Capítulo 1
Una vida acomodada, una familia con padres adinerados, lujos, viajes, dinero, todo lo que muchos desean... pero eso siempre lleva un precio encima, aunque el precio varía para cada persona.
Daenyra y Valyria lo sabían mejor que nadie, desde pequeñas, pese a que sus padres no lo pedían, y usualmente pedían que fueran ellas mismas, siempre debieron seguir las etiquetas, siendo mellizas en una familia con nueve hijos, de los cuales, sólo el mayor y el penúltimo más joven eran varones.
Pero pese a que nacieron el mismo día, ambas eran muy diferentes en apariencia.
Daenyra tenía el cabello ondulado y ojos violetas, Valyria poseía un hermoso par de ojos azules y un hermoso y largo cabello negro lacio.
Ellas, junto a algunas de sus primas, vivieron atadas a las reglas de la alta sociedad a nivel internacional, hasta que, finalmente, una de sus primas mayores formó lo que ahora era la Tokio Omega kai: una pandilla con miembros únicamente femeninos, y ninguna era una ajena a la gran familia que sus padres habían formado mediante amistades y uniones de sangre.
Cuando se decidieron a formar la pandilla, cada una buscaba algo diferente: libertad, diversión, peleas, viajes, salir de casa, problemas…
Muchas cosas tan diferentes y, al mismo tiempo, tan iguales.
La pandilla se formó oficialmente cuando Daenyra y Valyria tenían trece años, que fue cuando finalmente obtuvieron lo que cada una buscaba: una oportunidad de salir de su pequeño mundo y conocer algo nuevo y desconocido.
Debido a que sus padres siempre estaban ocupados desde que su hermano mayor cumplió quince años, todas y cada una de ellas pudieron hacerse tatuajes con los que marcaban y declaraban sin dudas ni vergüenza que eran parte de su pandilla.
La primera pelea de la pandilla fue cuando tres jóvenes quisieron hacerles comentarios poco amables, y ellas tomaron la justicia en mano propia, dejándolos con la nariz rota, dientes rotos o sin dientes y caras destrozadas a golpes y patadas.
Poco después, la hermana de su líder, su prima mayor, empezó a tener una relación con un joven de pasado oscuro y triste, que la trataba como alguien preciosa: con mucho cariño y amor, y su prima estaba más que enamorada de aquel chico de ojos amarillos.
Pero la desgracia perseguía a su familia, sin importar la generación…
Ambas mellizas, que dejaron de lado sus pensamientos, se preparaban para ingresar a una nueva escuela, después de un par de incidentes…
Uniformes recién planchados con una preciosa falda tableada, aunque un poco corta a los ojos del mundo, camisas y corbata.
Unas calcetas grises hasta los muslos, zapatos escolares de color café y su confiable e inseparable gargantilla roja fueron lo que usó aquel día.
Se arregló bien el uniforme para que cubriera bien el tatuaje sobre su pecho, cepilló su largo y lacio cabello violeta, mientras su hermana melliza, igual de hermosa que ella, se recogía el cabello para ponerse una peluca violeta.
Ella suspiró y se giró a ver a Valyria, su hermana.
—Valyria ¿En serio? ¿No te parece exagerado fingir ser yo?—Le preguntó exasperada.
—¡No planeo fingir ser tú, Daenyra! ¡Sólo quiero que parezcamos gemelas! Sabes que no me gusta que seamos tan diferentes...—Le respondió la chica de ojos azules con sus últimas palabras como un susurro.
Ella suspiró, cerrando sus ojos violetas en señal de rendición.
—Además, ni nuestros padres saben decir cuál de nosotras es la mayor, así que vale la pena fingir que somos parecidas para que haya una excusa al respecto—Dijo Valyria con una mirada triste hacia el espejo.
Tocó su reflejo mirando sus ojos —Una verdadera lástima que me parezca más a papá que a mamá...—Dijo ella, cubriendo bien el tatuaje de halcón en su espalda baja con el suéter escolar de su nueva escuela.
Daenyra sonrió —Tranquilízate, Falcon, es una nueva escuela, tal vez así logres finalmente encontrar a ésa personita especial—Dijo abrazando a Valyria, que sonrió antes de darle un ligero golpe con la mano para que no hablara al respecto.
—Jajaja... sí, claro... sabes que después de lo que pasó en México no voy a intentarlo por un tiempo—Dijo Valyria y Daenyra sonrió —Oh, no tienes que preocuparte demasiado, yo sé que ocurrirá—Dijo ella.
Se rieron un momento por alguna cosa que recordaron acerca de aquellos días antes de levantarse para dirigirse a la cocina a tomar sus bentos, preparados especialmente por su querida madre, quien seguro ya se había ido a trabajar junto con su apuesto padre...
No era broma cuando amenazaron con vigilarlas de cerca hasta que recuperaran sus preciadas motocicletas.
Su hermano mayor, Edén, dejó una nota recordándoles usar el equipo protector para los patines de camino a la escuela y que había ido a dejar a sus hermanas al aeropuerto para el viaje a Francia.
Una familia numerosa de once miembros, dos padres y nueve hijos, pero se trataba de una familia bastante amistosa y de orígenes muy antiguos...
Aunque no era una mala familia, para ellas era mucha presión: padres exitosos, con muchas historias y rumores circulando a su alrededor, la sociedad les exigía superarlos en todo o serían una gran vergüenza a su familia.
