Cruel Realidad

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Sinopsis

La ira no siempre anuncia su llegada. Puede nacer de un pensamiento fugaz, de un recuerdo enterrado, de una mirada malinterpretada. A veces se disfraza de tristeza, otras de silencio. Su origen es difuso, esquivo… pero su efecto, innegable: lo destruye todo a su paso. Milleth lo sabía. Sentía cómo esa sombra crecía dentro de ella, pero no podía nombrarla. Sabía que todo estaba unido por un secreto antiguo, cubierto por capas de niebla, como un eco en una habitación vacía. ¿Pero cuál era ese secreto? ¿Qué debía mirar, recordar o sacrificar… para arrancarle el velo y enfrentar lo que tanto tiempo había estado escondido?

Genero:
Romance
Autor/a:
diana
Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Todo había cambiado desde la última vez que vine, habían pasado ya tantos años que ya era muy poco lo que podía recordar de mi propio país, de mi ciudad natal. A pesar de que siempre estuve en comunicación con algunos miembros de mi familia, jamás me había atrevido a preguntarles cosas sobre este lugar por temor a revivir recuerdos que tanto daño me habían causado por no recordar, siendo los principales motivos por los que me había marchado.

No quería revivirlo sin saber que tanto daño causó, no quería verlo, no a él; no quería saber qué a pesar de lo que hizo aún estuviera pululando a sus anchas cómo si nada hubiera pasado, regodèandose por ser un miembro más de mi afamada familia.

» Nunca debí volver »

Pero, lo había hecho por mi madre, por esa anhelante nota que me había escrito y previamente envíado. »Te necesito» esas insignificantes palabras me habían orillado a tomar la decisión de enfrentarme a él y todo lo que me conllevará saber la verdad.

»Tarde o temprano tenía que pasar, no es posible escapar de tu destino»

Tome una gran bocanada de aire antes de que finalmente me llenará de valor para salir del auto, acomodando el gabán de quinientos dólares que me había obsequiado la compañía para la que trabajaba al igual que la cartera de diseñador. Mis manos temblaban a medida que me acercaba a las inmensas puertas de roble pulido suscitando mis dudas de por qué había aceptado venir y no lo pensé mucho para que mis nudillos resonaran sobre el grabado de la familia Morgan.... una de las familias más adineradas e influyentes de toda Luisiana.

—¿Mami?

Cerré la mano sobre la prenda de cuero y me gire hacia la pequeña a mi lado, mirándola cómo lo había hecho desde que supe de su existencia.

—¿Qué sucede Mirella?

—¿Te encuentras bien?

Sus ojillos brillaron haciéndome rechinar los dientes, por diez malditos años yo también me había hecho la misma pregunta sin hallar más que incógnitas y lamentos. A Pesar de que era mi hija y que llevará mi sangre, yo no podía verla cómo tal por qué desconocía los motivos de su existencia.

»Respira Milleth» me dije volviendo la vista al frente para llamar una vez más.

—¿Mami? —insto, pero me mantuve reacia en mi lugar, apretando los labios para no gritarle —¿Por qué no me quieres?

La pregunta me tomó por sorpresa que no supe que responderle, la puerta se abrió en ese instante, revelándome el rostro cansado de mi madre y siendo mi salvoconducto para aguardar. En sus labios apareció una sonrisa.

—Milleth —susurro, antes de guiar sus ojos a mi derecha y luego a mi izquierda —¿Y estas niñas, Milleth? ¿Son.... tuyas?

Los grisáceos ojos de Mirella, relucieron de alegría cuándo giro a verme, enlazando sus pequeños dedos con los míos. su simple contacto me provoco asco, pero hice un esfuerzo sobrehumano para no apartarla. Milla, por el contrario, se mantuvo circunspecta y de brazos cruzados.

—¿Milleth?—insto mi madre.

—Son las hermanas de mi compañera de trabajo —dije, sin inmutarme ante el halo triste que atravesó el rostro de la pequeña y la sonrisa irónica de la otra—,la agencia me dio una licencia para poder venir y, Karen debía trabajar, así que decidí traérmelas. No podía permitir que se que quedarán solas y sin supervisión en Marsella.

—Entiendo—musitó pesarosa—,pero debo admitir que me causa desilusión, por un momento llegue a pensar que me habías dado la bendición de darme un nieto.

—No empecemos—le pedí, sonando airosa —,no tengo ánimos de hablar, ha sido un largo viaje, estoy cansada y lo mínimo que quiero es que comiences a llenarme la cabeza con ideas absurdas.

Mamá asintió con la cabeza y se movió del camino para dejarnos pasar, eche un rápido vistazo y para mi sorpresa todo seguía igual.

—Antes de que se me olvidé, tu padre necesita hablarte; me pidió que te lo dijera tan pronto llegarás.

Cada fibra de mi cuerpo se estremeció de anticipación.

