Un encuentro inesperado
Esta historia puede parecer algo sacado de un cuento o leyenda, pero la realidad es que es mi historia, un suceso que cambió mi vida para siempre. Tengo 16 años, me llamo David Moner y todo sucedió en un lugar llamado Playa María.
Es un lugar hermoso con arena blanca y agua cristalina, rodeada por bosques. Mis padres decidieron llevarme a este lugar debido a que soy una persona tímida a la que no le gusta relacionarse, por eso no tengo amigos. Mi padre pensó que sería buena idea pasar nuestras vacaciones en un lugar apartado de la ciudad, para que yo me alejara un poco de mi adicción al teléfono y a los libros. Luego de unos días, la paciencia de mi madre se estaba agotando, ya que no había salido de la habitación porque la playa estaba llena y me siento muy incómodo cuando estoy rodeado de personas. Mi madre decidió que era hora de sacarme de mi zona de confort, así que me echó de la habitación a la fuerza, prácticamente. Me quitó el teléfono, me dio un poco de dinero, me llevó hasta la puerta y me dijo que saliera y no volviese hasta por la tarde.
Eran las dies de la mañana y no sabía qué hacer. No pensaba ir a la playa, que de seguro estaría llena de personas jugando y salpicando agua, así que decidí salir a caminar por la parte que estaba más apartada y donde no había personas. Luego de un tiempo, ya estaba bastante alejado de la zona de playa y solo tenía el mar por un lado y el bosque por el otro. A la distancia podía observar una colina y, como no me permitían regresar a la casa, me puse en marcha rumbo a ella. De esta forma, pasaría el tiempo para poder regresar.
Cuando me adentré en el bosque, encontré plantas muy extrañas, como no había visto nunca, y muchas caracolas de colores hermosos, de las cuales recogí un par que eran diferentes por la combinación que tenían. Después de caminar un buen tramo, me acerqué a donde iniciaba la colina y, justo debajo de ella, se encontraba un arroyo que formaba un pequeño estanque. Al acercarme, me extrañó mucho que el agua fuera de mar en lugar de agua dulce.
El estanque tenía un agua muy clara y transparente que permitía ver el fondo. Como estaba cansado por todo lo que había caminado, decidí darme un baño en aquel lugar. Empecé a desvestirme hasta quedar en ropa interior y entrar al agua. Cuando mi piel hizo contacto con ella, me ericé completamente. Estaba helada. Una vez ya dentro, observé todo lo que rodeaba el estanque: estaba rodeado de árboles y malezas, por lo cual quedaba bien oculto.
Sin darme cuenta, el día ya estaba por terminar y el sol se estaba poniendo. Me asusté un poco porque estaba en medio del bosque sin un teléfono o algo que me sirviera para comunicarme. Así que me apresuré a salir del agua y vestirme. Una vez fuera y ya vestido, me percaté de que no recordaba por dónde había llegado hasta ahí. De momento, escuché el sonido de una rama romperse y me aterré. Decidí ocultarme detrás de unos arbustos, no sabía qué podría ser lo que se acercaba. Desde mi escondite, pude ver la silueta de un muchacho que se dirigía al estanque, pero no sabía qué hacer: si dejar de esconderme o permanecer donde estaba. Cuando se acercó, ya podía verlo con más claridad: era alto, delgado, de tez morena y muy apuesto. Andaba con unos pantalones cortos de color negro y azul y una sudadera gris oscura. Desde mi escondite, lo vi acercarse al agua del estanque y tocarla con la mano. Entonces, empezó a desvestirse. Cuando se quitó la sudadera, pude observar que era de complexión atlética, ya que estaba delgado, pero con los músculos bien definidos. Le sobresalían los bíceps y los tríceps, y tenía un abdomen perfecto, como el que todo chico desearía tener. Luego se quitó los pantalones cortos, quedando en ropa interior de color azul, la cual dejaba ver un gran bulto. Luego se quitó también su ropa interior, y