Linaje Esmeralda |Emerald Linage

Sinopsis

La Ilustre y Orgullosa Casa de los Malfoy había logrado engendrar dos hijos -y de una sola vez-, resultando así en el nacimiento de sus dos herederos Hydrae y Draco Malfoy. Desde su tierna infancia, su madre Narcissa Malfoy, se dio a la tarea de redactar una larga lista de prospectos adecuados para ser el esposo y esposa de los hermanos mellizos Malfoy. Sin embargo, todos tenían algún defecto imperdonable como su gula, familiares irreverentes, genes poco agraciados... Ante la escasez de buenos pretendientes, sus padres toman la decisión de apelar a las más viejas tradiciones mágicas. Llevan a cabo un ritual vinculante mágico entre sus hijos para que se comprometan en matrimonio y así aseguren la supervivencia de la estirpe pura. Pero los señores Malfoy no previnieron que sus hijos fueran seres independientes y pensantes, por lo que cuando Harry Potter, la sangre sucia y los traidores de sangre entran en el acto, todo el futuro que organizaron para sus hijos comienza a desmoronarse desde las sombras. Ó Un fanfiction donde se celebra el incesto y las relaciones abiertas. Triángulo amoroso entre Hydrae, Draco y Harry. El límite a esto es el cielo. También incesto Black.

Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Nadie es tan bueno para un Malfoy

La Ilustre y Orgullosa Casa Malfoy se puso en pie hacía más de cien años, ubicada en el en el condado de Wiltshere, había albergado a las múltiples generaciones de señores Malfoy a sus descendientes. Habían vigilado cuidadosamente las viejas tradiciones y costumbres, siempre cuidando los modos y su propio beneficio. Transmitiendo sus usanzas de padres a hijos.

Muchos de los padres de familia de aquellas numerosas generaciones, se jactaban de haber hecho buenos matrimonios para sus hijos varones y hembras. Dando a sus hijos matrimonios con hijas de buenas familias mágicas que también observaban las tradiciones, y dando a sus hijas a familias igualmente nobles. Los apellidos más resonantes entre las líneas de vínculos matrimoniales eran Rosier, Greeangrass, Black, Lestrange y algunas otras igual de notables y juiciosas.

Los patriarcas de la familia Malfoy debían asegurarse de tener al menos un hijo varón que continuara su apellido para no caer en el olvido como sucedió con el apellido de Slytherin. Pero no se trataba sólo de reproducirse, todo era una decisión guiada por la codicia, estrategia, poder político y social.

Pero seguir estas costumbres, habían terminado por casi extinguir la línea. Lucius Malfoy había sido el único varón dado a luz por Grace, de soltera Rosier, dentro de su matrimonio con Abraxas Malfoy. Un hombre desagradable y desapegado de su familia que con mucho esfuerzo pudo preñar a su mujer de un hijo. Sin embargo, eso era lo apropiado, era el deber. Habían sido un matrimonio arreglado por sus padres, igual que las demás personas que conocían.

Había sido una verdadera suerte, según diría Lucius Malfoy años después, el que sus padres arreglaran su vínculo con la bruja sangre pura más encantadora: Narcissa Black, de la Noble y Ancestral Casa Black. Y por supuesto, nadie mencionó que la madre de Lucius, Grace Rosier y Druella Rosier, madre de Narcissa, eran primas hermanas. Un matrimonio entre primos, por supuesto, nadie en el círculo de los Malfoy y Black hablaría al respecto ni le dedicaría más de un pensamiento, porque el matrimonio entre familiares cercanos era una tradición que no se discutía, lo era y punto.

La insistencia de las grandes familias purasangre habían resultado en su decline en nacimientos, la desaparición de familias completas. Haciendo necesaria cada vez más la decisión de matrimonios arreglados entre familias cada vez más cercanas, resultando en vínculos endogámicos. Familias como los Rosier, Ollivander y Balck, familias decentes, estaban prácticamente extintas.

Afortunadamente, Lucius y Narcissa Malfoy habían sido bendecidos con el nacimiento de dos herederos, un niño y una niña, y de una sola vez. Eran dos pequeños bebés mellizos con características tiernas de los neonatos que no podías distinguir si venían del lado Black o Malfoy. Lucius y Narcissa aparecieron en el periódico encabezando los titulares sociales respecto al nacimiento de su hija primogénita y su heredero varón. Podías ver en la fotografía las sonrisas orgullosas de ambos padres, mientras Narcissa sostenía a los dos infantes. Con el favor de su esposo y siguiendo las tradiciones Black, Narcissa nombró a su hijo heredero como la constelación del dragón, siendo su nombre Draco Lucius, y; su hija primogénita, por sólo unos minutos, siendo nombrada por la constelación de la hidra, llamándola Hydrae (en su forma de genitivo), Hydrae Ella, en honor a Druella, la abuela de la recién nacida. Draco e Hydrae crecieron colmados de amor, regalos, mimos y malcriadez de parte de su madre principalmente, pero buena porción de su padre también.

Conforme crecían sus rasgos fueron cada vez más claros y marcados, ambos compartían los rasgos aristocráticos y cuidados de las familias Black y Malfoy, los cabellos platinados, ojos serpentinos de plata y la piel blanca nacarada. Pero mientras la mirada de Draco era dura y altiva, la de Hydrae permaneció cortés pero astuta.

La convivencia de ambos hermanos era cercana, ambos eran compañeros de juego y estudio. Ocasionalmente Pansy Parkinson, Daphne y Astoria Greengreass, visitaban a Hydrae. Narcissa decía que era necesario que las niñas dentro de su mismo círculo fueran forjando una amistad con su hija, además que entre todas debían pulir su comportamiento para el momento en que fueran presentadas ante la sociedad mágica. Una vez que entraran en edad de cortejo, era primordial hacerle a su querida hija un matrimonio bien posicionado con el hijo de alguna casa señorial como la suya.

Por su lado, Draco era visitado por Theodore Nott, Vincent Crabbe, Gregory Goyle, Blaise Zabini, pues su madre consideraba que un hombre debía convivir con otros hombres para forjar su carácter y en vista de que Draco no tenía primos apropiado como ella los había tenido a su edad, pues debía amistarse con otras familias apropiadas.

Cuando ambos hijos cumplieron diez años y comenzó su adolescencia temprana, Narcissa se dio a la tarea de buscar chicos adecuados para ir formando una lista adecuada para los probables futuros esposos de sus hijos. Una larga lista inicial fue acortándose con el pasar de los días y los nombres se fueron borrando.

—Demasiado holgazán, poco agraciado, perdieron su fortuna en un mal negocio, dientes horribles, familia poco agraciada… —iba descalificando a los prospectos.

En una acalorada discusión con su marido, él sentenció:

—Cissy, jamás encontrarás al prospecto perfecto, nadie es tan bueno para un Malfoy —dijo con arrogancia.

La señora Malfoy, en un ataque de poca clase, bufó.

—Te recuerdo que la Noble y Ancestral Casa Black es una casa muy distinguida, igual o mayor que la Ilustre y Orgullosa Casa Malfoy —sentenció sonrojada por su molestia.

Su marido le sonrió con gentileza.

—Amor mío, la Casa Black está extinta, es imposible casar a mis hijos con un Black —tomó su mano—. Así que no debes rendirte en esta búsqueda. Cada vez es más difícil encontrar un buen prospecto, incluso una buena amistad.

