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Kira & Leah [Bilogía: Los Hermanos Miller]

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Sinopsis

Cuando Kira piensa que no le puede ir peor en la vida, llega una chica nueva a su pueblo. Va a su misma escuela, van en el mismo autobús, y para el colmo de los colmos, vive al lado de ella; el cabello rosa chillón de Leah no la dejará en paz ni un segundo, además de lidiar ante la mirada acusatoria de su pueblo religioso. Pronto descubre el secreto que se oculta detrás de una de las familias más influyentes de la iglesia, y junto a ellos, el pase a su libertad. Primer libro de Bilogía: Los Hermanos Miller. ESTA HISTORIA PUEDE CONTENER TEMAS DELICADOS COMO: ABUSOS, VIOLENCIA FISICA, RELIGIÓN. RESPECTO AL TEMA DE RELIGION, NO SE PRETENDE OFENDER A NADIE QUE PROFESE O SIGA CUALQUIER RELIGION MENCIONADA EN LA HISTORIA, POR LO QUE LOS TEMAS TOCADOS AQUÍ NO SON CON EL FIN DE GENERALIZAR INSTITUCIONES RELIGIOSAS EN ACTIVIDADES COTIDIANAS O NO COTIDIANAS.

Genero:
Romance
Autor/a:
Just_CharlieW
Estado:
Completado
Capítulos:
20
Rating
5.0 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Leah.

Tomo asiento sobre la silla de madera, Anthony tira de mi coleta cuando pasa detrás de mi espalda para tomar asiento en su mismo lugar, estiro mi pierna y suelto una carcajada cuando mi hermano caer de cara al suelo, dejando regado toda la lecha que llevaba en el tazón para desayunar.

—Basta de pelear—regaña mamá—. Alguien nuevo se muda al lado.

—Nadie en este pueblo se muda aquí, y si lo hace, apenas dura dos meses—responde Robert, el tercero de todos, tan solo es un año mayor a mí y ya está en su último año de colegio; lo que es un alivio, porque significaba que entonces se irá de casa.

—Este pueblo es una porquería—coincide Anthony mientras seca su cabello con una toalla de dudosa procedencia—. Tonta, pásame el cereal.

Ignoro a Tony y sigo comiendo mientras muevo la cabeza de un lado a otro escuchando la melodía de Should I Stay or Should I Go de The Clash en mi cabeza, lo que menos necesito es que arruinen mi primer día de clases... en un colegio que llevo encerrada desde que nací con las mismas personas que veo en el pueblo una y otra vez. Siento un golpe en mi nunca y levanto la cabeza con el entrecejo arrugado, Anthony acaba de golpearme a propósito cuando intenta tomar la caja de cereal.

—También vendrá su hermano, acabó la universidad y se quedará con nosotros hasta que tenga un trabajo.

—¿¡De verdad!? —pregunto con emoción—. ¡Genial! ¡Mejor que estar con estos patéticos!

—Es un idiota—refunfuña Robert—. No debería volver a casa de sus padres una vez se va.

—También viene de visita Stuart—agrega mamá, ignorando el comentario de Robert—. Tiene vacaciones de semestre, por lo que solo será por dos meses.

Llevo la cuchara más rápido a mi boca con las dos buenas noticias de mi madre. ¡Mis dos hermanos favoritos vuelven para quedarse por un tiempo largo! Absorbo lo último que queda cuando levanto el plato y salgo corriendo para tomar mi maleta, le doy un beso a mamá como despedida y corro como alma que lleva el diablo cuando noto que mis hermanos empiezan también a apresurarse. Cruzo el marco de la puerta de un salto y avanzo con pasos apresurados para tener la mayor distancia con ellos en lo que queda de trayecto.

Busco mis audífonos mientras permito que la primera canción aparezca en mi cabeza. There She Goes de The La’s aparece a todo volumen mientras mis pies avanzan con más velocidad al punto de correr. Observo los mismos árboles, los mismos pájaros, la misma gran piedra que siempre se encuentra en el mismo lugar cuando tomo el camino para ir a la parada de autobús. Me deslizo entre la multitud de estudiantes que también esperan el transporte escolar, a lo lejos puedo ver las figuras diminutas de mis hermanos intentando correr para llegar a tiempo y que no los dejen cuando el autobús hace su acto de presencia del otro lado opuesto en la calle. Me inclino un poco hacia adelante, nerviosa cuando una mancha rosa capta mi atención.

