Prólogo
La ciudad nunca dormía. Sin embargo, tras las imponentes paredes de cristal de Blackwell Global Corporation, el silencio reinaba en la noche.
Adrian Marcus Blackwell estaba de pie junto al ventanal de su oficina. Bajo sus pies, el horizonte brillaba como diamantes esparcidos sobre terciopelo. Poder. Control. Orden. Esos eran los pilares de su imperio y lo único que dejaba entrar en su corazón.
¿Amor? Eso no tenía lugar en su mundo. El amor era una debilidad y una distracción.
Al menos, eso era lo que creía. Hasta que llegó ella.
Aún recordaba la primera vez que vio a Amara Celeste Villanueva. Tenía los ojos demasiado brillantes y la voz muy suave. Su sonrisa era muy peligrosa para alguien que decía solo querer una carrera profesional. Ella no debía importarle. Tenía que ser otra cara entre el montón, una empleada ambiciosa que aprendería a temer su nombre como todos los demás.
Pero entonces llegó aquella noche.
El silencio de la oficina, la tensión en el aire y la tormenta que crecía dentro de ambos. Una discusión acalorada se convirtió en un momento imprudente. Fue un beso feroz, prohibido e imparable.
No se suponía que pasara.
No debió haber pasado.
Y sin embargo, sucedió.
Adrian supo, con una certeza absoluta, que nada volvería a ser igual. Ni su imperio, ni sus reglas, ni siquiera los muros que construyó a su alrededor.
Porque un solo beso lo había cambiado todo.