Narcissa siguió concentrada en su lista. Nadie era lo suficiente para su heredero ni para su primogénita. Cómo pretendían esas familias que ella les entregara a sus mayores tesoros y los diera en matrimonio con sus insuficientes hijos. Después de un doloroso suspiró se levantó de su sillón donde tomaba el té junto a su marido y se asomó por uno de los ventanales que daban la vista hacia el jardín donde sus niños ya crecidos retozaban. Su hija mayor pintaba uno de sus pavorreales y su hijo heredero leía un libro a unos pasos de su hermana. Observó a su hija girar la vista a su hermano y pareció llamarlo pues el menor volteó su atención a ella. El varón asintió en su dirección y se acercó a ella para discutir algo sobre la pintura.

No cabía duda que ambos eran impecables, dos niños de fina cuna a los que consideraba que nadie merecía. Nadie. Excepto, tal vez, ellos mismos. Narcissa siguió ese hilo de pensamiento. Redirigió su mirada a su esposo, aún sentado en el mismo sitio, él y ella eran primos hermanos.

Un matrimonio entre hermanos era poco común pero no era impensable, conocía muchas familias que por diversas situaciones habían recurrido a la endogamia, incluso los grandes monarcas de la historia lo habían practicado. Después, una reflexión la horrorizó: una de las casas que una vez fue importante, desembocó en la miseria y nacimientos horrorosos debido al matrimonio entre parientes cercanos. Sin embargo, despejó ese pensamiento al pensar en las pociones que ella misma bebió antes de ser desposada por Lucius con el objetivo de evitar esos desastres de linaje. Miró a sus hijos nuevamente. , lucían bien juntos; pensó.

Se volvió a su esposo, quien estaba totalmente ajeno a sus ideas sobre el futuro de su estirpe.

—Esposo, tengo un arreglo en mente para nuestro hijos —llamó su atención—. La solución es volver a las tradiciones viejas y ancestrales. Es como tú lo dijiste: Nadie es tan bueno para un Malfoy, como un Malfoy mismo.

***

Un mes antes de ingresar al Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería, los señores Malfoy llevan sus dos hijos al Callejón Diagon para comprar lo mejor entre los materiales, libros y ropa que necesitarían para iniciar las clases en Otoño. En un principio discutieron si lo mejor sería enviar a sus hijos al Instituto Durmstrang, pero Narcissa consideró que no era lo adecuado para que su hija se formara como la dama de sociedad que ella esperaba. La otra opción fue Beauxbatons, pero el señor Malfoy se negó a enviar a su hijo varón a esa escuela. Consideraron por un momento enviarlos a diferentes escuelas, podría incluso ayudar a que los hermanos se extrañaran, y entonces la idea del compromiso fuera más sencilla para ambos hijos, quienes aún no tenían idea de los planes que sus padres habían hecho sobre sus vidas.

Pero tras mucha consideración, creyeron que mantener tanto tiempo a los hermanos lejos no sería tan buena idea, además, Lucius y Narcissa se enamoraron a primera vista mientras estudiaban en Hogwarts. Aunque eran primos, sus madres se habían enemistado por una vieja rencilla familiar, que luego de resolver, arreglaron el matrimonio entre los dos muchachos apenas de dieciséis años. Así que Narcissa creyó que la proximidad de los hermanos ayudaría también a ahuyentar a pretendientes indeseados. Por supuesto, estaban contando con que Draco velara por el bienestar de la pureza de su hermana.

—Vayan por su varita y por sus túnicas, los veré en la librería, mis niños —les sonrió amorosamente su madre—. Enviaremos a su adorado padre por el resto de los insumos.

Su padre sólo los miró con orgullo y se fue acompañando a su madre.

Ambos niños se tomaron de las manos y caminaron entre el gentío que se arremolinaba alrededor de las tiendas de artículos mágicos, quiddintch, y demás. Hydrae jaló de su hermano cuando él quiso detenerse a ver los nuevos productos en el escaparate de la tienda de quidditnch. No estaba en el plan que su madre ordenó. Su primera parada fue en la Tienda de Varitas de Ollivander. Ambos niños se encontraban emocionados, Garrick Ollivander les vendería su primera varita.

Al ver al hombre, Draco pensó que parecía un lunático y lució muy decepcionado, pero se recuperó cuando Ollivander le pasó a las manos su primera prueba de varita, la que tiró un escaparate lleno de cajas. No fue hasta el tercer intento que acertó con una varita de veinticinco centímetros de largo, flexible, madera de espino y núcleo de pelo de unicornio.

Después puso la mirada en la otra melliza. La miró dubitativo y emprendió la carrera hacia la parte interna de la tienda, regresando con una varita que dejó con sumo cuidado en la palma de Hydrae. La reacción de la varita fue la adecuada, a la primera, lo que dejó a la niña emocionada. Ollivander sonrió complacido.

—Interesante. Varita de veinticinco centímetros, flexible, madera de espino pero… núcleo de corazón de dragón —se rió para sí mismo—. Es idéntica a la de su hermano mellizo, pero su núcleo no es el mismo.

Hydrae y Draco se miraron sin comprender lo que el hombre trataba de decir, pero igualmente ella sonrió por compromiso y su hermano pagó por las compras. Posteriormente, acudieron a Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones para comprar las túnicas que su madre ordenó.

—Adelante niños, los atenderé de inmediato —sonrió la bruja acaparando a Draco.

Mientras Madame Malkin media y ajustaba la ropa de Draco, Hydrae miró por ahí entre las diferentes túnicas de gala que poseía la tienda, algunas elegantes, otras le parecieron ridículas. Pronto escuchó a su hermano conversar con alguien, curiosa buscó a la otra persona, tal vez sus padres habían llegado a encontrarlos. En vez de eso, observó a un niño delgado, con una ropa gastada que no correspondía a su talla, se preguntó si nadie le ayudaba a escoger su ropa. Tenía unas redondas gafas negras, pero detrás de ellas alcanzó a apreciar unos ojos verdes intensos que veían a su hermano con cansancio y molestia, no le gustó la manera en que respondía hacia su querido hermano.

—Bueno, nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Te imaginas estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no te parece? —seguía hablando su hermano sin parar cuando ella comenzó a acercarse.

El niño delgaducho volteó su mirada en busca de algo más interesante. Fue cuando captó los ojos plata de Hydrae, quien lo observó con la nariz respingada en indiferencia.

— ¿Terminaste, Draco? —preguntó a su hermano.

Draco la miró con aburrimiento negando. Pronto la mueca desinteresada de Draco se volvió de desagrado.

— ¡Oye, mira a ese hombre! —dijo señalando hacia la vidriera de delante que daba al exterior.

Un hombre gigante se asomaba desde fuera. Hydrae palideció del susto.

—Ése es Hagrid —respondió el niño con reconocimiento en su voz—. Trabaja en Hogwarts.

Draco asintió y respondió con suficiencia:

—Oh —dijo el muchacho—, he oído hablar de él. Es una especie de sirviente, ¿no?

—Es el guardabosques —replicó con molestia el chico

Draco pronunció aún más su desagrado.

—Sí, claro. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama —Hydrae se acercó a su hermano para darle un pellizco, a veces abría la boca de más, no era un comportamiento apropiado para un Malfoy.

—Yo creo que es estupendo —respondió con frialdad el otro interlocutor.

— ¿Eso crees? —preguntó su hermano en tono burlón—. ¿Por qué está aquí contigo? ¿Dónde están tus padres?

—Están muertos —respondió en pocas palabras el jovencito con indiferencia.

