Prólogo
Era perfecto. A la tenue luz, con la música llenando la habitación, en el aroma a madera de las paredes, el olor a polvo que un escondite requería.
Sus ojos. Eran perfectos.
“Quédate así”
“¿Así?”
“Así”
Un suspiro llenó el pequeño cuarto, seguido de un pequeño silencio, una mirada llena de anhelo compartido.
Estaban enamorados.
“Estás hermoso” Jungkook murmuró y Taehyung frente a él sonrió, con la luz amarilla del foco en el techo bañando la piel desnuda de sus hombros, echando la cabeza un poco hacia atrás y el clic de la cámara sonó, movió la cabeza nuevamente y cada movimiento se veía como una pose, una tras de otra, todas poses que Jungkook se aseguró de captar.
Una y otra vez, con pequeñas pausas de por medio, su cámara no era lo suficientemente rápida como para captar cada segundo.
Taehyung, tan cortés como siempre, se aseguraba de quedarse quieto hasta escuchar el disparo de cada fotografía.
“Taehyung hyung” el menor llamó y Taehyung abrió los ojos, encontrándose con el rostro de Jungkook de frente, oh, era irresistible y nunca llegaba a tomar más de diez fotos antes de tener que tocar. Tocó y dejó que le tocasen, Jungkook cerró fuerte los ojos porque ahora podía no mirar.
Podría mirar el cuerpo en sus manos cuando revelase las fotos en el cuarto oscuro de aquella deteriorada casa, ahora quería tocar.
Tocar era menester cuando sabía que podía perder aquello en cualquier momento.
Se asomó a Taehyung, hasta que escondió el rostro en su cuello desnudo y Taehyung hundió los dedos en su cabello, arrastrándose hacia atrás en la cama de Jungkook, trayéndolo consigo, la cámara quedando olvidada en el alféizar de la ventana en el muro junto a la cama.
La noche tras los cristales les aseguraba refugio.
Jungkook se subió a horcajadas sobre él y ya recostados sobre la cama en la pequeña habitación de la casa que sus padres jamás usaban, Jungkook se separó para mirarlo a los ojos, perdiéndose en ellos como cada vez, con un nudo en la garganta.
“Hyung” dijo, en voz baja. “Creo que te amo”
Taehyung le sonrió, acariciándole la cara con las puntas de los dedos.
“Yo creo que te amo aún más, Jungkook-ah”
Y el momento se rompió porque fuertes pasos resonaron en los viejos pisos de madera, pasos demasiado cercanos que quizá no escucharon antes sumidos en la música del tocadisco.
La puerta se abrió de un portazo y Jungkook alcanzó a salir de encima de Taehyung, sentándose a su lado en la cama y el otro se cubrió con la camisa que tenía abierta, pero de nada sirvió.
Era imposible esconder lo evidente.
Jungkook estaba cansado de esconderse.
Taehyung estaba resignado a los secretos.
Pero luego de ese día ninguno tendría que lidiar con aquello nunca más.
“Tae. ¡Taehyung!” Esa voz le llamó y Taehyung miró con los ojos abiertos a la persona frente a él.
No la conocía.
“Taehyung” el chico insistió pero Taehyung apartó las manos ajenas de su cuerpo, aterrado pues no estaba donde hacía unos momentos. Las manos le temblaban y el cuerpo se le sintió extraño, como si toda la piel le ardiera, la garganta la sentía quemar al dejar salir esta voz que no se sentía suya, estos ojos no se sentían suyos.
Estos ojos que miraban a alguien estupefacto frente a él. Taehyung se echó hacia atrás, imposibilitado de espetar palabra.
“¡Taehyung! ¿Qué te pasa?”
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Taehyung miró el lugar en donde estaba, de derecha a izquierda y se sostuvo el pecho, con la boca abierta en un llamado ahogado, aún temblando, sintiendo que el corazón se le iba a reventar. No conocía en dónde estaba pero sólo estaba en busca de alguien.
“Jungkook”