me dejó ver mejor lo que escondía aquella ropa, y sí, el muchacho definitivamente estaba muy bien dotado y no sé por qué, pero no podía dejar de mirar. Esperé en mi escondite a que entrara al agua para poderme alejar de allí sin que se diese cuenta de mi presencia; no quería que pensara que era una especie de pervertido o algo así. Esperé a que se sumergiera en el agua, entonces salí de donde me estaba ocultando para alejarme de aquel lugar tan rápido como pudiese, pero percibí que ya llevaba mucho tiempo debajo del agua y aún no salía. Empecé a preocuparme y decidí acercarme lentamente hasta la orilla del agua. Cuando llegué, lo pude ver: estaba inmóvil, acostado en el fondo del estanque. Me asusté porque ya llevaba demasiado tiempo; una persona normal ya debería estar ahogada. Así que entré al agua, lo rodeé con mis brazos y lo saqué. Cuando ya estábamos afuera, él seguía sin moverse y estaba muy frío, así que sostuve su barbilla, junté sus labios con los míos y empujé todo el aire que pude con mis pulmones. De momento, mi cabeza y mi corazón se detuvieron. Me separé de su cara muy rápido. Él estaba sonriendo y mirándome. De cerca era mucho más guapo, tenía unos ojos de color verde intenso y una sonrisa preciosa. De alguna forma, me sentía atraído por este chico que me parecía cada vez más apuesto. El chico misterioso me miraba fijamente y no dejaba de sonreír, y yo me estaba sonrojando por lo vergonzosa que era la situación en la que me encontraba. De momento, nos encontramos en medio de un silencio que era mucho más incómodo aún; nos mirábamos a los ojos y entonces.
—Ay, perdona.
Me disculpé porque me di cuenta de que estaba sentado encima de él. Por un instante, olvidé, debido al susto, que se encontraba totalmente desnudo. Cuando volví a la realidad, me levanté tan rápido como pude. El chico desconocido se puso de pie, caminó hasta donde yo estaba y se acercó mucho.
—Hola, pervertido —dijo el chico desconocido.
—No soy ningún pervertido —le contesté.
—¿Ah, no? —replicó acercándose aún más a mí.
—¡No!
—¿Estás seguro, porque me acabas de dar un beso sin conocerme?
—Yo no te he besado —intenté alzar mi voz para sonar más enfadado.
—Sí, sí lo has hecho —afirmó mientras me miraba con una cara sonriente.
—Te he dicho que no, solo intentaba evitar que te ahogaras.
—¿Tus labios tocaron los míos, no?
—Sí, pero... —me interrumpió y dijo:
—Pero nada, fue un beso.
¿Cómo llegué a esta situación? Pienso mientras lo observo. Estoy parado justo enfrente de un chico que está completamente desnudo, y estamos tan cerca que puedo sentir su respiración.
—¿Por qué querría besarte si no te conozco de nada? Además, no sé ni tu nombre —respondí para intentar salir de esa situación tan vergonzosa.
—Dices que no eres un pervertido, pero besas a personas desconocidas. Me llamo Derek y tú, pervertido, ¿cuál es tu nombre?
—Me llamo David, así que ya puedes dejar de llamarme así, porque no soy ningún pervertido, solo intentaba evitar que te ahogaras. Deberías darme las gracias.
—Bueno, puede ser cierto, pero ¿qué me dices de cuando me estabas espiando desde los arbustos?
—¿Cómo sabes que estaba escondido?
—Porque no te sabes esconder, te pude ver a la distancia. —Derek volvió a reírse de mí, esta vez a carcajadas.
—Además, llevaba un rato viendo cómo te bañabas —me dijo en tono de burla.
—¿Cómo? Me estabas espiando. ¿Ahora quién es el pervertido?
—No es eso, no pienses mal, es que me extrañó encontrar a alguien en este lugar. Como podrás ver, no es fácil de encontrar, por eso me gusta venir aquí, para poderme bañar sin nadie que me moleste.
—Sí, y para bañarte desnudo —Derek se rió nuevamente, pero esta vez más suave y tímido.
—Sí, un poco sí —respondió.
—Una duda, si sabías que estaba escondido, ¿por qué te quitaste toda la ropa?
—Bueno, no te vi quejarte. Todo lo contrario, parecías disfrutar.