Por fin, Hydrae le dio un pellizco a su hermano en el chamorro. Se sintió mal por el niño, tan pequeño y sin padres, ¿quién lo arropaba en las noches entonces? ¿El gigante de afuera? Lo dudaba.

—Oh, lo siento —replicó su hermano echándole una mirada hastiada por el pellizco aunque no pareció que le importara realmente—. Pero eran de nuestra clase, ¿no?

Hydrae aguardó expectante, era importante saber el origen de cada persona, no podían compartir una charla con alguien inferior, había dicho su padre.

Madame Malkin entró interrumpiendo la charla afortunadamente, no sabía qué tipo de persona era ese chico extraño:

—Ya está listo lo tuyo, guapo —le entregó un paquete de túnicas en las manos.

Después de pagar, el chico salió casi corriendo y se fue acompañado del hombre barbón. Mientras Madame Malkin le tomaba las medidas a ella, pensó que nunca había conocido en toda su vida a un niño o adulto tan extraño como aquel adolescente, de cierta manera le recordaba a los elfos domésticos de su casa.

***

Draco entró emocionado en el compartimento que estaba compartiendo con Pansy y Daphne. Venía con Crabbe y Goyle detrás.

— ¿Lo has oído? Harry Potter está en uno de los vagones —le dijo a su hermana con emoción contenida—. ¿Quieres venir conmigo a conocerlo?

Su hermana negó aunque debió admitirse que le daba curiosidad saber cómo lucía el salvador del mundo mágico. Draco desapareció por la puerta. Sin embargo, cuando regresó tenía en el rostro una marcada molestia e irritación que su hermana supo que quería llorar. Draco se sentó junto a ella y no habló el resto del camino.

***

—Malfoy, Draco Lucius.

Hydrae miró a su hermano subir muy recto los escalones hacia el sombrero seleccionador, ni siquiera habían terminado de poner el sombrero en su cabeza cuando el sombrero gritó alto y fuerte: ¡Slytherin!

Tras un vitoreo debido de parte de Slytherin, la ceremonia procedió.

—Malfoy, Hydrae Malfoy —llamó la profesora McGonagall.

Subió con calma los escalones pero con menos seguridad que su hermano. Se acomodó en el taburete y le fue colocado el sombrero seleccionador. Una voz como un susurro en su oreja le habló:

—Mi elección seria normalmente Slytherin para ti, pero noto algunas cosas revueltas en tu mente —comentó mientras hacía ruiditos extraños—. Me plantearía Gryffindor…

— ¡No! —susurró con exaltación—. Todo menos Gryffindor… o Hufflepuff, incluso podría ser Ravenclaw, pero por favor, no Gryffindor —rogó.

—Definitivamente no te enviaré a Hufflepuff ni Ravenclaw, y en vista de que no deseas bajo ningún motivo ir a Gryffindor... ¡Slytherin! —gritó ante la audiencia que aplaudió.

Hydrae se permitió respirar y bajó en busca de su hermano que ya le guardaba un lugar seguro que ella lo acompañaría. Él tenía un rostro ceñudo.

— ¿Por qué tardaste tanto? —le cuestionó en reproche y dudas.

Hydrae disimuló.

—Tuvo un momento de duda entre Ravenclaw y Slytherin —mintió.

Su hermano asintió poco convencido.

—Tomó la decisión correcta, debes estar en Slytherin conmigo —añadió al final.

Hydrae asintió hacia él.

***

Con el pasar de las semanas, la brecha entre Potter y Draco no hizo más que ensancharse. Hydrae sabía que su hermano no era una persona fácil de tratar, incluso sus mismos amigos lo sabían, pero según Draco ese Potter no se quedaba atrás, era un grosero e irrespetuoso y Hydrae le creía a su hermano, por supuesto, incluso causó que Draco recibiera un castigo del que su padre se enteró, por supuesto. Aun así trataba de mantener a su hermano a raya, y casi siempre lograba hacerlo, salvo aquella ocasión donde su hermano lanzó la recordadora de un tímido chico de Gryffindor, Longbotton. Y un par de ocasiones que ella recordaba. Pero su hermano le dijo que eran venganzas por rencillas pasadas, le creyó un poco, no creía que ese chico Longbotton fuera capaz de hacer daño a alguien, sólo era un peligro para sí mismo en pociones.

Pero su hermano era tan amable y considerado con ella que no creía que pudiera hacer gran daño fuera de esas afrentas constantes con Potter. Cuando estaba leyendo en la sala común de Slytherin o haciendo sus tareas en la biblioteca, totalmente concentrado y apacible, parecía un ángel. A Hydrae le gustaba contemplarlo en ocasiones.

***

Durante el segundo año en Hogwarts las cosas se enloquecieron bastante. Algo estaba tratando de asesinar a los nacidos de muggles. Hydrae se preguntó quién haría semejante locura. Sí, ella sabía que los sangrespuras eran muy superiores y potencialmente más mágicos, como sus padres se lo habían indicado siempre, pero no había razón para hacerles daño, todos estaban cohabitando y estudiando en Hogwarts sin hacer daño a alguien. Hydrae se sintió muy mal por todos esos chicos nacidos de muggles, tenían una cara temerosa y nerviosa todo el tiempo, ¿cómo alguien podía concentrarse en los estudios con una inminente amenaza de muerte? Ella creyó que no era justo.

Draco se volvió muy amoroso por aquel entonces, necesitando constantes abrazos y mimos, siempre tocando las manos de Hydrae, su espalda y sus mejillas, ella creyó que extrañaba su vida antes de Hogwarts y el mucho tiempo que pasaban juntos, así que se lo permitió, aunque realmente, se lo habría permitido de todas formas.

Para su sorpresa, Harry Potter se enfrentó al basilisco causante de todos aquellos chicos petrificados, incluso la mejor amiga del chico que vivió, Hermione Granger, había sido petrificada. Hydrae creyó que aquello era una afrenta personal de Potter contra el monstruo por haber herido a su amiga, le pareció muy leal y adecuado de su parte. Por supuesto, Draco se enojaría con ella por haber expresado sus ideas ante sus compañeros de casa y la calificaría de inocente, inexperta y crédula frente a ellos. Aunque posteriormente se disculparía con ella y le pediría un abrazo cuando estaban solos. Ella no le guardó rencor, incluso besó su mejilla.

***

Durante las vacaciones de su segundo año y a punto de iniciar el tercero, con trece años cumplidos, los señores Malfoy avisan a sus hijos que tendrán una cena especial, que se vistan como si fueran a recibir invitados, pues les comunicarán una noticia que cambiará su vida por completo.

Hydrae, obediente y casta como siempre, usa el vestido azul que su madre le compró para la ocasión. Incluso su madre va a su habitación y le ayuda a prepararse. La maquilla un poco y le obsequia un par de joyas que pertenecieron a los Black, para que sean usadas esa noche. Cuando Hydrae se mira al espejo ve el reflejo de una chica más mayor, no le desagrada pero se siente otra persona. Se pregunta qué tipo de noticia será.

Durante la cena sólo se escucha el choque de cubiertos contra la fina vajilla, no hay conversación, como normalmente suele ser. Mira a su hermano, come con desinterés. Se ha hecho mayor y comienza a verse cada vez más como un hombre. Luce muy guapo en su traje negro formal, a él le han obsequiado un anillo familiar, el de heredero.

