Prólogo
Prólogo.
Había pasado tanto dolor que ya se había acostumbrado, como si su cuerpo hubiera hecho algún tipo de resistencia tanto física como mental aumentando su umbral de dolor de una forma maravillosa. O eso le gustaría pensar, pues a pesar de que su umbral de dolor físico había aumentado, aún sentía que su alma estaba a punto de romperse. Dejar de respirar por la falta de oxígeno y el ardor en sus pulmones resultaba incluso más soportable que el dolor de su corazón al despertar cada día entre llanto al recordar los gritos de su hermana mientras moría devorada por varios demonios.
Se detuvo jadeando consciente de que le faltaba poco para llegar al fallo muscular. Se permitió sentir el dolor de sus músculos cansados por el ejercicio y aunque una parte de sí quería dejar de sentir y que todo a su alrededor dejara de importarle, sabía que aquello no era posible.
“Eres un ser humano, y siempre serás un ser humano” Había dicho su maestro en una de esas largas noches en que lo encontraba llorando y aquel alfa de olor a rocío y hierba fresca lo cobijaba entre sus brazos “Agradece que aun puedes llorar, los demonios son quienes pierden la capacidad de hacerlo”
Y es que, por más que quería imaginar un mundo donde pudiera vivir sin sufrir, aquello le parecía totalmente imposible. En el fondo de su alma sabía que en su vida no podía haber otra cosa que no fuera dolor.
Porque era un maldito anormal.
—¡Giyuu! ¡Debemos ir a comer! — Grito Sabito desde abajo de la montaña, no podía verlo claramente por la neblina de la tarde, pero sabía que debía de estar sonriendo mientras Makomo se sujetaba a su pierna. — ¡Rápido! ¡Urokodaki nos está esperando! ¡Preparó kanmi de postre!
Aunque quizá, a pesar de que era un maldito anormal, la vida podía tener pequeños placeres, como aquel delicioso postre de hyuganatsu. Los jadeos siguieron por unos minutos hasta que sintió su respiración suficientemente compensada como para bajar de la montaña esquivando nuevamente las trampas que había puesto su maestro.
Pero era como si su mente y su cuerpo fueran por caminos diferentes; Pues mientras su cuerpo iba en piloto automático siguiendo a sus amigos hasta aquella pequeña casa al pie de la montaña su mente seguía repasando su vida, tratando de descubrir en qué momento se había torcido tanto su camino.
“¿Acaso alguien te tocó cuando eras más joven o que?”
“¡Eres asqueroso! ¿En qué momento te convertiste en alguien tan desagradable?”
No lo recordaba, no sabía en qué momento había dejado de ser normal. Y temía que si no recordaba cuándo había ocurrido aquello no tendría forma de remediarlo.
Y en algún momento, mientras se sumía en autocompadecerse vio entre sus manos un pequeño plato de sopa, dándose cuenta de que de nuevo se había disociado al punto de que no sabía muy bien cómo había llegado a ese momento.
Para su desgracia esto fue notado tanto por Makomo como por Sabito puesto que mientras ellos llevaban 3 platos de sopa cada uno, Tomioka apenas había comido de su plato dedicándose mayormente a revolver con los palillos los fideos que flotaban traviesos en el caldo.
Urokodaki también había notado lo distraído que estaba recientemente el chico, pero dada su edad prefirió no decir nada, después de todo, no era ajeno al olor del Omega joven en celo que provenía del pueblo cercano. Era normal que Tomioka, al ser un alfa joven tuviera deseos de ir hacia ese aroma tan agradable y dulce, que le llamaba a pecar, pero debía ir más allá de sus instinto si quería convertirse en un cazador de demonios digno de seguir su legado como el pilar del agua.
Sin embargo Sabito sabía que el aroma del Omega en celo no era lo que tenía así a su amigo y siendo tan empático como era decidió intervenir en sea lo que sea que lo tenía así de perturbado.
Habiendo terminado de comer decidió que no permitiría al pelinegro refugiarse en el calor de las sabanas y dejarse llevar por Morfeo, si no que, con la excusa de buscar más leña lo llevaría afuera para poder hablar mejor. Fue sorpresivo para sí mismo lo fácil que llevó a cabo su plan, pues en menos de media hora ya se encontraban en camino a la cima de la montaña, cargando cada uno un hacha peligrosamente afilada.
El pelinegro caminaba desganado arrastrando los pies en la nieve, dado el entrenamiento uno podría pensar que sería por el cansancio de sus piernas, pero ambos sabían que se trataba de algo más anímico.
Cuando, luego de unos 15 golpes, el primer árbol cayó, el de cabello melocotón decidió que era el momento de hablar.
—¿Ya me dirás que es lo que te esta pasando? — Pregunto poniendo el hacha en el piso, y recargando su peso sobre ella como si fuera un bastón “Debo verme genial” pensó para sus adentros.
El vapor salía de la nariz del pelinegro, delatando un largo suspiro desganado. No quería hablar, mucho menos con Sabito. El pelinegro miró a los ojos lila de su amigo, aquellos ojos que le miraban normalmente con cierto grado de cariño y muchísima fraternidad debían permanecer así por mucho, mucho tiempo más. Y él sabía que si le decía lo que le pasaba, lo descompuesto que estaba, su amigo le repudiaría de por vida y aquellos ojos lo mirarían con aquella expresión de asco a la que definitivamente no quería acostumbrarse.
—No es nada.
—Mientes — Ambas voces infantiles sonaban determinadas tanto a buscar información como a negarla. — No nos iremos de aquí hasta que me digas que pasa, moriremos congelados si decides quedarte callado.