—¡Claro que no, estás loco! —me enfadé.
—Ah, vamos, no seas tímido, si mira cómo te sonrojas.
—Eso es por el calor.
—Ah, ¿estás caliente?
—No dije eso, deja de jugar.
—Ok, está bien, no te enojes. —Derek se separó un poco de mí.
Cada vez era más de noche y no podía recordar cuál era el camino a casa, y no le podía preguntar a él porque si lo hacía, de seguro pensaría que soy idiota, si no lo pensaba ya. ¿Qué puedo hacer, piensa?
—Perdona, ¿te puedo preguntar algo? —No tengo solución, tengo que preguntarle.
—Claro, ¿qué quieres saber? —respondió Derek.
—¿Me puedes decir por dónde tengo que ir para llegar a la playa?
—No me digas que no sabes regresar.
—Si supiera, no te estaría preguntando.
—Sabes, eres como un niño pequeño, dulce y adorable.
—Mira, prefiero perderme en el bosque a seguir aquí para que un tipo desnudo en medio de la nada se ría de mí.
—No me río de ti, es solo que me pareces muy divertido, y eso no es malo. Es más, te acompañaré y así me aseguro de que no te pierdas, pero tendrás que esperar a que me cambie, a menos que prefieras que vaya así.
—No, mejor cámbiate —le respondí rápidamente mientras miraba para otro sitio.
—Está bien, pero no me digas que no disfrutaste de la vista —dijo Derek otra vez sonriendo.
Me volví a sonrojar y solté una bocanada de aire para aparentar que estaba enojado.
Vamos caminando por el bosque. Derek va delante de mí. "En verdad es muy apuesto", pienso mientras lo observo. "Lástima que sea un imbécil. Además, no creo que lo pueda volver a ver".
Luego de unos minutos, llegamos al área de la playa y le digo:
—Gracias, desde aquí ya sé regresar solo.
—Nada de eso, muñeco, te llevaré hasta tu casa.
—En verdad, no hace falta.
"No quiero que vea la reacción de mi madre cuando llegue tan tarde, de seguro me mata", pienso en voz baja.
—Calla y camina, que ya es tarde —me dice Derek sacándome de mis pensamientos.
Cuando estamos en la entrada de la casa, como era de esperar, mi madre está junto a la puerta esperándome. Parece estar muy ansiosa, así que me preparo para la charla que me espera.
—¡David, por el amor de Dios! ¿Dónde estabas? ¿No has visto la hora que es? —dice mi madre apenas me acerco.
—Pues no, ¿cómo quieres que vea la hora si me quitaste el celular? —le contesto intentando hacerle sentir un poco de culpa.
—Perdone, señora, ha sido mi culpa, es que le estaba mostrando el lugar a David —responde Derek pasándose por héroe.
—Ah, pero ¿quién es este chico tan guapo, David?
—Él es Derek, lo conocí hoy en... —Derek vuelve a interrumpir:
—Nos conocimos en la playa, señora. Un placer conocerla.
—El gusto es mío, me llamo Esther. ¿Quieres quedarte a cenar?
—No creo que pueda, mamá, tendrá que irse, sus padres estarán preocupados —miro con cara de enfado a Derek para que se marche.
—Vivo con mi abuela y a esta hora ha de estar trabajando, pero me iré, no quiero molestar.
—Pues no se diga más, te quedarás a cenar con nosotros, de todos modos. Mi esposo tuvo que salir por el trabajo y solo estamos nosotros. Pasen y suban a tu habitación, David, hasta que termine la cena —dijo mi madre dando la espalda y entrando a la casa.
"No puede ser, cómo me está pasando esto. A buena hora se me ocurrió salir, y ahora iremos a mi habitación y está super desordenada, ¿qué hago?", pienso mientras subimos las escaleras que dan a mi habitación. Para mi sorpresa, mi madre aprovechó mi salida para entrar a mi habitación y ordenarla. Si hubiese sido en otra situación, estaría muy enojado, pero ahora me siento aliviado.