Finalmente, los elfos retiran los platos. Y es cuando la odisea comenzó. Su padre tomó la palabra:

—Hijos míos, los hemos criado bajo la más estricta educación, observando las viejas tradiciones mágica y cubriéndolos con el manto de la abundancia —comenzó—. Pero su carrera por la grandeza apenas comienza. Desde que tenían diez años, su madre y yo, hemos buscado las mejores opciones para hacerles buenos matrimonios.

Miró a Draco alarmada pero él ya la miraba con ojos ilegibles.

—Como saben, nuestro mayor deber es perpetuar la estirpe Malfoy —continuó. La madre tenía una sonrisa en su cara—. Pero deben ser matrimonio bien logrados, con gente igual a nosotros.

No quería seguir escuchando. Sabía que ese momento llegaría, un matrimonio por conveniencia; pensó.

—Sin embargo, cada uno de los posibles pretendientes fue descartado de una u otra manera —cuando dijo esa frase soltó el aire que estaba conteniendo. Tal vez, dirían que se habían rendido en la búsqueda—. Es entonces que recordamos una de las más nobles y viejas tradiciones: el matrimonio entre hermanos.

Creía no haber escuchado bien pero estaba demasiado enmudecida para objetar.

—Esta es una noche especial, vamos a…

—No lo haré —interrumpió la suave voz de Draco.

Hydrae lo miró, estaba pálido y en su voz identificó el miedo pero aun así e había puesto de pie.

—No voy a desposar a mi propia hermana —repitió con la misma voz.

El gesto de ambos padres se resquebrajó.

—Draco, sé que puede parecer extraño, ustedes han nacido en otra generación pero es algo muy normal… —comenzó su madre con nerviosismo.

—De ninguna manera, no voy a obligar a mi hermana a que se case conmigo…

El señor Malfoy se levantó de un salto y en un par de pasos estaba frente a él. Golpeó la mejilla de Draco con el dorso de su mano, tan fuerte que hizo que su cabeza se girara en el sentido del golpe y el sonio de choque resonó por la habitación. Hydrae se puso de pie de inmediato conmocionada, su padre jamás les había aplicado castigos corporales, más bien, su hijo heredero era un tesoro intocable.

—No volverás a interrumpir a tu madre jamás, Draco —sentenció con peligro y advertencia en su voz—. Es una tradición familiar que los padres arreglen los compromisos de sus hijos. Harás el juramento mágico de vinculación en promesa de matrimonio con tu hermana y es la última palabra, o tendré que hacer que tu madre dé a luz a otro heredero Malfoy. No tienes derecho a alimentos ni a salir de tu habitación hasta que recobres la razón.

Dicho esto salió del salón con su esposa detrás. Hydrae se mantuvo pegada al suelo y con la mirada clavada en la copa de vino a medio terminar de su padre. Habían pasado tantas cosas en un par de minutos. Se atrevió a mirar a su hermano, tenía la mejilla roja e hinchada por el golpe. En su rostro reflejó la ira y frustración.

— ¿Estás bien, hermano? —preguntó Hydrae.

Draco giró a verla con una expresión en blanco pero asintió.

— ¿Y tú? —cuestionó él.

Ella asintió.A Draco parecía haberle caído la noticia muy pesada. Su hermana dio la vuelta al comedor y echó un vistazo en su mejilla.

—Luce mal, ¿quieres que lo alivie? —preguntó pidiendo permiso.

Él asintió permitiendo tocarlo. Hydrae murmuró un hechizo. Después comprobó con su palma en la mejilla de Draco si estaba bien. Él dio tres saltas hacia atrás. Ella se sorprendió.

— ¿Duele aún? —preguntó asustada.

Él negó.

—Sólo no me vuelvas a tocar así, por favor —escupió.

Ella se conmocionó, se habían tocado así miles de veces. Pero finalmente asintió.

—Dray, necesitamos hablar —le dijo suavemente—. Por favor, hablemos en tu habitación.

Draco la miró con un odio peligroso.

—Di lo que quieras decir ahora —le ladró cada palabra.

Ella retrocedió dos pasos, ¿quién era este farsante y dónde estaba su hermano? Jamás le había hablado así en la vida. Suspiró.

—Sólo quiero saber, ¿qué decisión tomarás respecto al matrimonio? —pregunté aún en shock.

Draco giró los ojos con irritación.

— ¿Qué te parece que haré, hermanita? Hacer lo que padre ordenó y te recomiendo que hagas lo mismo a menos que quieras terminar como un manchón en la pared como la tía Andrómeda —se burló con crueldad.

Salió del salón sin mirarle. Se quedó ahí sorprendida, ¿quién era ese chico?

***

El cortejo inició una semana antes de regresar al tercer año de Hogwarts. Básicamente era su hermano dejando flores para ella todo el tiempo, aunque ella sabía que quien las compraban y colocaban eran los elfos domésticos de la casa. También sucedía lo mismo con los regalos. En realidad, Draco apenas la miraba, le había retirado la palabra desde la cena pero sabía que había hablado con su padre y había aceptado el compromiso.

Ella se resignó después de pensarlo durante varios días, en retrospectiva tenía suerte, pudo haber quedado emparejada con Crabbe y Goyle, en su lugar era su adorado hermano, aunque ya no quedara nada de su antigua relación.

Hicieron el ritual de promesa de vínculo en presencia de sus padres y de un par de brujas como testigos del evento, pero aún se estaba manejando todo muy discreto. Ella sintió que su hermano la veía casi con asco cuando le sostuvo la mano para la ceremonia. Fue un hechizo vinculante simple, pero pudo sentir su magia uniéndose a la de Draco y danzando juntas en su interior, y por la cara de Draco intuyó que él sintió lo mismo.

Draco siguió retirándole la palabra, incluso en el viaje a Hogwarts se sentó con los chicos en otro vagón. Suspiró varias veces hasta que Daphne Greengrass y Pansy Parkinson la reprendieron.

El tercer año volvió a ser una locura, uno de los primos de su madre (probablemente su madre pudo terminar casada con él), estaba tratando de matar a Potter. Ya no pudo reprender a Draco para que dejara al chico en paz, suficiente tenía con ser perseguido por el asesino de sus padres, pues estaba segura que Draco le escupiría en la cara si se atrevía a tan sólo tratar de hablar con él.

Al final del año Potter fue atacado pero sobrevivió con heridas leves, y convenientemente, el prófugo Sirius Black escapó y perdió el interés en Potter.

***

Cuarto año fue bastante tolerable, casi por completo, se realizó el torneo de los tres magos, Hydrae bailó con un guapo francés de Beauxbatons, mientras Draco llevó a una francesa igualmente. Draco la ignoró otro año, Diggory falleció y Voldemort regresó, según Harry Potter, lo que le pareció por alguna razón muy creíble.

***

Para su quinto año, Hydrae regresó transformada, ya comenzaba a tomar el cuerpo de una mujer y dejar atrás el de una niña. Sus pechos comenzaban a engordecerse y su trasero se volvió jugoso, mientras que su figura era esbelta y sus rasgos más adultos. Los años en constante disputa con su familia la volvieron más astuta y rebelde. Y el abandono de su hermano al vínculo que solían compartir, le endureció el carácter. De alguna manera, reflexionó, había sido todo para bien. Pudo haber terminado emparejada con algún monstruo de los que abundan entre los sangre pura, hombres horribles que abofetean a sus esposas, las humillan y sobajan, al menos ella estaría con su hermano, que si bien ahora la trataba fríamente, dudaba que la golpeara en casa.

