Despedida de soltera
Dhalia POV
Con el último toque listo, sonrío. Ya estoy preparada. No importa lo que pase esta noche, voy a disfrutar y aprovechar cada momento. Después me emborracharé y espero tener tanta resaca que mañana no me importe nada.
—¡Vamos a estar borrachas antes de llegar! —Sarah se ríe y no le falta razón. Según April, mi despedida de soltera está planeada al detalle. Tomamos algo aquí mientras nos arreglamos y luego, bueno, ellas se van al siguiente lugar y me dejan sola.
Me llevarán allí después de que Carl me entregue mi sorpresa.
—A ver, ¿quién sabe cuál es mi sorpresa? —pregunto, y ellas se ríen.
—Ay, va a ser increíble. Por lo que he oído, incluye hombres desnudos —April suelta una carcajada—. Él quiere que sea una noche inolvidable para ti. Así que tenemos que irnos para que su plan se ponga en marcha —explica April. Siento un cosquilleo de emoción y me muerdo el labio.
—Vale, nos vemos en el club después de que recibas tu sorpresa —Sarah me da un beso en la mejilla y veo cómo se marchan. Dios, ya estoy borracha. Me quedo sola en el apartamento e intento calmarme bebiendo todavía más. Mañana me caso. ¡Mañana! Siento que el día ha llegado demasiado rápido. Aunque eso es solo porque preferiría no casarme.
Carl le dio a April un montón de dinero para organizar lo de hoy. Su única regla fue que él tenía una sorpresa para mí. Me llevarían a verla antes de ir al club. Para ser un matrimonio arreglado, los hay peores.
Carl es guapo pero muy formal. A mí me gustan los hombres rudos, con barba de varios días, tatuajes y ese aire de chico malo. Carl es impecable y siempre va afeitado. No tiene tatuajes. Le solté indirectas, pero se niega a hacerse ni uno solo. Me parece bien, es su elección. Aun así, me muero por que me toque un tipo que no sea Carl. Alguien que tenga todo lo que me pone.
¿Pueden los tatuajes ser un fetiche? Si es así, creo que es el mío. Aunque no fuera posible que lo sean, yo declaro que los tatuajes son mi fetiche. Suelto un quejido, me siento y jugueteo con el jersey. Me lo puse porque este apartamento está helado. Cuando sepa a dónde voy, me lo quitaré para quedarme solo con el vestido.
Veinte minutos después, no pasa nada. Suspiro, salgo del apartamento y me siento en el escalón de la entrada. Presiento que algo ha salido mal. Carl no es el mejor planeando cosas. Saco mi móvil y escribo un mensaje al número de siempre.
Llevo veinte minutos esperando... ¿Me voy por mi cuenta al club y me reúno con ellas allí?
Le doy a enviar y espero, pero no hay respuesta.
—Hola, Dhalia —esa voz ronca me provoca escalofríos por toda la espalda. Miro hacia la limusina Hummer que tiene la ventanilla un poco bajada—. Tu despedida de soltera, ¿verdad?
Asiento y me muerdo el labio. —Sí —respondo.
—Esto es para ti —dice sacando la mano por la ventanilla. Miro el móvil y veo que Carl ha contestado.
Tu sorpresa ya está ahí.
Vuelvo a mirar el coche. Carl es idiota a veces. Camino hacia el vehículo, la puerta se abre y alguien me empuja hacia dentro. Caigo de golpe contra el suelo del coche. Suelto un quejido mientras me inmovilizan y me ponen una bolsa en la cabeza.
—¿Va en serio? —grito—. Si mañana tengo un moratón en algún sitio que el vestido no tape, dile a Carl que le voy a dar una paliza —chillo y suelto una patada. Siento que me meten algo en la boca y pongo los ojos en blanco.
Sé que esto es cosa de April, ¡pero Carl estaba de acuerdo! Que crea que no me voy a dar cuenta es ridículo. Es igual que en su despedida, que la secuestraron y la llevaron a un club de striptease. Pues a mí no me hace ni puta gracia.
Bueno, no me hace gracia que me tiren al suelo; te juro que me va a salir un moratón en el hombro. Lanzo otra patada pero no le doy a nada. Me quedo quieta. No hablan ni hacen ruido, lo que me confirma todavía más que son ellos.