Tomioka miró al alfa frente a él y en sus ojos no encontró un atisbo de burla, mucho menos de mentira. Sabito estaba dispuesto a morir de hipotermia en aquella montaña si no conseguía la información que quería. Aquello parecía un acto de terrorismo mas que un acto de preocupación infantil.
—No lo harías.
—Pruébame.
Quizá fue la determinación en la mirada verde de su amigo, quizá fue el frío que le entumecía los pies, o quizá era que realmente necesitaba decírselo a alguien, pero el de ojos azules sintió como sus labios se abrían con el claro objetivo de satisfacer la curiosidad de su mejor amigo. Se cuestionó por varios minutos si hablar de aquello estaba bien y decidió que no, en efecto hablar de aquello era terrible, aun así ¿Qué más daba? Quería morir.
Deseaba morir más que nunca pues algo en su alma le decía que jamás podría arreglar aquel deseo desviado, sin importar cuánto lo intentara, sin importar que hiciera al respecto aquello seguiría siempre en su interior luchando por salir y arruinarle la existencia y si era así ¿Por que no ahora? ¿Por qué no decirle a su amigo para que este le despreciara y escupiera sobre su nombre y tener una excusa conveniente para tirarse del precipicio que había a 4 kilómetros de la cabaña donde entrenaba con el fin de liberar al mundo de su inmundo ser?
Sin embargo, aquello era vergonzoso. Así que tuvo que armarse de valor antes de comenzar a hablar: Las manos de Tomioka se tocaron nerviosamente mientras desviaba la mirada avergonzado.
—Yo… me gusta alguien…
Las mejillas de Sabito se sonrojaron, Makomo era una niña enamoradiza, estaba acostumbrado a escucharla decir mil veces que se había enamorado de cuánto alfa guapo y fuerte pasaba delante de ella, pero jamás se sintió tan emocionado con los enamoramientos de su amiga como con el recién descubierto enamoramiento de su amigo.
Sonrió emocionado, sintiendo una extraña calidez en su pecho.
—¡Eso es fantástico! ¡¿Por eso ibas tanto al pueblo?! — El pelinegro asintió mirando a la nieve bajo sus pies — ¡¿Y por qué estás tan desanimado entonces?! ¡Es una gran noticia!
—Me rechazo.
—Ohhh — Solo salió de sus labios, quedito — Así que era eso…
Si, sonaba lógico que el menor estuviera deprimido debido a un rechazo ¿Quien no lo estaría en realidad? Sin embargo Sabito no sabía qué hacer, con Makomo simplemente abrazarla haría que la niña se sintiera protegida y tranquila ante el rechazo, pero con Tomioka no sonaba del todo correcto. Suspiro incómodo y llevó ambas manos a su propia nuca, tratando de imaginar que era lo que a sí mismo le gustaría escuchar al ser rechazado por alguien de quien estaba enamorado. Solo se había enamorado una vez de una Omega quien no lo rechazo, pero tuvo que mudarse a la ciudad poco antes de que su propia familia fuera devorada y el quedara al cuidado de Urokodaki, por lo que realmente aquello no contaba como rechazo.
— Mira, no pasa nada, hay muchísimas Omega en el mundo, — En realidad si creía eso — aún somos jóvenes, cuando seamos cazadores…
Y el pelinegro sintió que el tema se estaba desviando, se sintió repentinamente tentado a fingir que realmente era eso lo que lo acongojaba, pero no estaba dispuesto a seguirse mintiendo a sí mismo, y de algún modo sentía que si decía aquello en voz alta terminaría por deshacerse de aquella presión en el pecho que sentía al saberse anormal, extraño, una aberración de la naturaleza y en un arranque de valentía interrumpió a su amigo, sintiendo que el corazón se le saldría del pecho.
—Es que…— Sabito miró con los ojos bien abiertos como su amigo se ponía más rojo que un tomate y como sus pequeñas manos fueron a parar a su propia cara tratando de esconderse de la vergüenza que sentía — N-No… no era una Omega.
—¿Un Omega masculino? Bueno, no es algo malo ¿Sabes-?
—Un alfa. — Hablo en un hilo de voz, pero casi en automático su cuerpo se relajo, era como si le quitaran un peso de encima. El mayor escuchó aquellas dos palabras y sintió que su sangre se helaba, abrió sus ojos tan grandes eran, esperando haber escuchado mal — E-Es… un alfa.
El silencio reino entre ambos alfas mientras la nieve caía sobre sus jóvenes cuerpos, era como si el tiempo se detuviera, Sabito tenía un montón de emociones circulando su mente, pero había una que reinaba.
Miedo.
Estaba aterrado, tenía tanto miedo que quería gritarle a Tomioka que se olvidará de eso, que enterrará esos sentimientos en lo más profundo de su corazón y que jamás le dijera a nadie. Sabía lo rechazadas que eran las parejas del mismo género, dos alfas, o dos Omegas juntos eran considerados una aberración, un desorden que había que limpiar a toda costa, cuando vivía con su familia había escuchado de una pareja de Omegas que al ser descubiertos se vieron obligados a cometer seppuku para que sus familias no cayeran en desgracia.
La imagen del azabache, al lado de otro alfa, con una katana entre sus manos enterrando el filo de esta en su estómago surco su mente haciendo que se estremeciera al punto de sentir que podía vomitar.
Estuvo a punto de gritarle que olvidara todo aquello, pero cuando alzó la vista Giyuu parecía estar a punto de llorar. Podía verlo incluso entre sus manos. Quizá él sabía todo eso, quizá él ya sabía que enamorarse de otro alfa estaba prohibido y aun así había tenido el valor de decirle. Y tal vez no era valor, tal vez era confianza.
Y él no era quien para deshonrar la confianza de quien consideraba su hermano con insultos y con palabras crueles dichas desde el prejuicio.
