Capítulo 1
“Jugar solo es aburrido, ¿qué tal si invitamos a mis amigos?”
Yo, Luka Moretti, policía europeo proveniente de una familia rica de la alta sociedad, creí que mis vacaciones serían simples y relajantes. Lo pensé hasta que vi el cadáver de Richard Chan, amigo cercano de mi suegro, un empresario influyente en el país nativo de Valeria García, mi prometida.
Guatemala, el país de la eterna primavera, como muchos lo llaman, me ha recibido con una cara cálida y colorida. Las costumbres, las hermosas playas, los impresionantes lagos… y qué decir de su gente, simplemente espléndida. Me resultó fascinante. Viajé para desestresarme de mi trabajo, pobre ingenuo. Esa fascinación fue opacada rápidamente cuando vi el cuerpo de Richard Chan, amigo de la familia de mi prometida, un empresario adinerado e influyente en la política del país, propietario de varias empresas prominentes en la industria manufacturera.
Su cuerpo fue encontrado desmayado en una de sus tiendas, en un centro comercial lujoso del país. Aparente víctima de un robo que salió mal. Recuerdo haber pensado: “Menos mal que no murió“. Fue trasladado rápidamente a un hospital privado, donde se pensaba que se recuperaría, pero de manera impredecible, tres horas después, falleció.
Los médicos explicaron que había muerto debido a un paro cardiaco. Richard no estaba en su mejor estado de salud; llevaba más de un mes bajo un estrés constante. El robo, aparentemente trivial, le causó tal impresión que provocó lo que los médicos llamaron una cardiomiopatía de Takotsubo, o más conocida como “corazón roto”. La adrenalina generada por el estrés fue tan intensa que su corazón simplemente no pudo soportarlo.
Pobre hombre, pero también tiene una edad avanzada. Mi prometida y su padre lloran; creo que era un amigo muy cercano a ellos. Hoy es el funeral. Todos han asistido, llevando una rosa blanca, incluso yo traigo una, como muestra de respeto. Pero una curiosidad extraña me invade, y decido acercarme al ataúd donde reposa su cuerpo.
Al inclinarme sobre el ataúd, algo llama mi atención: una marca diminuta en su cuello. Apenas perceptible, parece el rastro de una aguja. Un detalle que cualquiera podría ignorar, pero no yo. No en mi línea de trabajo.
¿Un accidente? ¿Un robo que salió mal? La pregunta se forma en mi mente casi instantáneamente, pero algo me dice que hay más en esta historia de lo que los médicos y la policía están dispuestos a admitir.
¡Extraño! Un hombre rico que claramente prefiere estar en su casa, ¿por qué iría a una tienda de un centro comercial cuando tiene una industria que puede manejar desde casa? ¡Esto no está bien! ¡Esto no es algo simple!
-Valeria, ¿puedes conseguir los exámenes de la autopsia?
Valeria responde sollozando:
-No sé si la viuda... déjame intentarlo.
Valeria se aleja y habla con la viuda, quien llama a una de las personas presentes, una joven. Es hermosa, sí, cabello castaño y lacio, tez blanca. Algo en su mirada es muy intrigante. La joven se va y regresa con los papeles de la autopsia.
Me acerco a Valeria.
-Valeria, ¿quién es esa joven?
Valeria responde sin mucha atención:
-Ella es Veratriz. Richard siempre decía que no había mejor asistente en todo el país...
-Comprendo.
Veratriz se acerca con pasos ligeros, su rostro impecable pero inexpresivo.
-Aquí están los documentos. Si necesitan algo más, avísenme.
Su voz era suave, demasiado tranquila para la ocasión. Algo en su postura irradiaba profesionalismo, pero también una fría eficiencia que no lograba descifrar...
-Gracias, Vera, responde Valeria.
-De nada. Estaré encargándome de las producciones hasta que un nuevo presidente tome el lugar del señor Chan, así que si me necesitan,puedes llamarme directamente a mi numero personal.
