Sombras en la arena

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Sinopsis

En una ciudad desértica gobernada por la mafia, donde la magia y la tecnología conviven en un delicado equilibrio, Lyris lucha por superar la pérdida de Lux, su primer amor. Mientras lucha contra el peso del luto, Thob, un enigmático chico, se cruza en su vida, encendiendo una chispa que no esperaba. Sin embargo, el frágil equilibrio que había logrado comienza a desmoronarse cuando una mentira enterra, una traición inesperada y un secreto devastador salen a la luz. En un mundo donde las apariencias engañan y el amor puede ser tan letal como la verdad, Lyris deberá decidir si es capaz de enfrentar lo que realmente ocurrió... y quién puede ser digno de su confianza.

Genero:
Scifi/Drama
Autor/a:
Lyris
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Sombras de humo

 En esta ciudad, ya casi no había diferencia entre el día y la noche. El humo de las fábricas se aferraba al cielo como un sudario gris, ocultando las estrellas y tiñendo la luna de un color pálido y enfermo. Las luces parpadeantes de las carteleras mecánicas luchaban por llamar la atención, mientras el eco de risas borrachas y el estruendo de motores llenaban las calles hasta parecer parte del aire mismo.

 Para mí, la diferencia entre el día y la noche había dejado de existir hacía semanas.

En ambos momentos, solo sentía lo mismo: un cansancio pesado, como el óxido incrustado en las máquinas de esta ciudad. A veces tenía sueño, pero la mente no me dejaba descansar. Y otras veces quería llorar, pero incluso eso dolía demasiado. Todo porque cada pensamiento volvía siempre a él. Lux.

Lux.

Era tan fácil recordar su rostro. Tan fácil como imposible dejarlo ir.

Alto, con una presencia que atraía miradas sin esfuerzo. Mujeres, hombres… daba igual. Todos gravitaban a su alrededor. Pero no solo por su apariencia, sino por la energía que desprendía. Esa mezcla entre confianza y peligro. Amable, pero implacable.

Ahora no era nada de eso.

Ahora era solo un nombre. Un eco en mi mente.

Habían pasado semanas desde que llegó la noticia. Una misión más, una de tantas en las que desaparecía sin dejar rastro. Yo había aprendido a no preocuparme cuando eso pasaba. Era algo que hacía. Era parte de lo que era.

Hasta que dejó de serlo.

Dicen que el dolor de perder a alguien nunca es como lo imaginas. Y tienen razón. Porque nadie te advierte que puede sentirse así. Que puede ser un vacío tan oscuro que se sienta como caer en un abismo interminable.

Dicen también que lleva tiempo superarlo.

Pero ¿alguna vez se supera perder al primer amor?

Nunca había creído en esas cosas. El amor. Las parejas. Siempre lo vi como una trampa. Una mentira envuelta en promesas que terminaban en dolor. Crecí viendo cómo la gente se destrozaba por amor, cómo se desangraban por ilusiones rotas.

Por eso no estaba en mis planes enamorarme.

Pero entonces conocí a Lux.

Me arriesgué. Por primera vez, salté sin paracaídas. Y aunque no me arrepiento de haberlo amado, no puedo evitar pensar que todo esto dolería menos si simplemente hubiera esperado un poco más.

Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro tembloroso. El vapor del té frío que tenía junto a mí apenas era visible en la luz tenue de la habitación. Me senté frente al escritorio de madera vieja, junto a la ventana que daba a las calles contaminadas de luces y sombras.

Mi mano tembló al alzar la pluma, pero aun así la presioné contra el papel. Necesitaba escribir. Necesitaba desahogarme. Y solo había una persona a la que podía hablarle ahora.


Querida Pollito

,Supongo que para cuando recibas esta carta ya habrás escuchado la noticia. Lo que le sucedió a nuestro amigo sigue siendo algo que no logro procesar del todo.

Espero que los cielos que cruzas con tus alas doradas sean más puros que los de aquí, y que el viento te lleve a lugares donde las sombras no puedan alcanzarte. Te imagino sobrevolando paisajes lejanos, lejos de este rincón de humo y metal. Me consuela pensar que tú estás bien.

Por aquí todo sigue igual. Los nuevos reclutas llegaron hace poco, aunque no muchos a mi sección. A veces los observo desde lejos; parecen piezas nuevas en una máquina que nunca deja de moverse.

En lo personal, sigo esperando que todo esto sea un mal sueño. Una parte de mí se aferra a la idea de que volverá, como aquella última vez cuando todos pensábamos que algo le había pasado. Pero esta vez es diferente. Esta vez no hay vuelta atrás, ¿verdad?

Espero ansiosa tu respuesta. Tal vez, cuando nos volvamos a ver, podamos intercambiar chismes mejores que los que caben en este papel. Hasta entonces, cuídate, Pollito.

Con cariño,

                      Lys.


Cuando terminé de escribir la carta, me quedé mirando el papel. Vacía. Otra vez.

Escribir siempre había sido especial para mí, una especie de refugio. Una forma de volcar todo lo que sentía sin miedo al juicio de otros. Pero nunca, nunca había mostrado mis escritos a nadie. El temor y la vergüenza eran demasiado grandes, y además, ¿a quién le interesarían?

Eso cambió con Lux.

Con él era diferente. Su presencia me hacía sentir lo suficientemente cómoda como para abrirme, para compartir esa parte de mí que siempre había escondido. Se había vuelto casi una rutina. Le leía mis textos mientras él me observaba con esa mirada curiosa y tranquila que ahora tanto extrañaba.

