Armas o Almas

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Sinopsis

Dos perspectivas de un conflicto, un territorio destinado al cambio y un problema presente la lealtad de ambas partes y los poderes opuestos buscando el control del mismo Rusel, territorio basto para estándares de la época y vital para el comercio con la parte oeste. La Santa fe buscando recobrar su territorio, con la Santa ignorante del pasado que busca recobrar con paciencia lo que se perdió a su visión por tentaciones malignas y buscando llevar a los pocos devotos a Alba de regreso a territorios más seguros para ellos mismos. La segunda vista, tratando de llevar el territorio de vuelta a la senda de la cordura y la lógica, mostrara más de un personaje protagónico, en vista de que muchos de los cambios que traen son buenos y otros no tan notables, producirán cambios que nadie previo y verán con gran alegría, en especial por el futuro más cercano.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
RENE II
Estado:
Completado
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

PEREGRINACIÓN.

Remanentes de la naturaleza profanadas de su santo sepulcro, con una única finalidad ser parte de una carga y esperanza, conformados por incontables pasados para un único presente lamentable del que muchos añorarían un pasado o lo recordarían como tragedia y muchos más como abuso de la buena voluntad que quedaba en vidas ahora vacías.


Solo llegaron a un concepto una vez que la caravana se presentó ante la aldea, una promesa, una traición y una respuesta “Síganme para reparar este mal”. Recuerdo tan lejano a pesar de ser resiente.


Todos caminaban sin calma alguna, el bosque resultaba tenebroso con la neblina negra superando la poca visión que tenían del entorno mientras muchos solo procuraban ver u oír los pasos de quien tenían por delante, preocupados por perderse en esa lúgubre noche.


Cada paso era secundado por el sonido de los instrumentos antaño agradables y tratando de engañar a los oídos de todos esperando el final de su rumbo los alta bajos que solían ser señal para corear o chocar de bebidas pronto fueron señal de cada pisada que rompía ramas o la toz de quienes habían tenido problemas para respirar o no habían tomado agua alguna desde su partida, sea por negligencia en suministros propios o por el deseo de perecer en la marcha que todos consideraban blasfemia.


La simetría de los instrumentos y coordinación no parecía algo natural: Los Suka daban escalofríos en muchas ocasiones, el Gusli ya no era acompañado por las aves en los árboles, más bien, ahora era el silbido de las ramas por el viento. Las Tympana ya no eran ritmos que enmascaraban los eructos tras tanto canto y bebida, ahora más bien se preguntaban si no ocultaban la pisada de seres malignos, obviando el que los dirigía.


Un heraldo nada más ni nada menos, prueba máxima de la corrupción que la oscuridad podía proveer al mundo vendito de Alba, pero al mismo tiempo, la última esperanza, hasta qué punto estarían dispuestos a manchar sus almas para corregir lo que la fe ciega les había arrebatado, traer de vuelta a la mujer que se amaba, a la hija con un futuro brillante, a la comerciante de amistad tan prometedora, a la amante que planeaba una boda o de quien solo portaba una amistad alegre.


Los recuerdos, pronto fueron teñidos de rojo, mientras recordaban las vestimentas blancas a conocido con armas y utensilios, despojos de madera o piedras, portadoras de la sangre de semejantes y demás pobladores del reino santificado de Rusel principalmente mujeres, pero no exclusivamente, hombres que buscaron defender a las figuras femeninas de la familia, hermanos con cabezas partidas recibiendo los golpes de padres o abuelos que portaban vestimentas blancas o guerreros de misma vestimenta.


Familias que clamaron piedad o una muerte menos dolorosa y solo para ser decepcionadas, las hogueras compartidas o la fuerza bruta de familiares y ajenos, algunos porque no tenían opción, otros por la ceguera del momento y muchos lamentándolo después.


El Rey miro a sus hijos hallados temblorosos y con un rápido movimiento el viento dejo de pasar por la ventana y la aseguro con lentitud, mientras ingresaba a la chimenea para avivar el fuego y continuo su relato. —Los elegidos para el ritual éramos desesperados, petición tras petición de piedad ignorada o denegada, los que siguieron la orden de la Santa Fe con mucha reticencia o que de plano negaron la orden y pelearon para poder proteger familias y órdenes yo forme parte de los ignorantes hasta que llego la petición a mi puerta.


El toque de la puerta, fue tan abrupto, que por un momento los niños se asustaron y pasado detrás de la silla de su padre y con ello el movimiento de una mano que abrió la puerta y una mujer paso dentro, la belleza diluida por el tiempo, pero igual de animada de siempre.