Sus pasos resonaron en la nieve, mientras se acercaba para poner sus manos sobre los hombros de su amigo.
—¡Eres increíble! ¡No hay razón por la que alguien no quisiera estar contigo! ¡Ese alfa se lo pierde! Makomo dice que la medicina para un corazón roto es volver a enamorarte, así que ¿Qué te parece si mañana bajamos al pueblo y hablamos con más personas?
Aquello había salido como una diarrea verbal, poco pudo hacer por detenerse cuando ya lo había dicho, viendo como las mejillas de su amigo se tornaban más rosadas. Los ojos de Tomioka se abrieron sorprendidos de par en par, mirando frente a él a Sabito como si no lo reconociera. Aquella era todo menos la reacción que esperaba y honestamente no sabía como reaccionar.
Había esperado ser insultado e incluso agredido físicamente, no que su amigo se acercara a él para consolarlo y que incluso lo tocara sin miedo a contagiarse.
—¿Tu…? ¿No crees que soy asqueroso?— Preguntó Giyuu tímidamente con lágrimas saliendo de sus ojos que comenzaron a descender cuando Sabito negó con la cabeza —É-Él… dijo eso… y luego se fue… Yo pensé que… Pensé que le gustaba pero… Malinterprete todo y por eso me dijo todas esas cosas horribles…
Si, aquello era una reacción normal, Sabito sabía que él mismo, si otro alfa se le declarara lo tomaría muy mal, incluso pensaría en golpear a aquel alfa para “Componerlo” como había escuchado que las personas mayores hacían cuando se enteraban de cosas como esa. Pero no era la vida que quería para Tomioka. No era la vida que quería para absolutamente nadie.
Porque Giyuu, su amigo, su casi hermano no podía estar “descompuesto” y sabía que se mataría a golpes con quien quiera que se atreviera a decir algo así de terrible. El único pecado de su amigo era enamorarse.
—Eso… Si, él dijo esas cosas… — Hablo nerviosamente, tratando de ser un buen mentor para quien ya amaba como a su hermanito menor — Mira, la verdad es que no es bien visto que te gusten los alfas ¿Sabes? — Tomioka asintió viendo a la nieve — Así que, de ahora en adelante debes ser cuidadoso, nadie más que yo puede saberlo ¿Entiendes?
—¿Cuidadoso?
—Si, no puedes decirle a otro alfa que te gusta, a menos que estés 100% seguro de que a él también le gustas ¿De acuerdo? ¡No me veas así! No es tan complicado, cuando nos gusta alguien olemos a eso, olemos a que nos gusta una persona, solo debes esperar a que esas feromonas vayan dirigidas a ti, lo sabrás cuando ocurra ¿Esta bien? Solo entonces podrás decirle que te gusta y a partir de ahí pueden abrazarse y tomar sus manos.
—¿A-Abrazarnos?
—¡Si! A los adultos les gusta mucho, abrazarse y darse besos es algo que haces con tu pareja, también toman sus manos y van a citas, Makomo es una experta en ir a citas, deberíamos ir a pedirle algún consejo.
Tomioka sintió un enorme alivio surcar su alma, como si Sabito fuera un ungüento para su espíritu roto, como si aquel gusto extraño por personas con quien compartía género y características físicas no fuera algo de lo que sentirse avergonzado.
—D-De acuerdo…
—Pero Giyuu — Apretó más los hombros de su amigo entre sus manos — Cuando seas pareja de un Alfa, nadie puede saberlo, deben ser tan discretos que nadie pueda siquiera notar que se vean, yo puedo saberlo porque soy tu mejor amigo, pero nadie más puede siquiera verlos sonreírse mutuamente, o si no…
Un escalofrío de miedo recorrió la espalda del pelinegro, miró atentamente a su amigo de la cicatriz apretar los labios con desagrado y la duda surco su corazón.
—¿O… O si no que…?
—Si no son discretos los separaran, o peor, los matarán, en el mejor de los casos podrán suicidarse con Seppuku, pero nadie querrá asistirlos, por lo que será muy doloroso y tardado.
El menor tembló, ya no sabía si era de frío o por el terror de la declaración recientemente expuesta.
Miro a aquellos ojos morados y sintió que su corazón latía intensamente al notar como Sabito no dejaba de verlo con el mismo cariño que siempre, a pesar de saber aquel desagradable secreto.
Aun así, aquellas palabras seguían resonando en su cabeza.
“No te me acerques, o podrías contagiarme ¡Anormal!” y nuevamente sintió que había algo mal en el, algo que debía ser arreglado inmediatamente.
—¿N-No sería mejor tratar de… curarme o algo así? — Dijo avergonzado.
Y los ojos púrpura de su amigo lo miraron con dolor, y después con análisis, como si meditara que debía decir.
—No creo que esto sea algo que escoges — Hablo Sabito separándose, tocando su propia barbilla en un gesto de curiosidad y análisis infantil — De ser así ¿Por qué escogerías voluntariamente el ser discriminado y odiado al punto de tener que suicidarte únicamente por quien te gusta? No tiene sentido para mi. Así que no creo que haya nada que curar, porque no estás enfermo. Solo te enamoras de alfas y hasta donde sé, nadie juzga a los Omegas por hacer lo mismo. Aun así no todo el mundo piensa como yo, ni va a aceptarlo porque son idiotas, así que debes ser cuidadoso como ya te había dicho.
Probablemente aquella no había sido la manera más elocuente de exponer aquel punto, pero Tomioka lo entendió perfectamente.
Si alguien descubría que le gustaban los alfa y no los Omega su destino era la muerte o la soledad, pero eso no importaba porque mientras Sabito existiera tendría siempre un amigo quien no le juzgaba por lo que era, o le tuviera miedo por lo mismo.
