraños que no entendías. Estaba bastante desordenada, pero no podías esperar menos de Hange.
Te indicó sentarte en una silla con el respaldar muy alto. No te había dicho que experimento iba a realizar o que es lo que tenías que hacer, pero tus dudas se dispararon cuando te entregó un extraño papel.
—¿Qué es esto?— Preguntaste confundida.
—Si lo firmas me das el consentimiento de hacer cosas contigo— Dijo mientras te entregaba una pluma.
—¿Cosas?— Comenzabas a arrepentirte de haber aceptado ayudarla —¿Qué tipo de cosas?
—No es nada malo, créeme, no vas a morirte si eso es lo que temes.
Luego de varios segundos pensando en que hacer, su sonrisa emocionada te convenció de firmar aquellos documentos. Aunque ahora que lo piensas, te hubiera gustado haberlos leído por completo.
—¡Excelente!— Ella dio pequeños saltitos de emoción y te quitó el papel y pluma de las manos —¡Ya podemos comenzar!
Tomaste una profunda respiración intentando convencerte de que esto sería una buena idea. Ya no había vuelta atrás.
—Voy a necesitar que te quites la ropa.
—¡¿Perdón?!
—Cariño, la tela puede molestar a la hora de hacer las pruebas, es mejor que te la quites.
—¡¿Toda?!
—Toda— Hange hablaba con una sonrisa como si te estuviera pidiendo algo simple —Hasta la ropa interior.
Una ola de vergüenza comenzó a inundar tu cuerpo, ¿Esperaba que te expongas frente a ella como si fuera algo normal? Era tan penoso que ni siquiera podías imaginarlo sin ruborizarte.
—Vamos, linda, ambas somos mujeres, no hay nada que ocultar.
Su razonamiento te convenció parcialmente, pero aún tenías tus dudas al respecto. Sin embargo, ya firmaste el contrato y ya estabas allí, no era como que pudieras negarte.
Poco a poco comenzaste a quitar tus prendas, Hange se volteó para darte privacidad mientras lo hacías. Notaste el frío de la habitación una vez que estabas desnuda, te sentías expuesta y dejaste tu ropa a un lado antes de volver a tomar asiento.
—¿Lista?
—Sí...
—Excelente
La castaña se dio la vuelta y sonrió al verte desnuda, intentó ocultarlo, pero se notaba feliz de mirarte así. Amarró tus brazos y piernas a esa extraña silla con un par de cuerdas, asegurándose de dejarlas lo suficientemente flojas como para no lastimarte, pero al mismo tiempo, lo suficientemente justas como para que no pudieras moverte.
Tus piernas estaban abiertas dejando un fácil acceso hacia tu intimidad. Todo era tan vergonzoso y extraño que comenzabas a asustarte.
—Hange...— Por primera vez en este tiempo, decidiste cuestionarte las cosas —¿Qué estás experimentando exactamente?
—¡Oh! Es bueno que preguntes— La mujer se dio la vuelta y caminó hasta aquel mueble blanco repleto de cajones, abrió uno de ellos, encontrando al instante lo que estaba buscando.
—Quiero saber cuantos orgasmos puede aguantar un ser humano antes de desmayarse.
Dijo mientras te enseñaba una caja repleta de juguetes extraños que había sacado de dicho cajón.
—¡¿QUÉ?— Comenzaste a entrar en pánico, sabías que esto no llevaría a nada bueno, pero aun así decidiste confiar y aquí está tu recompensa —¡No! ¡Hange!
—Shhh— Ella te calló colocando su mano en tu boca —No grites, querida. Prometo ser suave... al menos al principio.
Quitó su palma con el único objetivo de comenzar a besar descaradamente tus dulces labios. Su mano recorría cada parte de tu cuerpo mientras te besaba de forma apasionada, poniéndote los pelos de punta. Su beso fue tan excitante que parecía que te ibas a quedar sin aire, y sus toques suaves en tu cuerpo sensible solo empeoraba las cosas.
Separó sus labios una vez que notó que estabas lo suficientemente mojada como para iniciar con el experimento. Tomó un pequeño vibrador rosa de aquella caja y lo colocó directo en tu clítoris, usó un pedazo de cinta para mantenerlo en su lugar y lo encendió a la velocidad máxima.
—Muy bien, avísame si necesitas tomar agua o comer algo— Dijo mientras tu cuerpo se retorcía por las intensas vibraciones a aquella zona tan sensible. Tus gemidos no tardaron en aparecer e hiciste todo lo posible por soltarte de las cuerdas, peor no funcionó —Estaré en el fondo si me necesitas.
