Estos son algunos de los capítulos
Dicen que la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, pero nunca imaginé lo rápido que la mía se desmoronaría. Un día estaba caminando por las soleadas calles de Los Ángeles, y al siguiente, empacaba mis cosas para irme a Pensilvania.
"Scarlet, esto no es un castigo", repetía una y otra vez mi tía mientras mi madre se despedía de mí entre lágrimas y disculpas. Claro, no es un castigo, pensé. Solo tengo que dejar atrás todo lo que conozco para mudarme al fin del mundo con una tía a la que apenas recuerdo.
Al bajar del avión, lo primero que noté fue el cielo gris, completamente distinto al azul brillante de casa. La casa de mi tía, en medio de ese pequeño pueblo que ni siquiera aparecía en algunos mapas, me recibía con un aire de secretos. Y yo... bueno, nunca fui fanática de los secretos.
Pero algo en el viento de Pensilvania susurraba mi nombre. Algo que no estaba preparada para entender.
El camino a la casa de mi tía era largo y serpenteante, rodeado de árboles que parecían más viejos que el tiempo. Sus ramas se entrelazaban sobre nosotros, formando un túnel natural que bloqueaba lo poco de luz que quedaba. Era como si la naturaleza misma quisiera mantener este lugar oculto.
"Pensilvania es... diferente", fue lo único que dijo mi tía mientras conducía. Su voz sonaba neutral, pero sus ojos, al reflejo del espejo retrovisor, decían otra cosa. Como si quisiera advertirme, pero no supiera cómo.
Yo, por supuesto, no hice muchas preguntas. Me limité a mirar por la ventana, viendo cómo el paisaje cambiaba, los árboles alargándose en sombras cada vez más densas. Había algo en ese lugar que me ponía la piel de gallina, y ni siquiera había llegado.
Cuando finalmente nos detuvimos frente a la casa, mi primera impresión fue que parecía sacada de una película antigua. Era grande, de piedra oscura, con ventanas altas y un techo inclinado.
o que parecía amenazar con desplomarse en cualquier momento. No había vecinos a la vista. Solo más bosque, que se extendía en todas direcciones, abrazando la propiedad con una sensación de aislamiento total.
"¿Te gusta?" preguntó mi tía, sonriendo, aunque sus ojos seguían mostrándose cautelosos.
Asentí, aunque la verdad era que me sentía incómoda. Había algo raro, como si las sombras alrededor de la casa se movieran ligeramente, pero cuando parpadeaba, todo parecía normal de nuevo. Seguro solo era mi imaginación, me dije.
Cuando entré, el aire dentro de la casa era denso, como si estuviera atrapado allí desde hacía años. Mi tía me mostró mi habitación en el segundo piso. Las paredes estaban cubiertas con papel tapiz floral y viejas fotografías en blanco y negro, las cuales intenté no mirar demasiado de cerca. Me senté en la cama, escuchando el crujido del suelo bajo mis pies. Parecía que todo en esa casa crujía y susurraba.
"Descansa un poco", dijo mi tía antes de cerrar la puerta detrás de mí. "Ya hablaremos más tarde."
Suspiré y me dejé caer en la cama, mirando el techo. No pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que no estaba sola en esa casa. Algo, o alguien, me observaba.
De repente, lo sentí. Esa extraña sensación de ser observada. Me incorporé lentamente en la cama, agudizando el oído. ¿Un crujido en el pasillo? ¿Un susurro detrás de la puerta? Mi corazón comenzó a latir más rápido.
Entonces, lo vi. Dos ojos amarillos brillaban desde la esquina más oscura de la habitación. Un destello negro se movió en las sombras, y por un segundo, un escalofrío recorrió mi espalda.
Salté de la cama, mi respiración acelerada. La figura salió de la penumbra, y solo entonces lo reconocí: un gato negro, sentado con una postura elegante, mirándome como si todo esto fuera completamente normal.
—¿Qué demonios? —susurré, llevándome una mano al pecho mientras trataba de calmarme.
El gato parpadeó lentamente, sin dejar de mirarme, y luego se acercó, restregándose contra mi pierna como si fuéramos viejos amigos. Supuse que debía de ser de mi tía, aunque ella no había mencionado nada sobre tener un gato.
—Me has dado un susto de muerte —le dije, agachándome para recogerlo.
Era sorprendentemente liviano, y su pelaje era suave, aunque un poco enredado. Acaricié su cabeza y, contra todo pronóstico, comencé a relajarme.
