Prólogo
Taehyung (Omega, 26 años)
El aire de Seúl es frío, pero el peso de mis deudas es más helado aún. Camino por las calles abarrotadas, mi chaqueta negra raída apenas protegiendo mi cuerpo del viento mientras arrastro mis pies hacia el imponente rascacielos de Jeon Corp.
Mi cabello rubio, desordenado por la brisa, cae sobre mis ojos café, y ajusto la camisa blanca que planché anoche en el dormitorio de caridad donde duermo.
No es una vida glamorosa, no para un omega graduado con honores de la Universidad de Seúl, pero cuando tu exnovio te estafa con un negocio falso, te roba tus ahorros y te deja con un préstamo que no puedes pagar, las opciones se reducen a esto: aceptar un trabajo para el que estoy sobrecalificado o dormir bajo un puente.
El edificio de Jeon Corp se alza como un titán de cristal y acero, su logo brillando bajo el sol de la mañana.
Respiro hondo, mis feromonas agitándose con una mezcla de nervios y orgullo.
No soy un omega débil, nunca lo he sido, pero la idea de trabajar como asistente personal de Jeon Jungkook, el alfa más temido y codiciado de Corea, me revuelve el estómago.
Nadie dura más de un mes bajo sus órdenes, y yo, Kim Taehyung, no pienso ser otro nombre en su lista de fracasos.
Entro al vestíbulo, mis pasos resonando en el mármol pulido. Una beta detrás del mostrador, con cabello corto y una sonrisa profesional, me indica el ascensor al último piso.
—El señor Jeon lo espera —dice, y su tono sugiere que no envidia mi destino.
En el ascensor, mis feromonas se agitan, traicionándome.
No puedo permitirme mostrar debilidad, no frente a un alfa como el señor Jeon. Me ajusto la chaqueta, repitiendo en mi cabeza: "Eres Kim Taehyung. No te doblegas ante nadie"
La puerta del despacho se abre tras un golpe suave, y cuando entro, el mundo se detiene.
Jeon Jungkook está de pie frente a su escritorio, su cabello negro azabache cayendo en mechones perfectos, sus ojos negros como obsidiana clavándose en mí con una intensidad que me corta el aliento.
Es alto, musculoso, su traje negro de tres piezas moldeando cada línea de su cuerpo como si fuera una armadura.
Pero lo que me golpea es su olor: cuero, ámbar oscuro y bergamota, una mezcla que hace que mis rodillas tiemblen. Es un alfa puro, dominante, y mi instinto lo sabe.
Mr. Caliente, en persona.
—¿Kim Taehyung? —pregunta, su voz grave resonando en la sala, cargada de feromonas alfa que me envuelven como una red.
Asiento, forzando mi voz a mantenerse firme. —Sí, señor Jeon. —Extiendo la mano, mi mirada fija en la suya, desafiante a pesar del calor que sube por mi pecho.
Él estrecha mi mano, sus dedos fuertes y cálidos, y juro que siento una chispa que no tiene nada que ver con cortesía.
—Siéntese —ordena, señalando un sillón frente a su escritorio de cristal. Sus feromonas son abrumadoras, y tengo que morder el interior de mi mejilla para mantener el control.
Me siento, cruzando las piernas, mi camisa blanca y pantalones negros sintiéndose insignificantes frente a su presencia.
Él abre una carpeta con mi currículum, sus ojos escaneándola con una precisión que me pone nervioso.
—Graduado con honores. Veintiséis años. ¿Por qué quiere ser mi asistente? —pregunta, su tono cortante, como si ya estuviera buscando una razón para despedirme.
—No quiero —respondo, mi lengua afilada escapando antes de que pueda detenerla. Sus ojos se estrechan, y sus feromonas se intensifican, haciendo que mi corazón se acelere—. Pero necesito el trabajo. Y soy el mejor en lo que hago, señor Jeon, seré el mejor organizando su agenda.
Él arquea una ceja, y juro que veo una chispa de diversión en su mirada.
—¿Está seguro? —dice, su voz baja, casi un gruñido—.
—Estoy seguro —replico, manteniendo su mirada—.
El silencio que sigue es eléctrico. El señor Jeon se inclina hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio, sus ojos clavados en los míos.
—Eres valiente —dice, y no sé si es un cumplido o una amenaza—. Pero aquí no tolero insolencias. Este trabajo no es para débiles. Estarás a mi disposición 24/7. Reuniones, cenas, viajes. Si te llamo, vienes. Si te digo que reserves un restaurante para… mis citas, lo haces sin quejas. ¿Entendido?
Asiento, mi orgullo chocando con mi desesperación.
—Entendido. No fallaré, señor Jeon. Pruébeme.
Él sonríe, una curva peligrosa en sus labios. —Oh, lo haré, Taehyung. Un mes de prueba. Si fallas, estás fuera. —Se levanta, ajustando su corbata negra, y su olor me golpea de nuevo, haciendo que apriete los puños.
—Pasa por Recursos Humanos. Empiezas mañana.
Salgo del despacho con el corazón latiendo a mil. No sé si quiero estrangularlo o… algo más. Pero una cosa es segura: Jeon Jungkook es un infierno, y yo no pienso quemarme.
Jungkook (Alfa, 24 años)
Desde mi despacho, observo cómo entra.
Kim Taehyung.
El nombre ya lo conocía. Lo revisé antes de autorizar la entrevista. Excelente expediente académico, sin conexiones, sin familia influyente, endeudado hasta el cuello. Un omega brillante que cayó desde lo alto, directo a mi oficina.
Lo que no esperaba era esto. Que caminara con esa maldita actitud. Que al estrecharme la mano no bajara la mirada. Que sus feromonas, sutiles y contenidas, supieran a orgullo herido y rabia envuelta en caramelo.
Interesante.
No me gusta que me hablen con insolencia, pero detesto más a los que tiemblan ante mí. Y él no lo hizo. Ni por un segundo.
Se ve vulnerable, sí. Está flaco. La ropa no le queda como debería. Pero esa boca… esa lengua afilada… y esos ojos, desafiándome incluso cuando el miedo le trepa por la espalda…
Esto será divertido.
Y peligroso.
Porque si hay algo que aprendí en los negocios es que los que más ocultan son los que más me atrapan.
Y ese omega —flaco, orgulloso y desesperado— acaba de convertirse en mi nuevo desafío.
Lo voy a probar.
Y cuando se rompa, si se rompe…
No pienso apartar la vista...