—Querido, ¿Qué les estas contando a los chicos? —pregunto la mujer algo divertida por el temblor de los niños tras el asiento ostentoso.


—Lo necesario para cuando hereden mi puesto querida —Resoplo con la respuesta y tomo más alegre la taza translucida de cristal con leves tintes azules que pronto formo una mujer regañando con la actitud—. No cambias ni un poco a pesar de los años que pasaron.


—Y tú no paras de jugar al abuelo, has sido así desde que te conocí. —La figura que controlaba en el contenido de la taza hizo un puchero la silueta de la reina definido incluso en corona y dedos, caso contrario de la poca expresión de la mujer que soltó un suspiro.


—Los tiempos cambian querida, el de estas tierras, el nuestro, incluso de lo que antes me pareció un deber y lo grandioso de mi actual posición, todo resulto tan… —dejo de hablar y de pensar al mismo tiempo, mientras encontraba el paso del tiempo lento y aletargado, los niños pronto jugando con su madre, mientras lo más escabroso del recuerdo lo nublaba y dejaba la sala divertida, sintiéndose algo ajeno a ello.


Camino por el gran pasillo rumbo a la sala del trono, un recuerdo de una penitencia y con ello el camino más claro, mientras veía en el reverso del trono el motivo de su alegría presente, pero dudando de cuál sería el precio a pagar al final de su vida y el trueno del exterior lo transporto de nuevo al pasado.


Nadie cuestionaría lo que vería, pues fueron muy específicos, nada era diferente salvo el emblema que portaban en el pecho, una corona dorada en tela negra y lo otro diferente, era a quien servirían en la eternidad venidera, fuera como esclavos o como ciudadanos, ya a nadie importaba más que lo prometido.


Habían rechazado las túnicas blancas con tanta prisa cuando se enteraron de que la tribu podía volver a tener a sus familiares de vuelta, algunos ni siquiera habían pasado a limpiarse la sangre de las ropas internas plagadas de tierra en el forcejeo y otras de gusanos de los cadáveres retirados de su lecho blanco.


Muchos adoptaron las túnicas negras en una suerte de desesperación, pero la gran mayoría, en un deseo mucho más ferviente de un consuelo terrenal o la maldición a la Santa fe, declarando su nueva lealtad incluso con regocijo al conocer mejor las historias del reino al que partirían tras su reciente cambio.


La luz proclamo a todos, un fin al paisaje tenebroso, mientras todo miraban el posible final, pero en su lugar solo encontraron una cosa peligrosa, un comerciante, bien protegido por guerreros de armadura y armas negra y metal respectivamente, el heraldo, prosiguió a entregar las máscaras a todos, muchos lo vieron como algo malo en vista de que no había por donde respirar o mirar, ni siquiera una cuerda por la cual poder sostenerlos y otros simplemente se la pusieron en la cara sin dudarlo por un rato, debilitando el agarre de su carga, pero fascinados porque se hubiera acoplado y no cayera.


El trueno de nuevo lo devolvió a la realidad, mientras el equilibrio era devuelto y caminaba rumbo a su cuarto, notando a la madre y sus dos hijos y la añorada niña en una pequeña cuna, mientras veía en la pared de la cabecera la misma mascara, Celeste de fondo, y formas corales negras talladas y sobresaliendo levemente, mientras que todo rasgo de un rostro ausente, daba temor y en un delirio se la puso de nuevo.


Lo sintió como la máscara apartaba el aire en los bordes, el colarse en la piel y pronto el aire caliente de su respiración disolverse, su visión oscurecida por la única antorcha presente, pronto se tornó blanquecina, mientras veía a su mujer y lo notaba de nuevo, agua en lugar de piel, Cabello y ropas desgastadas y al mismo tiempo la belleza inmaculada del pasado cuando la ambicionaba a pesar de estar comprometida a otro.


Tomo el pelo y lo sintió lizo, calmado y tibio, si no fuera por la máscara, se hubiera dejado llevar y habría imaginado que lo que dormía junto a sus hijos seria aquella belleza que se sacrificó gustosa para ser el ejemplo aquel fatídico día y en el abrir de sus ojos el brillo le recordó que hay había un espíritu no una humana.


—Querido, ben a dormir, ya es tarde.


—Si. —Tomo el borde del coral negro, eclipsando su vista y tiro ligeramente, logrando sacársela y de nuevo la tenue iluminación lo engaño con otra persona, ya mayor y sin el brillo del interior—. Nos espera un día complicado con la celebración de mañana.


—Me pasas el peine.


—Aquí tienes. —Agito el dedo con calma y el peine del estante salto a manos de la mujer, pero se depositó con delicadeza, mientras controlaba el último movimiento y lo dejaba girando en la palma extendida.


