Capítulo 1 La Reunión
La luna llena brillaba intensamente sobre el pequeño pueblo de Ravenswood, sus rayos plateados iluminando las calles desiertas. Era una noche fría y las hojas secas crujían bajo los pies de quienes se atrevían a salir. En una casa antigua, al final de un camino de grava, cinco amigos se reunían después de años sin verse. La ocasión: una reunión que prometía ser memorable.
El salón de la casa de Sarah, la anfitriona, estaba decorado con velas y luces tenues, creando una atmósfera acogedora pero ligeramente inquietante. Los cinco amigos se sentaron en el sofá y las sillas alrededor de la chimenea, donde un fuego chisporroteaba suavemente.
—No puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvimos todos juntos —dijo Sarah, sirviendo vino en copas de cristal.
—Sí, demasiado tiempo —respondió Tom, el más bromista del grupo, levantando su copa—. Por nosotros y por las viejas historias de miedo.
—Oh, no empieces con tus historias, Tom —protestó Emma, la más escéptica—. Ya sabes que siempre acabas asustando a todos.
—Vamos, Emma, es solo diversión —intervino Mark, el más serio—. Además, ¿qué mejor noche para contar historias de terror que esta?
—Exactamente —añadió Lucy, la más sensible—. Pero mantengámoslas ligeras, ¿de acuerdo?
Sarah se acomodó en su silla, mirando a sus amigos con una sonrisa. Era la primera vez en años que se sentía tan feliz y tranquila. Ravenswood siempre había sido un lugar especial para ellos, lleno de recuerdos de su juventud.
—De acuerdo, empezaré yo —dijo Sarah, tomando un sorbo de vino—. ¿Recuerdan la vieja casa abandonada en la colina? Siempre se decía que estaba embrujada.
—Sí, claro —respondió Tom—. Esa casa siempre me dio escalofríos.
—Pues hace unos meses, escuché que alguien se mudó allí —continuó Sarah—. Una mujer, sola. Nadie sabe mucho de ella, pero se dice que suceden cosas extrañas en esa casa por las noches.
Emma resopló, claramente escéptica.
—Por favor, Sarah. Seguramente son solo rumores.
—Podría ser —admitió Sarah—, pero he escuchado gritos. Gritos que vienen de esa casa en medio de la noche.
Los amigos intercambiaron miradas inquietas. Aunque Emma no lo admitiera, incluso ella parecía un poco incómoda.
—¿Gritos? —preguntó Mark, frunciendo el ceño—. ¿Has llamado a la policía?
—Lo hice —respondió Sarah—, pero no encontraron nada. Dijeron que no había señales de lucha ni nada sospechoso. Pero los gritos continúan.
El silencio se apoderó del grupo por unos momentos, solo roto por el crepitar del fuego. La historia de Sarah había logrado sembrar una semilla de inquietud en todos ellos.
—¿Qué piensan hacer al respecto? —preguntó Lucy, con un tono preocupado.
—Nada, por ahora —respondió Sarah—. Solo quería compartirlo con ustedes. Después de todo, siempre nos han gustado las historias de misterio.
Tom, siempre dispuesto a aliviar la tensión, cambió de tema.
—Bueno, mientras no vayamos a investigar la casa embrujada, creo que estaremos bien. ¿Quién tiene otra historia?
Emma miró a Tom con una mezcla de exasperación y diversión.
—¿Tú nunca cambias, verdad?
Tom sonrió ampliamente.
—No, y así es como les gusto. Pero, hablando en serio, Sarah, deberías tener cuidado. No sabemos quién es esa mujer ni qué podría estar ocurriendo en esa casa.
—Lo sé, Tom. Y seré cuidadosa —aseguró Sarah—. Pero, cambiando de tema, ¿alguien más tiene alguna historia?
Mark levantó una mano, pensativo.
—En realidad, tengo algo que podría interesarles. ¿Recuerdan el viejo hospital psiquiátrico que está en las afueras del pueblo?
—Claro que sí —respondió Lucy, con un escalofrío—. Siempre ha sido un lugar espeluznante.
—Pues he estado investigando sobre él para un artículo que estoy escribiendo —dijo Mark—, y descubrí algo realmente perturbador.
Los ojos de todos se centraron en Mark, expectantes.
—Resulta que en los años 50, hubo un paciente que desapareció sin dejar rastro. Nadie sabe qué le pasó, pero se dice que su espíritu aún ronda los pasillos del hospital.
—¿Y qué fue de él? —preguntó Emma, intrigada a pesar de sí misma.
—Nadie lo sabe con certeza —respondió Mark—. Algunos dicen que murió allí y su cuerpo nunca fue encontrado. Otros creen que logró escapar, pero murió en el bosque cercano. Lo único que se sabe es que, desde su desaparición, la gente ha reportado avistamientos de una figura fantasmal en el hospital.
El silencio volvió a reinar en el salón. La historia de Mark había logrado inquietar aún más a sus amigos.
—Eso es realmente aterrador —dijo Lucy en voz baja—. Siempre pensé que ese lugar tenía algo extraño.
—Lo sé —dijo Mark—. Y estoy pensando en hacer una visita para investigar más a fondo.
—¿Estás loco? —exclamó Emma—. No puedes ir allí solo.
—No estaré solo —respondió Mark—. Llevaré equipo y posiblemente a algunos colegas. Pero no puedo evitar sentir curiosidad por ese lugar.
Sarah miró a sus amigos con una mezcla de preocupación y fascinación.
—Bueno, espero que tengas cuidado, Mark. No queremos perderte.
Mark sonrió, tratando de aliviar la tensión.
—No te preocupes, Sarah. Seré cuidadoso. Pero, por ahora, sigamos disfrutando de la noche. Después de todo, estamos aquí para divertirnos, ¿no?
Los amigos asintieron, tratando de relajarse y disfrutar de la reunión. Pero en el fondo de sus mentes, las historias de Sarah y Mark habían dejado una impresión duradera, una sensación de inquietud que no podían sacudirse.
A medida que la noche avanzaba, las conversaciones continuaron, y aunque intentaron mantener el tono ligero, las sombras de sus historias seguían acechando en la oscuridad. La noche más oscura estaba lejos de terminar, y ninguno de ellos podía prever los eventos que estaban por desencadenarse.