Y ese día, más que ningún otro, se sintió afortunado de tener a ese joven alfa de su lado.
***
Los años habían pasado, su cuerpo había cambiado, su corazón había cambiado, su Haori ahora tenía una tela adicional.
Ahora estaba solo.
Se había convertido en un pilar, el pilar del agua, su fuerza era bien conocida por todos en el cuerpo de cazadores por más que el mismo no supiera apreciarla. Su seriedad era legendaria, sus ojos azules reflejaban fríos a quien los viera, como si pudiera ver a través de cualquier persona, muchas Omega del cuerpo de cazadores caían rendidas al verlo, muchas de ellas, de hecho le escribían cartas poniendo seductoramente en la parte inferior del papel la fecha de su próximo celo en una invitación coqueta, la mayoría de las veces perfumando el sobre con sus propias feromonas.
A su edad no había marcado a nadie y entre las Omega se decía que estaba buscando a su pareja destinada, aunque se llevara la vida en ello. Agradecía de sobremanera aquel rumor que se había esparcido sin que se diera cuenta, pues hacía que nadie cuestionara sus rechazos, viéndolo incluso como algo romántico y digno de admirar.
Las Omegas eran bastante ilusas y fáciles de manipular.
—To-mi-o-ka— Habló dulcemente la única beta entre los pilares con aquel tono de voz difícil de interpretar.
—Kocho — dijo secamente el pilar mientras la veía acercarse a él, había tratado de esconderse entre las sombras sin mucho éxito.
—Es un gusto verte de nuevo, ¿Estás listo para hoy?
Aquel día era el nombramiento del nuevo pilar de la flama. Se presentaría oficialmente entre los demás pilares y tomaría su lugar, le asignarían su zona y juraría blandir su katana ante el patrón aunque la vida se le fuera en ello. Probablemente así sería, estadísticamente. Tomioka había dejado de contar a los funerales que había asistido después del primer año en la cofradía.
—¿Es el hijo del señor Rengoku, cierto?
—Así es, aunque es una lastima que el señor Rengoku tuviera que irse, pero desde que su esposa murió… Ya no fue él mismo… Dicen que un enlace es doloroso cuando se rompe — Los ojos afilados de la mujer se posaron sobre el alfa — Debes tener cuidado de a quién marcas, si es alguien muy débil y muere será muy doloroso para ti.
— La señora Ruka no era débil, solo estaba enferma.
—Y esa es justamente la definición de ser débil, tontito.
La dulzura pasivo agresiva de esa chica era encantadora, a veces el pilar del agua pensaba que no estaría mal probar suerte con ella, después de todo era una mujer agradable, muy inteligente y tan hermosa como lo había sido su difunta hermana, sin embargo no estaba dispuesto a poner en riesgo su amistad cuando siquiera se sentía atraído sexualmente a ella. Además, considerando que realmente la apreciaba seria un insulto para ella llevarla a la cama sin sentir nada romántico, aquella chica merecía algo mejor que simplemente sexo con una conexión emocional inexistente.
Las campanas sonaron, anunciando que el patrón había llegado.
Como si de un transe se tratara todos los pilares se posicionaron en una fila y agacharon su cabeza mientras el patrón entraba, la armoniosa voz del alfa frente a ellos les hizo relajar casi al instante, el patrón dio un discurso de lo orgulloso que estaba de la cantidad de demonios que habían cazado y de los avances que había tenido Shinobu en cuanto al veneno de glicinias especial para demonios.
Eso explicaba por qué recientemente la chica olía únicamente al perfume de aquellas flores a pesar de ser una beta.
—Ahora puedes pasar — Hablo el patrón dirigiendo su mirada hacia la puerta tras de él.
La puerta se abrió con un fuerte estruendo que hizo que todos los pilares voltearan. Tomioka sintió como si una ráfaga de viento trajera a él aquel masculino aroma. Era como si todos los cítricos del mundo se unieran en un aroma dulce como de naranjas y escandaloso como el de los limones. Aquel era el inconfundible aroma de las mandarinas. Sintiendo que algo en su interior se encendía se permitió deleitarse con aquel aroma, notando entonces las suaves notas del tabaco y la vainilla.
Ese Alfa había nacido con el aroma de las mandarinas, el tabaco y la vainilla. Un aroma delicioso, embriagante y masculino que por poco y le hace babear.
Sus ojos se dirigieron a la puerta viendo entrar a una figura masculina, con un cuerpo grande y trabajado por el ejercicio, con el cabello rubio y largo como los rayos del sol con puntas rojas como la sangre, sus facciones toscas y masculinas eran un deleite para sus ojos.
—¡Encantado de conocerlos! ¡Mi nombre es Rengoku Kyojuro! ¡Es un placer estar aquí con ustedes!
Incluso su voz era masculina y fuerte, digna de un alfa. Tomioka sintió que podía babear cuando aquel hombre se paró junto al patrón y con una gran sonrisa cruzó los brazos a la altura del pecho dejando ver sus fuertes antebrazos producto de horas y horas de entrenamiento.
El patrón lo presentó, y por primera vez el azabache no podía escuchar lo que salía de los labios del alfa enfermo enfrente de ellos, todos sus sentidos estaban concentrados en el alfa rubio con un olor delicioso y el cuerpo musculoso más seductor que había visto en su vida. La idea de quitarle la camisa y ver que había debajo del uniforme de cazador le resultaba tentador.
Tuvo que relajarse al darse cuenta que podía comenzar a lanzar feromonas de excitación y moriría de vergüenza si eso pasaba.
