Only One Step 1/3 🎔 KOOKMIN

Sinopsis

PARTE 1 Jimin y Jungkook siempre fueron polos opuestos, como el día y la noche, como el frío y el calor. Ambos son respetados, carismáticos, y queridos por todo el mundo, pero mientras Jimin, capitán del equipo de fútbol del instituto, tiene a todo el mundo bajo su control, es egocéntrico y vanidoso, Jungkook, líder de un grupo de rock de poca monta, es un alma libre, que prefiere vivir la vida a su manera, sin importarle demasiado lo que piensen los demás. Jimin odia a Jungkook por ser el único al que no puede controlar, y Jungkook odia a Jimin por ser un chico egoísta y cruel. Entonces, ¿por qué no pueden evitar sentirse atraídos el uno por el otro? ¿Cómo es posible que se odien hasta tal punto de no poderse ignorar? “Del odio al amor solo hay un paso”.

Genero:
Romance
Autor/a:
kookieslover
Estado:
Completado
Capítulos:
33
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

En un nublado día de otoño comenzó el instituto, los jóvenes se despedían de sus experiencias y libertades propias del verano y se preparaban para un nuevo curso. Sonaba "Jet lag" de Simple Plan en la radio, Nayeon se peinaba ilusionada su pelo dorado, mientras bailaba ligeramente.

Decidió no recogérselo ya que su hermano le aseguraba que las chicas siempre estaban más atractivas con el pelo suelto, tenía que seguir su consejo al no tener una figura femenina que le ayudara con eso en casa.

Desde que sus padres se divorciaron había tenido que aprender esas cosas por ella misma, vivir con dos hombres en casa era complicado. La noche anterior ya se había preparado lo que llevaría puesto en su primer día, sus vaqueros favoritos con su blusa rosa. Se puso algo de brillo en los labios y rímel en las pestañas. Se miró al espejo y comenzó a poner caras seductoras, intentando verse lo más guapa posible, quería parecerse a aquellas animadoras del último curso que tanto gustaban a los chicos. Cogió el pintauñas que tenía sobre la mesa, y comenzó a pintar sus cuidadas uñas. Cogió unas cuantas pulseras y se las colocó en las muñecas. En ese momento escuchó que alguien llamaba a su puerta.

—Nayeon, ¿puedo pasar? —era la voz de su padre.

—Sí, pasa papá —contestó volviéndose a mirar en el espejo. Su padre abrió la puerta y entró.

—¿Aún no estás lista? —preguntó al verla aún sin zapatos—. Vas a llegar tarde desde el primer día...

—Papá no me agobies, ya casi he terminado —contestó molesta—. ¿Tú no te marchabas hoy temprano?

—Sí, de hecho, venía a decirte que ya me iba... Solo quería ver cuánto te quedaba, tienes a tu hermano desquiciado... —dijo mirándola con una graciosa sonrisa. Nayeon rió ante el comentario de su padre.

—Que espere, no le pasará nada por no ser siempre el primero en llegar... —gruñó ella.

—Bueno, pero no le hagas sufrir demasiado —dijo volviendo a cerrar la puerta.

Nayeon volvió a dirigir la mirada al espejo, se metió una mano en el sostén moviéndolo para que sus pechos se alzaran algo más. Quería abandonar de una vez aquella fachada de niña inocente, ya no era ninguna novata en el instituto, iba a segundo grado y solo le quedaban dos años más para terminar e ir a la universidad. Estaba harta de que la trataran como una cría el resto de compañeros de cursos superiores.

El año pasado deseaba que la invitara al baile cualquier chico del último curso, sería la envidia de todas, que ella consiguiera gustar a alguien mayor, pero por supuesto todo aquello eran tonterías, los chicos mayores, más guapos y admirados, la conocían como la hermana pequeña de Park Jimin. Su hermano Jimin se encontraba entre estos chicos, se podría decir que era el más envidiado y querido del instituto, era el capitán del equipo de fútbol, lo tenía todo, las mejores notas, a todas las chicas y todos los caprichos que le quisiera dar su padre.

Era dueño de varios restaurantes de la zona, por lo que Jimin y Nayeon recibían todo lo que querían. Cuando llegó al instituto se encontró en un mundo dominado por su hermano, todos le halagaban y respetaban, era el primero en ser invitado a todas las fiestas, tenía en sus manos a todas las chicas del instituto y solía ser el rey del baile casi todos los años. No podía negar que su hermano era guapo y atractivo, pero a ella le ponía enferma, su ego no tenía límites, y siempre se consideraba superior a los demás. A todos los demás les podía engañar, pero no a ella, Jimin no era más que apariencia, nadie sabía eso tan bien como su hermana.

En ese momento Nayeon escuchó el claxon del coche. Dejó el pintauñas sobre la mesa, se puso los zapatos, se miró una última vez al espejo y bajó rápidamente las escaleras. Su hermano ya estaba listo y apretando la bocina de su nuevo coche para meter prisa a Nayeon.

—¡Nayeon, si no te das prisa me voy! ¡Taehyung y los demás me estarán esperando en la puerta, así que no tengo tiempo para tus estupideces! —gritó Jimin a su hermana.

Nayeon salió rápidamente por la puerta y se metió en el coche. —¿Qué tal estoy? —dijo ella.

—Mal, ¿para eso has estado dos horas en el baño? —gruñó Jimin. —¡Es importante para mí, idiota! —dijo ella.