—Gracias.


Se cepillo el pelo, mientras notaba el agua una vez más surgir y la bañera de metal puesta alado suyo surgió y lo dejo allí reposando, mientras volvía a echarse y la poca agua del peine lo llevaba de regreso al estante y proseguía a volver al pelo.


Ya recostado, recordó más mientras cerraba los ojos, la respiración gimoteaste, la falta de aire temprano y como la oscuridad desaparecía al mismo tiempo que el aire llegaba y luego de un rato el heraldo paso al frente, el viento y el agua favoreciendo su camino y elevándolo lo suficiente para que todos lo vieran en ese paisaje ya más despejado, las palabras lo seguían persiguiendo hasta la actualidad.


—Mi Rey me ha enviado a ayudarles a corregir su gran error, por ello partimos con las mujeres, muchos de ustedes lo recuerdan sin duda, la alegría pasada y ahora ausente, no tenemos oración, ni dogma que entregar, solo una promesa, un intercambio, ustedes recuperan a la mujer, sea cual sea y a cambio, cargan con una deuda a mi reino. —El viento ayudo a resonar las palabras, mientras los leves gestos lo dejaban más claro eso era un negocio no un milagro. —A todos se les entrego la máscara por un motivo, eclipsa su rostro, deja claro al enemigo que no los pueden reconocer, y lo que se alzara tras este ritual es semejante a ese hecho, sus almas aún viven, al menos de las que salieron antes del anterior saludo a Alba.


“Esa maldita condición” —No deje que el pensamiento saliera de mí y agradecí la máscara que impidió cualquier interpretación de mi actuar. “Por favor que esto salga bien”.


—Caminaremos 10 minutos más y todos deben seguir en silencio, hasta llegar al lago, donde entregaremos los cuerpos, recuerden lo que sale es su alma y poseerá de vuelta su cuerpo, pero sus recuerdos, su actuar, incluso su propia naturaleza no será la misma, nadie que haya sobrevivido a un contacto tan cercano a la muerte puede mantenerse semejante a su estado previo, pero estarán vivas, como habíamos acordado.


Caminamos y caminamos, por lo que me pareció una eternidad, pero el lugar tan provisto de luz, era como si el medio camino de Alba volviera a florecer, pero al mismo tiempo, recordaba que, al ingresar en ese bosque maldito, la oscuridad nos había consumido hace mucho tiempo.


—Resiste Zlatica, ya casi llegamos —murmuro al cadáver que llevaba en su espalda, mientras sentía el frio de sus brazos pasar por el cuello y terminaban atados de las muñecas le llegaban el pecho con facilidad.


Una suerte de respuesta llego a su mano derecha, un gusano blanco choco y reboto en su caída al suelo, que piso y dejo de lado, mientras continuaba el camino.


Y en el mismo le llego un recuerdo más antiguo, la chica, disfrutando de vender los frutos, jugosos y de colores vivos, mientras las cestas eran reclamadas con prisa y las mujeres que contrato para ayudar hacían su trabajo y como si se tratara de la joya de la corona, siempre estaba en lo alto de esos tres bancos seleccionando, anotando y poniendo orden rápidamente, separando los frutos maduros de los que mostraban deterioro.


Un trueno lo saco de ese tiempo tan querido y noto todo en orden, mientras la lluvia de fuera ganaba fuerza y volvió a recostarse, mirando a la mujer a su lado y a los niños.


—Alba adorada, que pesadilla. —La vieja costumbre afloro y rápidamente se decepciono al recordar que fue su voluntad la que lo llevo a desenterrar el cadáver pálido de su sepulcro. —mi Rey, que este engaño se mantenga un poco más por favor. —Tomo la jarra con agua, aun humeante, pero no caliente, más bien entibiada al punto que él podía tomar y un trueno lo llevo de nuevo al momento, la oscuridad personifico mejor el momento.


El cansancio en las piernas, su última pieza de carne seca y la sed superándolo, no fue el primero en caer al piso, pero no espero formar parte de los que ahora se arrastraban rezagados de tantos incontables.


—T… tranquila llegaremos. —Se esforzó en ponerse de pie, mientras volvía a sentir la boca seca, sabía que venía a morir, los términos para traer a los muertos de su descanso a manos de Yami, le dejaba muy claro eso, no había preparado sino únicamente alimentos sólidos, el agua nunca figuro entre sus prioridades y ahora lo lamentaba—. Ya estamos muertos, Alba por favor dame fuerzas. —No espero respuesta.