Al cabo de un rato el patrón regresó al interior de la mansión Ubuyashiki dándole espacio a los pilares para conversar con el nuevo. Momento que fue aprovechado por Tomioka para apartarse.
Por primera vez no se apartó por timidez, o porque las interacciones con aquel grupo de personas acabaran con su batería social más rápido de lo que le gustaba. No, por primera vez se alejo porque aquel aroma era tan malditamente bueno, y él había pasado ya varias semanas sin tener sexo que temía desconocerse a si mismo y ponerse en una situación vergonzosa de cualquier índole.
Aun así sus ojos no dejaban en paz a aquel nuevo pilar, y es que le resultaba delicioso, encantador y tan atractivo que no le sorprendería que tuviera tantas Omegas vinculadas como Uzui, considerando también que este último lo presentó como su mejor amigo.
El hijo del señor Rengoku era incluso más atractivo que su propio padre, y aparentemente tenía muchísimo mejor carácter (y menos arrugas).
Tenía muchísimo tiempo desde la última vez que había visto a un alfa tan atractivo, que llamara tanto la atención. ¿Quién había sido el último? Probablemente aquel boticario en Akita, con quien había sentido cierta chispa, pero que se había comprometido con una Omega antes de poder siquiera preguntarle su nombre. Y de ese evento habían pasado ya 3 años.
Suspiro derrotado, aquel pilar parecía un sol brillante, alguien totalmente inalcanzable que la sola idea de desearlo resultaba inútil-
—¡Hola! ¡Encantado de conocerte! ¡¿Eres el pilar del agua, no es verdad?!
En su ensoñación no se dio cuenta cuando el veloz pilar ya estaba frente a él, respingo levemente y le dirigió una mirada fría. La suave brisa de la tarde hacía que su cabello rubio se moviera ligeramente, dándole un aire bastante etéreo. No, lo que verdaderamente le daba aquel aire de ser un ser superior traído directamente de Takamagahara eran aquellos ojos rojos, con un borde dorado que parecía un anillo de oro y que brillaba como el fuego mismo. Era como si sus ojos fueran tan intensos y calientes como la lava y sintió que quería que esos ojos le vieran hasta el alma.
—Si. — Respondió, casi en un suspiro.
—¡Es fantástico! ¡Mi padre me habló mucho de ti en el pasado! ¡Es un honor trabajar contigo!
Tomioka parpadeo un par de veces, la estruendosa voz del menor tenía una explicación lógica, aun así, esperaba que pronto se acostumbrara a tener reducida su capacidad auditiva o terminaría dejándolos sordos a todos.
—No es para tanto
—¡Claro que sí! ¡Creo que eres el pilar más bello de todos!
¿Eh? ¿Había escuchado bien? No alcanzó siquiera a reaccionar, cuando el pilar del viento le gritó al rubio exigiendo una pelea en busca de probar cuán fuerte era y si había entrado al cuerpo por mérito propio o debido a nepotismo. El rubio hizo un gesto con la mano en dirección al de ojos azules y dio la vuelta dirigiéndose al peli blanco, dispuesto a una batalla física.
Ah, su corazón se vio sacudido al ver como Rengoku brillaba alejándose de él.
Suspiro derrotado, nuevamente había quedado flechado de alguien totalmente fuera de su alcance, de alguien de su mismo género con quien nunca llegaría a nada. Decidió que morir solo no era tan malo. Es más, deseo morir en batalla, de esa manera al menos moriría con honor y las personas jamás cuestionarían porque a pesar de su edad jamás había marcado a una sola Omega.
***
—¡La batalla fue tan vistosa! —Grito Uzui rodeando con su brazo los hombros de su amigo — ¡Sabía que debí apostar! ¡Era obvio que ganarías!
—¡La batalla con otro pilar es algo divertido que no podía dejar pasar!
—¡Aún debes modular tu voz! ¡No nos grites a todos en la cara!
—¡Lo lamento!
Los ojos bicolores de Rengoku miraron a todos lados, en busca del pilar del agua quien había salido del resintió en cuanto comenzó su pelea con Sanemi, por fin podía pelear al lado de aquel formidable guerrero del que su padre le había hablado tantas veces cuando aún amaba estar vivo y no se sumergía en el alcohol.
Piel tan blanca como la leche, el cabello tan oscuro como el azabache y unos ojos azules y fríos como el mar ártico.
La apariencia de ese pilar era definitivamente la apariencia de la belleza del agua. Lastima que era un alfa, definitivamente era hermoso, incluso más hermoso que un Omega.
—¿En que piensas? — Dijo el shinobi cuando llegaron a la casa de té, había decidido invitar a su mejor amigo a almorzar para festejar aquella victoria — No es común que estés tan callado.
—¡En nada! — Mintió, avergonzado de haber estado tanto tiempo pensando en el pelinegro, pero no podía evitar su curiosidad. La primera vez que miro al pelinegro su padre aún era cazador y el siquiera entrenaba, siempre le dio curiosidad aquella figura distante que parecía mirar a todos como por encima del hombro — ¡Por cierto, el pilar del agua tiende a aislarse mucho ¿No?!
—¡Que no grites, estoy enfrente de ti! — Grito Uzui molesto — Joder, debemos hacer algo con tu oído pronto… ¿Hablas de Tomioka? Si, bueno, es bastante raro, digo, es muy fuerte, pero jamás lo he visto pelear, al menos hasta ahora.
—¡¿Es normal que siempre se aleje de todos?!
—¡Más bajo! — Le aventó un dango a la cara — Si, bueno… tiende a creerse mejor que todos, a veces siento que nos mira a todos por debajo del hombro, creo que piensa que no somos dignos de estar cerca de su presencia, a mi no me molesta, pero a Sanemi lo saca de quicio.