El rosa intenso en un cabello se mueve entre los estudiantes para acercarse al borde de la acera, mira en dirección de donde se acerca el autobús y sostiene ambas tiras de su maleta con fuerza, mueve los hombros para tratar de disipar un poco el peso. Su cabeza gira, sus ojos se posan en los míos en un contacto visual incómodo, así que desvío la mirada con un poco de vergüenza por haberle estado viendo fijamente; normalmente, las personas detestan que yo haga eso, en especial mis compañeras.

—¡Justo a tiempo, rarita!

Siento el tirón en mi maleta que me hace caer de espalda al suelo, el cabello rubio de Kara cubre el sol cuando se planta delante de mí con sus manos en cada lado de sus caderas, su sonrisa se ensancha de manera burlona, las dos chicas que siempre la acompañan—que siempre suelo confundir sus nombre al ser gemelas— están detrás de ellas como si se tratasen de sus guardaespaldas.

—Es difícil tener con que entretenerme cuando te quedas encerrada en cada para hacer tus labores domésticos como esclava—escupe en un tono burlón.

Me levanto del suelo y sacudo la tierra en mi ropa, me ha manchado la camisa... tendré que volverla a lavar, con lo que me ha costado hacer que se seque con el poco sol que sale últimamente. El claxon del autobús suena para que todos se olviden la escena, empiezan a empujar unos a otros cuando suben despavoridos por asientos que sean cómodos. La chica de cabello rosa choca su espalda conmigo cuando es empujada por un estudiante de curso menor, gira con las mejillas sonrojadas cuando me murmura un “lo lamento” silencioso.

—¡Kira, guárdanos un asiento! —exclama Robert.

Empujo a la chica y subo deprisa para encontrarme con la sorpresa que se trata de un nuevo conductor, lo que me viene más que perfecto para mí y mi nuevo plan.

—Esos dos chicos que vienen corriendo me quitaron el almuerzo—exclamo, dejando caer el mejor puchero al conductor mientras el resto de los estudiantes siguen subiendo—. No dejen que se suban, siempre me están molestando.

Avanzo por el pasillo del autobús cuando finalmente las puertas se cierran y empiezan a conducir a toda prisa, tomo asiento del lado de la ventanilla y miro por el cristal como mis hermanos se quedan afuera cuando yo les saco la lengua en señal de triunfo, me lanzan amenazas con sus manos, pero no puede importarme menos. Me deslizo en la silla y dejo que mi maleta ocupe el asiento vacío a mi lado para que nadie tenga la idea de sentarse.

El trayecto de paz dura unos pocos segundos, porque entonces, bolas de papel llenas de saliva impactan en mi cabeza de manera consecutiva, algunos se terminan por pegar a mi cabello, por lo que debo sacármelos cada tanto para que no se llene. Me hundo más en el asiento y trato de subir el volumen a la música para ignorar a Cara cuando la escucho gritar mi nombre una y otra vez; está obsesionada con la idea que las personas le presenten atención, y aunque siempre intento evitarlo, me es imposible. Se trata de Cara, nadie se puede negar a ella cuando pide las cosas con esos ojos azules y el cabello perfectamente rubio y cuidado con su olor a coco.

—¡No se levanten en el autobús mientras está en movimiento al menos que sea importante! —regaña el conductor.

Intento silenciar los gritos incluso con toda la música en alto, pero me es imposible cuando siento mi maleta caer en mi regazo con brusquedad. Cara se sienta con fuerza a mi lado e incluso en contra de mi voluntad. Fija sus grandes ojos azules en mí y tira de los auriculares para luego colocárselos ella.

—¡Son míos! —grito, intentando quitárselo.

—Música de mierda—dice de forma burlesca—. Eres lo que escuchas, ¿no es verdad?

—No siempre piensas de esa manera ¿no, Kara? —murmuro, pegando mi rostro a ella solo para molestarle.

Su piel pálida tomo un color rojizo cuando nuestras narices chocan sin querer, suelta un grito y me aparta de un empujón para tirar de los auriculares y romperlos por la fuerza... con lo que le ha costado a mamá comprármelos, vaya mierda.