Hydrae entró en la biblioteca con sus propios libros e instrumentos de estudio para sus clases de Estudios de Runas Antiguas, pero al estar en temporada de pruebas, la biblioteca estaba reventar de alumnos, todas las mesas estaban ocupadas y casi llenas. Excepto la mesa más alejada del resto, la mesa que casi llevaba grabado el nombre de Hermione Granger, pues siempre podías verla allí sentada desde su primer año. Era una mesa para seis personas y sólo estaba ocupada por Granger. Hydrae se acercó con cautela. Sin darse cuenta, desde su segundo año había dejado de odiar a los muggles y nacidos de muggles, si bien entendía que sus posiciones no eran iguales, tampoco le molestaban en especial. Obviamente, después de la reacción de Draco en el segundo año tras escuchar las declaraciones de su hermana, a ella jamás se le ocurriría decir eso frente a sus padres u otra sangre pura como ella.

Se aclaró la garganta cuando estuvo frente a Hermione Granger, ella estaba demasiado absorta en su lectura como para darse cuenta que alguien estaba de pie frente a ella. Cuando levantó la vista, Hermione se congeló.

—La biblioteca está llena, ¿te molesta si me siento a estudiar? —preguntó en un tono formal.

Granger no respondió nada, sólo asintió lentamente y con algo que Hydrae reconoció como reserva o desconfianza y volvió a su lectura. Hydrae la entendió. Granger, después de Potter y Weasley, eran el juguete favorito de su hermano, entendía que tuviera reservas sobre el apellido Malfoy. No tuvieron más interacción, ambas mujeres se relajaron y se enfrascaron en lo que debían hacer.

Constantemente compartían mesa de estudio, ya que durante esos días era difícil encontrar una mesa libre, e Hydrae descubrió que Hermione era una excelente compañera de mesa, no hablaba, estudiaba e Hydrae le robaba algunos libros bastante oportunos cuando Granger terminaba de usarlos. Pronto comenzaron a hablar pestes de adivinación, ambas habían detestado la clase en tiempos diferentes.

—Deberías tomar Estudios de demonios necrófagos el próximo año, es una materia que promete mucho —le dijo Hermione con emoción.

Hydrae asintió coincidiendo.

—Lo haré, también pensé en elegir Música Muggle, más como un descanso porque será un año apretado con tantas materias avanzadas, ¿dirías que vale la pena… ya sabes, siendo tú hija de muggles? —agregó con delicadeza—. Me lo tomaré muy en serio, no planeo holgazanear tampoco.

Hermione se vió muy conmocionada por un momento. ¿De verdad Hydrae Malfoy le estaba diciendo que tomaría Música Muggle?

—Oh, vale la pena —respondió Granger finalmente—. Creo que te encantaría Enya, es una cantante muggle que fácilmente podría entrar en nuestro mundo.

Hydrae se sintió más segura entonces de su decisión.

Hermione e Hydrae pronto comenzaron a utilizar sus nombres de pila, y saludarse en los pasillo de la escuela y algunas veces sentarse juntas en clase, después de todo, Ron y Harry siempre se emparejaban entre sí y algunas veces Daphne y Pansy también dejaban atrás a Hydrae.

Por supuesto, el menos complacido con esa reciente alianza era Draco Malfoy, consideraba que su hermana no se estaba comportando a la altura de una Slytherin, ni a la altura de un Malfoy y mucho menos estaba cumpliendo sus expectativas como su prometida. Su futura esposa y hermana no debía estar confraternizando ni dejándose ver tan públicamente con la mudblood, ¿es que acaso no había dejado él ya muy claro su desdén por Granger? ¿Por qué su hermana y prometida estaba desafiándolo de esa manera?

Por eso, cuando Hydrae llegó a la sala común de Slytherin, miró a su hermano con su acostumbrado grupo de amigos, la miró como un depredador esperando por su presa y se levantó sin disculparse en despedirse de nadie. Tomó el brazo de su hermana con fuerza y la arrastró fuera de la sala común, ella profirió un sonido de protesta pero él no la escuchó. La llevó por los pasillos ignorando sus quejas y los metió a ambos en un aula vacía.

Por fin, al entrar la soltó. Ella se masajeó la muñeca. Miró que su hermano tenía un rostro molesto y desafiante.

— ¿Qué te pasa de repente, Draco? —preguntó irritada.

Su hermano pareció molestarse más.

—Quiero que dejes de comportarte tan descaradamente y comiences a ser la dama de sociedad que la familia espera de ti —escupió hacia ella—. Se espera un comportamiento mínimo en ti y no estás siendo razonable.

— ¿De qué diablos hablas? —le habló en el mismo tono que Draco estaba usando.

Él pareció exasperado.

—Obviamente hablo de tus intercambios amistosos y descarados con Granger —se dignó a responder—. Estás haciéndonos lucir poco dignos —se acercó a ella un par de pasos amenazante—. ¿Acaso debo recordarte que en unos años voy a desposarte? —sacó el tema luego de dos años sin hablarlo—. Espero cierto comportamiento de mi esposa, hermana.

Hydrae se sonrojó por el cambio de atmosfera y el tono aterciopelado que había adoptado Draco, pero ignoró esos pensamientos para concentrarse en el trasfondo de sus palabras.

—No he obrado de formas inadecuadas, Granger es un buen compañero de estudios solamente y estoy sacando mucho provecho en mis notas —cerró sus puños con ira—. Aspiro a ser más que la esposa de Draco Malfoy, tengo metas y Granger me está facilitando el camino con su súper cerebro, que incluso tú puedes admitir que posee.

Draco quiso echarse a reír por el cumplido que su hermana acababa de hacer en favor de la nacida de muggles, pero se concentró en una parte aún más peligrosa de su discurso, ella había dicho que tenía metas. Adelanto un par de pasos más llegando hasta su hermana, ella tuvo que lazar un poco el rostro para mirar los mismos ojos plata que veía en su reflejo.

— ¿Metas, dices? Las únicas metas que debes tener es saber comportarte frente a la gente, follar muy bien, dar buenas chupadas y parir tantos hijos como considere adecuados —le soltó con un tono bajo pero peligroso.

El rostro de Hydrae perdió el color. ¿Su hermano acababa de decir lo que ella creía haber entendido? ¿Quería que Hydrae sólo se dedicara a estar en casa y tener a los hijos de Draco? ¿El valor de su vida era sólo ser la incubadora para perpetuar el linaje Malfoy?

No. Se negaba rotundamente a aceptar las exigencias de su hermano y su familia. Cuando aceptó el compromiso ella era una niña, inexperta, ingenua y sin carácter, mimada y crédula. Estaba aún atrapada en la burbuja donde su hermano la amaba más que a otra persona en el mundo y creyó que su matrimonio no sería tan malo, por eso se ató a él. Pero ahora, con quince años ya no deseaba perder más de su libre albedrío.

—No —le respondió tajante—. Me rehúso a que me reduzcas a ser sólo tu puta, soy más que eso, valgo más que eso y tengo la capacidad de lograr grandes cosas como cualquier mago o bruja —ella retrocedió dos pasos pero sus argumentos se solidificaron—. Tampoco abandonaré mi asociación con Granger.

Draco no varió el gesto.

—No estás entendiendo, no te estoy dando opciones, te estoy diciendo qué hacer —volvió a acercársele—. Dejarás esa estupidez de tener decisiones y te sujetarás a mí, un día seré el patriarca en la familia y no puedes estar cuestionando todo lo que digo. Tu lugar es a mi lado, en silencio, sometida a mí. Yo sé lo que es mejor para ti. Si no, sigue el ejemplo de madre.