Después de unos minutos de caricias, lo solté, dejándolo saltar suavemente al suelo. Caminó con la misma elegancia con la que había entrado, deteniéndose en la puerta para mirarme una última vez antes de desaparecer por el pasillo. Me quedé mirándolo hasta que se perdió en la oscuridad, preguntándome si alguna vez me acostumbraría a este lugar.
DESARROLLO Y DRAMATICA.
Scarlet miraba la fachada de la escuela secundaria de Pensilvania, sintiéndose como un pez fuera del agua. Las paredes de ladrillo oscuro y las ventanas altas no le inspiraban la calidez a la que estaba acostumbrada en Los Ángeles. Todo parecía frío y sombrío, un reflejo de cómo se sentía en su interior. Junto a ella, su tía, una figura cálida y cariñosa, le sonreía con ternura, intentando brindarle consuelo.
—Scarlet, sé que esto es difícil —dijo su tía con suavidad, tomando su mano con una ligera presión—. Pero este nuevo comienzo podría ser bueno para ti. Hacer amigos, distraerte... No digo que olvides, porque sé que eso nunca pasará. Pero ellos también habrían querido que sigas adelante.
Scarlet respiró hondo, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con brotar. No era justo. La vida había dado un giro inesperado y cruel, arrebatándole todo lo que conocía. Aun así, asintió lentamente, sabiendo que su tía tenía razón, aunque eso no hacía las cosas más fáciles. Con una última mirada de apoyo, su tía le dio un abrazo breve y cálido antes de empujarla suavemente hacia la entrada de la escuela.
—Recuerda que estaré aquí cuando salgas —le dijo, con una sonrisa alentadora—. Esto es solo el primer paso.
Scarlet respiró profundamente y, con pasos lentos, cruzó las puertas de la escuela.
—Al entrar al salón, Scarlet sintió el peso de decenas de miradas curiosas. Con timidez, escogió un asiento cerca de la ventana, intentando pasar desapercibida. La clase comenzó poco después, y ella trató de concentrarse, aunque su mente seguía divagando en los recuerdos de casa. A mitad de la lección, una voz suave interrumpió sus pensamientos.
—Hola, soy Leslie dijo una chica sonriente sentada detrás de ella, de cabellos oscuros y ojos llenos de una calidez amistosa—. ¿Eres nueva aquí?
Scarlet asintió, y aunque al principio le costó abrirse, Leslie demostró ser de esas personas que te hacen sentir cómoda sin mucho esfuerzo. Con cada pregunta y cada sonrisa, la sensación de soledad de Scarlet comenzó a desvanecerse un poco. Sin embargo, no pudo evitar que su mirada se desviara de vez en cuando hacia un chico en la esquina opuesta del salón. Alto, de cabello alborotado y con una expresión misteriosa, Alex capturó su atención sin siquiera notarlo. Scarlet no sabía qué era exactamente, pero algo en él despertaba una sensación que no había sentido antes.
Con el pasar de los días, Scarlet se dio cuenta de que Leslie era más que una simple compañera; tenía un espíritu cálido y divertido que hacía que cada conversación fuera fácil. Pronto, la compañía de Leslie se convirtió en una especie de refugio, un rincón seguro en medio del torbellino emocional en el que estaba envuelta. Juntas almorzaban en la cafetería, compartían libros y, poco a poco, Scarlet comenzó a sonreír más.
Sin embargo, cada vez que el nombre de Alex surgía en alguna conversación, Scarlet sentía un nudo en el estómago. Leslie se había dado cuenta de la atención que Scarlet le prestaba al chico misterioso del salón y, entre risas, no dejaba de lanzarle miradas cómplices. A pesar de su incomodidad inicial, Scarlet comenzó a aceptar que Alex la intrigaba. Había algo en su mirada profunda y distante que la atraía como un imán, y aunque él apenas parecía notar su presencia, Scarlet no podía evitar preguntarse quién era realmente Alex y qué secretos podría estar escondiendo.
Una tarde, mientras Leslie y Scarlet caminaban juntas por los pasillos después de clase, vieron a Alex recargado contra una pared, perdido en sus pensamientos. Scarlet sintió que el corazón le latía más rápido, y Leslie con una sonrisa pícara, le dio un ligero empujón.
—¿Por qué no le dices "hola"? —susurró Leslie con una sonrisa—. No va a morderte... creo.
