01
Sede de la Agencia Nacional de Inteligencia Avanzada (ANIA), Nivel Subterráneo 3.
Jimin se consideraba un espía serio, profesional, eficiente. Silencioso como un gato, letal como una bomba y sobre todo, libre de distracciones emocionales.
Durante siete años, Jimin había escalado en ANIA a punta de disciplina, eficiencia y cero errores. Fue reclutado por la agencia cuando recién ingresaba a la universidad y desde entonces su vida cambió radicalmente. Era ese tipo de agente que otros miraban con recelo porque no tenía vida personal. Nunca iba a las fiestas de cumpleaños del equipo, entrenaba solo, y hablaba en informes verbales como si fueran telegramas y estaba bien con eso, era feliz, más o menos... Suficientemente funcional, al menos.
La sede de ANIA era un complejo imponente, escondido bajo la superficie de Seúl, con pasillos que parecían laberintos y tecnología de punta que hacía palidecer a cualquier película de espías. Allí, la vigilancia era constante, y los secretos eran moneda corriente. “ANIA, en la sombra, pero siempre vigilante”, decía el lema grabado en la pared principal de la entrada.
Esa mañana, con su café negro y sus tres misiones recientes completadas en tiempo récord, fue llamado por el director.
Nada nuevo. Pensó que sería otro operativo delicado: algo en Estambul, Rusia, tal vez, una misión con adrenalina y pistolas.
— Park, siéntate. —dijo el director.
Jimin se sentó. Espalda recta, rostro serio, todo protocolo.
— Tenemos una situación con un sujeto de alto perfil: Jeon Jungkook.
Jimin asintió, conocía el nombre, ¿Quién no?
Jeon Jungkook, veintinueve años. Multimillonario, inversor en tecnología, mecenas del arte, coleccionista de armas antiguas, Guapo hasta lo ilegal. Famoso por hacer donaciones millonarias y desaparecer de la prensa cuando se aburría. También, potencial vendedor de secretos clasificados a países enemigos.
Jimin esperó el dosier, la foto satelital, el itinerario de viaje, el mapa del sistema de ventilación del edificio donde se escondería. En cambio, recibió una frase que lo hizo parpadear tres veces.
— Tu misión será seducirlo.
El silencio reino mientras los tonos de color en el rostro de Jimin iban de rosa a un color carmesí intenso.
— ¿Disculpe?
— Seducir, enamorar, cautivar. Escoge el verbo que quieras, pero la idea es que te acerques a él y ganes su confianza... por medios menos convencionales.
Jimin sintió que una ceja se le arqueaba sola.
— ¿Está... en serio?
— Completamente.
— Yo no soy ese tipo de agente.
— Lo sé, precisamente por eso te elegimos. Tu historial es impecable, Jungkook desconfía de los que le lanzan sonrisas falsas. Necesitamos alguien que parezca no saber coquetear.
— ¡No sé coquetear!
— ¡Perfecto!
Jimin lo miró fijamente.
— Señor, no creo que entienda lo que está diciendo, yo no tengo experiencia en esto.
— ¿En seducción?
—En general.
El director lo miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Nunca?
— Mi trabajo ha sido mi prioridad, no he tenido tiempo para... esas cosas.
— ¿Ni una aventura?
— No.
— ¿Ni una cita de una noche?
— No.
— ¿Ni una app de ligue?
— ¿Me ve con tiempo para chatear con extraños?
El director se frotó la cara.
— ¿Eres virgen?
— Técnicamente sí.
— Dios.
— ¿Eso es un problema?
— No, es un recurso narrativo inesperado.
— ¿Qué?
— Nada, escucha... No necesitas ser un experto, solo debes lograr que él se interese, que quiera verte de nuevo, que baje la guardia.
Jimin suspiró.
— ¿Y si no le gusto?
— Tienes cara de modelo coreano, le vas a gustar.
— ¿Y si es heterosexual?
— A Jungkook le gusta el peligro; Si lo haces bien, no va a notar que lo estás espiando hasta que ya esté desnudo.
— ¿Ese es el objetivo?
— Metafóricamente.
— Menos mal.
El director le deslizó una carpeta.
— Dentro de dos días hay una gala en París, una subasta de arte, él estará allí y tú también.
Jimin hojeó el archivo, fotografías, horarios, invitación falsa a su nombre.
— Lo ves, lo seduces, luego lo sigues. Descubres si está vendiendo información y a quién.
— ¿Y si me expone?
— Entonces corres, como cuando explota un edificio.
— Esto es peor que un edificio explotando.
— No seas dramático.
— No soy dramático, soy prudente, soy profesional.
— ¿Sabes qué más eres?
— ¿Qué?
— El único con cara de ángel, cuerpo de gimnasio y la torpeza emocional de una tostadora, eso es justo lo que necesitamos.
Jimin cerró la carpeta con resignación.
— ¿Alguna recomendación?
— Solo una.
— ¿Cuál?
— No te enamores.
Jimin se levantó.
