Capítulo 1: La última vez que éramos nosotras
El olor a café llenaba el pequeño local, mientras los murmullos y el chillido constante de los platos lo convertían en un refugio. Afuera, la ciudad se movía sin parar, pero dentro de ese lugar, el tiempo parecía detenerse con cada palabra que compartíamos.
—¿Crees que seguiremos siendo mejores amigas en diez años? —dijo Anna, su voz cargada de nostalgia, pero con un destello de entusiasmo—. Además, espero que por fin seamos reconocidas.
—No creo que sea tan sencillo —murmuré, mirando mi taza de café medio vacía. Había algo en el fondo, una verdad que no me atrevía a decir. Sentí el peso de la incertidumbre apoderándose de mí, esa sensación que nos venía siguiendo desde hace meses, pero que ambas fingíamos no notar.
Anna giró la cabeza hacia la ventana, como si las gotas de lluvia pudieran arrastrar su incomodidad. Siempre hacía eso cuando algo la molestaba, pero prefería no hablar de ello. Yo tampoco insistí. En lugar de eso, pedí la cuenta.
La campanilla de la puerta sonó y una brisa fría se coló en el café. Levanté la mirada y lo vi. Un muchacho alto, joven, con un aire elegante que no podía ignorarse. Su presencia cambió el ambiente del lugar.
—Ahí va tu novio —dijo Anna, con una sonrisa burlona, pero había algo en sus ojos, una chispa que no había visto antes—. ¿Le vas a hablar por fin o lo hago yo?
—No bromees con eso —respondí rápidamente, sintiendo el calor subir por mi cuello. Pero ella ya estaba de pie, cruzando el local con una tranquilidad que me dejó clavada en mi asiento.
Me quedé mirándola, viendo cómo ponía su café en la mesa frente al chico, sonriendo como si nada. Sentí algo en el pecho, algo que me inquietaba desde hace meses, pero que no quería admitir.
Y ahí, justo en ese momento, supe que las cosas estaban a punto de cambiar. Pero no estaba preparada para lo que vendría después.