Scarlet rio nerviosamente, su mirada encontrándose con la de Alex, que en ese momento levantó la vista y les dedicó una pequeña sonrisa. Fue solo un instante, pero para Scarlet, fue suficiente para hacerla sentir que algo había cambiado dentro de ella.
Alex se inclinó hacia ella, quedando peligrosamente cerca. "Para la próxima, mira por dónde vas," susurró, su voz ronca apenas audible, como si le hablara a ella y solo a ella. Sin apartar su mirada, deslizó los dedos lentamente por su mejilla, un roce suave pero cargado de intención, Su mano subió y se posó suavemente en su mejilla, y al inclinarse hacia ella, sus rostros quedaron tan cerca pero tan cerca que sus labios casi podían rozarse.
Scarlet contuvo la respiración, sintiendo el calor de su piel y la intensidad de su mirada, Quedándose perdida en ese instante.
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Mientras observaba a Alex alejarse, sentí como si algo dentro de mí se desmoronara. El día había sido un torbellino de emociones, y mi cabeza apenas lograba procesarlo todo. Intenté despejarme, pero fue inútil. La campana sonó, anunciando la siguiente clase: natación. La sola palabra hizo que un nudo de ansiedad se formara en mi estómago.
No podía creer que me tocara justo hoy. No sé nadar. El simple hecho de pensar en meterme al agua frente a todo el salón me aterrorizaba. Tomé aire y me dirigí al vestidor para ponerme el traje de baño, tratando de convencerme de que podría pasar desapercibida o, con algo de suerte, fingir una excusa para evitarlo.
Dentro del baño de chicas, Leslie me lanzó una mirada amistosa, pero al notar mi rostro pálido, frunció el ceño y se acercó.
—¿Scarlet, estás bien?
Tragué saliva, sintiéndome expuesta y vulnerable. Finalmente, le susurré:
—Leslie, la verdad es que... tengo miedo. No sé nadar, y no quiero que todos se den cuenta.
Leslie me miró con comprensión y puso su mano en mi hombro.
—No te preocupes —dijo, sonriendo con calidez—. A todos nos da miedo algo. Pero, si quieres, puedo ayudarte. Yo sé nadar bastante bien. Puedo estar a tu lado y guiarte. Nadie tiene que enterarse.
Sentí una ola de alivio y gratitud al escucharla, aunque el miedo seguía ahí.
—Gracias, Leslie. De verdad. No sabes cuánto significa eso para mí.
Aliviada, le agradecí a Leslie por su apoyo, pero había una decisión que debía tomar yo misma.
—Voy a intentar hablar con el maestro —le dije, tratando de sonar decidida—. Quizás, si le explico mi miedo, me permita solo meter los pies en la piscina.
Leslie asintió, dándome una sonrisa de aliento. Con el corazón latiendo a mil por hora, me acerqué al maestro y le expliqué, con voz temblorosa, que no sabía nadar y que me daba mucho miedo intentarlo. Afortunadamente, el maestro me escuchó con paciencia y me permitió quedarme en el borde, con los pies en el agua. El alivio fue tan grande que casi suspiré en voz alta.
Sin embargo, la tranquilidad no duró mucho. Mientras el resto de mis compañeros se sumergían y nadaban por la piscina, algunos notaron que yo no entraba.
—¡Vamos, Scarlet! ¡No te quedes afuera! —me dijo uno de ellos con una sonrisa.
—Estoy bien aquí, de verdad —les respondí, tratando de sonar segura, aunque el miedo seguía ahí.
La clase continuó sin mayor problema, y por un momento creí que todo saldría bien. Pero cuando la clase estaba a punto de terminar y los chicos comenzaron a salir de la piscina, alguien pasó junto a mí y, sin querer, me empujó.
Sentí cómo el agua fría me envolvía mientras caía, y el pánico me invadió. Todo se volvió confuso; trataba de moverme, de salir a la superficie, pero el miedo y la falta de control me paralizaban. Oí un grito lejano, la voz de Leslie:
—¡NO SABE NADAR!
Antes de que pudiera entender qué estaba pasando, sentí unos brazos fuertes rodeándome y llevándome a la superficie. Era Álex.
No podía creerlo. Alex me sostenía firmemente mientras me ayudaba a salir del agua, su mirada fija en la mía con una mezcla de preocupación y calma. Por un instante, el pánico y la sensación de ahogo quedaron en segundo plano. Sentía mis piernas temblar, pero la seguridad de sus brazos me hizo respirar más tranquila.
