No sabíamos nada (Libro 1): Rumbo a Galatea

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Sinopsis

Una noche divertida, un par de copas de más y un nombre falso. ¿Qué podría salir mal? Eso fue lo que pensó Tori Fields antes de firmar su contrato y ser transferida a su nuevo equipo de hockey. Todo iba sobre ruedas hasta que se dio cuenta de que aquella noche de diversión se cruzó con el mayor rival de su equipo. Secuela: Talk To Me

Genero:
Romance
Autor/a:
Autumn
Estado:
Completado
Capítulos:
52
Rating
5.0 14 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo- Una noche

Tori

Buscaba una distracción y algo de liberación después de que mi pareja de tres años rompiera nuestro compromiso y se fuera con una rubia tonta que conoció por internet. En cuanto vi a ese hombretón moreno de casi dos metros, supe que era lo que quería para una noche de diversión; especialmente con su barba de un par de días y su cuerpo musculoso. No tardamos mucho en llegar a una habitación de hotel y, bueno, de ahí ya te puedes imaginar qué pasó.

Jadeando, mis manos vuelan hacia sus hombros y clavo mis dedos en ellos. Siento cómo da estocadas profundas con cada movimiento. “¡¡Oh!! ¡¡Sí!! ¡¡Por favor!! ¡¡Joder!!”, grito mientras el placer intenso amenaza con superarme.

“Eso es, nena. Recíbelo todo en ese coño tan apretado. Esto es lo que dijiste que necesitabas, ¿verdad? Un buen polvo de un hombre de verdad, ¿no? ¿No de un niñato?”, gruñe contra mi oído, mordisqueando el borde.

“¡¡Oh, joder!! ¡¡Sí, mierda!! ¡¡Sí!! ¡¡Más fuerte!!”, grito al sentir que me precipito hacia un tercer orgasmo mientras él sigue embistiéndome sin piedad.

“Sí, joder, eso es, nena. Córrete para mí. Córrete por toda esta polla”. Su voz me arranca otro orgasmo casi al instante, mientras siento que su cuerpo se tensa, sus embestidas se vuelven irregulares y sus manos aprietan mis muslos.

“Oh, joder… ¡Joder! ¿Dónde quieres que me corra, nena?”, gime. “Estoy muy cerca”.

Rápidamente me incorporo y cierro mis labios alrededor de la cabeza de su polla justo cuando el chorro caliente de su eyaculación se dispara por el fondo de mi garganta. Siento cómo agarra mi pelo con el puño mientras muevo la cabeza un par de veces, asegurándome de dejarlo vacío mientras sus gemidos llenan la habitación. “Joder, tu boca se siente casi tan bien como tu coño, nena”, jadea, dejando caer la cabeza contra la cama mientras respira con dificultad.

Lo miro sonriendo y me lamo los labios. “Gracias. De verdad necesitaba esto”.

“No, nena, soy yo quien debería darte las gracias”. Me sonríe, siguiendo mis movimientos con la mirada. “Oye Jess, ¿quieres que pida algo de comer a la habitación?”.

“No, gracias”. Empiezo a recoger mi ropa y me dirijo al baño, donde me visto rápidamente. Al salir, veo al hombre, cuyo nombre ni siquiera recordaba, apoyado en el cabecero de la cama mientras cambia los canales de la tele.

“¡Ha sido divertido!”. Dicho esto, agarro mi bolso y me dirijo hacia la puerta.

“Espera, ¿qué? ¿En serio? Pensaba que se suponía que los tíos eran los que salían corriendo después de follar. ¿Necesitas que te lleve a casa?”, pregunta, frunciendo el ceño mientras me observa y se levanta de la cama.

Tengo que apartar la vista de su cuerpo cincelado mientras sus músculos se tensan con cada movimiento; sus vaqueros desgastados cuelgan bajos sobre sus caderas tonificadas. Dejan ver una ligera línea de vello justo donde la forma en V desaparece bajo la cintura del pantalón. Mierda, tenía un cuerpo perfecto y era increíble en la cama. Ojalá hubiera podido dejar que su boca me adorara también. Apostaría a que sus labios y su lengua eran tan asombrosos como su polla…

Sacudo la cabeza, lo miro a los ojos, suspiro y sonrío. “No, gracias. Estoy bien. De verdad”.


A la mañana siguiente estoy sentada en una oficina, asintiendo con la cabeza mientras solo escucho a medias a los hombres que dirigen la reunión. Ya sabía que me iban a trasladar aquí. Sabía que esto era solo un trámite a estas alturas. Conocía mi sueldo. Lo sabía todo. La verdad es que me importaba poco lo que tuvieran que decirme.

Solo necesitaba firmar el papeleo y estaría lista. Pronto sería oficialmente miembro de los ‘Frozen Pucks’ y nuestro primer partido sería contra los ‘Penalty Killers’. Sentí un subidón de emoción al pensar en ponerme mi nueva camiseta y salir al hielo.

La anticipación de enfrentarme a nuestros rivales alimentaba mi determinación para demostrar lo que valgo desde el principio. Sabía que a la mayoría de mi equipo probablemente no le hacía mucha gracia la idea de que una mujer se uniera a ellos, y pensaba demostrarles mi valía en la pista.