Hydrae no cambió el gesto tampoco. A Draco se le olvidaba que si él tuvo un aliento de parte de sus padres para formarse colosal y orgullo, con ello no habían sido menos indulgentes, ambos habían sido criados con la idea de ser mejores que el resto y ella era tan fuerte como él.

—Tú tampoco estás entendiendo, Draco. No te estoy pidiendo permiso, estoy teniendo la cortesía de avisarte, porque eres mi futuro esposo, que voy a graduarme impecablemente de la escuela y buscaré un empleo, no me quedaré en casa sólo cuidando de ti y nuestros hijos —siguió con un leve reproche en su voz—. Y tampoco dejaré de conversar para mi conveniencia con Granger.

Tan pronto como ella pronunció la última palabra, la palma de Draco sonó contra su mejilla. La había abofeteado.

—Esto es sólo una advertencia, la próxima vez no seré tan gentil —declaró antes de salir del aula.

Hydrae no supo cómo reaccionar. ¿Ese era el niño que se escondía en su cuello cuando estaba triste? ¿El que le decía que su olor lo calmaba? ¿Dónde estaba su Draco, por circe?

***

Pese al arranque que había tenido Draco, Hydrae no retrocedió. Siguió estudiando con Hermione como siempre, incluso se hizo más unida a ella. Hermione comenzó a entenderla mejor y tuvieron varias confesiones entre ellas. De forma paulatina, Hydrae comenzó a pensar en ella como una amiga, una buena chica que aunque no había tenido la fortuna de ser una pura sangre, no era tan mala, incluso aplaudía su esfuerzo por destacar incluso desde su condición inferior, pero tuvo la amabilidad de no señalárselo. Pronto comenzaron a compartirlo todo, por supuesto que Hydrae no le habló sobre su matrimonio con su hermano Draco, creyó que alguien nacido de muggles no entendería las viejas tradiciones de las más nobles familias mágicas.

Uno de aquellos días, Hermione le hizo una pregunta rara:

— ¿Qué opinas de Umbridge?

Hydrae hizo una mueca.

—Detesto a ese sapo rosado, no soporto el tono de voz que tiene ni los modales ensayados —se burló—. Pareciera que quiere encajar entre la élite sangre pura pero es una mestiza más, ¿puede ser más irónico? Parece transmitir el odio que siente por sus orígenes sobre otros iguales a ella.

Hermione le sonrió.

—Y sus clases son igual de malas, ¿qué espera que aprenda en una materia práctica usando sólo libros, sabes? —continuó hablando con el mismo tono de idiosincrasia que siempre usaba.

Hermione asintió de acuerdo.

—Mira, hay unos chicos que han estado aprendiendo hechizos por su cuenta, ya sabes, no la basura que el ministerio metió en DCAO, si quieres puedes venir, pero deberás hacer un juramento de silencio, por supuesto —añadió Hermione con prudencia.

Hydrae asintió emocionada. Eso significaría clases de calidad.

—Por supuesto, haré el juramento y guardaré silencio.

***

Cuando llegó a la reunión de la que Hermione le había hablado, se dio cuenta pronto que más que una clase de retroalimentación era una resistencia contra el régimen del ministerio colándose por Hogwarts. Aunque la idea no le fascinaba, tomó lo bueno que podía obtener. Aunque no era muy agradable ser la única Slytherin en las clases, y que todo el mundo pareciera detestarla en silencio, sospechaba que debido a su hermano que era ahora un miembro activo de la patrulla Inquisitorial.

Ese día Potter estaba enseñando sobre el hechizo aturdidor, yo no era buena en Defensa, en Hogwarts no se preponderaba demasiado la práctica y desde el primer año los maestros habían sido un asco en DCAO, pero Potter estaba repasando todo eso con nosotros. Formó parejas para que una lanzara el hechizo ruinare adossum, que era básicamente empujar a una persona con fuerza y la otra respondiera un hechizo Impedimiento. Hermione se unió a mí, dudo que alguien más hubiera sido mi pareja de hechizo.

— ¿Puedes repetir el último movimiento… —comencé a pedirle a Potter que repitiera el movimiento final de la varita pero él me interrumpió.

—Lo he repetido suficientes veces, Malfoy —respondió tajante.

Hydrae frunció el ceño con molestia ante la actitud de Potter, comenzaba a darse cuenta por qué su hermano lo molestaba tanto. Pero Hermione amablemente hizo en silencio el movimiento por el que estaba preguntando.

—3, 2, 1… —dio Harry la señal.

Hermione lanzó el hechizo y ella trató de interpelarlo, sin embargo, sintió una fuerza inatajable que la golpeó duro y seco contra la pared más cercana. Cuando recobró la conciencia, miró unos ojos verdes muy preocupados que tocaban su rostro con cuidado. La estudiaron y se alejaron para dejarle ver a Hermione muy angustiada.

—Oh, Hydrae, ¿estás bien? Lo lamento mucho —dijo la castaña con voz suave impregnada de preocupación.

Hydrae asintió incorporándose. La sala estaba casi vacía. Aún se sentía un poco desorientada cuando la ayudaron a ponerse en pie.

—Golpeas duro, Hermione —musitó con voz ronca, mientras se soltaba de su agarre.

Hermione la miró con una sonrisa de disculpa.

—Traeré una poción para que te recuperes —dijo en su lugar alejándose para traerla.

Hydrae miró a Potter que ya la observaba también con un gesto de lamento.

—Perdón por no repetir la explicación, de verdad lo lamento mucho. No quise que te hicieras daño —le dijo con remordimiento y disculpa

Hydrae farfulló que no importaba, aunque lo hizo sólo por educación, por supuesto que le molestaba. Pero al final, había sido su falta de habilidad la única culpable.

—No, claro que importa. Debo disculparme correctamente, todo fue mi culpa, debí de haber explicado hasta que lo hicieras correctamente. Me dejé llevar por mis rencillas con tu hermano —le confesó—. Por favor, déjame comenzar de nuevo, soy Harry —se presentó tendiéndole una mano.

Ella la tomó como indican los buenos modales.

—Hydrae Ella Malfoy —respondió con formalidad.

Él le sonrió con algo que le resultaba familiar, algo que veía no en los ojos de Draco desde hace mucho: gentileza. Por un momento ese rostro suave y afable la dejo muda y el toque de Harry en su palma comenzó a quemar, así que lo soltó de inmediato.

—Un nombre poco común —ofreció Harry para aliviar el ambiente.

—Constelaciones, es una tradición de la familia Black, ya sabes, Draco constelación del dragón e Hydrae, constelación de la hidra —explicó.

Harry asintió recordando que su padrino también tenía el nombre de una constelación.

— ¿Cómo es que se escribe? —preguntó curioso.

Otra vez esa pregunta; pensó ella. Pero pacientemente respondió.

—H, y, d, r, a, e —deletreó.

Harry frunció el entrecejo.

— ¿No debería entonces pronunciarse ai-dri? —cuestionó con duda.

Hydrae asintió.

—Ambas formas son correctas dependiendo de si lo entonas desde el inglés británico o latín, pero a mi familia les gustan los nombres fuertes, Dra-co, Nar-ci-ssa, Dru-e-lla, por eso ellos lo pronuncian ai-dra —explicó como hacía comúnmente—. Incluso Draco puede ser tal cual Dra-co o Drei-co.

