• Dangerous Doll • | KookV |

Sinopsis

Kim Taehyung, hijo del jefe de la mafia Kim, es conocido por su aspecto de precioso muñeco de pies a cabeza. Una belleza dotada de genes fuertes, distantes de cualquier persona de alto o bajo mundo. Pero quienes bien lo conocen, saben que dentro de aquellos hermosos ojos con aspecto frágil se oculta un monstruo capaz de degollar con sus dientes a su presa. La mayoría lo da por un mocoso de dieciocho años, pero esos pequeños números están alimentados de experiencia poco común. Sus gustos son un tanto inusuales. Se divierte jugando con todo aquel que logre seducirlo, aunque ignoren las advertencias sobre su engañoso aspecto y se adentren a la boca del lobo por su exorbitante belleza. "¿Gustas jugar conmigo Jeon? Sabes que perderás este juego." "Jugaría con el mismo Lucifer para poder tocarte, muñeco." _____________________________________ ∆ A d v e r t e n c i a s ∆ •Escenas fuertes, si son muy sensibles NO leer. •Sadomasoquismo + filias. •Mafia - pandillas. •Mención de prostitución y trata de blancas. •Drogas y sustancias lícitas. •Abusos y transtornos mentales. •Andrógino. •Muerte de personajes. *Cero copias o adaptaciones.*

Genero:
Action
Autor/a:
⭐DreamHopeB⭐
Estado:
En proceso
Capítulos:
13
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Hermoso, inteligente y coqueto.

La perdición para cualquier ser humano débil es la belleza, Kim Taehyung era perfecto en eso.

Era perfecto para él.

Desde la primera vez en que posó sus oscuros ojos en aquel chico de delicada complexión, brillantes mechones rubios y de delicadas manos, le fue imposible ignorarlo. Ese joven poseía un aura atrayente e hipnótica, solo bastaba una mirada hacia esos ojos de un rico color miel, una sonrisa de sus afelpados labios rosas y cualquier persona caería rendida a sus pies.

Esa, era la mejor arma que el muñeco peligroso tenía a su disposición.

La belleza, la fuerza y el poder definen al chico de porcelana como algo inalcanzable, algo tan prohibido que para una persona tan difícil de impresionar como él, terminó despertando un gusto sepultado en su interior.

Jungkook debería pensarlo más, pensar con quién realmente se está involucrando y las consecuencias que tendrá que enfrentar en un futuro... pero siquiera puede respirar apropiadamente cuando sus manos vagan por el cuerpo Kim Taehyung. Él era un deleite, su figura celestial y su rostro tan similares a una deidad no perdían su poder bajo ninguna circunstancia, incluso cuando mostraba cortaduras y moretones en su piel después de haber luchado contra sus —ahora—, víctimas.

Y su forma de matarlos fue… interesante.

Al sentir un frío cañón de pistola apretar contra su sien, Jungkook no pudo evitar que sus labios se estiraran en una sonrisa hasta cierto punto, cariñosa. De rodillas contra el suelo de cerámica bañado en polvo y sangre, Jungkook levantó sus párpados para apreciar la mirada de superioridad de Taehyung. Esa miel en sus ojos era realmente letal, atraía a sus presas hasta las redes de lo desconocido y se aseguraba de que no pudiesen huir.

Tal vez ese fue el problema desde el principio, Jungkook nunca quiso huir.

—No me importaría morir en tus manos —confesó en voz baja, ganándose una sonrisa de agrado por parte del rubio.

Taehyung se alejó unos centímetros de su cuerpo y la presión del cañón contra su piel se deshizo. El ruido del arma al ser tirada rebotó por el lugar como un eco, sin embargo, de los setenta cuerpos que estaban dentro, solo dos lograron registrar el sonido, y esos dos eran únicamente Kim Taehyung y Jeon Jungkook.

Los mechones negros de Jungkook tocaron su nuca cuando su barbilla fue inclinada hacia arriba, dándole el placer de la mirada más preciosa que ha podido observar.

—¿Has escuchado decir que las personas de mierda no tienen un final feliz, Jeon? —preguntó el muñeco peligroso, acariciando el mentón del otro con un pulgar suavemente para después mover la mano a su mejilla—. Pues yo creo que mi vida hasta ahora es hermosa, con dolor, muertes y menos escorias que antes. —Se inclinó hacia adelante para chocar su frente contra la de su presa, mezclando su propio cabello rubio contra los azabaches—. Pero aún falta mucho lienzo por pintar, y te veo como un buen pincel, Jeon Jungkook. No me decepciones.

Jungkook volteó su rostro hacia la mano que acariciaba su mejilla y adorsó sus labios contra esa piel lastimada, jurando:

—No lo haré, muñeco.