Prologo
Un año tiene 365 días, 12 meses y 8,760 horas; en un año podría recorrer el mundo entero según Nellie Bly que lo recorrió en menos de 80 días un año podría significar una vida entera, pero para mí contar los minutos que restaban para el ansiado año 2006 era atroz, mire de lejos aquel reloj gigante del centro mientras el ruido de las manecillas inundaban todo el pueblo, la gente comenzaba a salir de sus casas, alegres, con regalos en mano hacia la plaza principal frente a ese mismo reloj como cada año, esperando que marcara media noche para dar la bienvenida a un nuevo año, me pregunto si dentre toda esa gente se encuentra ella, no lo creo estoy seguro que la reconocería al instante o quizás su adorable aroma resaltaría dentre todos ellos igual faltan solo 5 minutos, doy un salto enorme para bajar del árbol en el que me encontraba escondido y me adentro en el pueblo discreto y atento por si alguien llegase a reconocerme, a pesar de haber transcurrido treinta y tres años el lugar luce exactamente igual, los mismos árboles, las mismas fachadas, viejas y coloniales es como si vivieran dentro de un bucle sin final, me mezcle entre la multitud, tratando de localizarla, mire en todas direcciones, había distintos tipos de chicas rubias, altas, bajitas, morenas pero ella no estaba por ningún lado.
Recorrí con la mirada a cada persona, mientras caminaba acercándome al reloj, un golpe en mi hombro me distrajo a mi lado una muchacha con rostro distraído se disculpaba por su torpeza, mientras su amiga me miraba con asombro y no la culpo con un rostro como el mío quien no miraría, pero más allá de este pequeño incidente estaba satisfecho, ya no tenía que buscarla más, ella me había encontrado a mi, el tic tac del reloj de la plaza marcaban las 12:00 en punto y la profecía se cumplía justo como estaba estipulado, sus ojos verdes se cruzaron con los míos, llegando incluso hasta mi alma y su olor dulce me embriagaba sentí la necesidad de abrazarla y apretarla hacia mi cuerpo, besar sus lindos labios, roce los dedos de su mano su piel era suave justo como la recordada, ella se erizo me miro sorprendida y se alejó asustada junto con su amiga, me tome el tiempo de apreciarla, su rostro seguía siendo el mismo, dulce y delicado de pestañas largas, ojos grandes y verdes, pero su hermosa cabellera dorada esa que hacía ver al sol en él no estaba, en su lugar un negro azabache con luces brillantes verde esmeralda la inundaban, la hacían parecer misteriosa y su vestimenta un tanto maligna, aquellos tonos obscuros resaltaban su piel pálida, había pasado de ser uno de los Angeles más hermosos a un demonio quizas de los temidos, pero aun con esos cambios en ella a kilómetros cualquiera de mi especie o de la suya podrían ver su luz, luz radiante y deslumbrante.
La observé toda la noche hasta el amanecer, estaba extasiado con cada movimiento que hacía, con el mover de sus caderas al caminar, con la amabilidad y generosidad que siempre la caracterizo, la fragilidad con la que agarraba cada cosa, sin duda era mi chica, el problema en esta situación, era el como haría para hacerla recordar o al menos para que recordara la parte que me importaba, ¿Como haría para volver a estar juntos? cuando parecía que ni siquiera notaba mi presencia y lo peor de todo había creído que una vez nos rencontráramos su corazón latiría tan fuerte por mí que de inmediato ella lo sabría, sabría que su destino estaba enlazado con el mío y que una vez que nos uniéramos todo cambiaria para el bien de nosotros, no puedo decir lo mismo para el resto de este pueblo, pero nada de eso ocurrió era como si ella no lo sintiera, algo debía estar mal, la profecía lo decía claro “sus almas se reencontraran y el fuego será tan ardiente que terminará todo en cenizas ”
Nuestro encuentro no había sido lo que yo esperaba, pero a pesar de que ella ni siquiera se fijaba en mí y su corazón no parecía latir a la par que el mío, a pesar de todo eso, no era suficiente para ellos, eso no les importaba, al final la profecía de la que todos hablaban se había cumplido y estaba seguro que desde arriba ellos nos veían con disgusto y rabia, sobre todo aquel y lo pude comprobar cuando el cielo se tiño de un rojo intenso, justo como el día de su muerte…