—¡Me di cuenta!
—¡Que mas bajo, idiota! — Tengen suspiro derrotado, sabia que tardaría un tiempo antes de que su amigo dejara de gritar, pero joder, tenia una voz tan estridente que resultaba incluso cómico — ¿Porque el repentino interés en el pilar del agua?
Uzui se llevó la taza de té recién servida a la boca y bebió un poco de su contenido.
—¡Solo me pareció hermoso! — Hablo Rengoku como si aquello fuera de lo más normal, haciendo que el albino escupiera su te.
—¡No digas esas cosas delante de todos! ¡¿Eres ese tipo de persona Kyojuro?
—¿Ese tipo de persona?
—¡Sabes a qué me refiero! — Si, Rengoku sabía a qué se refería, a decir verdad nunca se lo había cuestionado, pero tampoco se había cuestionado muchas cosas pese a su edad.
— No, solo… No se, me resulta familiar —El rubio acaricio su propia barbilla, como si pensara, Uzui se dio cuenta que por primera vez en la conversación había usado un tono de voz medianamente normal — Es como si no pudiera dejar de verlo, su apariencia me llama muchísimo la atención. Creo que nunca había visto a alguien así de… bueno, no es importante.
Por un momento el shinobi sintió que su estómago caía hasta el suelo aterrado. Aquella conversación no iba por el camino correcto. Su amigo no debería estar hablando así de otro alfa. Sabía las consecuencias de ese tipo de comentarios y realmente no quería nada de eso para su amigo, quien ya había sufrido lo suficiente para su gusto con una madre muerta y un padre alcohólico y violento.
Pero pensó que, tal vez su amigo era aún muy inocente, sabía que Kyojuro seguía siendo virgen pese a su edad (Y que por alguna razón aquello no le molestaba, cosa que no entendía porque él mismo amaba el sexo) y por eso había ciertos comentarios y pensamientos que no consideraba impuros.
Decidió que probablemente, era el momento de presentarle a alguna cortesana que le robara el aliento a ese rubio atolondrado.
—Personas como él tienen facciones muy comunes, solo ignóralo, no es correcto que veas hermoso a otro alfa ¡Hey! ¡Eso es! Podemos ir después de aquí al distrito rojo, puedo presentarte a la princesa de la casa Aohara.
—¡Te recuerdo que estás casado! — Dijo el rubio y Uzui rio divertido.
—¡Por dios! — Habló indignado el albino — ¡Somos alfas! Es normal estar con varias Omega a la vez, sobre todo Omegas tan hermosas como las de la casa Aohara, son mujeres increíblemente hermosas y además inteligentes, de esas no hay muchas, créeme. — Pero vio como el rostro de su amigo siquiera se vio impresionado, y aquello de algún modo le hizo sentir que realmente tenía que hacer algo al respecto para que su amigo no terminara siendo un paria social. — Ahora que lo recuerdo, según se no has estado con ninguna Omega aún, de ser así y al ser tu primera vez yo invito, puedes escoger incluso a la princesa si eso quieres ¡La comprare para ti si de verdad te gusta!
A Kyojuro de verdad no le gustaba la idea de “comprar” a una Omega, más sabiendo que muchas de las Omegas que estaban en aquel tipo de lugares habían sido vendidas por sus familias y definitivamente no estaban ahí por voluntad propia. No entendía como los alfas podrían excitarse estando con Omegas que, de no haber dinero de por medio, si quiera les dirigirían una sonrisa. Entendía que quizá era una dinámica de poder que a muchos podría gustarle, pero a él, personalmente, no.
—¡Me niego a ir!
—¡Qué mojigato! ¡Déjate llevar! — La comida fue entregada y ambos comenzaron a comer, sin embargo Uzui no quería quitar el dedo del renglón. — Pero si deberías considerarlo Rengoku, Mira, es bien sabido que si no tienes sexo de vez en cuando tu cuerpo se vuelve loco, comenzaras a desear a cualquier persona, tampoco esta bien eso, imagina que por no liberar tu cuerpo te enamoras de una beta ¡Que horror!
El rubio sabía que su amigo tenía opiniones un tanto fuertes y negativas referente a muchas situaciones del día a día, discutir con él respecto a esos temas era el equivalente a discutir con la pared. Continuó comiendo su comida, deleitándose con el sabor y gritando “sabroso” de vez en cuando, mientras su amigo reía.
—Hablo enserio de que podría comprar a una cortesana para ti — Hablo Uzui sonriendo mientras comía una brocheta de carne, la conversación ya se había desviado hacia la enfermedad del patrón, pero Tengen era del tipo de persona cuya mente fluye de formas misteriosas y de algún modo recordó esa parte de la platica, retomándola como si nunca hubieran cambiado de tema. — Incluso puedes casarte con ella si de verdad te gusta mucho, la princesa de la casa Aohara es virgen, por eso es tan valiosa, cuesta lo que ganaría el consejero del emperador en dos años.
— ¿Siquiera la conozco y ya me quieres casar con ella? — Exclamó frustrado, por más hermosa que fuera aquella mujer, el hecho de que estuviera en el distrito rojo la hacía menos atractiva a sus ojos pues probablemente una mujer así solo vería a los alfas como medios para escapar de aquella aterradora vida que a simple vista parecía glamurosa, pero que tenía un trasfondo tan oscuro que definitivamente no quería tener nada que ver con ese tipo de lugares. Pero explicarle todo eso a su amigo era como tratar de explicarle a un pájaro porque existían divisiones políticas. No lo entendería jamás pues su moral era diferente. — ¡¿Qué tal que no me gusta?!