—¿Y a mí qué coño me importa? Ponte el cinturón —dijo Jimin malhumorado, y arrancó el coche.


Jimin conducía bastante deprisa, odiaba llegar tarde, y más siendo el primer día. No le gustaba perderse nada, necesitaba estar enterado de todo. Por fin era su último año en el instituto, tenía muchos proyectos para cuando acabara, iría a la mejor universidad, su padre se podía permitir eso, haría las pruebas para el equipo de fútbol y volvería a ser la estrella del lugar, la misma historia de siempre, solo que con gente con clase, no aquellos don nadie con los que le había tocado lidiar durante cuatro años.

Todo sería diferente, además su padre le dejaría más libertad, estaba cansado de tenerle siempre encima con el fútbol y las notas, él ya lo tenía todo controlado, no necesitaba los consejos de su padre que únicamente conseguían irritarle. Estacionaron cerca de la entrada, se miró en el retrovisor, se arregló el pelo rubio y se puso las gafas de sol, él era una estrella en un mar de gente vulgar, tenía que hacer una entrada estelar. Comenzó a caminar hacia la puerta cuando su hermana, fastidió su momento.

—Pareces subnormal con gafas de sol en un día nublado —dijo y se marchó altiva.

Enfurruñado Jimin tiró las gafas en el asiento y cerró con llave. Caminaba hacia la puerta, donde siempre se encontraba con sus amigos, por el camino los alumnos de cursos menores se le quedaban mirando con admiración, y los de su curso que tenían el privilegio de hablarse con él, le saludaban efusivos. Jimin pasaba de largo o simplemente hacia un pequeño gesto con la cabeza.

—¡Jimin! —le gritó una voz familiar a sus espaldas. Se dio la vuelta ligeramente, viendo a su mejor amigo Taehyung, lanzándole un balón. Lo cogió al vuelo sin problemas, su amigo rio y corrió hasta él—. Veo que no has perdido facultades.

—Te vi ayer, y tenía las mismas facultades, idiota —le dijo empotrándole el balón en el pecho.

—Y la misma falta de sentido del humor —Jimin le dedicó una mueca—.

¿Has visto a los nuevos? —preguntó Taehyung.

—A algunos, creo que cada año vienen más perdidos y más idiotas.

—¿Por qué dices eso?

—Mira —se acercó a un chico de primero con libros en la mano—. Eh chaval, se te ha caído algo — le señaló al suelo y cuando miró hacia sus pies, Jimin dio un fuerte tirón a sus libros haciendo que todas sus cosas cayeran al suelo.

El chico se apresuró a recogerlas, nervioso. Taehyung se carcajeó, y Jimin se dirigió a él—. ¿Ves? Idiotas...

Taehyung era su mejor amigo desde siempre, de niños habían sido como uña y carne, su afición por el fútbol no era su única similitud, eran casi iguales. Aunque Taehyung a veces era la sensatez y la amabilidad al lado de Jimin, ya que éste en ocasiones tenía que frenar las maldades de su amigo, pero al fin y al cabo, era eso, su mejor amigo, y le acompañaba en todo. Además, Taehyung admiraba enormemente a Jimin, su seguridad y astucia siempre habían sido un modelo a seguir para él. Enseguida vieron a los demás en la entrada, donde se encontraban siempre.

—Por fin, ya pensaba que no llegaríais, joder —dijo su amigo Kwang.

—Ya, ya, mi hermana está en la edad de zorrear y ha tardado la vida en pintarse como una puerta —respondió Jimin.

—¿Tu hermana Nayeon? Así que ya está en la edad eh... —dijo Chen. Kwang le golpeó.

—Eres un puto pederasta de mierda, Chen —dijo al mismo tiempo.

Chen era tan estúpido como aparentaba, un musculitos sin cerebro al que solo le importaba el deporte, la cerveza y las mujeres. No dudaba en usar la fuerza bruta para conseguir lo que se proponía, pero no sería nada sin sus tres amigos, que llevaban el físico y el cerebro.

Kwang a primera vista era un niño de papá, mimado y consentido, eso era innegable, pero también es cierto que en realidad es mucho más que todo eso, era la crueldad personificada, la maldad del grupo. Hiciera lo que hiciera nunca encontraba limites, y nadie se atrevía a decirle que no, porque no solo era popular, sino que además era alguien peligroso que no dudaría en hacerle la vida imposible a quien se le cruzase por el camino. Un par de chicos al pasar por la puerta, dejaron un dólar en sus manos.

—¿Estás haciéndoles lo de la bromita de dólar? —preguntó Taehyung al verlo.

—Esto no es una bromita, es un peaje que tienen que pagar los novatos a los veteranos, ley de vida, mi querido amigo.

—Pues entonces los demás tendremos que llevarnos una comisión —dijo Jimin quitándole un par de dólares de los que ya tenía en la mano.

—Claro Jimin —concedió sin problemas. Solo había alguien a quien Kwang respetaba, y ese era su amigo Jimin, el único que le mantenía a raya.

—Por cierto, antes vi pasar a los idiotas de los Wastes —comentó Kwang a Jimin con una sonrisa malévola.

—¿En serio? —dijo enarcando una ceja y con la misma sonrisa que Kwang—. Pues habrá que darles una bienvenida a nuestros queridos amigos.