Ahora escribía de nuevo, pero todo lo que salía de mi pluma era sobre él. Sobre su sonrisa, sus bromas, la manera en que podía iluminar una habitación con su presencia. Escribir me dolía, porque cada palabra era un recordatorio de que ya no estaba. Pero al mismo tiempo, dejar de escribir me hacía sentir como si lo estuviera perdiendo de nuevo.

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que las lágrimas mojaron el borde del papel. Mis sollozos eran silenciosos, pero llenos de amargura.

Un golpe suave en la puerta me sobresaltó.

“¿Quién es?” pregunté, tratando de que mi voz no traicionara mi estado. Me limpié las lágrimas apresuradamente, aunque sabía que mis ojos seguirían rojos.

“Soy yo,” respondió una voz grave desde el otro lado.

Era Thob.

Su tono siempre llevaba un dejo de tristeza, como si cargara con un peso que no podía compartir. Desde que llegó como nuevo recluta, no había interactuado mucho con él, pero algo en su forma de ser me resultaba intrigante… y aterrador.

“No comiste nada. Te traje algo,” dijo al entrar.

Sus pasos eran silenciosos, casi cautelosos, mientras dejaba una bandeja cubierta con un paño oscuro sobre la mesa. Su cabello rojizo caía en rizos desordenados, y sus ojos dorados, aunque hermosos, siempre parecían apagados, como si reflejaran un cansancio eterno.

Había algo en su presencia que me desconcertaba. Tal vez era la forma en que se movía, con esa mezcla de frialdad y gentileza. O la manera en que sus ojos parecían leer más de lo que decía.

“Gracias,” murmuré, forzando una sonrisa que no llegó a mis ojos.

Thob siempre estaba cerca de la cocina o el gimnasio. Desde el principio, solía verlo merodear en esos lugares, aunque rara vez hablábamos. Sin embargo, nuestras conversaciones habían empezado cuando me encontraba con él en la cocina, fuera del horario de comida. Era un lugar donde me escapaba a merendar cuando necesitaba un momento de tranquilidad.

Al principio, él solo me observaba en silencio mientras yo comía, pero con el tiempo comenzamos a intercambiar palabras. Nada profundo, solo comentarios casuales que me hacían sentir un poco menos sola.

Sin embargo, todo cambió cuando llegó la noticia de Lux. Mi apetito desapareció junto con él. La comida se volvió una carga que no podía obligarme a soportar.

Detestaba las miradas de lástima. Detestaba la forma en que el mundo seguía girando mientras yo sentía que estaba atrapada en un bucle de dolor. Por eso me refugiaba en mi habitación, un espacio donde podía estar sola con mis pensamientos.

Nadie me molestaba allí. Nadie excepto Thob.

A pesar de mis intentos por mantenerlo a raya, él seguía viniendo. Traía comida, cosas ligeras que sabía que podría comer sin demasiados problemas. Y aunque odiaba admitirlo, había algo en su persistencia que me hacía sentir un poco menos invisible.

Pero no le diría eso.

Miré la bandeja que había dejado y solté un suspiro. Sabía que tenía que comer algo, aunque solo fuera para evitar preocuparlo más.

"Volveré a recoger la bandeja más tarde," dijo mientras se acercaba a la puerta.

"No es necesario, la llevaré yo cuando termine," respondí, no quería que regresara y viera que no había tocado la comida que me había dejado.

Sentí su mirada desde la puerta, una vacilación en el aire, como si estuviera a punto de decir algo pero no se atreviera.

"No tienes que hacerlo sola, ¿sabes, Lys?"

Me quedé helada. Mi ceño fruncido fue casi automático, pero lo que realmente me golpeó fue cómo me llamó. Lys. Ese apodo solo lo usaban Amyl y Lux. Amyl, con su tono juguetón y Lux, con esa dulzura que solo él tenía al llamarme así.

Iba a cuestionarlo, a preguntarle por qué me había dicho eso, pero en mi mente comenzó a resonar una respuesta que me heló por completo: Eymber. Seguramente, había hablado con ella y ella le habría contado el apodo, aunque nunca me lo hubiera dicho. Después de todo, no era un nombre difícil de adivinar.

Solté un suspiro, cansada. No sabía si su comentario se refería a la comida o a algo más profundo. Pero en ese momento, no tenía ganas de hablar.

"Estaré bien." Dije sin mirarlo, volviendo a concentrarme en las hojas frente a mí. Mi pluma aún descansaba sobre la carta que había comenzado para Mars, alguien con quien no había hablado en un tiempo.

No dijo nada más, y la puerta se cerró con un leve crujido. El silencio llenó la habitación, roto solo por el zumbido constante entre las paredes. Mis pensamientos se desvanecieron, difusos, sin un rumbo claro. Todo estaba en blanco.

Para escapar de ese vacío, tomé la pluma nuevamente y comencé a escribir una carta para Mars. Esta vez, más corta que las anteriores. Le pedía disculpas por no haberle escrito, le preguntaba cómo estaba, y le contaba un par de cosas de aquí, sin mucho ánimo en mis palabras.

Era extraño escribirle tan poco, especialmente cuando mi amistad con él era mucho más antigua que la que tenía con Amyl. Con Mars había compartido más de una parte de mi vida, y ahora parecía que todo se desmoronaba por mi culpa, por no hacer nada. Solo esperaba, en lo más profundo de mi ser, que no me quedara completamente sola por mis propios errores.