Mientras me dejaba a salvo en el borde de la piscina, traté de recobrar la compostura, agradecida por su rápida reacción.
Apenas me dejó en el borde de la piscina, Leslie llegó corriendo y se agachó a mi lado.
—¿Estás bien, Scarlett? —preguntó, todavía un poco asustada.
—Sí... creo que sí —respondí, aunque todavía me sentía un poco aturdida.
Leslie me miró y luego siguió mi mirada; me había quedado viendo a Alex sin darme cuenta. Él se alejaba un poco, pero yo no podía dejar de mirarlo. Leslie me dio un golpecito suave en el brazo y sonrió, como si entendiera algo que yo misma aún no terminaba de entender.
Después de todo lo que había pasado, fui con Leslie al baño de chicas para cambiarnos. Mientras nos quitábamos el traje de baño y volvíamos a la ropa normal, ella seguía hablando de lo sucedido en la piscina, entre risas y preguntas. Yo trataba de tomarlo con calma, aunque aún me sentía algo avergonzada.
—Gracias a Dios es la última clase —dije, suspirando aliviada—. Ya nos vamos a casa.
Cuando terminamos de cambiarnos, salimos juntas de la secundaria. Pero al salir, me quedé un momento en silencio al verlo. Alex estaba allí, mirándome con una expresión seria y algo intrigante. No tenía idea de por qué seguía allí, pero sentí que sus ojos me perseguían.
DESARROLLO
Cuando Scarlet regreso a casa después de su primer día en la secundaria, encontró a su tía en la cocina, hojeando una revista. Al ver a Scarlet, le sonrió con curiosidad.
—¿Qué tal te fue en la escuela? —preguntó.
Scarlet dejó su mochila en la silla y se encogió de hombros, recordando lo que había pasado en la piscina y cómo Alex la había ayudado.
—Fue... interesante. Tuve un pequeño "incidente" en la piscina, pero estoy bien —respondió, tratando de sonar despreocupada.
Su tía frunció el ceño, claramente preocupada.
—¿Estás segura de que estás bien?
—Sí, claro —dijo Scarlet, forzando una sonrisa—. Solo fue un mal paso. Voy a subirme a bañar.
Sin esperar más, Scarlet subió las escaleras y se metió en la ducha. El agua caliente la ayudó a relajarse y a olvidar el día. Después de vestirse con algo cómodo, bajó un poco y se acordó de algo.
—¡Tía! —gritó desde arriba—. ¿Dónde están mis cosas de la antigua casa?
—¡En el ático! —respondió su tía desde la cocina.
Con curiosidad, Scarlet decidió subir al ático. Al abrir la puerta, la oscuridad la envolvió, y encendió la bombilla que colgaba del techo. La luz iluminó el espacio lleno de objetos viejos y cajas apiladas.
Mientras caminaba, una tabla en el suelo crujió bajo sus pies. Se agachó para ver qué era y, con un poco de esfuerzo, levantó la tabla. Encontró un libro antiguo, cubierto de polvo, con una tapa de cuero llena de dibujos de criaturas sobrenaturales. El corazón de Scarlet empezó a latir más rápido; algo en ese libro le atraía, como si guardara secretos que estaban esperando a ser descubiertos.
Scarlet bajó las escaleras del ático con el corazón palpitante, aferrada al viejo libro entre sus manos. Su mente estaba llena de preguntas que no podía ignorar, y la única persona que tal vez tendría respuestas era su tía. La encontró en la cocina, preparando la cena, y, con voz temblorosa, le preguntó:
"Tía... encontré esto en el ático," dijo, extendiendo el libro hacia ella.
Su tía se quedó mirando el libro por un momento, como si recordara algo y lo hubiera olvidado. Finalmente, suspiró y sonrió con melancolía.
"Era de tu madre," confesó, tomando el libro entre sus manos. "Ella lo guardaba y nunca me dejó saber lo que contenía. Yo era una niña, apenas tendría dieciséis años y, … el ático siempre me daba miedo. Nunca subía allí."
"¿Sabes qué contiene?" preguntó Scarlet.
Su tía negó con la cabeza. "No, y nunca me atreví a preguntar. Tu madre era muy reservada con este libro.