— Ya sería ridículo.
— Eso mismo dijeron los de “Orgullo y Prejuicio”, Park.
— ¿Qué?
— Vete, practica una sonrisa sexy.
— No sé sonreír sexy.
— Entonces al menos aprende a no mirar como si estuvieras analizando el lugar ideal para dispararle al pecho.
Jimin se fue murmurando maldiciones.
El mundo se había vuelto loco, él tenía que fingir que quería acostarse con un criminal guapísimo. ¿Cómo se suponía que iba a lograr eso sin explotar socialmente en mil pedazos?
Mientras bajaba por el pasillo, su teléfono vibró. Un mensaje del equipo de logística.
“Traje entregado. Maletín listo. Clave: SEDU-22.”
Jimin lo miró fijamente.
—Sedu-¿qué?
Iba a necesitar algo más fuerte que café, Iba a necesitar suerte o un milagro.
Horas después de la reunión con el director, Jimin estaba en el gimnasio de ANIA, intentando procesar la absurda misión que acababan de asignarle; Sus golpes contra el saco de boxeo eran precisos, rítmicos y sobre todo frustrados.
Sedúcelo, decían. Como si él fuera una especie de Casanova entrenado. Era un arma humana, no una barra de striptease.
Estaba tan absorto que no notó cuando alguien se sentó cerca, en el banco de pesas.
— Escuché que te enviaron a una misión... especial —dijo una voz melosa.
Jimin giró la cabeza.
Lee Taemin, sonrisa peligrosa y cejas depiladas con precisión quirúrgica. El chisme no tardaba en correr por ANIA, ni siquiera si estaba clasificado.
— No es de tu incumbencia. —respondió Jimin sin detener sus golpes.
— ¿Seductor internacional, eh? —Taemin ladeó la cabeza. — Si necesitas... práctica, yo podría ayudarte.
Jimin se detuvo. Se giró. Lo miró con genuina incomprensión.
— ¿Ayudarme con qué?
— Ya sabes. Técnicas de persuasión... físicas.
— ¿Estás hablando de combate cuerpo a cuerpo?
—Depende del cuerpo.
Jimin parpadeó, dos veces.
— ¿Te sientes bien?
— Mejor que nunca, Llámame si quieres “entrenar”.
Taemin se fue, mientras otro agente lo reemplazaba en escena: Min Yoongi, que apareció con una botella con agua y una expresión que intentaba parecer casual, pero fallaba con violencia.
— Solo pasaba por aquí —dijo, ofreciéndole la botella.
— No necesito hidratación.
— Bueno, pensé que tal vez... también podrías necesitar una explicación práctica sobre los placeres... del campo.
Jimin lo miró.
— ¿Del campo?
— Ya sabes. Las...misiones encubiertas horizontales.
— ¿Eso es un eufemismo?
— Uno muy elegante, sí.
Jimin se giró por completo.
— ¿Ustedes están compitiendo por ver quién dice la frase más ridícula?
— No —dijo Taemin desde la esquina, con una manzana en la boca. — Pero si ganara algo, no me quejo.
— Necesito que se vayan. —dijo Jimin.
— Vamos, hyung —intervino Yoongi. — Es por tu bien, no puedes ir con ese robot emocional que tienes por cerebro y esperar que Jeon Jungkook caiga rendido.
— No planeo seducirlo con emociones, planeo usar estrategia.
— ¿Estrategia?
— Sí, observación, lectura de patrones, psicología conductual.
— Hermano... estás intentando ligar con un millonario, no descifrar un código nuclear.
— ¿Y si es lo mismo?
Taemin rió.
— En serio, Jimin. Con lo guapo que eres, no deberías estar sufriendo tanto.
— No soy guapo.
Ambos lo miraron con horror.
— ¿Perdón?
— Nunca me ha interesado eso; El físico, el sexo, no es parte de mi rutina.
— ¿Nunca te has sentido... tentado?
— Lo más tentador en mi vida fue una misión donde usé un paracaídas experimental.
— Este hombre está perdido. —dijo Yoongi, cruzándose de brazos.
Taemin se acercó y apoyó una mano en el hombro de Jimin.
— En serio. Si en algún momento quieres que te muestre lo que puede hacer una lengua bien entrenada...
— ¿En defensa verbal?
—En defensa de tu cintura.
Jimin se levantó, recogió su toalla y empezó a caminar hacia la ducha sin mirar atrás.
— No entiendo a ninguno de ustedes. —murmuró.
— ¡¡Tú vas a terminar enamorándote!! —gritó Taemin entre risas.
— ¡O preso! —añadió Yoongi.
— ¡O ambas! —corearon.
Jimin no respondió. Cerró la puerta tras de sí y se dejó caer sobre la banca de los vestidores, cubrió su rostro con la toalla, respiró hondo.
Una misión de seducción, un millonario sospechoso y ahora... sus compañeros actuando como si él fuera el último dulce en la caja.
Dios. Estaba completamente jodido.
***
Espero que se diviertan con esta historia...