Su madre pensaba que nunca podría tener hijos después de algunos incidentes desafortunados: la sorpresa al enterarse de su primer embarazo fue tan grande que, según contaban en su familia, se desmayó de la alegría.
Por fortuna para su hermano mayor, quien estaba atareado todos los días dejando a sus hermanos en la escuela y yendo a la Universidad, ellas dos fueron cambiadas de escuela a una más cercana a su casa debido a... problemas, digamos que fueron problemas.
Así que, su pobre hermano mayor no tenía que ir a dejarlas.
Daenyra se puso su casco, los protectores de codos, rodillas y manos poco antes de levantarse, con los patines ya puestos, y tomar una bolsa donde estaban guardados sus zapatos escolares y ponerse la mochila encima.
Salieron de la casa, ambas andando de prisa en los patines para llegar rápido a la escuela y preguntar cuál sería su clase.
—Es una lástima que no nos dejaran usar las motocicletas hasta agosto ¿No crees, Dany?—Dijo Valyria, corriendo hábilmente con los patines a su lado.
—Sí... pero eso nos pasa por crear problemas de más, Val—Le dijo Daenyra, mirando al frente con serenidad.
La mirada azul de su hermana se volvió oscura y una sonrisa malévola apareció en su cara —Eso se merecen por habernos insultado...—Dijo Valyria con una voz sombría y sádica.
Daenyra alzó la mirada al cielo —No puedo creer que de verdad lo hayan intentado sólo porque somos mujeres en una pandilla—Dijo la chica de mirada violeta.
Suspiró después —Lo bueno es que sólo nosotras recibimos el castigo... imagínate si nuestras tías se hubieran enterado de todo lo demás—Le dijo a Valyria con una sonrisa nerviosa.
Valyria se rió malévolamente, recordando el “incidente” por el cual sus motocicletas habían quedado confiscadas hasta el primero de agosto, que sería dentro de ocho meses...
Oh, en serio odiaban Diciembre.
Las dos hermanas llegaron a las puertas de su nueva escuela: una preparatoria en Shibuya, donde se rumoreaba que había miembros de una pandilla de la cual ellas ya habían escuchado antes...
La llamada “Tokio Manji kai“.
Aunque no era algo que a ellas les importara: por ahora sólo querían poder tener un segundo año sin mezclar la escuela con su vida personal y sus secretos bien ocultos en lo más profundo de sus uniformes, sus mentes y sus casas.
Al llegar, un estudiante se encargó de llevarlas a la oficina del director, donde, después de una muy pequeña y formal charla con el hombre, supieron que su clase sería la 2-3.
El director se encargó de guiarlas a la clase, interrumpiendo al profesor en el proceso de ello, ambos hablaron unos momentos antes de que el profesor entrara de nuevo a su salón y pidiera silencio a los alumnos.
Cuando el profesor les pidió presentarse ante la clase, ambas pasaron al interior del salón, donde recibieron miradas de asombro ante el “parecido” tan grande entre ambas.
—Mi nombre es Tomoe Valyria, es un gusto—Dijo su hermana con una sonrisa encantadora que escondía su vengativa, sádica y oscura personalidad.
—Yo soy Tomoe Daenyra, estaremos a su cuidado—Dijo ella con cara de desinterés, antes de que ambas hicieran una reverencia ante la clase.
—Hay dos asientos libres atrás, por favor—Dijo el profesor y ambas se dirigieron a los asientos correspondientes, cerca de la ventana, para su suerte.
Daenyra suspiró en voz baja y miró por la ventana, donde alcanzó a ver a dos individuos muy particulares caminar en dirección opuesta al edificio de salones: uno era un chico rubio muy alto, con la cabeza rapada a los lados y lo poco que dejaba de cabello en la cima de su cabeza era largo, el otro individuo era un chico bajito de cabello rubio largo, atado en la parte superior de la cabeza.
Alcanzó a ver que ambos estaban faltando al código del uniforme, pero no alcanzaba a ver nada más: ambos individuos estaban bastante lejos de su alcance de visión, y caminaban bastante rápido para su gusto.
Miró a ambos individuos con los ojos entrecerrados antes de seguir con la atención fija en cualquier parte menos al frente, aunque escuchaba muy bien al profesor y entendía bien el tema del que hablaba: agradeció la presencia de una biblioteca muy amplia en casa.
Cuando llegó la hora de almorzar, ella y su hermana se juntaron para salir a caminar y conocer los terrenos de la escuela mientras hablaban de lo mucho que sabían de español e inglés, y lo mucho que disfrutaban de sus pasatiempos fuera de la escuela.
La conversación fue alegre, hasta que Valyria cambió el tono de la misma.
—Extrañaré a Mei y a Misaki ¿Sabes?—Dijo ella con una cara lamentable, antes de que Daenyra dijera —Estarán bien, no te preocupes demasiado... la ciudad a la que van es un lugar genial y lo sabes: ellas disfrutarán de un gran ambiente—.
Valyria no quería decirlo, pero sabía en lo profundo de su corazón que algo ocurriría durante ése tiempo, algo que no les agradaría para nada.
Se sumergió en su propia mente, olvidándose por completo de Daenyra, que sólo pudo suspirar con una sonrisa en la cara, viendo a su hermana dirigirse al salón de clases.








