Contrato Nupcial-KOOKV

Sinopsis

"Porque del odio al amor hay un solo paso..." El poder, el dinero y las jerarquías alfa-omega dominan la élite. Jeon Jungkook (alfa, 24 años), heredero de un imperio farmacéutico global. Es un alfa dominante y ambicioso que vive para expandir su legado. Sus padres, preocupados por su vida desenfrenada, lo comprometen con Kim Taehyung (omega, 26 años), un pintor rebelde que ha vivido en París desde joven, alejado de las responsabilidades de la empresa de tecnología médica de su familia. El matrimonio es un trato estratégico: los padres de Jungkook ven una oportunidad de fusionar sus imperios, mientras los padres de Taehyung buscan salvar su empresa en decadencia. Jungkook acepta, atraído por la promesa de heredar el control total de la empresa Kim, que Taehyung no quiere. Taehyung, acepta a regañadientes para proteger su libertad artística, sin saber quién es su futuro esposo. Su primer encuentro está lleno de chispas.

Genero:
Fantasy/Erotica
Autor/a:
Librakar
Estado:
Completado
Capítulos:
40
Rating
5.0 25 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Taehyung (Omega, 26 años)

El aire de la terraza me refresca, un escape del circo sofocante de la gala. Apoyo los codos en la barandilla y miro las luces de Seúl parpadear como pinceladas en un lienzo caótico.

Malditos alfas, murmuro, riendo por lo bajo. Siempre son iguales: pavoneándose, oliendo, actuando como si los omegas fuéramos trofeos para coleccionar.

Volví a este país por una razón: mi galería, mi sueño. Pero el precio es una locura: un año trabajando en la empresa de mi futuro marido como su mano derecha para asegurar la fusión con la empresa de mi familia. Y, como si no fuera suficiente, en dos meses me caso con ese desconocido del que ni siquiera sé el nombre.

Mis padres, con sus sonrisas tensas, solo dicen que es un buen partido.

¿Gestión empresarial? ¿Matrimonio?

Yo, que apenas sé equilibrar mi cuenta bancaria.

Genial plan, papá, pienso, sarcástico, ajustando el adorno plateado que cuelga de mi camisa de lino.

La gala está llena de la élite de la ciudad: alfas con trajes caros, omegas con sonrisas ensayadas, betas moviéndose como sombras.

Jimin, mi amigo de la infancia, me arrastró de grupo en grupo, presentándome como el artista que volvió de París. Pero un alfa amigo suyo, con un aroma que me da náuseas, no paraba de hablar de que soy un exquisito omega.

Asco.

Escapé a la terraza para respirar, pero no puedo esconderme eternamente.

Decido volver antes de que Jimin empiece a buscarme. Cruzo un pasillo oscuro y un ruido me detiene.

Gemidos. Primero suaves, luego descarados. Un ritmo que no deja dudas.

—¿En serio? —susurro, con una sonrisa traviesa.

No soy un monje, sé lo que es el deseo, aunque nunca dejé que un alfa se me acercara demasiado. Pero algo en esos sonidos, crudos, sin vergüenza, despierta mi curiosidad.

Como cuando ves un cuadro que no entiendes y quieres descifrarlo.

Me acerco a una puerta entreabierta, oculta tras una cortina negra, y empujo la madera con cuidado.

La escena me golpea como un trazo de pintura brillante.

Un chico delgado —estoy seguro de que es un omega—, de cabello rubio y traje impecable, está de rodillas frente a un hombre joven, alto y pelinegro.

El alfa, con una mano en la pared, exuda un control que casi se puede tocar. Su camisa está desabotonada, dejando ver un torso que parece tallado en piedra.

No siento un cosquilleo, no exactamente, pero hay algo hipnótico en la escena: la forma en que el alfa inclina la cabeza, la tensión en su mandíbula.

Típico cliché alfa, pienso, arrugando la nariz. Pero no puedo apartar la mirada.

Es como ver una obra de arte viva, aunque un poco… vulgar.

Quiero ver más, solo por curiosidad, y empujo la puerta un poco más.

Gran error. La madera cruje, y los ojos del alfa se alzan, encontrando los míos.

Son profundos, con un destello dorado que me atraviesa.

Una sonrisa arrogante se dibuja en su rostro.

—¿Quieres participar, pequeño curioso? —dice, su voz grave cortando el aire como un pincel afilado.

Mi corazón da un salto.

—¡Mierda! —suelto, retrocediendo. Mi pie choca contra un pedestal decorativo y caigo de bruces contra la puerta, abriéndola de golpe.

El omega rubio se aparta, molesto, y mis ojos, para mi desgracia, caen en… bueno, en todo lo que no necesito ver.