—¡No te me acerques así, rara! —chilla—. No quiero que se me peguen tus tendencias raras en gustos.

Se levanta del asiento, tira un mechón de su cabello detrás de su hombro que choca en mi cara en el proceso y la escucho burlarse cuando se reúne con sus amigas. No tiene que gritar de esa forma cuando sé que no le molesta en absoluto... es una idiota. Miro por el espejo en la parte superior delante del todo el autobús que muestra los asientos traseros, Kara suelta una gran risa con su grupo de amigas para luego también mirar en la misma dirección, guiña uno de sus ojos y me hundo con más fuerza en el asiento mientras desvío la mirada con mis mejillas acaloradas; una tremenda idiota.

Bajamos del autobús para adentrarnos en el colegio, los estudiantes a mi alrededor empiezan a correr por los pasillos, y solo cuando veo a mis hermanos dirigirse en mi dirección es que empiezo a correr también antes de que puedan desquitarse; debieron tomar la bicicleta, es la única razón para que lleguen a tiempo. Esquivo a las personas mientras murmuro disculpas a cada una de ellas cuando me tropiezo, piso mi propia agujeta y caigo de cara al suelo, mi frente golpea la cerámica y el cerebro en el interior se licua con la sacudida.

Gateo entre la ola de pies para evitar que puedan verme cuando choco con unos zapatos cuyo estilo reconozco desde el jardín de infantes, las estrellas de colores en el fondo negro me animan a levantarme porque sé que es la única forma en que Anthony mantenga su lado humano al gustarle mi amiga. Levanto la mirada, solo para encontrarme con una hilera de dientes sonrientes que me han ayudado a levantarme. Arreglo la camisa cuando Anthony es el primer en detenerse y arreglar su cabello.

—¡Nos escuchaste gritar que nos guardes un asiento! —exclama Robert, pero Tony solo se queda viendo a mi amiga.

—Lo lamento, el traductor de simio a humano aún no se inventa—replico.

Robert intenta abalanzarse a mi pero Tony es quien lo detiene mientras niega con la cabeza, de repente, intenta adoptar un semblante más madura a pesar de ser yo la mayor entre los dos. Robert rueda los ojos al suponer lo que se trae y acomoda la maleta sobre el único hombro que sostiene la tira mientras se aleja a zancadas, Anthony se queda de pie con las manos en los bolsillos mientras mira a mi amiga fijamente y una gran sonrisa esperando a que ella logre saludarlo.

—Hola, Emma—murmura mi hermano.

Emma le da una sonrisa incomoda y me toma del brazo para salir corriendo de ahí, sacude su cuerpo para quitarse el escalofrío de encima como siempre hace cuando Tony está rondando. Suelta un suspiro y mira mi cabello fijamente.

—Te retocaste el cabello—exclama, como si fuese un regaño—. ¿De nuevo azul en las puntas?

—¿Y qué? Me gusta.

—Ya hablamos, nada de cambios físicos a largo plazo sin mi asesoría.

No detenemos en el casillo de Emma para recoger las cosas necesarias para la clase, y solo como a veinte casilleros más adelante, en la pared de al frente, logro ver a Cara pintándose los labios en un espejo que ha puesto en la puerta de su casillero. Observo mi reflejo por el espejo de Emma, le arrebato el labial de las manos y coloco un poco encima de los míos, ver mi reflejo es como si un completo desconocido me viese.

—¿Qué tienes? —replica, recuperando su maquillaje con fastidio.

—¿Se me ve extraña?

—Todo lo que haces es siempre extraño, Kira.

Limpio el labial con el dorso de mi mano, molesta de no poder llamar la atención sin parecer demasiado extraña. Mamá nunca tuvo dinero para gastar en maquillaje, y si por alguna razón le regalaban aunque sea un labial, no tenía el tiempo suficiente para ponerlo al tener que cuidar de cuatro simios y una hija; no fue de mucha ayuda para que me enseñe de maquillaje, y aunque haya visto videos para aprender, la teoría es completamente diferente a la práctica. Siempre quise desesperadamente sentirme encajar con el resto de las compañeras, por eso mismo, Emma es de gran ayuda en sus consejos de moda, tanto que mi manera de vestir ya no es tan... de mal gusto.