—Hablaré con él después de que haya descansado—espete —,dile a....esa empleada tuya, Luisa, que prepare una habitación para las pequeñas y que se encargue de ellas.... yo no tengo tiempo ni ganas para hacerlo.

Zanjando la conversación, subí las escaleras encerrándome después en la que anteriormente había sido mi habitación.


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(Milla)


Mirella se paseaba por la habitación sollozando, siempre le había afectado más la indiferencia de nuestra progenitora y es que para mí no era ningún secreto que ella nos odiaba sin darnos ninguna argumentación. Pero no era necesario que lo hiciera, yo había descubierto por qué de su odio, aunque aún no entendiera por qué su rabia era más propensa hacía mi hermana.

No aceptaba lo que hacía, lo que nos hacía, no podía comprender su rechazo y que siempre nos negara aún sabiendo que nosotras no teníamos la culpa de haber nacido así. Sin embargo, tampoco podía juzgarla por qué .....por muy cruel que se oiga, tal vez yo también hubiera hecho lo mismo al creer que mi propia sangre me pudo hacer daño.

Era inhumano.

—¿Qué hicimos mal, Milla? —me preguntó mi hermana con los ojos hinchados y enrojecidos por su llanto—,siempre hacemos lo quiere y no hacemos nada que pueda molestarla. ¿Por qué no nos quiere?

—Tal vez no estaba lista para ser madre—inquirí —,su carrera le exige demasiado y tal vez creé que no tiene lo necesario.

—Pero,eso ni siquiera es nuestra culpa—se defendió —Nosotras no le pedimos nacer, ella nos trajo al mundo por qué así lo quiso; no es nuestra responsabilidad el que se comporte cómo si no le importaramos. Ella no nos quiere, Milla.... nunca lo ha hecho, siempre nos ha odiado y siempre lo va a hacer no importa lo que hagamos.

Me levanté de la cama y no tarde para rodearla, siendo consciente de cómo mi hermana se rompía; siempre había sido muy sensible y yo siempre había estado allí para ella.... solo nos teníamos la una a la otra.

—Ya no llores más—le pedí, acunando su rostro mojado —,no es tu culpa, tampoco es mía.... así que por favor deja de lastimarte que no solo te lastimas a ti misma si no que también me lastimas a mí.

—Perdón, es que no puedo evitarlo— sollozó —,es que la quiero y necesito que me quiera así sea un poco.... no pido nada más.

—Ella lo hará—le aseguré aún sin estar convencida —,solo tienes que darle un poco más de tiempo.

—¿Me lo prometes?—sorbió por la nariz y me miró esperanzada.

Ignore la punzada de culpa que me recorrió y asentí con la cabeza afirmando un imposible.

Mirella, dejo de llorar y acompañamos a, Luisa, —según recordaba—cuándo vino a buscarnos, nuestra madre ya estaba en la mesa con la cabeza metida en una revista de moda dónde su cara era la portada; dos hombres, uno más joven que el otro, conversaban en susurros mientras la abuela tomaba té con una chica de la edad de mamá. Luisa, nos acomodó al lado de la chica y nos ofreció un poco de zumo de arándanos, logrando que Mirella arrugara la nariz.

—¿Hay algún problema?—preguntó confundida.

—Ella solo bebe soya—informó mamá sin bajar la revista ni ocultar su malestar—,su cuerpo no le permite ingerir otras sustancias sin ocasionar alergias.

Luisa, miró a la abuela y luego a mamá mientras Mirella, irradiaba felicidad por qué ella, halla recordado algo tan significativo.

—Ya escuchaste a, Milleth, Luisa—musitó el hombre mayor sentado a la mesa —,dale a la pequeña lo que requiere y por favor avisa a, Charles y Andréw que bajen.

—Cómo usted ordené don Enrique.

El silencio se volvió un poco denso en los minutos en los que esperamos, dos hombres pulcramente vestidos y que al parecer no tenían más de veintinueve años acompañaban a, Luisa, que se excusó por el retraso dejando después un vaso aceitado frente a mi hermana quién no esperó invitación para prenderse de el cómo si su vida dependiera de ello.

—Respira Mire—le pedí acariciándole la muñeca —,no bebas tan aprisa o terminarás atragántandote.

—Lo siento —se disculpó avergonzada y con los labios escarchados —,es que me gusta tanto y no pude controlarme.

Luisa sonrió

Mamá bufó.

—Bueno, ya que estamos todos reunidos..... —musitó la chica a mi izquierda con fingida gratitud —, puedes empezar a servirnos Luisa, pídele a, Claude, que te ayude en lo necesario.

—Enseguida señorita Raquella.

Mientras servían la comida me fijé en los hombres que habían llegado y cuyos ojos no se habían apartado de mi madre, no estaba segura y solo estaba especulando, pero, tenía la leve sospecha de que uno de ellos había sido el causante de que la mujer que nos dio la vida se convirtiera en lo que ahora es..... y aunque me tomará un poco de tiempo.... yo iba a descubrir quién fue.