La Alumna

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Sinopsis

Julia, una estudiante del último curso, termina involucrada con un profesor que sacude su forma de ver las cosas.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
MisRelatos
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capitulo I

Eligió una tanga, pequeña, blanca. Era lo que consideraba más provocativo de su guardarropa.

Una chica normal, no tenía la experiencia para usar su sexualidad como un elemento a su favor, las sutilezas de lo erótico. Pero si era práctica y decidida, y por eso, mirándose frente al espejo, ajustando la pequeña tanga y dándole el efecto que esperaba, se sentía satisfecha. La tira trasera se enterraba casi completa entre sus nalgas y cuando se inclinaba levemente y se giraba para mirarse, podía notar como sus labios quedaban marcados en la suave tela. Suficiente… No iba a perder más tiempo con eso, el sostén llevo más tiempo, después de probar un par, decidió que sus pequeños pechos bien podían prescindir de el, y que sus pezones soporten el roce de la tela de la camisa que los ponía duros y los marcaba un poco a través de la tela.

Terminó de vestirse, la falda más corta de lo que la llevaba normalmente, la camisa ajustada, una pequeña corbata completaba el uniforme. “No va a volver a llamarme niña”, piensa mientras agarra la bolsa de sus cuadernos para ir a clases ese día.

Todo había comenzado unos meses antes, cuando al comenzar el año escolar habían jubilado al viejo profesor de historia y presentado al nuevo. Un maduro enérgico y con cierto humor irónico que lograba llamar la atención y hacer más entretenidas sus clases. Aunque nunca prestaba especial atención a ninguna de las alumnas, ella comenzó primero a pensar en el, más tarde a soñarlo.

Y con los sueños llegaron los días de despertar con el pijama desacomodado y la braga mojada, necesitando una buena ducha antes de ir a clases al día siguiente.

Aunque había preparado cuidadosamente su aspecto, y estaba segura de que podía atraer la atención de cualquiera como confirmo caminando por la calle y notando las miradas girarse hacia ella, una vez en la clase no tenía idea como lograr que el profesor la mire.

No le importaban otras miradas, era algo personal. Una mezcla de enojo por lo que le provocaba (mezclado con algo de pena de recordar esa última corrida estando totalmente despierta y consciente de lo que hacía) y otro poco de necesidad de que sea vista como algo más que una niña.

El profesor tenía una forma de hablar que la transportaba, pero también la intimidaba, el señor Bresson, Erick Bresson, por lo que había podido averiguar; era discreta haciéndolo y se sentía una stalker profesional, era profesor universitario y había aceptado el cargo como un favor al viejo profesor que conocía de sus días de estudiante, pero también corrían rumores de que era la última oportunidad que le dieron como castigo por tener mal comportamiento en otros colegios prestigiosos, como sea, no era un tipo común, y llamaba la atención de mas de una de las alumnas del último año del colegio de señoritas al que asistía Julia. En un colegio normal ya estaría cursando el primer año de una carrera universitaria, pero ese colegio tenia un año extra, en contraparte, se evitaba los exámenes de ingreso de la universidad, varias asignaturas del primer año, y por supuesto, ingresar casi como una alumna vip. No había sido su elección, sus padres eligieron ese colegio, y habrían elegido su carrera también si estaba en sus manos, julia a veces sentía que a sus diecinueve años nunca había visto el mundo a su alrededor o tenido una responsabilidad real mas que estudiar, y tener buenos modales.

La clase anterior fue la que sacudió por entero su ser, quizás sí era una niña mimada a pesar de su edad, y quizás es lo hizo que sus fantasías nocturnas con el señor Bresson pasen a primer plano. Se había sacado nueve (9) en un ensayo que le llevo días terminar, y al ver la nota se levantó y lo cuestiono, -Esperaba más de una alumna con uno de los mejores promedios del colegio, es un ensayo frio y aburrido que solo me describe las motivaciones de cada grupo ideológico en la revolución francesa, pero no sé lo que piensa usted, no me dice quien tenía razón para usted. -los ojos del profesor se clavan en los suyos por un segundo y julia piensa que con un segundo más puede largarse a llorar. -Pero todos los datos están correctos. -responde con un hilo de voz y bajando la mirada. -La historia no es solo datos correctos, también es tener pasión por lo que esta contado, y poder pelear para defenderlo… no se comporte como una niña, levántese y pelee por ese diez (10) que quiere…- Julia no sabía qué hacer, ¿acercarse y discutir por que le mejoren la nota? Después de unos segundos solo se disculpa y se sienta. Sin embargo, al terminar la clase y antes de que salga del aula la llama, y ella se acerca algo avergonzada -la felicito, niñita, es la única que logro un nueve, toda la clase apenas llego a un siete… sin embargo, espero que eso mejore, y que participe más en clases.

La había vuelto a llamar niña, incluso niñita… la vergüenza de julia se transforma en ira, la ira que ese día la llevaba dispuesta a dar una batalla totalmente diferente de lo que esperaba, también iba a demostrarle que sí era la mejor alumna que nunca había tenido, pero, sobre todo, nunca más iba a pensar en ella como una niña.

Aprovechando que llegó temprano, y que había faltado una compañera, logró tomar una silla del frente, un poco hacia la izquierda de la pizarra, pero tendría que alcanzar para su propósito.

El profesor entró como siempre y después de un rápido saludo a toda la clase comenzó con su exposición. Ella sentada con la espalda recta para que sus pechos sean más visibles, las piernas cruzadas, y buscando cualquier oportunidad para cruzar miradas… Pero sin lograr más que eso. En vez de lograr excitar al profesor, se estaba excitando ella, mordía sus labios, presionaba imperceptiblemente sus piernas. Nunca llegaría a saber qué es lo que la impulsó, si la calentura o una curiosidad que no sabía que tenía por la historia, pero interrumpió al profesor con una pregunta. Todos la miraban, todos, pero principalmente el profesor. Sus ojos penetrantes clavados en los suyos, con una expresión de “te veo… sigue” y desde ese momento, la mirada del profesor se detenía en ella cada vez que pasaba la vista por toda la clase, en una especie de complicidad que le llegaba hasta el pubis, animándola a hablar cada vez más.