Pronto un grupo llego teñidos de oscuridad, el miedo lo supero y cayó al piso de nuevo, con el cadáver pesando tanto como un árbol, pero la cantimplora dejando caer el preciado líquido lo hizo abandonar todo miedo y a pesar del lodo que se formó cerca de la boquilla se abalanzo tomando casi la mitad del contenido, mientras rememoraba a unos pocos en el camino, no tan fuertes como él ni mucho menos alimentados, buscando ayuda, a cuantos dejo atrás ignorándolos, pidiendo que se callen en pensamientos para que así no pesara más en su conciencia, vaciado el contenido se puso de rodilla y entrego el extraño recipiente ovalado.


—Gracias guerrero. — No lo pensó mucho, mientras veía las armas apuntándole, pero solo al sentir el estirón hacia arriba abrió los ojos, notando como el metal a pesar de parecer filoso no realizaba corte alguno, pero el movimiento si era brusco.


Como antes, desaparecieron en la oscuridad alrededor y solo uno dejo una linterna, la tomo junto a su carga y prosiguió el camino rumbo al grupo principal notando por fin la similitud de la linterna y de cuántos de ellos portaban una semejante y con un poco más de fuerza y el nuevo trueno lo sobresalto, en el pasado y en el presente, mientras tomaba de un trago rápido media jarra y soltaba un pequeño eructo por el líquido ocupando tanto espacio en el estómago medio lleno.


El sueño volvió a ganar fuerza y con ello el recuerdo más claro, las notas del violín tristes, melodiosas y un coro de voces viniendo de todas partes, las mujeres que salieron del agua y la mano húmeda que sintió tan real y todo ello a cambio de una promesa, aunque le resulto problemática, tenía todas las intenciones de cumplir, por lo que se le ofreció y por lo que recibió y debía entregar para mantener el trato.


La mañana llego como se esperaba y lo primero de luz que le llego a la vista lo hizo reaccionar, se levantó y se puso frente a la ventana, mientras cerraba las manos en el sol y posterior a ello las extendía a los costados, maravillado de que a pesar de todo lo sucedido Alba aun decidiera seguir apareciendo.


—Hum, querido, buenos días. —Se froto los ojos con una mano, mientras formaba un poco de agua con la izquierda y la dejaba caer sobre los niños sobresaltados.


—Buenos días querida. —El rápido paso del viento lo hizo revitalizar y con ello procedió a ponerse las ropas tan extrañas como siempre las percibió y en el paso uso el viento para poner de pie a los niños.


En un rápido ajuste de los ropajes, noto la faja que debía usar, como indicaban las nuevas costumbres y para su sorpresa, no resultaba tan angustiante como en el pasado, pero las mangas tan amplias y la similitud con los vestidos, por lo largo de la tela que debería terminar en la cintura le seguía pareciendo ajeno.


El agua paso por su rostro cálida como siempre y en un rápido decoro del pelo traído hacia atrás y pronto seco con el paso del aire, luego repetido en los niños y la única excepción siempre era la mujer, que podía modificar su peinado con facilidad al siempre estar húmeda.


Los pasos eran calmados, mientras se dirigían a la salida, con la servidumbre llegando, para la limpieza más general del entorno y posterior a su llegada a lo que solo podía llamarse una sala llena, vieron a los 5 nobles recién nombrados y recuerdos más cálidos de él tomando el lugar a la derecha lo había hecho entristecer levemente, mientras se sentaba en el trono, su mujer e hijos fueron atrás, disfrutando de los primeros rayos del sol.


—He despertado y espero su información. —Extendió la mano con calma, mientras recordaba un poco de la vieja costumbre. —Hablen a mi izquierda.


—Mi señor, hemos encontrado que el comercio va de maravilla, los más recientes comerciantes trajeron a artesanos y demás ayudantes en las diferentes materias, se inaugurara una herrería y esperan que disponga de algún plan más directo para lo primero que producirán. —Se acercó y puso unos 5 papeles a su alcance, antes de retirarse al final de la fila.


—Armas, armaduras, decoración, ornamentos o suministros de ingeniería. —Menciono todo lo que podía ver en la lista más corta, los primeros dos le parecían razonables al entregar gran cantidad de dinero y los otros dos le parecían mucho más complicados, ya que no sabía de nadie capaz de ello, además de que no daría mucho dinero al no tener muchos clientes, pero lo último le resultaba tan irreconocible, que salto las 4 hojas para ir a esa en particular, podía ver pedazos de metal con formas extrañas y descripciones si cabe más extrañas, reconoció un par como parte de utensilios, pero le seguía pareciendo extraño. —Tomaremos los dos primeros, indíquele que se centre en ellos, ir por lo seguro es prioridad estando en guerra.