—¡Wow, qué ordenado! Todo en su lugar. ¿Eres así para todo? —me dice Derek con ese tono de burla que me enfada.
—¿A qué te refieres?
—Que si eres así de perfecto en todo. Estoy seguro de que eres de los que sacan buenas notas y, por la cantidad de libros, has de ser un ratón de biblioteca.
—Pues sí, me gusta mucho leer, pero no soy ningún roedor —le contesto enfadado.
—Otra pregunta, ¿por qué aceptaste quedarte a cenar?
—Tenía curiosidad de cómo es tu vida, y ya que tú conoces mi lugar favorito, lo menos que puedes hacer es mostrarme tu casa, ¿no?
—Está bien, pero cuando cenemos te vas.
—Ok, me parece bien, tenemos un trato.
Le muestro mi casa a Derek para de esta forma evitar tener conversaciones incómodas. Antes de terminar el recorrido, escucho la voz de mi madre.
—Chicos, la cena ya está lista, vengan a cenar.
Estamos sentados a la mesa y mi madre por fin decide devolverme mi teléfono. Estamos cenando espaguetis a la carbonara, es el plato favorito de mamá.
—Bueno chicos, cuéntenme qué han hecho hoy —pregunta mi mamá con gran interés.
—Solo estuvimos caminando por la playa —le contesto para cortar la conversación.
—Bueno Derek, ¿y cómo se conocieron? —continúa con el interrogatorio.
—Es que yo estaba jugando voleibol y, sin querer, la pelota golpeó a David y, para disculparme, le invité a una bebida —le contestó el gran mentiroso de Derek.
—Tenía que ser, este hijo mío siempre anda perdido en su mente.
—Un poco sí —responde Derek en forma de burla y comienza a reír.
—Bueno, lo que me faltaba, como si no tuviese bastante con una madre, ahora tengo dos —contesto enojado.
—Bueno, creo que ya es hora de irme, muchas gracias por la cena, todo estaba muy rico, señora Esther —se despide Derek.
—No seas formal y además no soy tan vieja para que me llame señora.
—Bueno, nos vemos por la playa.
Me despido de Derek y lo acompaño hasta la puerta de la casa. Derek me dice en voz baja:
—Nos vemos, pervertido.
—Ya deja de decirme así, y no te preocupes porque no tengo intención de volverte a ver.
—Pero yo sí —dice Derek y se voltea, se aleja riendo mientras entro en casa y me dirijo a mi habitación.
Me dejo caer sobre la cama y cubro mi cara con un brazo, dejo escapar un grito y me agito para liberar la tensión. "¿Por qué? Él no me puede gustar, es un chico y un completo idiota, nunca me había sentido atraído por un chico, bueno, nunca me había sentido atraído por nadie en realidad".
Luego de todo lo sucedido, no puedo sacarme a Derek de mi mente. Ya han pasado cinco días y no me atrevo a salir por miedo a encontrarme con él. Es que es tan atractivo, con ese cuerpo tan perfecto, la imagen de él ahí, de pie, justo enfrente de mí, sin nada de ropa, solo de pensarlo, mi corazón se acelera. No sé qué hacer, Dios, por qué no puedo dejar de pensar en él.
—David, ¿estás bien? ¿Por qué estás tan rojo? —menciona mi madre entrando en mi habitación.
—¡Mamá! Te he dicho que no entres en mi habitación.
—Está bien, solo quería decirte que quiero ir a comprar unas frutas, ¿quieres acompañarme?
—No, estoy ocupado y por favor sal de mi habitación.
—Bien, quédate encerrado, ocupado en no hacer nada —replica algo enfadada.
Son las tres de la tarde y Esther camina por un mercadillo que está cerca de la playa en busca de fruta. Detrás de un puesto hay un chico que la saluda agitando las manos.
—Hola, señora Esther, ¿cómo está?
—Te dije que no me llames señora, pero estoy bien gracias, Derek, ¿y tú?
—Estoy muy bien, gracias, le cuido el lugar a mi abuela porque tuvo que salir.
—Eres un chico muy responsable para tu edad, ya quisiera que David se pareciera, pero lo único que hace es encerrarse en su cuarto con esa pila de libros.