La longitud erecta del alfa, expuesta por un instante, me hace arrugar la nariz.

—¿En serio? ¿No podían cerrar la puerta? —gruño, levantándome con el poco orgullo que me queda, mi rostro ardiendo.

El maldito suelta una risa fuerte, profunda, que resuena en la sala. Sin inmutarse, se sube el cierre del pantalón con una calma que me da ganas de golpearlo.

—No esperaba un público tan… crítico —dice, dando un paso hacia mí.

Sus ojos me recorren, desde mi camisa abierta hasta mis botas gastadas, como si evaluara una pintura.

El omega rubio, furioso, se marcha tras lanzarme una mirada venenosa.

Me cruzo de brazos, intentando recuperar el control.

—Y yo no esperaba un espectáculo tan predecible. ¿Qué sigue, alfa? ¿Marcar el museo como tu territorio?

Arquea una ceja, claramente divertido.

—Eres valiente para ser un omega. ¿Quién eres, pequeño espía?

No le doy el gusto de responder.

—Alguien con mejores cosas que hacer que ver porno en vivo —suelto, girándome para huir.

Su risa me persigue mientras corro hacia la terraza, el corazón latiéndome más rápido de lo que quiero admitir.

"Malditos alfas promiscuos", murmuro, apoyándome en la barandilla. Pero esos ojos dorados se quedan grabados en mi mente, y una parte de mí, muy pequeña, se pregunta quién demonios es ese tipo.

...


Jungkook (Alfa, 24 años)

Este evento es mi terreno de juego.

Sonrisas calculadas, apretones de manos, feromonas flotando por todos lados.

Como heredero del imperio Jeon, sé moverme en este mundo, donde el poder se mide en contratos y conquistas.

Esta noche es un respiro. El omega rubio que me arrastra a esta sala privada es una distracción pasajera, una más en una lista que no me molesto en contar.

De pie, con una mano en la pared y la otra guiando su cabeza, dejo que el momento me lleve.

Nada serio, solo un pasatiempo antes de la próxima jugada: un matrimonio arreglado con un omega del que no sé nada, trabajando juntos un año para asegurar la fusión de nuestras empresas.

Dos meses, matrimonio arreglado, alianzas, negocios… y este momento inesperado se siente casi… liberador.

Conozco a mi familia; ocultan su nombre porque saben que no me gusta que me controlen.

Me casaré y luego me divorciaré. Fácil.

Los gemidos del omega llenan la sala, pero un crujido me saca de mi trance.

Mis ojos se alzan, y allí está: un omega, asomado tras la puerta entreabierta.

Cabello castaño desordenado, camisa de lino abierta.

Sus ojos, grandes y curiosos, me observan con una mezcla de desdén y fascinación.

No es el típico omega que se derrite por un alfa; hay algo desafiante en él, algo que despierta mi instinto. Sonrío, lento, provocador.

—¿Quieres participar, pequeño curioso? —digo, mi voz cortando el aire como un desafío.

El omega da un paso atrás, claramente atrapado.

—¡Mierda! —murmura, y entonces pasa: tropieza con un pedestal y cae contra la puerta, abriéndola de golpe.

El omega rubio se aparta, molesto, pero yo no puedo evitar reírme. El intruso, rojo de vergüenza, arruga la nariz al verme, como si oliera algo podrido.

—¿En serio? ¿No podían cerrar la puerta? —gruñe, levantándose con una mezcla de indignación y torpeza que me parece… intrigante.

Me subo el cierre del pantalón, sin prisas, y despido al rubio con un gesto.

No me importa él; mi atención está en este omega descarado.

—No esperaba un público tan… crítico —digo, dando un paso hacia él.

Su aroma me golpea de repente: no es solo un omega cualquiera. Hay fuego en él.

Sus ojos brillan con desafío mientras se cruza de brazos.

—Y yo no espero un espectáculo tan predecible —replica—. ¿Qué sigue, alfa? ¿Marcar el museo como tu territorio?

Su descaro me arranca una risa fuerte, genuina. Este no es uno de esos omegas que caen rendidos.

—¿Quién eres, pequeño espía? —pregunto, intrigado.

Pero no responde.

—Alguien con mejores cosas que hacer que ver porno en vivo —suelta, y se da la vuelta, huyendo como si el diablo lo persiguiera.

Me quedo allí, riendo, su aroma aún flotando en el aire.

Pregunto a un asistente por él. Cuando me dice su nombre, Kim Taehyung, mi sonrisa se congela.

—¿Quién es ese? —murmuro—. Gatito escurridizo… te voy a encontrar.