—¡Por amor a Dios! — Se burló el albino — Te conozco muy bien, estoy seguro de que eres del tipo de hombre que se lanza de cabeza cuando se enamora. De esos alfas que están dispuestos hasta a matarse por amor. Además eres un romántico, estoy seguro de que cuando te enamores vas a volverte loco por esa persona ¡Y que mejor que sea de una princesa de una casa tan prestigiosa!
La idea de aquel tipo de amor hizo reír al rubio, burlándose de las palabras de su amigo.
— Si algún día me enamoro (Que no será de una cortesana, estoy bastante seguro) veremos si tienes razón, aunque no creo que pase mientras los demonios existen.
—¡¿Vivirás una vida de celibato?! — Exclamó el alfa visiblemente horrorizado — ¡Tú y Himejima están totalmente locos!
Y Rengoku no pudo evitar reír.
***
Su primer mes como pilar había sido relativamente tranquilo, sus misiones no eran muy diferentes a cuando era Kinoe, eso, sumado a que cada noche, entre más demonios cazaba se hacía más y más fuerte solo ayudaba a hacer que prontamente su nombre fuera conocido entre los rangos inferiores de la cofradía.
Y con ello, la primera misión en conjunto llegó: Sabía que el patrón mandaba de vez en cuando a dos o incluso 3 pilares juntos a misiones difíciles donde la probabilidad de encontrar a una luna superior, o una luna creciente era muy alta.
Estaba tan emocionado de tener su primera misión en conjunto que casi sintió que el corazón le explotaba cuando su cuervo le indicó que su compañero sería Tomioka Giyuu. Se sentía feliz, se sentía emocionado de compartir una misión con aquel pilar y poder ver aquella pulida técnica de lucha con sus propios ojos.
—¡Muy bien! ¡Sera divertido! — se dijo, emocionado.
Sus pasos lo llevaron apresuradamente al pueblo donde tenían que encontrarse, pero no estaba preparado para lo que vería ahí. Al llegar, su respiración se congeló en su pecho como si el aire se negara a entrar.
Tomioka estaba allí, sentado en una banca frente a un restaurante de ramen. La luz suave del sol matutino lo envolvía como un aura celestial, destacando cada rasgo de su rostro con una perfección irreal. Su mirada se enfocaba en su cuervo, que picoteaba con calma una galleta de su mano. El cabello negro de Tomioka no solo brillaba bajo la luz del día; parecía moldeado con la esencia misma de la noche, pulido como la obsidiana más pura. Y sus ojos, un par de océanos serenos, imposibles de abarcar con una sola mirada, tan profundamente azules que parecían guardar todos los secretos del mundo; simplemente le robaron la respiración.
—Dios… —Suspiro, sin poder quitar sus ojos de aquella escena.
Tomioka era más que un hombre. Era una obra maestra viviente, una visión arrancada de los sueños de un artista divino. No, no parecía humano: era un dios en carne, bajando momentáneamente a este mundo vulgar. Se quedó allí, inmóvil, incapaz de apartar los ojos de él, hipnotizado por aquella combinación de calma y grandeza.
El hechizo se rompió cuando la mirada de Tomioka se alzó, como si hubiera sentido el peso de la atención. Sus ojos, infinitos y abrumadores, se encontraron con los suyos, abriendo un abismo de silenciosa conexión. Solo duró un segundo, pero fue suficiente para hacer que el tiempo se detuviera por completo. Luego, como una ola que retrocede al océano, los ojos del pilar del agua volvieron a su cuervo.
Con un movimiento tranquilo, alzó el brazo, dando a su ave la libertad del cielo, y se levantó de la banca con una elegancia que solo podía describirse como sobrenatural. Cada paso que dio hacia él parecía resonar en el mundo, haciendo que el suelo bajo sus pies pareciera insignificante. Y entonces, el dios caminante dirigió sus pasos a él.
—... — Saludo, y aunque lo vio mover sus labios no pudo escuchar lo que decía.
“Son unos labios muy bonitos” concluyó.
— … — Volvió a hablar el hombre dando la vuelta, sus palabras eran cortas y concisas, como si su palabra fuera absoluta y aquello de algún modo le resultó bastante interesante.
Camino atrás de él por todo el camino, un poco molesto por solo poder ver su espalda, la voz de aquel pilar era tan suave que era muy difícil para el escucharla con su capacidad auditiva reducida. Pero de algún modo estaba seguro de que el pilar frente a él no diría ni una palabra por voluntad propia.
Para su sorpresa, esa misma noche llegaron al poblado donde radicaba el demonio. Aquella batalla fue complicada, no por la fuerza del demonio en sí, sino porque aquel monstruo había tomado a un niño como su rehén, poniéndolo en su cuello cada que acercaban la katana con el propósito de decapitarlo.
La sorpresa de Kyojuro fue mayúscula cuando pudo ver con sus propios ojos la hermosa técnica del mayor, sus movimientos fluían como el agua, como una lluvia fresca que los envolvía a todos, sus movimientos eran ligeros y claros, como la danza de una sirena en medio de una cascada.
Y verlo caer, cargando a ese pequeño niño en sus brazos mientras tras de si el demonio se evaporaba había sido como ver a un ángel caer en la tierra.
“Dios santo” pensó, aguantando un jadeo, envainando su nichirin.
—¡Eso fue increíble! — Exclamó, corriendo hacia él mientras el pilar dejaba en el suelo al niño, quien corrió rápidamente a casa llorando y gritando como loco. — ¡Jamás había visto una técnica tan pulida! ¡Fue impresionante!
—... — Nuevamente el pilar hablaba, pero no pudo escucharle. Harto de la situación, pues sabía que el pilar podía hablar con un tono de voz más alto, decidió decir algo al respecto.