Habla como si pudieras levantarte y llamarla por tu cuenta.
Ese diminuto juguete pegado a tu clítoris estaba provocando intensas sensaciones en ti. Era solo un pedazo de plástico y aun así te hacía temblar como nunca. No ibas a admitirlo, pero en el fondo, se sentía extremadamente bien y lo sabías.
Por cada minuto que pasaba, tu cuerpo se volvía más sensible, tu intimidad se mojaba aún más y parecía que ibas a morir.
—¡Ah~! ¡Mierda!
No querías disfrutarlo, pero era inevitable. ¿Dónde había conseguido este juguete? Era tan bueno que estabas deseando uno para tu uso personal.
—¡Hange!
Gritaste anunciando que tu orgasmo se acercaba. La castaña corrió hacia ti y observó expectante cada uno de tus movimientos, parecía fascinada con los sonidos que hacías.
Luego de tan solo unos segundos, alcanzaste el primer orgasmo. Hange apagó rápidamente el aparato y se acercó mirando su reloj.
—Vaya, eso tomó más de lo que imaginaba...
Estabas exhausta en aquella silla. Tu cuerpo tenía pequeños espasmos y había un charco húmedo en el suelo a causa de tus fluidos. Hange te trajo una botella de agua y unos snacks para que recuperaras energía. Te los dio en la boca, ya que, si desataba las cuerdas, probablemente ibas a escaparte.
—Bien, será mejor que aceleremos las cosas. No puedo tenerte aquí toda la noche— Dijo mientras rebusca en aquella caja repleta de juguetes —Esto servirá.
—¡¿Qué demonios es eso?!— Exclamaste al ver esos extraños artefactos en sus manos.
La castaña sonrió ante tu reacción y se acercó a ti depositando un pequeño beso en tu frente —No tengas miedo, cariño. No te lastimarán.
La manera en la que se tomó el tiempo de tranquilizarte y hacerte sentí a salvo con sus caricias, te convenció. Era dulce a pesar de la situación en la que estaban y eso influyó demasiado en tu decisión de continuar.
Lentamente, quitó la cinta que sostenía el vibrador en tu clítoris asegurándose de no hacerte algún daño. Colocó en tus pechos dos extraños discos conectados a un motor manual, nunca habías visto algo así en tu vida.
—Estos me ayudarán a estimular tus pechos y puedo manejar su intensidad a mi antojo.
Hablaba con una sonrisa en el rostro, se le notaba muy emocionada.
Hizo una pequeña prueba entendiéndolos en la velocidad mínima. Era una sensación extraña, succionaban tus pezones a la perfección y estimulaban tus pechos al mismo tiempo. Era increíble.
—Muy bien...— La castaña te enseñó el próximo juguete, un vibrador morado de tamaño grande que definitivamente iba a abrirte en dos —Necesito que te quedes quieta, ¿De acuerdo?
Introdujo con cuidado aquel juguete en tu mojado coño. Podías sentir como te llenaba por completo, tocando cada parte sensible dentro de ti.
—Y no puedo olvidarme de esta zona— Dijo mientras acariciaba tu clítoris con la yema de su dedo. Por último, te enseñó un extraño artefacto que tenía formado caballito de mar, aunque es posible que solo haya sido tu imaginación —Esta cosa hace maravillas, créeme.
Dijo que era un satisfyer, aunque ni estabas segura de lo que era. Tenía un agujero en la punta que Hange colocó al rededor de tu clítoris y lo sostuvo con sus manos.
—Me quedaré aquí esta vez— Dijo con su característica sonrisa mientras aún sostenía el satisfyer —¿Lista, cariño?
Asentiste aún con algo de miedo, y en tan solo unos segundos, cada uno de los juguetes ya estaba funcionando a la velocidad máxima.
—¡Ah~! ¡Mierda!— Tus gritos se escapaban de tu boca, era un sentimiento tan intenso que apenas podías soportarlo.
Era como estar en el cielo. El vibrador dentro de ti te estaba volviendo loca, era tan jodidamente placentero que no pudiste mantenerte callada. Los masajes en tus pechos y el succionador en tu clítoris solo empeoraban la situación, pero no fue hasta que Hange te tomó del mentón para poder besarte con sus deliciosos labios que alcanzaste tu segundo orgasmo.