No sé cuánto tiempo paso tirada en el suelo del coche antes de que me saquen a rastras y me sienten en una silla. Tengo el cuerpo entumecido, así que sé que ha pasado al menos una hora. Siento cómo me atan una cuerda en la parte alta de las piernas para sujetarme a la silla. Luego me atan cada tobillo a las patas del asiento.
Me quitan la bolsa de la cabeza y lo que tenía en la boca. El tipo se queda de pie frente a mí y sonríe. Bueno, reconozco que compensa el haberme secuestrado. Le sonrío un poco de medio lado. Es alto y tiene el pelo oscuro. Sus ojos son de un azul profundo y puedo ver los tatuajes que tiene en las manos y en el cuello.
Definitivamente, los tatuajes son mi fetiche. No hablo ni me muevo. Me limito a comérmelo con los ojos y a rezar para que sea él quien haga el striptease. Porque si no, me voy a pillar un cabreo de cojones.
—No me has atado los brazos —le digo en tono de burla mientras los muevo. Me mira un segundo antes de volver a mirar su móvil—. ¿No deberías atarlos también? —pregunto, y él se gira hacia mí.
—Conmigo aquí no te vas a escapar, así que no hace falta sujetarte los brazos —su voz me recorre la espalda. Te juro que es seductora. Es como escuchar un audiolibro. Puedo imaginármelo diciendo guarradas con esa boca.
Echo la cabeza hacia atrás. ¿Cuánto va a tardar esto? Pensaba que pasaría algo más. Parece absorto en su móvil y en lo que sea que esté haciendo. ¿Estará esperando órdenes de Carl?
Empiezo a golpear el suelo con el pie y él se gira para mirarme mal.
—¿Qué pasa? Me aburro. ¿Cuál es el plan, machote? ¿Tenerme aquí sentada horas y desperdiciar mi despedida en esta silla de madera mientras hablas por el móvil?
Él pone los ojos en blanco y me mira.
—Te das cuenta de que te han secuestrado, ¿verdad? —me pregunta, y yo vuelvo a poner los ojos en blanco.
—Claro, lo que tú digas. Acaba con esto, sigue con el teatrillo y vamos a la parte buena, ¿no? —le sonrío y él suelta un bufido.
—Mira, Ángel, estoy esperando a que llegue alguien. Luego discutiremos por qué te hemos traído —sonríe y yo me río.
—Ya sé por qué, así que venga, empieza a bailar. ¿O es a ese a quien esperas? —él abre mucho los ojos al oírme y yo me carcajeo.
—Estás muy equivocada —murmura frunciendo el ceño mientras mira el móvil.
—No me equivoco nada. ¿Cuándo va a empezar la música?
Él vuelve a poner los ojos en blanco y me da la espalda. Me río y veo cómo se abre la puerta y entran otros dos tíos. Bueno, ahora no me voy a quejar. Se acercan y se quedan al lado del primer chico. Esto se acaba de poner mucho más interesante.
—A ver, ¿cuál de vosotros es el stripper? —me río y uno de los nuevos me mira. Sus ojos castaños me atraviesan. Joder, da miedo pero a la vez está para comérselo. Se da la vuelta, se inclina hacia el otro y le susurra algo.
—¡Vamos! Música, baile y striptease —digo con una sonrisa de suficiencia. Estoy borrachísima.
—Cielo, estás secuestrada; no somos strippers —dice el segundo. Tiene los ojos azules y de ensueño. Los tatuajes del cuello hacen que me muerda el labio.
—Claro que sí —me río un poco—. ¿Hay alguien más que esté bueno? —me muevo y me quito el jersey.
—¿Qué estás haciendo? —el primer chico me mira fijamente.
—Ponerme cómoda y prepararme —le sonrío—. Es mi despedida de soltera. ¿Para qué iban a organizar esto si no es para que me hagáis un striptease?
—Hazle el striptease, Blake; deja que se divierta —uno de los tipos señala hacia mí con la cabeza.
—¡No me jodas, Jax! No —supongo que el que le grita es Blake. Jax parece que se ríe por lo bajo.
Me estoy aburriendo. Van demasiado lentos.