—Como ordene mi rey, pediré que baya primero con las armas y después a las armaduras. —Se inclinó levemente en reverencia y se fue sin más palabras.


—Mi señor, mi reporte y las peticiones, los cultivos de arroz requieren el territorio a su diestra, talaran tres veces el espacio de este castillo por lo que pude entender y especificaron que requieren su cello.


—Habla y pide más detalles, pero anuncia que prosigan, sellare todos los documentos de una vez, así nos ahorramos problemas y tiempo.


—Como ordene mi rey. —A diferencia del resto, se fue sin esperar una respuesta.


—Mi señor, las ordenes de restricción, la guardia blanca, sigue pidiendo permiso para poder participar del próximo desfile, además de poder ingresar en el castillo.


—Denegado. —Dejo muy claro con su desprecio, mientras continuaba levantando la mano a su izquierda.


—Mi señor, mi pacto con el ser oscuro me entrego sus nuevas raíces, para nuestra prosperidad.


—Te escucho, se breve. —No le dejaba de disgustar, pero al mismo tiempo recordaba los muchos beneficios que trajo desde que adquirió la corona.


—Es necesario que autorice, la presencia de una imprenta para poder producir los libros de nuestra distinguida cultura con prisa, así nuestra historia no se perderá por la ignorancia segadora de la luz.


—¿Qué más? —Sintió un disgusto leve al referirse así a su fe, pero lo dejo pasar.


—La autorización de una sala de la cámara de comercio manos de midas, nos brindara gran favor de la facción comercial en particular, han prometido traer especies y perfumes, destinados tanto a nosotros, como a los nacidos del lago.


Como si las palabras fueran suficiente para recordarle su presencia paso al frente con gran alegría junto a los niños. —He oído de eso, hay tintes y también de comidas que saben deliciosas con algo llamado ajo.


Por un momento la actitud suplicante de los tres le hizo ceder y hablo.


—Diles que prosigan, pero que me especifiquen donde se creara la sala.


—Ya lo tienen planeado, junto a la plaza, como en casi todos los territorios del Reino maldito.


—Prosigan y sellarle la petición de ambos después.


—Con su permiso, iré a entregar las peticiones. —Se retiró con un leve aire de superioridad, mientras dejaba ondear las túnicas negras con facilidad y sintiéndose orgulloso de su nuevo puesto.


—Mi señor, la última información, para la creación de la guardia real y la distribución de tropas en las nuevas murallas, para verificación y detalles más generales, las últimas páginas.


—General, no hay muchos nombres en la lista.


—Lo sé, desde que llego la guardia negra, muchos guerreros decidieron dejar sus puestos y otros han huido, los que quieren participar como nuevos guardianes ya son pocos incluyéndome.


—Procure de ver algún alistamiento extra.


—Sí, y respecto a ese hecho, se ha confirmado que el reino maldito tiene una solución poco convencional, pero que requiere de su aprobación.


—Te escucho general.


—Autorizar la clase militar en la futura escuela que vendrá.


—Permitido, si no hay más, parte, por favor.


El rápido grito y la falta de calma fuera les dijo quien venía, acto del cual todos se sintieron mucho menos agradecidos, mientras se relajaban y la mujer llevaba a los niños a la cocina dejando a los dos hombres a su suerte y era muy consciente del hecho.


Para cuando por fin llegaron los primeros vitoreo rememoraron hacia un año según el nuevo calendario que había adquirido la posición de Rey y tantos problemas llegaban casi a mitad de camino miro el trono, con los mantos y señales de su presente tan complicado de sobrellevar.

Ya en el nuevo balcón pudo verlos a todos, la ciudad antes tan apagada, ahora vestía colores preferibles entre el verde y el celeste, los ropajes antes de animales o de plantas simples y curtidos variados, ahora desaparecían casi en su totalidad de la multitud.


Un rápido recuerdo le llego del pasado mientras notaba de nuevo a la multitud y preguntándose en qué momento el bullicio le aria olvidar que estaba allí.


—Mi señor, me retiro a buscar a las tropas.


—Adelante.


El movimiento de la oscuridad alrededor le dijo de la llegada de otro amigo, pero al mismo tiempo miro hacia atrás notando como sus hijos y la mujer llegaban con un emparedado de carne en mano y preparándose a asaltar el pequeño bufet detrás, y solo detenidos por las sirvientas que estaban vigilando cualquier intento de atacar el alimento como animales deseosos de una presa indefensa.


Para poco después de que se hiciera algo de silencio medito el discurso que se le había entregado, había modificado hasta que le pareció mucho más agradable y agrego un par de cosas que parecía más digno de él que del reino maldito.