—Me gusta más ai-dri, suena suave y gentil —se escapó de sus labios para después sonrojarse.

A Hydrae le pareció lindo el gesto de vergüenza que Harry adquirió, era como inocente, algo que ya no estaba acostumbrada a ver.

—Puedes llamarme de ambas formas, como te guste más, es un lindo sobrenombre —aceptó.

Hermione regresó con la poción. Hydrae la bebió de un sorbo, sabía horrorosa.

***

Hydrae sabía que en el tiempo que ella y su hermano habían estado comprometidos, él había estado teniendo intercambios con otras mujeres, lo sabía porque podía sentirlo, el vínculo era para preservar la dignidad y fidelidad de las parejas comprometidas, así que podía asegurarlo con seguridad. Por lo que envió una carta a su madre hacía unos meses contándole sus inquietudes sobre su hermano y futuro esposo pasando el rato con otras brujas. La respuesta de su madre fue iluminadora.

Querida hija:

Debes ser paciente con tu hermano, los hombres suelen actuar de esa manera en matrimonios concertados, tu hermano está adquiriendo experiencia que todo hombre debe llevar al matrimonio, así que no seas dura con él. Tu padre hizo lo mismo, pero cuando nos casamos todo eso terminó. Aún lo hace en algunas ocasiones muy poco frecuentes, pero como una buena esposa indulgente, lo dejo pasar. Sé paciente con tu hermano, sé cariñosa y muéstrale tus encantos de una mujer de casi dieciséis años.

Con amor, Madre.

Con esa respuesta, Hydrae prefirió no comentar nada sobre la bofetada que Draco le había dado, además que sería cavar su propia tumba si Draco decidía hablar a sus padres sobre su amistad con Hermione o sus metas, por lo que decidió ser indulgente con el tema de la fidelidad. Lo que Narcissa no le aclaró oportunamente a su hija es que a su perspectiva, sólo Draco tenía el derecho a divertirse. Pero como una buena bruja moderna, Hydrae comprendió que Draco y ella eran iguales, ninguno tenía privilegios sobre el otro. En vista de que Draco no se contendría de follarse otras brujas, con entusiasmo recordó el sonrojo y la suavidad envolvente en los ojos esmeralda de Harry.

***

Asechó a Harry como una serpiente cautelosa y astuta. Se percató de la hora en que Harry solía salir de las duchas tras su entrenamiento de quiddintch, por lo que aparcó en un buen lugar leyendo un libro con la esperanza de que Harry la notara y se acercara directamente a ella. Como si fuera vidente, Harry llegó como abeja atraído por la miel.

—Hola, Harry —le soltó ella en un tono aterciopelado.

La conmoción de Harry fue inmediata, su equipo de quiddintch cayó al suelo.

—Eh…, hola, Hidri —respondió con nerviosismo—. Yo sólo, eh, quería preguntarte si estabas bien, ya sabes, después de ese golpe.

Ella asintió con una sonrisa encantadora. Sabía cómo encantar a un hombre, era uno de los puntos importantes en las damas de la alta sociedad, sobre todo a uno tan indefenso como Harry. Él se tomó la libertad de sentarse junto a ella.

— ¿Entonces, qué tal la práctica?

—Bien, creo que tendremos un buen partido —sonrió iluminando el campo.

—Me alegro, los estaré animando —contestó ella.

Harry volvió a esbozar una sonrisa.

— ¿De verdad? Creí que animarías a tu hermano —ofreció.

Ella se descolocó un poco.

—Draco y yo estamos distanciados desde hace un par de años debido a rencillas familiares —admitió en un ataque de sinceridad.

Harry tuvo la decencia de parecer lamentar aquello, aunque ella sospechaba que no lo lamentaba en absoluto, Draco no era objeto de su afecto. Después de un rato de charla, por fin Harry se atrevió.

—El sábado nos permitirán visitar Hogsmeaden y quisiera invitarte una bebida caliente, ya sabes, antes de que nos prohíban eso también —se animó Harry por fin.

Hydrae se esforzó por no sonreír como una serpiente que acaba de atrapar un ratón.

—Por supuesto, Harry, me encantaría —respondió cautelosa y suave—. ¿Es una cita, tal vez?

El efecto en Harry fue adorable. Se enrojeció hasta el cuello.

—Si así lo deseas, sí. Si no… —dejó la oración tímidamente al aire.

Ella sonrió complacida.

—Una cita entonces —coincidió.

Tras concertar su encuentro, Harry tuvo una urgencia por desaparecer. Hydrae sonrió con facilidad aunque una sombra se asomó en su rostro, no quería hacer daño a Harry, pero estaba segura que Harry entendía que aquello era una relación fugaz, como tonteaban todos los adolescentes. Ella se casaría con Draco en algunos años, ¿Harry no creería que un romance adolescente fuera en serio, verdad?

***

Aquella primera cita con Harry fue muy divertida, Harry se había comportado un poco torpe pero muy gentil. Ya no se acordaba de la última vez que alguien fue así de gentil con ella, tratándola suavemente como si fuera un objeto precioso. El único que alguna vez la había hecho sentir de aquella forma era Draco, cuando la protegía y cuidaba celosamente de cualquiera. Pero comenzaba a olvidar cómo era. Ahora Harry era quien estaba despertando en ella nuevamente esos sentimientos. Había abierto la puerta para ella en todas las tiendas en las que habían entrado, le ayudó con sus compras y pagó por sus bebidas. Se preguntó si Harry se comportaba así naturalmente o alguien le había obligado a leer algún manual de comportamiento caballeroso.

Cuando Harry la acompañó hasta Slytherin, Hydrae supo que él no se atrevería a besarla. Por eso se acercó un par de pasos a él y tocó su mejilla con delicadeza. Sintió a Harry casi derretirse ante su toque, él cerró los ojos ante la sensación del choque de piel entre él y ella. Ella depositó un suave beso en su mejilla que hizo a Harry suspirar, no contenta aún dio otro beso más en la comisura de sus labios, Harry reaccionó inquietándose. Hydrae decidió probar suerte una vez más y rosó sus labios con los suyos.

Aquello hizo perder todo el autocontrol que Harry había estado practicando durante su cita en un esfuerzo de no asustarla. Tomó la cintura de Hydrae y la rodeo posesivamente mientras la acercaba a sí mismo y la sostenía con firmeza. La mano libre fue colocada en la espalda de Hydrae, mientras ella rodeaba el cuello de Harry con sus brazos. El beso que originalmente comenzó suave y gentil se tornó absorbente y demandante. Harry tomó el control total y dictó el ritmo y los movimientos.

Un pequeño sonido de placer salió sofocado de la garganta de ella, aquello fue suficiente para cautivar a Harry totalmente y que terminara de ser seducido por ella por completo. Ella lo había atraído magnéticamente desde que la vio en la tienda de túnicas antes de su primer año. Era una niña particular, bella y de mirada de cazadora. Y cuando la miró después de las vacaciones en su cuarto año, no vio más a una niña. Era una mujer que había comenzado a desarrollar unas largas piernas nacaradas, un prominente busto y un jugoso culo. Y su rostro era uno de esos que le gustaría conocer qué gestos eróticos haría.

Cada que ella le entornaba los ojos y lo observaba con seriedad, le daban ganas de girarla y fallársela por detrás. Pero más allá de eso, deseaba sostenerla desnuda y hacerle el amor mientras le prometía el mundo para después dárselo.