La tía le devolvió el libro a Scarlet y le puso una mano en el hombro, con una sonrisa cálida y nostálgica. "Deberías quedártelo, Scarlet. Era de tu madre, y creo que ella apreciaría que lo tuvieras ahora."
Scarlet miró el libro, sintiendo que se convertía en algo más que un simple objeto; era un vínculo con el pasado de su madre.
Esa noche, después de cenar, cuando su tía se fue a dormir, Scarlet se encerró en su cuarto y sacó el libro de debajo de la almohada. La tapa estaba desgastada y los bordes de las páginas amarillentos, pero la curiosidad que lo rodeaba hacía que no pudiera esperar más para abrirlo. Lo hizo con cuidado.
Al principio, solo vio páginas llenas de dibujos extraños: símbolos que no reconocía, figuras de criaturas raras y paisajes. En una esquina, reconoció la firma de su madre.
Pasó algunas hojas más y entonces encontró algo distinto: un mapa, dibujado a mano. Mostraba el bosque de Pensilvania con un camino que llevaba a una cueva, marcada con un símbolo en forma de espiral.
"¿Qué es todo esto?", murmuró.
En el margen del mapa, avía una frase escrita con tinta desvanecida:
ਸੇਲਿਨ ਰੇਵਨਕ੍ਰਾਫਟ = (Celina Ravencroft).
No entendía del todo lo que significaba, pero la intriga crecía. ¿Su madre había estado allí? ¿O era solo un juego o alguna historia secreta que había escondido en el libro?
Entre las hojas pegadas, Scarlet descubrió algo más: había una historia escrita a mano, como si su madre la hubiera copiado o inventado.
"El druida y su amor prohibido," leyó en voz baja, intrigada.
La historia hablaba de un poderoso druida que vivía en un reino oculto, un lugar lleno de magia y criaturas sobrenaturales. Los druidas tenían reglas estrictas; debían proteger su mundo y nunca podían vincularse con los humanos. Pero este druida, desafortunadamente, rompió una de esas reglas.
Se había enamorado de una mujer humana, una joven con la que se cruzaba en los bosques cada día. Sabía que no debía acercarse, que su amor estaba prohibido, pero fue inevitable. La mujer, lo había visto por error, y después de años de encuentros secretos, él no pudo soportar la idea de perderla.
El druida tomó una decisión: decidió dejar su mundo y huir con ella. Sabía que, al hacerlo, todo el reino sobrenatural lo repudiaría. Sin embargo, su amor era tan fuerte que no le importó el precio.
Juntos escaparon y formaron una familia, teniendo una hija que compartía la belleza y valentía de su madre y el poder de su padre. Pero el reino sobrenatural no perdona las traiciones. Los druidas lo encontraron, y, como castigo, lo exiliaron de por vida. Jamás podría regresar a su mundo ni usar sus poderes de nuevo.
La última línea de la historia decía: "El druida vivió el resto de sus días como un humano.
Así que Scarlet no tuvo más que esperar hasta mañana para contarle a su amiga para ver qué pensaba ella sobre esto.
MAS DRAMAY UN POCO DE DESARROLLO.
Scarlet llegó a la escuela más temprano que nunca. Había pasado gran parte de la noche viendo ese libro viejo que había encontrado en el ático de la casa de su tía.
En cuanto vio a Leslie en la entrada, corrió hacia ella.
—¡Leslie! Tengo algo para mostrarte. Te va a encantar, pero te lo cuento en el receso —le dijo, casi sin poder contener la emoción.
Leslie le sonrió, intrigada.
—Está bien, Scarlet. Me tienes con curiosidad.
Cuando llegó el receso, ambas fueron a la cafetería y se sentaron en su lugar de siempre. Scarlet sacó el libro de su mochila con cuidado y lo puso frente a Leslie.
—Mira esto —dijo, señalando una página llena de símbolos extraños—. Era de mi mamá... y siento que tiene algo especial.
Leslie hojeó el libro un momento, pero no parecía tan emocionada como Scarlet esperaba. Levantó la vista y comentó:
—Tú madre de seguro era fan de estas cosas. Tal vez era su pasatiempo o lo sacó de alguna peli. Hay gente a la que le gustan este tipo de cosas.
Scarlet sintió una pequeña punzada de decepción. Esperaba que Leslie sintiera la misma emoción que ella. Pero algo dentro de ella le decía que su madre no era solo una fanática cualquiera... que ese libro guardaba algo real.
