Erase una vez un cielo estrellado

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Sinopsis

Érase una vez una hermosa princesa que había encontrado su "felices para siempre". Pero, como en todo buen cuento, ese sueño se derrumbó cinco minutos después. Su castillo, construido sobre naipes y promesas rotas, cayó el día que el príncipe decidió marcharse, dejando tras de sí las ruinas de lo que alguna vez fue su hogar. Ahora, Savannah se enfrenta a un reino devastado: un divorcio que la arrancó de su centro, secretos que nunca se atrevió a revelar, y un corazón que apenas empieza a comprender que salvarse a sí misma es el único camino hacia la verdadera libertad. Acompañada por Olivia y Drake, sus inseparables aliados, y guiada por el eco de sus propios errores, Savannah navega entre los recuerdos de un amor perdido, los desafíos de la maternidad y el deseo de reconstruir su vida. Pero, ¿cómo levantarse cuando cada piedra del pasado amenaza con hundirla de nuevo? En esta historia no hay príncipes ni hadas madrinas. Solo una mujer que debe aprender a ser su propia heroína.

Estado:
Completado
Capítulos:
28
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Algunas veces, el mundo se desdibuja de formas que no logras comprender. Despiertas una mañana y el sol, que siempre fue constante, parece haberse extraviado. Los colores que antes pintaban tu vida se desvanecen, dejando solo un lienzo gris y opaco. Los pájaros, que solían saludarte con su canto, ahora guardan un silencio inquietante. Y lo más devastador no es esa ausencia de luz o sonido, sino el darse cuenta de que el cambio no es real para nadie más.

El mundo sigue su curso, como si nada hubiera sucedido. Las risas se elevan, los pasos resuenan en las calles, y las conversaciones llenan los espacios vacíos. Todo parece intacto, excepto tú. Eres una isla en medio de un océano que no deja de moverse. Cada sonrisa que ves se siente como una puñalada sutil, una evidencia cruel de que todos siguen adelante mientras tú permaneces atrapada, suspendida en un limbo que no entiende de relojes ni calendarios.

El reloj sigue su marcha, implacable. Las horas se convierten en días, los días en meses, y los meses en años. Pero para ti, el tiempo no tiene significado. Todo lo que eras, todo lo que soñabas, ha quedado varado en algún lugar que ya no puedes alcanzar. No estás viviendo, ni siquiera estás muriendo. Solo estás... existiendo.

La rutina se convierte en un refugio y, al mismo tiempo, en una prisión. El olor a café, que alguna vez te reconfortaba, ahora te provoca una punzada de nostalgia. El chocolate, que antes te llenaba de energía y calidez, se siente insípido. Cada pequeño placer que antes formaba parte de tu mundo ahora es un recordatorio de lo que has perdido.

Lo más desgarrador no es el dolor en sí, sino su constancia. Es una sombra que nunca te deja, que se instala en tu pecho y respira contigo. Y aunque deseas gritar, el mundo no escucha, porque para todos los demás, tú eres la misma. Eres el espejismo de quien solías ser.

Hay días en que quisieras que todo se detuviera, que el mundo entero compartiera tu pausa. Pero en el fondo sabes que eso nunca pasará. El sol saldrá mañana, aunque tú no lo sientas. Las estaciones cambiarán, aunque a ti te parezcan siempre iguales. Y el reloj seguirá haciendo tic tac, recordándote que el tiempo no espera por nadie, ni siquiera por ti.

Te dices a ti misma que algún día este vacío tendrá sentido, que habrá un propósito detrás de esta ausencia. Pero, por ahora, solo sobrevives. Caminas por la vida como una sombra, esperando que en algún rincón olvidado de este mundo encuentres una chispa, algo que pueda devolver el color, el sonido y la calidez a lo que una vez fue tu hogar.