—Ah, por él te quería preguntar, no lo he vuelto a ver desde aquel día.
—Es que no ha vuelto a salir, no sé si te comentó, pero ese día para que saliera lo tuve que obligar.
—No, no me había dicho. Señora, perdón, Esther, ¿me podría dar el número de su hijo? Es que olvidé pedírselo.
—Sí claro, es este —le da el número a Derek e intercambian los suyos.
—Derek, ¿te puedo pedir un favor?
—Por supuesto, dígame.
—Me gustaría que David se relacionara más y saliera de su habitación, ¿podrías ayudarme con eso? He visto que se llevan muy bien, además mi hijo no deja de mencionarte.
—Sí claro, será un placer ayudarla —contestó Derek rápidamente sin pensar siquiera.
En la casa, David sigue acostado intentando leer, pero sin éxito. Suena el teléfono, un mensaje de texto de un número desconocido.
—Hola, ¿cómo estás? —número desconocido.
—¿Quién eres? ¿Y cómo tienes mi número? —contesto.
—Soy tu admirador, y sé todo sobre ti.
—Lo siento, pero no me gustan las bromas telefónicas, dime quién eres o te bloquearé.
—No te enfades, chico pervertido, soy yo.
—¿Derek? —el corazón se me detuvo por un segundo.
—Sí, señorito pervertido.
—No puede ser, ¿quién te dio mi número?
—Mi suegra —responde Derek de forma burlona.
—¿Cómo que tu suegra? ¿De dónde me conoce tu suegra?
—Bueno, fue quien te trajo a este mundo, así que debe de conocerte bien, ¿no crees?
—Eres muy gracioso, mejor te bloqueo.
—Ok, como quieras, pero te espero mañana en el lago, digo, si sabes cómo llegar.
—No pienso ir, no perderé mi tiempo.
—Sé que irás, estás loquito por mí, no lo niegues. Además, ya me encargué de pedirte permiso y a tu madre le pareció una estupenda idea.
—Estás loco, ¿qué le dijiste a mi mamá? —pregunto un poco asustado.
—Nos vemos mañana, mi pervertido.
—Yo no soy tuyo y por favor deja de llamarme así, además no voy a ir a ningún sitio y menos contigo.
Son las 9:00 de la mañana y llaman a la puerta de mi habitación.
—David, David —dice Esther al otro lado de la puerta.
—¿Qué? Mamá, déjame dormir.
Se abre la puerta del cuarto y Esther entra en la habitación, se acerca y se sienta en la cama.
—Cariño, ya es de día, tienes que prepararte.
—¿Prepararme? ¿Para qué, mamá?
—Derek está esperándote, amor.
—¿Derek está aquí? —me siento rápidamente en la cama.
—Sí, está esperándote para ir a un estanque o algo así.
—Dile que me siento mal, no quiero ir.
—Nada de eso, prepárate y rápido que él ya está esperándote, sabes que yo tendré que salir hoy y no me siento cómoda dejándote aquí solo.
Esther sale del cuarto y me levanto para empezar a prepararme. Pasan unos minutos y bajo por la escalera, abajo me esperaban Esther y Derek.
—Para no querer ir, te has vestido muy bien, ya no recordaba la última vez que te vi peinarte —dice Esther avergonzándome enfrente de Derek.
—Vamos, Derek, antes de que mi madre se ponga a decir cosas de las que me arrepienta —digo mientras tomo a Derek por el brazo y lo saco de la casa a tirones.
—Bien, que se diviertan, chicos —dice Esther alzando la voz y diciendo adiós con un gesto.
—Así será, señora Esther —le contesta Derek.
—Ay, este chico, no soy tan vieja, ¿verdad? —dice Esther.
—Sí lo eres, mamá —le contesto en forma de venganza.
Mi madre en verdad es muy joven y apuesto, solo tiene 37 años, es delgada, con curvas, una piel blanca y cuidada. Además, es diseñadora de moda para una marca muy importante, por lo que siempre anda muy bien vestida y, según mi papá, es la mujer más hermosa que ha visto.