La campana vuelve a sonar, ambas nos apresuramos para ir a nuestra próxima en donde ya nos espera Frederick, otro de los tantos habitantes que siguen atrapados en el pueblo desde el día que nació, como yo; Emma solo se mudó al pueblo cuando tenía trece, así que realmente no lleva tanto tiempo en este castigo mundano.

—Linda combinación—exclama Fred al ver mi atuendo—. Funcionan las clases, unas horas más y creas otra mini tú, Emma.

—Mejor que se parezca a mí a que tenga tú mismo pensar de animal mal desarrollado.

—Sé que me amas en secreto, querida.

—Dos días más en el útero, Frederick, y salías con retraso mental.

Tomamos asiento mientras Fred intenta aguantar la risa por el comentario de Emma. La profesora entra a los pocos segundos y pide el respectivo silencio mientras espera a que todos se acomoden en sus asiento asignados al momento de la inscripción—nunca duran, porque todos terminan sentándose donde quieren para el final del año—. Guardamos silencio mientras que la profesora Alma— o como a ella le gusta que le llamemos, solo Alma—, acomoda las hojas para lo que tiene planeado para la clase de hoy; es lo único bueno que hay en la bazofia de pueblo y que sorprendentemente se sigue quedando aquí a pesar del poco sueldo que recibe.

—Tenemos una nueva estudiante—exclama Alama—. Se ha transferido este año al pueblo y estudiará un tiempo con nosotros. Pasa, por favor.

El cabello rosa chillón brilla con mas fuerza si no le pega mucho sol por alguna razón. La chica tiene los hombros tensos y se queda de pie delante de todos en el salón, nos barre con la mirada y aprieta sus labios, lleva un mechón de su corto cabello detrás de la oreja cuando le piden presentarse a los demás; está nerviosa, cualquier lo estaría si tiene que estar frente a treinta ojos mirándole fijamente mientras esperan a saber algo de ti.

—Mi nombre es Leah, tengo dieciséis... eh, ¿prefiero el perfil bajo?

Kara suelta una carcajada sin disimular cuando Leah termina de hablar, rueda los ojos y murmura a sus amigas sin siquiera fingir que en realidad no habla de ella. Observo a Leah de pies a cabeza, alguien que le gusta el perfil bajo no va por el mundo con el cabello rosa, vinchas de estrellas, una maleta estampada de unicornios y una camisa cuyo mensaje es: ¡Si no estás dispuesto a soportarme, entonces mejor ni mires mi trasero! Claro, súper delicado y perfil bajo.

—Ella necesita con urgencia una buena combinación de moda—murmura Emma—. Tal vez podemos integrarla... que pésimos zapatos lleva.

Mi vista cae en su calzado, zapatos blancos con manchas de pintura de varios colores que parecen accidente pero tampoco se digna a lavar. Antes de que pueda decirle que es mala idea, Emma ya ha levantado la mano cuando Alma termina de realizar la pregunta de quien quiere enseñarle el colegio, me he perdido tanto en su vestimenta que me he perdido de lo que han hablado. Tomo la mano de Emma para bajarla lo mas rápido que puedo antes que nos observen, y Cara es quien nos regala una de sus malas caras.

—¿Qué crees que haces? —murmuro a su lado—. ¿Estás consciente de lo que dicen de nosotros? No arrastres a la nueva a nuestro hoyo.

Emma se levanta, porque no le basta llamar la atención con solo levantar la mano y que la nueva se tenga que sentar cerca de nosotros, también le quiere ofrecer de su silla para ella ocupar la disponible detrás de ella junto a Fred. Evito levantar la mirada de mi mesa, pronto la nueva va a descubrir que realmente no es buena idea “pertenecer” a nuestro grupo, tal vez aún tiene el suficiente cerebro como para alejarse... pero no lo hace.

—Soy Leah—habla a mi lado.

En mi dirección.

Su voz tan suave y dulce se dirige a mí, tan amablemente que me empieza a llegar la culpa por tener que ignorarla. Giro con mi peor cara posible solo para darme cuenta que de cerca puedo apreciar mucho mejor su estilo de cabello y el como oculta debajo de la pintura rosa el color natural; negro, es completamente negro. Su mano está estirada en mi dirección, pero no hago un esfuerzo por tomarla, en su lugar, la barro con la mirada con intención que me vea de una manera poco amigable.

—Kira—respondo—. Soy Kira.

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