—Buena chica~
Dijo con una sonrisa en el rostro mientras acariciaba tu cabello de forma suave.
Pero ese fue solo el comienzo.
Tal y como lo había mencionado anteriormente, el objetivo de Hange era llevarte a tu límite y estaba claro que no pensaba detenerse por nada en el mundo.
Siete, ocho, nueve...
Ella contaba tus orgasmos como si fueran un premio por su gran trabajo satisfaciéndote.
Las horas pasaron y la sobreestimación en tu cuerpo comenzaba a afectarte. El clímax era cada vez más frecuente debido a lo sensible que te volviste. Solo hacía falta un pequeño toque en tu clítoris para que te vinieras otra vez.
—Eres tan delicada como una muñeca de porcelana— Dijo cuando descubrió tú —Apenas te toqué una vez y ya llegaste al número quince. Me impresionas, preciosa
Disfrutaba haciendo comentarios sin sentido mientras anotaba en su cuaderno y se deleitaba con tus gemidos y balbuceos. Se divertía al ver como perdías la cordura poco a poco. En solo un par de horas ya te habías vuelto un completo desastre y la encantaba.
Tu rostro estaba lleno de lágrimas de placer, tu garganta estaría seca de tanto gritar si no fuera porque Hange amablemente te ofrecía agua y comida para poder seguir. Tus piernas temblaban sin siquiera ser tocadas, tus pezones irritados comenzaron a volverse rojos por la sobre estimulación y tu entrepierna estaba hecha un lío de fluidos por doquier que empapaban tus muslos, la silla y el suelo debajo de ti, formando un dulce charco con lindos jugos.
—¡Ahh! ¡Hange~!
Tu décimo octavo orgasmo se hizo presente en tu cuerpo. Tu mente estaba tan perdida que la única palabra que podías pronunciar con claridad el nombre de la castaña. Ella sonrió otorgándote un beso de recompensa.
—¡Excelente!— Festejaba cada uno de ellos como si fuera un logro —Casi llegamos a los veinte.
—¿A-ah?
—Nos tomó menos de dos horas, eso es bueno.
Hasta tú quedaste asombrada. Creías que había pasado una eternidad, pero no fue así, lograste alcanzado dieciocho en muy poco tiempo.
Sin embargo, ya estabas harta de esos aparatos sobre ti. Las vibraciones fueron muy placenteras al principio, pero ahora te incomodaba demasiado. Debías decírselo.
—¿Lista para el número diecinueve?
—Hange... P-por favor...— Una expresión de tristeza se dibujó en su rostro cuando hablaste de esa forma, como si estuviera triste de verte tan débil -S-sin los j-juguetes e-esta vez...
La castaña tuvo compasión y accedió a hacerlo sin los aparatos. Cuidadosamente, quitó cada vibrador de tu cuerpo dejándote libre, además de ofrecerte más comida y agua, por supuesto.
—Supongo que lo haré por mi cuenta.
Tus ojos se abrieron de par en par cuando la viste agacharse delante de ti, no esperabas que fuera capaz de hacer algo como eso, solo querías deshacerte de los juguetes.
Pero no tuviste tiempo de quejarte. Su lengua comenzó a recorrer tus pliegues de forma suave, tragándose todos tus fluidos en el proceso. De alguna manera, el sentimiento era incluso más intenso que con los vibradores. Tal vez era solo una impresión tuya, o tal vez era Hange y sus increíbles habilidades para satisfacerte.
Debido a la delicada situación en la que tu cuerpo se encontraba, únicamente bastaron unos minutos para que alcanzaras el decimonoveno clímax, todo por sentir su lengua en tu intimidad. Machaste los labios de Hange con tu corrida, pero no pareció importarle en lo absoluto.
—Sabes delicioso.
Lo dijo mirándote directo a los ojos con una mirada lasciva, sus cejas arqueadas y su macabra sonrisa fueron una advertencia de lo que estaba por venirse. Parecía una completa psicópata.
Metió tres de sus dedos en tu vagina y empezó a moverlos con rapidez mientras envolvía sus labios al rededor de tu clítoris, comenzando a succionarlo con brusquedad. Era como si estuviera desesperada por hacerte venir, realmente parecía feliz de poder tenerte en esa situación.
