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DoReMi [4ta parte Semicolon] - Omegaverse

Sinopsis

Chan es un Beta con dificultades en la vida, fue abandonado por su familia cuando era un adolescente, ellos le dieron la espalda. Sin embargo, se encuentra a cierto Alfa que le arruina la vida. Todo se había ido en picada hasta que un Omega lindo aparece en su vida. No podía contarle la verdad de su pasado y ahora teme que encuentre a un Alfa que le dé lo que merece.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Lyn
Estado:
En proceso
Capítulos:
34
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prologo

El beta regresó a casa después de la llamada insistente de su tío, había mencionado que sucedió un grave accidente y que era importante que viniera a casa. El Beta tenía el uniforme escolar demasiado sucio, tenía una herida en la mejilla que estaba cubierta por un apósito y lo peor, es que el día era realmente malo, demasiado. Llovía demasiado, con su mala suerte olvidó el hecho de cargar una sombrilla, todavía así que su madre beta le había ordenado que llevara uno consigo, pero simplemente desobedeció porque llegaría tarde a clases.

Ahora, se encontraba a camino a casa con la lluvia que había empapado todo su cuerpo. Supondría que terminaría enfermo y su madre le recalcaría que debió cuidarse antes de salir de casa, ya no había remedio.

Se detuvo al llegar a su hogar, todo se encontraba muy silencioso. Podía sentir la atmósfera tensa del lugar. Con pasos lentos camino hacia la entrada, la abrió con lentitud y escuchó que alguien se encontraba llorando en ella. Caminó lentamente, después de quitarse los zapatos, y se dirigió a la sala.

—Pobre Chan... ¿Cómo recibirá la noticia? Es solo un niño —escuchó una voz femenina.

—¿Recibir la noticia de qué? —Chan interrumpió en la sala viendo a todos sus tíos ahí, menos a sus padres.

Tan pronto, una de sus tías Omegas lo vio, empezó a llorar como si algo realmente doloroso hubiera pasado. Chan estaba desconcertado por todo eso, pues no se imaginaba que tipo de noticia estaba recibiendo. ¿Por qué solo él? ¿De qué se trataba? La Omega se acercó a él y lo abrazó con esa protección que una madre omega daría a su cachorro asustado.

Chan no comprendía, pero poco a poco lo estaba entendiendo.

—Chan... —murmuró ella—. Tus padres fallecieron en un accidente... —dijo—. Lo siento mucho...

Un dolor intenso apareció en su pecho, dejó escapar un jadeo de dolor. No estaba procesando bien la noticia, ni siquiera parecía querer llorar. A sus dieciséis años sabía lo que era la muerte, perder a seres queridos importantes era demasiado doloroso, y sin embargo, no lloraba. ¿Por qué?

Cayó en cuenta que la noticia de que sus padres habían fallecido era real al estar frente a sus fotos. Estaba vestido de negro, con un aspecto que daba lastima, la banda en su brazo indicaba que era el familiar que había perdido todo. Podía observar a su familia, llena de algunos Alfas, Omegas y Betas. Los Alfas lo miraban con cierto desprecio por ser un simple Beta, mientras que las Omegas le tenían lástima. Los Beta ni siquiera se atrevían a mirarlo.

Tenía dieciséis, estaba huérfano, es un simple Beta y sabía que no valía nada para las personas.

Escuchaba las voces de su familia, escuchaba los murmullos que aparentaban dar palabras de confort cuando lo único que provocaba era sentir lástima por él. Era tan doloroso no poder hacer nada ni decir algo al respecto, porque era el menor de todos. Lograba escuchar a sus primos que tenían la misma edad que él, algunos eran Alfas que solamente descargan palabras llenas de veneno para lastimarlo a él y minimizar que por ser un Beta estaba completamente solo.

Tal vez tenían razón.

Llevaron las urnas de sus padres al nicho que les correspondía, fue en ese momento que Chan se pudo despedir de sus padres. Cuando el rito terminó fue abandonado poco a poco por su familia, entregando palabras de condolencias llenas de falsedad. No podía sentir más que eso, pura falsedad en sus palabras.

—Chan —fue llamado, volteó con el Alfa que estaba ahí, acompañado de un Omega—. Te quedarás en nuestra casa por un tiempo. Tu padre me nombró su albacea, y me haré responsable de ti.

—Gracias —murmuró. Hizo una leve inclinación por su gratitud.

Lo que Chan no esperaba, es que esa gratitud era tan falsa. No pasó más de un mes para que sus tíos se instalaran en la casa de sus padres. El dinero lo movieron a su cuentas bancarias, y prácticamente, el Alfa había tomado sus cosas, llenó su habitación para uno de sus primos y a él lo desechó como si nada.