Y ahora, la tenía ahí, gimiendo ruidosamente sólo por un beso sucio. Tomando de nuevo el control, Harry se separó de ella y la miró. Tenía ese mismo rostro mimado y demandante que siempre tenía. Él le sonrió satisfecho.

—Buenas noches, Hidri.

—Buenas noches, Harry.

***

Entre más tiempo pasaba con Harry, más se convencía Hydrae que lo que estaban formando no era algo ni remotamente casual o pasajero. Ella se estaba volviendo adicta a la atención de Harry. Por supuesto que mantenían todo lo más discreto posible, ambos entendían las implicaciones que conllevaba que él fuera Harry Potter y ella una Malfoy. Pero eso le agregaba más emoción a su relación.

***

Hydrae descansaba en la sala común junto a Daphne y Pansy, conversaban tranquilamente sobre los eventos sociales de la temporada. Se había distanciado un poco de ellas desde su amistad con Hermione pero le seguían agradando. Abruptamente entró en su visión la mirada furiosa de Draco, claramente estaba disgustado con ella. La mirada helada que él le dedicó la hizo estremecer. Él se acercó a ella a grandes pasos y la jaló del brazo haciéndola levantar del sillón.

— ¡Draco, no seas bruto! —oyó quejar a Daphne.

Draco giró su ira hacia ella.

— ¡Cállate, zorra, cuando necesite tu opinión te la pediré! —respondió con grosería.

Daphne y Pansy se quedaron heladas. Draco no era el ser más afable de Slytherin pero conservaba los modales que debía tener con sus similares. Hydrae entendió que él estaba realmente furioso.

La tomó con fuerza del brazo haciéndole doler la carne e ignorando las quejas de su hermana. La llevó por las escaleras de los dormitorios de los varones y la metió en una puerta que debía ser su habitación. Dentro estaban Theo y Zabini conversando cuando ambos observaron sorprendidos la escena de Draco jalando a su hermana con agresividad. Era una escena muy poco común, conocían a ambos hermanos desde hacía años y Draco siempre la trató con consideración y delicadeza, y aunque su relación se volvió fría y distante, les constaba que Draco la seguía vigilando para asegurarse que no le sucediera nada.

— ¿Draco qué está… —comenzó Zabini pero Draco lo cortó.

—Afuera —les ordenó.

Ambos chicos se pusieron de pie pero se resistían a la idea de abandonar a Hydrae con Draco cuando claramente estaba siendo muy rudo con ella. Pero una mirada de hielo contra ellos de parte de Draco fue suficiente para hacerlos salir. Una vez que la puerta fue cerrada, Draco lanzó un par de hechizos sobre la puerta y soltó a su hermana pero concentró totalmente su bestialidad en ella. Le dio una bofetada en el rostro tan fuerte que le hizo perder el equilibro haciéndola caer sobre la cama de un sentón. El dolor escoció en su mejilla.

— ¿Tienes idea de la estupidez que hiciste, hermana? ¿Estás jodidamente bromeando? Entrar en el grupo rebelde del maldito Potter —le ladró—. Oh, sí, sé sobre eso. Una de sus compinches lo acaba de delatar, ¿tienes idea de lo difícil que fue convencer a Umbdrige de que no notificara a padre sobre esto? —le gritó en la cara mientras le tomaba el rostro para que lo mirara—. Por los infiernos que quería dejar que se lo dijera, padre te dejaría el trasero morado después de acabar contigo, te hubiera dejado el rostro hinchado y abrías aprendido tu lección —se burló con un gesto que no terminaba de mostrar diversión—. Pero no pude hacerlo, eres mi hermana y mi prometida, después de todo. Aunque sólo sirvas para darme problemas y disgustos.

Hydrae palideció. Su única preocupación eran Harry y Hermione. Pareció como si Draco leyera su pensamiento pues se rió.

—Pareces consternada por tu sangre sucia, espero que le den su merecido. Umbridge sabe cómo tratar a los de su tipo —empujó más.

Hydrae comenzó a sollozar. Draco le había roto el corazón desde hacía años pero ahora lo estaba destripando.

Draco observó a su hermana derrumbarse, nunca la había visto reaccionar a nada de esa manera, ni a su padre furioso, ni a su compromiso sucio, ni cuando él la abandonó. De repente se sintió muy celoso de que su hermana derramara lágrimas por Granger y sus compinches. Pero su ira fue aplacada al ver las lágrimas correr por el precioso rostro de su hermana. Se arrodilló ante ella y le limpio la cara.

— ¿Tanto te importa esa sangre sucia? —cuestionó con incredulidad.

Su hermana no respondió ni negó a esa afirmación. Draco suspiró pero su ira se negó a regresar al ver a su hermana deshaciéndose entre sus dedos. Se sintió ruin. Tomó la mejilla golpeada de su hermana y la sanó como su hermana hizo con él aquella vez que su padre lo golpeó a él. Se siento morir, estaba siendo vil con la única cosa sagrada en su vida. En aquel momento se prometió a sí mismo no volver a lastimar a su hermana, bajo ninguna circunstancia.

—Lo lamento, hermana —le dijo suavemente.

Los ojos de su hermana lo miraron con sorpresa. Hacia tanto tiempo que no le dedicaba un par de palabras amables. Él le acarició el cabello bajando a su mejilla. Había huido de ella hacía casi tres años, cuando su padre los unió en vínculo mágico.Se había asustado por sus sentimientos sobre su hermana, debía de estar asqueado sobre la unión pero simplemente no lo estaba. La deseaba. En su segundo año se había vuelto más físico con su hermana, quería estar siempre tocando alguna parte de ella y olfateándola. Y de pronto, ante el compromiso, esos sentimientos se hicieron más fuertes. Por eso tuvo que tomar distancia antes de hacer algo imprudente. Pero todo había resultado contraproducente.

Hydrae miró los ojos plata de su hermano como ver los suyos en un reflejo, Draco bajó la mirada a los labios de ella, y de pronto la atmosfera cambió. Draco acercó sus labios y rosó los de ella, lo que hizo paralizar su corazón. Draco juntó los labios con su hermana iniciando un hambriento beso que había estado esperando mucho por él. Hydrae pudo detectar la desesperación con que era besada y se dejó arrastrar hacia el abismo de pasión del que su hermano parecía ser preso en ese momento. Se levantó sin romper el beso que estaban teniendo y la hizo recostar suavemente sobre la cama mientras él se inclinaba sobre ella. Le acarició amorosamente el cabello y posó finalmente su mano posesivamente en las caderas de ella.

La excitación de Draco fue evidente, pero en vez de sentir asco, su hermana elevó las caderas creando una fricción entre ambos. Un sonido gutural salió de entre los labios de Draco cuando tuvo que romper el beso por la conmoción que su hermana le causó. Vengativo como lo era, Draco enredó sus dedos en los cabellos de su hermana y tiró de ellos para tener acceso completo a su cuello, besando y chupando la miel eróticamente. La respuesta de ella fue un gemido que se quedó atorado en su garganta, lo que hizo sentir a Draco la emoción en cada fibra de su ser.

Por Salazar, Draco la desnudaría y tomaría ahí mismo, pero tuvo que obligarse a detenerse, tenía que proteger la pureza de su hermana incluso de sí mismo. Se incorporó y arregló su ropa.

—Regresa a tu habitación y piensa en tus errores —le dijo quitando los hechizos de protección de la puerta.

Hydrae quiso protestar y reclamar que no podía dejarla así pero decidió no presionar. Arregló su ropa e hizo lo que Draco ordenó.