Era mil veces mejor que los juguetes, era tan buena que era como si fueras a morir. Sentías cosquilleos en tu vientre, estabas a punto de terminar; pero no querías que algo así sucediera, deseabas poder disfrutar de ese placer que Hange te provocaba al menos por unos minutos más. Hiciste tu mejor esfuerzo por resistirte, pero fue muy difícil.
—¡Hange! ¡Ahh~! ¡Mierda! ¡Hange!
El simple hecho de decir su nombre la volvió loca. Sus movimientos se intensificaron el doble, provocando que tu cordura se pierda por completo.
—¡Sí! ¡Dilo otra vez! ¡Maldita sea! ¡Dilo, dilo de nuevo! ¡Di mi nombre una vez más!
Era irreconocible, sus ojos no paraban de mirarte incluso mientras te estimulaba con su boca. Sonreía cómo una maniática y su única prioridad era complacerte. No era la Hange que solías conocer, había perdido la cabeza por ti, se volvió adicta a tu cuerpo y no iba a parar hasta conseguir lo que quería.
—¡HANGE~!
Fue lo último que pudiste pronunciar antes de llevar a tu vigésimo orgasmo.
Tu espalda se arqueó despegándose de la silla, todo tu cuerpo se tensó por completo mientras sentías una ola de descargas eléctricas recorrerse de pies a cabeza. Era inevitable que tuviera un squirt, los movimientos de la castaña te habían vuelto loca y sin poder hacer nada al respecto, te corriste derramando una gran cantidad de fluidos por tu dulce coño que ella tragó con una sonrisa.
Pero eso fue demasiado para ti. Tus ojos se cerraron inmediatamente después de eso y caíste desmayada en aquella silla de madera.
—Oh...— Hange te observó durante unos segundos para asegurarse de que no volvieras a despertar. Cuando se percató de que te habías desmayado, una sonrisa amable e inocente se dibujó en su rostro —Parece que mi experimento se terminó.
Se puso de pie y procedió a desatar las cuerdas en tus extremidades para dejarte en libertad. Se subió a tu regazo y sostuvo tu mentón, comenzando a besarte apasionadamente durante al menos media hora, amaba sentir tus labios de esa forma.
—Mi dulce niña...
Te abrazó con fuerza y se quedó en silencio para poder escuchar los latidos de tu corazón. Eran simplemente gloriosos.
—Eres tan hermosa que no puedo resistirme a ti.
Sus dulces palabras contrastaban por completo con lo que acaban de hacer. Parecía una tierna mujer abrazando a su pareja, cuando en realidad ustedes dos solo eran amigas y ni siquiera eran cercanas. Estaba totalmente loca por ti.
—Vamos a bañarte, ¿de acuerdo? Estás algo pegajosa, mi princesa— Hablaba como si pudieras escucharla —Dormirás conmigo hoy, ¿verdad? Eso espero, necesitas descansar.
Tomó tu cuerpo en sus brazos y te recostó en su escritorio mientras limpiaba el desastre. No puedo evitar dejarte un chupón en tu piel, era su forma de marcar territorio. Lo hizo directo en tu cuerpo para que todos pudieran verla.
—Vámonos, preciosa. Luego pensaré en otra excusa para tenerte conmigo...

¡Hola a todos!
Espero que les haya gustado mucho este capítulo, si fue así, no olviden dejar su voto y comentario para que este fic llegue a mas gente.
Les pregunté en instagram y por acá que nuevo libro de oneshot querían que escribiera. Me pase todas sus sugerencias por la cola (que no tengo) y terminé escribiendo esto porque aguante Hange y vivan las lesbianas.
Siempre me imaginé a Hange como una persona con serios problemas mentales o como a una sugar mommy, esta vez quise abordar la primera opción. Por cierto, no intenten correrse 20 veces, por lo que investigué esto es muy peligroso, no irónicamente hablando.
Mis amores, al igual que con los oneshots de Levi, también pueden hacer sus pedidos y serán tomados en cuenta siempre y cuando:
1) Me sigan y apoyen mi contenido
2) No sea un contenido ilegal o con el que no esté de acuerdo (incesto, abuso sexual, pedofilia, zoofilia, necrofilia, etc.)
Si su pedido cumple con esos dos simples requisitos, lo escribiré con mucho gusto. Pueden enviarmelo en un comentario o por mi instagram: Midnight.Dolly
También prometo escribir oneshots de Armin y Eren como ustedes lo pidieron, solo debo tener un poco más de tiempo e inspiración.
Muchas gracias por su paciencia y apoyo
¡Nos vemos en el siguiente oneshot!