—¿Qué es esto?

Chan preguntó tan pronto vio el lugar donde se hospedaría a partir de ese momento. Era un departamento pequeño, en una zona realmente poca conocida. El barrio parecía estar desierto y solo habían pocas personas alrededor. Encaró a su tío al darse cuenta que sus intenciones jamás fueron sinceras.

—Es tu nuevo hogar —Chan se quedó desconcertado—. No podemos criar a un niño más en mi familia. Así que lo mejor es que vivas por tu cuenta.

—¿De qué hablas, tío? —A pesar de que lo entendía, no lo podía aceptar—. ¡Me estas echando de mi propia casa! ¡Te quedaste con todo el dinero de mis padres! ¡¿Cómo puedes hacer esto?!

—La razón es simple —sonrió con un egocentrismo—. Soy un Alfa, y tú eres un simple Beta —se cruzó de brazos—. Por supuesto, jamás serás suficiente para alguien.

Chan estaba furioso, molesto de haber confiado en las personas que dicen llamarse familia. Apretó con fuerza las manos y sus labios. Quería llorar de la frustración.

—¡No puedes hacerme esto! ¡Devuélveme todo! —gritó. El Alfa chistó por lo ruidoso que era.

—Será mejor que te calles y obedezcas —comentó—. Tranquilo. No te dejaré completamente solo —se encogió de hombros—. Te daré una mensualidad para tus gastos, con ello será suficiente. También tramité tu baja de la escuela.

—¿Por qué?

—Porque no sirve para nada. Confórmate con lo que te estoy dando —señaló el lugar—. Un techo donde dormir, dinero para la comida, lo demás te toca a ti. ¿Entiendes?

—Tío...

—Espero, realmente, no volver a verte en mi vida —comentó. Le dio la espalda y se marchó de ahí.

Chan había perdido todo en la vida. Sus padres, su hogar, sus estudios, y estaba completamente solo con migajas que le habían tocado por ser un simple Beta.

La vida apestaba en todos los sentidos. Solo quería despertar de esa pesadilla, pero todo era real. Todo había desaparecido. Y fue suficiente para caer al suelo y terminar llorando desconsoladamente. El sentimiento del vacío apareció y ahora estaba completamente solo, sin nadie en su vida.

Solo deseaba terminar con su vida.

Necesitaba hacerlo.

El barrio en el que vivía era pobre de gente. No habían muchas personas, y las pocas que veía no lo tomaban en cuenta para nada. Parecía que eran marginados que sus familias no deseaban tener cerca. Era tan gris y sin vida.

No lo pensó dos veces.

Salió del departamento sin los zapatos puestos, el suelo estaba húmedo y frío, pero aquello no le interesó demasiado. Estaba fresco y la ropa que lo cubría no mitigaba el frío. Fue hasta las escaleras del edificio y subió hasta el último escalón hasta llegar a la terraza de esta.

Caminó hasta la orilla del edificio, subiéndose a la barda que delimita el área de este. Podía ver la altura, era aterrador de tan solo imaginar que si resbalaba todo se acabaría. ¿Qué más daba? Si ya no tenía a nadie, su vida no importaba. Su familia no lo necesitaba, nadie se preocuparía por velar su muerte, ni siquiera se tomaría la molestia de reconocerlo.

Pensaba que si terminaba con su vida en ese momento, sus preocupaciones y las preocupaciones de los demás terminarían, y dejaría de ser un estorbo.

Dio un paso hacia adelante. Y una ráfaga de viento lo atacó, haciendo que perdiera un poco el equilibrio. Justo cuando decidió saltar, sintió una mano que lo jaló hacia atrás, haciendo que cayera encima de algo, tal vez de alguien.

—Joder... —escuchó la voz de esa persona—. ¡¿Qué mierda se supone que haces?! —regañó.

Vio el rostro de la persona que lo alejó de la orilla. Era un Alfa. El color de sus ojos era demasiado llamativo. Un verde grisáceo que mostraba preocupación genuina, y no solo, su aroma era tan intenso, a libros viejos.

—¡Eres un niño! ¿Acaso quieres matar de preocupación a tus padres? —Chan bajó la mirada.

—No tengo —el Alfa se quedó atónito por escuchar su voz. Tan callada y que mostraba demasiado dolor—. Ellos murieron... —le costaba aceptarlo. Temblaba de la tristeza y rabia que le provocaba recordarlo—. Estoy solo... a nadie le intereso...

El Alfa se sintió mal al escucharlo. Lo apartó de su cuerpo y le extendió la mano para ayudarlo a levantarlo. Chan lo miró desconcertado.

—Anda, vamos a casa. Te prepararé la cena.

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