Abro el examen de autopsia. Todo parece en orden: “muerte natural”, “parada cardíaca inducida por estrés”. Pero algo sigue sin cuadrar. ¿Por qué una reacción tan extrema, incluso para alguien en su condición? Sigo repasando los detalles clínicos, buscando entre líneas.
El informe menciona que Richard ya había tenido episodios previos de estrés severo, pero lo que llama mi atención es un pequeño apunte médico: un nivel inusualmente alto de catecolaminas en la sangre.
Catecolaminas: adrenalina, noradrenalina... hormonas del estrés. Pienso en lo básico: el cuerpo humano produce estas sustancias de forma natural bajo presión extrema. Pero este nivel está fuera de lo común, incluso para alguien en su estado.
¡CRASH!
Un estrépito rompe la tranquilidad del momento. Algo ha caído detrás de nosotros. Al voltear, veo una bandeja metálica que cae al suelo, enviando agujas quirúrgicas de cocina rodando por todos lados. Mi mirada se detiene en una de ellas, reluciendo bajo la luz. mientras la bandeja resuena con el ruido de la caída. Las agujas, que iban a ser desechadas.
-Qué curioso, murmuro.
Agarro una de las agujas con un pañuelo, examinándola. Es afilada, limpia, y.… lo suficientemente delgada para dejar una marca apenas perceptible.
Vuelvo a repasar la escena mentalmente. El pequeño pinchazo en el cuello de Richard. La inexplicable subida de catecolaminas. Y ahora, esta bandeja de agujas que aparece justo en el funeral...
La adrenalina en sangre no parece haber sido generada naturalmente. Mi mente conecta los puntos como un rompecabezas: alguien pudo haber inyectado una dosis directamente en su sistema. Una cantidad cuidadosamente medida, lo justo para sobrecargar su ya debilitado corazón, sin dejar rastros evidentes.
La combinación perfecta: el estrés del robo, el miedo intenso y una “pequeña ayuda externa”. Demasiado perfecta.
Pero no me creerían si lo dijera, me tacharían de loco…
Aun yo creo que estoy siendo paranoico, talvez solo son simples coincidencias, es por eso que quería alejarme y descansar de todo esto, no puedo cometer nuevamente un error tan grave, por eso he venido de vacaciones para despejarme.
Suspiro soy consciente de que me encuentro en medio de todo ese caos silencioso que es un funeral. Los murmullos de las personas, el aroma de las flores, la solemne quietud... pero hay algo en el aire, algo que no cuadra. Con el rostro tenso, observo nuevamente la rosa blanca que había traído con tanto cuidado, como muestra de respeto por Richard. Pero algo ha cambiado.
Al principio no entendí bien qué era. ¿Una ilusión, tal vez? Mi mirada se detiene en la flor que está frente a mí. Es blanca, sí, pero a diferencia de la que había dejado, esta tiene un pétalo rojo, un pequeño pero notable toque de color que resalta con fuerza entre los demás. Como una mancha de sangre en un lienzo perfecto.
Mi mente empieza a correr en círculos, tejiendo pensamientos a la velocidad de la luz. ¿Quién habría cambiado mi rosa? ¿Quién podría hacerlo tan sutilmente, sin que me diera cuenta en medio de la multitud?
Es imposible que fuera un accidente. ¿Un mensaje? ¿Una advertencia? No sé qué, pero alguien quiere que lo note.
-¡NO! Contrólate pareces una paranoico, estas loco.Me digo así mismo.
Al darme cuenta de que no podre ignorarlo, mi instinto de policía se activa. Necesito saber más, y sé exactamente donde podré obtener respuestas. No hay tiempo para rodeos ni vacilaciones. Me dirijo hacia Veratriz, que está conversando con algunos de los asistentes al funeral.
-Veratriz, la llamo, mi voz firme, algo tensa.
Ella se gira hacia mí, y me ve.
-¿Sí, Luka? ¿En qué puedo ayudarte?”
-Necesito que me lleves donde fue encontrado Richard desmayado.








