La Cena.
La casa está tranquila, ese tipo de tranquilidad que no se siente vacía, sino acogedora, solo interrumpida por las risitas nerviosas que comparto con Siena. Está sentada en mi sofá, moviéndose inquieta, casi saltando de pura emoción, mientras yo trato de mantenerme ocupada, organizando algunas cosas en la mesa del comedor. Aunque intento concentrarme, no puedo evitar sonreír al verla así. Siempre ha sido igual, completamente incapaz de disimular su entusiasmo, especialmente en momentos como este.
—Nora, ¿en serio es hoy? ¿Hoy vas a conocer a la familia Valdris? —me pregunta, con la voz llena de una emoción que parece contagiosa.
Se inclina hacia adelante, como si estuviera esperando que yo suelte algún detalle que lo haga todo aún más increíble.
Me quedo quieta por un segundo, con un tenedor en la mano, antes de soltar un suspiro y guardarlo en el cajón. Sé lo que va a venir, lo he escuchado al menos un millón de veces en las últimas semanas, pero eso no hace que sea menos abrumador. Ni siquiera para mí.
—Sí, Siena, es hoy —le digo con una sonrisa que quiero que parezca relajada, aunque sé que mis ojos probablemente me delatan.
—Pero en serio, no hace falta que me lo repitas cada cinco minutos. Ya sé que es importante, no necesito que me lo recuerdes.
Ella se ríe, cruzándose de brazos y dándome esa mirada que dice: no sé cómo puedes ser tan rara.
—¿Cómo no voy a repetírtelo? —dice, como si fuera lo más obvio del mundo.
—¡Es que no lo puedo creer! Tu novio, el chico del que llevas años conociendo y que siempre pone excusas para que no conozcas a su familia... ¡y ahora, de repente, cenando con los Valdris! La familia más famosa de la ciudad, nada menos. ¿Cómo no estás saltando de emoción? ¡Es un cambio brutal!
Yo solo ruedo los ojos, aunque en el fondo entiendo lo que dice. Claro que es un cambio grande, pero la emoción que siente Siena no se parece en nada al nudo que yo tengo en el estómago.
Me detengo y la miro, intentando mantener la calma. Aunque lo que siento por dentro es otra cosa. Mi estómago ya está hecho un desastre, y cuando río, suena más forzado de lo que quisiera.
—No te hagas ilusiones, Siena. No es tan increíble como parece —digo, dejando escapar una risita nerviosa que apenas me convence a mí misma.
—¿No es increíble? —replica, levantando una ceja con incredulidad.
—¡Nora, por favor! Los Valdris son los Valdris. Ricos, famosos, siempre rodeados de misterio y chismes. Es imposible que esto sea algo normal.
Sus palabras me sacan una risa más auténtica, aunque sea de pura ironía.
—Sí, ya sé. Son ricos, son todo lo que quieras. La gente no para de hablar de ellos, siempre con historias que ni siquiera sé si son ciertas. Pero, ¿sabes qué? Yo no quiero saberlo. Solo quiero que esta cena sea… normal.
Mi tono finaliza con un leve filo que sorprende hasta a Siena. Ella frunce el ceño y se levanta del sofá, caminando hacia mí con esa energía que la caracteriza.
—¡Vamos, Nora! ¿"Normal"? ¿De verdad crees que algo relacionado con los Valdris puede ser normal? Estamos hablando de una familia que tiene la ciudad a sus pies. ¿Cómo puedes decir eso con tanta tranquilidad? Esto es como… no sé, entrar a una película de Hollywood.
Le sonrío, pero por dentro su entusiasmo empieza a agobiarme. Claro, sé que tiene razón. Nadie podría pensar que algo con los Valdris es sencillo. Pero tampoco sé cómo explicarle que, para mí, no se trata de su dinero ni de su fama.
—Elian siempre ha sido solo Elian para mí. Mi novio, sin todo ese ruido alrededor.
Siena me mira con incredulidad, como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—¿Cómo puedes pensar eso? ¿No te da miedo? ¡Esa familia es tan… perfecta! Y tú vas a entrar a ese mundo como si nada. ¿Es que no te das cuenta?
Sus palabras hacen que mi garganta se sienta un poco más seca. Claro que me doy cuenta. ¿Cómo no hacerlo? Pero eso no significa que quiera que todo gire en torno a ellos.
—No me importa eso, Siena. Lo único que me importa es que Elian y yo estamos bien. Eso es todo.
Ella levanta las cejas y me mira de arriba abajo, como si estuviera tratando de leerme.
—No sé cómo lo haces. Yo estaría en pánico total. Pero supongo que tú eres diferente… con esa calma tuya que no sé de dónde sacas.
Me río, pero no porque esté completamente tranquila. Solo porque no sé qué más decirle.
—Es solo una cena, Siena. Ya veremos cómo va.
Ella me mira con una mezcla de escepticismo y fascinación, pero finalmente suelta una risa resignada.
—Está bien, lo que tú digas. Pero si no me cuentas todo mañana, te lo saco a la fuerza. Y quiero cada detalle, ¿me oyes?
Asiento, intentando mantener la calma mientras ella me abraza rápido y se dirige hacia la puerta.
—Mucha suerte, Nora. Y no olvides… nada de nervios, ¿vale? Eres la chica de Elian Valdris. ¡Tú puedes con esto!
Me quedo mirando la puerta mientras se cierra tras ella, dejando un eco de su entusiasmo en la habitación. Respiro hondo, intentando que sus palabras no pesen tanto en mi mente. Miro el reloj y suspiro.
—Será mejor que empiece a prepararme. No quiero llegar tarde.
Mi voz suena tranquila, pero sé que dentro de mí estoy lejos de estarlo.