— ¡Lo siento! — Dijo, alzando las manos — ¡La verdad es que no puedo escucharte! ¡Justo ahora tu voz es muy suave para que yo pueda escucharla! ¡¿Podrías hablar más alto?! ¡Como cuando nos vimos en la mansión del patrón!
Vio a Tomioka soltar un ligero “Ohh”
—... — Pero nuevamente, su voz seguía siendo suave.
—¡P-Perdón! — tartamudeó, sintiendo el calor de la vergüenza subirle al rostro, comenzando a sentir que quizá el problema era él — ¡Aún no puedo escucharte!
Desvió la mirada nervioso, sus ojos luchando por encontrar un refugio en el suelo, intentando recuperar la compostura. Pero entonces ocurrió.
Tomioka dio dos pasos adelante, acercándose con una seguridad casi implacable. La distancia entre sus pechos se redujo a escasos centímetros, y el aire pareció electrificarse a su alrededor. Un jadeo escapó involuntariamente de sus labios mientras sus ojos se abrían desmesuradamente ante la cercanía del alfa. Estaba tan cerca… Tan cerca que podía ver cada detalle de su rostro, cada pestaña negra como la noche que enmarcaba aquellos ojos infinitos. Las pestañas largas y densas caían como cascadas de azabache, eclipsando todo a su alrededor. Era sobrecogedor.
Contuvo la respiración, atrapado en el magnetismo de aquella presencia abrumadora. El mundo pareció detenerse en el momento en que Tomioka separó los labios, lenta, deliberadamente. Fue entonces, como si despertara por primera vez sus sentidos, que el aroma le golpeó.
Un aroma exquisito: crema dulce y un tenue rastro de pimienta rosada. Era embriagador, una mezcla tan deliciosa y seductora que le hizo salivar sin darse cuenta. Sus ojos bajaron instintivamente hacia los labios del pilar del agua, esos labios que ahora se movían suavemente, listos para formar palabras.
—¿Así está bien? — pronunció Tomioka, su voz baja y tersa como un río profundo, resonando como un trueno en el cuerpo de Rengoku. Fue como si cada célula en su piel despertara al unísono, vibrando con la intensidad del momento. Desde la punta de los dedos hasta la coronilla, un escalofrío lo recorrió por completo.
Entonces lo sintió:
Un deseo súbito, inesperado y abrumador. Por primera vez en su vida, Rengoku sintió el irrefrenable impulso de unir sus labios con los de otra persona. Un deseo tan arrollador que lo asustó.
—¡Yomoya! — exclamó, saltando hacia atrás, como si el mero pensamiento lo hubiera quemado. Su corazón latía con tal fuerza que creyó que podía escuchar cada golpe, violento y acelerado. Su rostro ardía, tan caliente que estaba seguro de que su rubor podía verse incluso desde lejos. Su respiración llegaba en pequeños jadeos erráticos.
Tomioka, alzando una ceja con una calma casi desconcertante, ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Aún no me escuchas? — preguntó, su tono neutral y curioso, como si no acabara de hacer temblar todo el mundo del rubio con su presencia.
"¿Qué ha sido eso?"
La pregunta resonó con fuerza en su mente mientras luchaba por recuperar algo, cualquier cosa, de su orgullo desmoronado. Desconcertado y más avergonzado de lo que nunca había estado en su vida, decidió responder rápido, antes de que Tomioka pudiera leer en su cara el torbellino que lo azotaba.
—¡Ah! ¡S-Sí…! ¡T-Te escucho! — forzó la respuesta, hiperconsciente de cómo su voz quebrada podía traicionarlo.
Y ahí estaba el azabache, mirándolo con esa misma tranquilidad inmutable. Un dios imperturbable, mientras él apenas lograba mantener el alma en su cuerpo.
Y entonces ocurrió algo inesperado: Tomioka sonrió.
No fue una sonrisa amplia ni exagerada, pero fue suficiente. La curvatura sutil de sus labios envió ondas de calor por todo el cuerpo de Kyojuro. Fue el golpe final. Toda su cordura, sus pensamientos coherentes, y cualquier atisbo de control se hicieron añicos en un instante.
Ese alfa no era un hombre común. No, era un ser fuera de este mundo, un milagro viviente, la cúspide de todo lo que era hermoso y sublime. Jamás, ni en sus sueños más salvajes, había contemplado algo tan espléndido, tan absolutamente perfecto. El mundo entero parecía desvanecerse a su alrededor, dejando solo al pelinegro, brillando como la estrella más radiante en el cielo nocturno.
—Me alegro —dijo Tomioka, su voz baja y tranquila, como el murmullo del viento en una noche serena—. Intentaré hablar más alto para que puedas oírme.
—S-Sí… gracias… —logró responder Kyojuro, aunque su propia voz le pareció insignificante y frágil, incapaz de sostenerse ante la magnitud del hombre frente a él.
Tomioka, con un gesto tan natural que casi parecía ajeno a la tormenta que había desatado en el corazón del pilar de la flama, envainó su katana con una precisión casi ceremonial. Luego dio media vuelta con esa elegancia innata que lo hacía parecer flotante, dirigiéndose hacia la posada del pueblo, con su andar silencioso pero firme. El aire que quedaba tras de él era pesado, cargado con la sensación de su presencia.
Esa noche fue diferente. Por primera vez en toda su vida, el invencible y apasionado Kyojuro Rengoku soñó. Soñó con Tomioka Giyuu. Pero no fue un sueño tranquilo; fue un torbellino de imágenes llenas de ojos azules que parecían océanos, de cabellos azabaches que caían como la medianoche misma y de sonrisas escasas pero mortales.
Y al despertar, su pecho aún palpitaba como si aquella sonrisa lo hubiese marcado para siempre.