Prólogo
¿Alguna vez han sentido que hubiera sido mejor no despertar?
Yo sí.
El olor a gasolina y el sabor metálico de la sangre en mi boca se volvían más intensos. Un peso insoportable me inmovilizaba; una presión en mis piernas me impedía moverme desde el ombligo hasta los pies. Una luz cegadora se reflejaba en mis ojos. Todo pasó tan rápido, en un abrir y cerrar de ojos.
Y entre el eco de mi mente, su voz…
<<“Twan”>>
Cada vez más débil. Quiero mirar a mi alrededor, pero no la encuentro. Solo hay oscuridad. Pero su voz sigue ahí.
—Twan…
—Twan, por favor… despierta.
Si tan solo yo… no hubiera abierto los ojos.
¿Por qué no morí antes que ella?
Ahora está frente a mí, su mano temblorosa acaricia mi rostro. Sus ojos, esos ojos ámbar que tanto amé, están teñidos de rojo. Su voz se quiebra con cada intento de hablar. Veo el dolor en su mirada. Desperté… solo para verla sufrir.
Intento moverme, hacer algo, pero solo la lastimo más. Mi cuerpo se ahoga en su propio desespero. El aire en mis pulmones se vuelve innecesario.
Jai respira con dificultad. Sus párpados caen y vuelven a abrirse, como si el sueño la estuviera reclamando. Sus labios, ahora blancos, tiemblan. Gotas de sangre resbalan por su frente. Y entonces lo sé. Sé lo que va a pasar.
Y no quiero aceptarlo.
—Twan…
—¿Sí, Ai?
Mi voz se quiebra. No por el dolor en mi cuerpo, sino por el que parte mi alma en pedazos.
—¿Vendrás a buscarme?
Tomo aire. Apenas puedo hablar.
—Te buscaré en el infierno si es necesario —hago una pausa—. Tal como lo prometí.
—No me olvides, Twan…
Y con mi última fuerza, acaricio su rostro. Memorizarlo es lo único que puedo hacer.
—Te amo, Ai… No me olvides.
—Te estaré esperando… Te amo, Twan.
Cuando sus ojos se apagan, el dolor atraviesa mi pecho como mil cuchillos.
El árbol incrustado en mi cadera no se compara con esto. Nada se compara con verla partir.
El aire se vuelve más denso. Respirar es inútil.
Así que solo me queda prepararme.
No era así como imaginaba el final de nuestra historia, pero si la encontré en esta vida… también la encontraré en la próxima.
Si tan solo no hubiéramos decidido viajar de noche…
Quizá nada de esto habría pasado.
Cierro los ojos.
Espero volver a encontrar esos ojos ámbar, como el primer día en que los vi.
“Es hora de volver atrás”.