Cap. 1: Improbable

Era un día como cualquiera en la ciudad más poblada del país, cuando de pronto un movimiento de 5.8 la sacudió.
Minutos antes, André un joven de 23 años, practicante a profesor de educación inicial y primaria, de cabello rojizo y piel ligeramente bronceada, comprensiva y amable; estaba en un centro comercial, dentro de una tienda de calzados que en ese momento estaba abarrotada de gente debido a que era un día de súper rebajas. Ocasión que ocurría una o dos veces al año. Por supuesto, André no iba a perderse de esa ocasión, y más cuando tenía un raro día de semana libre.
Para fortuna de André, las zapatillas que quería comprar estaban todavía disponibles en la talla que buscaba. Pero cuando cogió aquel par de zapatillas para ir hacia caja, fue cuando aquel movimiento sísmico ocurrió.
—¡¿Que?! ¡¿Un terremoto?!
—¡¡AAHH!! ¡¡Corran!!
—¡¡Déjenme pasar!!
—¡¡Quítense del camino!! ¡¡maldición!!
Rápidamente la gente entró en pánico con el único deseo de salir para salvar sus vidas. Aunque algunos trataban de mantener la calma al pedir que salieran en orden, otros simplemente no escuchaban nada si antes no salían de lo que pronto podría convertirse en escombros.
Aquel movimiento sísmico era entre fuerte y moderado, pero aquella tienda como otras dentro del centro comercial no estaban preparadas del todo para soportar algo así.
Y como solo había una sola salida, pronto, la gente se atascó y comenzó a desesperarse. Además, la tienda había superado el aforo permitido.
—¡¿Eh?! ¡Esperen! ¡No empujen! ¡AH!
André que también luchaba por salir, fue pisado en uno de sus pies, para luego ser inmediatamente empujado, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera.
¡Crash!
“No… ¡¿Acaso moriré aquí tan lamentable?!”
Apenas André volvió a levantarse con dificultad, pero lo más rápido que pudo, el techo sobre su cabeza se partió en un parpadeo y cayó.
¡PLAF!
Para ese momento, todos, excepto André, habían escapado. Pero antes de que André fuera enterrado bajo los escombros, sintió que fue arrastrado y protegido por alguien más.
…
—Mm… —André abrió los ojos, pero no veía más que oscuridad, así que sacó su celular del morral en su pecho—. … ¡Oh, Dios!
André se sobresaltó al ver que había un hombre joven recostado sobre sus piernas, y no restos como pensaba.
“Es verdad… ¿Acaso es este chico quien me protegió? ¡Dios! ¡Está sangrando!”
El joven frente a sus ojos estaba herido en la cabeza, ya que, sangre corría por su frente.
Aquel chico tenía el cabello oscuro, piel pálida, la nariz afilada, pestañas largas, y el labio inferior más carnoso que el superior; en sí, era un rostro muy apuesto. Y tenía el uniforme de trabajo de aquella tienda de zapatillas, la cual estaba empolvada y rasgada.
—¡Hey! ¡Despierta! Abre los ojos, por favor.
—¿Mm…?
El llamado de André surtió efecto más pronto que tarde. Frente a lo cual, André suspiró aliviado.
—Oye… aleja esa luz de mi cara, ¿quieres? —habló el chico con mala cara. Luego, se levantó de la parte superior de su cuerpo de donde estaba acostado.
—L-Lo siento —Se disculpó André al mismo tiempo que alejó la luz proveniente de su celular, la cual daba directo hacia el rostro de aquel chico—. ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo?
—¿Te parece que estoy bien? Aunque el material del techo de esta maldita tienda no es del todo concreto, logró herirme. ¡Auch! Duele, con un demonio.
—¡Espera! No te toques la cabeza. T-Toma… —dijo André y, al segundo siguiente, sacó un pañuelo de su morral y se lo dio a aquel joven. Pero este se quedó mirando a André sin tomar aquel pañuelo.
—¿Acaso esperas que lo haga por mi cuenta? Fue por ti que estoy herido ahora, así que hazlo tú —dijo aquel joven con hostilidad.
—E-Está bien.
Sin hacer caso a la manera en la que aquel chico seguía hablándole, André se puso detrás de este y limpió la herida en su cabeza.
—Por cierto. ¿Cómo te llamas? ¿por qué me salvaste?
—¿Para qué quieres saberlo? No te lo diré. Y no te salvé. Solo tuviste suerte de que viera a tiempo de que estabas a punto de morir y ya. Lo hice para no tener cargo de conciencia, nada más.
—Ya veo… Pero de todas maneras arriesgaste tu vida por mí. Así qué gracias, y lo siento.
—No me sirve de nada tus gracias ni tus disculpas. Todo es tu culpa. ¿No pudiste solo empujarlos también y salir?
—Te dije que lo siento. Pero lo que dices no es algo que un empleado de esta tienda diría. ¿Acaso no te han capacitado para actuar en este tipo de situaciones? —habló André con un tono de reclamo.
—¿Y qué importa eso ahora? Esta tienda ya está hecha mierda, así que métete en tus asuntos.
—Es suficiente —Se levantó André, pero apenas pudo enderezarse debajo de los escombros—. Aunque te deba mi vida, no tienes derecho de hablarme así.
—¡No seas un llorón! Así es como soy, tonto. Y si no te gusta, pues piérdete —dijo aquel joven con brusquedad. Acto seguido, también se puso de pie quedando más encorvado que André.
—Mi nombre es André. Soy profesor en una escuela primaria. Y puedo asegurarte de que mis alumnos, a pesar de su corta edad, son más educados que tú.
—¿Y qué? ¿Te aplaudo? Ya deja de ser una molestia, y ayúdame a salir de aquí —habló aquel joven dándole la espalda a André, mientras parecía buscar algo entre los escombros frente a él.
—¿Cómo podríamos? Lo mejor es que esperemos a los rescatistas.
—Hasta que lleguen, puede que encuentren un par de cadáveres hasta entonces.
—Eso no lo puedes saber. Es contraproducente que hagas algo por tu cuenta. Esta vez sí podríamos morir si te equivocas.
—No será así, porque ya pasé por esto una vez.
—¿Qué? ¿Estás diciendo que ya pasaste por algo como esto?
—Acaso profesor, ¿no puede ser útil si no hay un mocoso aquí? Ponte manos a la obra, y ven a ayudarme. No estoy dispuesto a pasar ni un minuto más aquí cuando puedo hacerlo de nuevo.