Mientras Scarlet le mostraba el libro a Leslie, vio de reojo que Alex, el chico que había conocido el día anterior, se sentaba en la mesa de enfrente junto a su grupo de amigos. Parecía estar distraído hasta que, de repente, fijó la mirada en el libro que Scarlet tenía en las manos. Se quedó viéndolo unos segundos y, sin decir nada a sus amigos, se levantó rápidamente y se acercó a donde estaban Scarlet y Leslie
Sin previo aviso, Alex tomó a Scarlet del brazo, mirándola intensamente.
—¿De dónde sacaste ese libro? ¿Quién te lo dio? ¡Respóndeme! —dijo, con un tono que hizo que el corazón de Scarlet se acelerara.
Scarlet lo miró, sorprendida, sin entender por qué estaba tan alterado ni por qué la sujetaba de esa forma.
—¿Qué...? —empezó a decir, pero no le salían las palabras.
Leslie frunció el ceño y reclamó:
—¡Oye, suéltala! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás actuando así?
Alex, dándose cuenta de que había ido demasiado lejos, soltó a Scarlet y bajó la vista, visiblemente incómodo.
—Lo siento, de verdad... —murmuró antes de girarse y volver rápidamente a su mesa.
Scarlet y Leslie se quedaron mirándolo, sin entender nada. Leslie se encogió de hombros, como si intentara quitarle importancia, pero Scarlet seguía con la mirada fija en Alex, preguntándose qué era lo que él sabía sobre ese libro.
Entonces Alex se levantó de la mesa de golpe y se alejó, sus amigos lo siguieron, claramente sorprendidos. Scarlet observó cómo se iban, sintiendo que debía hacer algo. Respiró hondo, decidió armarse de valor y fue tras ellos. Necesitaba una explicación; Alex no podía reaccionar así y dejarla en el aire.
Al salir, vio que Alex y sus amigos se habían detenido un poco más adelante. Se escondió detrás de la puerta, intentando escuchar algo, pero sus voces eran apenas un murmullo, y no alcanzó a entender de qué hablaban. Sin embargo, después de la forma en que Alex había reaccionado, Scarlet estaba casi segura de que tenía algo que ver con el libro.
De pronto, uno a uno, los amigos de Alex se fueron retirando, dejándola a solas con él. Scarlet no perdió tiempo y se acercó decidida.
—Necesito una explicación, Alex —le dije, cruzándome de brazos—. Esa reacción no fue normal. ¿Qué pasa con el libro? ¿Por qué reaccionaste así?
Alex evitó su mirada y murmuró:
—No fue nada, olvídalo.
Pero Scarlet no iba a dejarlo ir tan fácil.
—¿Nada? Esa no es una reacción de alguien a quien "no le importa".
Alex suspiró, claramente frustrado.
—Mira, olvídalo, ¿sí? No pasa nada —dijo, con un tono molesto, como si quisiera terminar la conversación ahí mismo.
Pero Scarlet no podía sacarse de la cabeza que él sabía algo importante y, por alguna razón, no quería compartirlo.
Alex suspiró con frustración y le dijo "No pasa nada", Scarlet lo miró, intentando encontrar alguna respuesta en su expresión. Pero él no añadió nada más. Simplemente, la miró por un segundo y luego se dio la vuelta y se fue, dejándola ahí, sola y llena de preguntas.
Scarlett se quedó parada, sintiendo una mezcla de frustración he intriga. Sabía que él le estaba ocultando algo sobre el libro... y que no estaba dispuesto a decírselo. Pero ahora, más que nunca, estaba decidida a descubrir qué era lo que Alex escondía.
CORRECION DE TEXTO Y DRAMATICA.
Después de lo ocurrido Con Scarlett y Alex, el timbre sonó, y todos regresaron a sus clases. Scarlett se dirigió a su asiento con el libro de su madre en las manos, tratando de concentrarse, aunque todavía sentía la inquietud de lo que acababa de experimentar. En ese momento, un chico de la clase se acercó a Scarlett y, señalando el libro, le preguntó con curiosidad de qué se trataba. Scarlet le explicó que era de su madre, pero antes de que pudiera decir más, notó que Alex la miraba desde su asiento, con una expresión seria y los labios apretados. Él había notado las intenciones del chico: Que quería captar la atención de Scarlett. Alex sintió una punzada de celos que no entendía del todo, así que se limitó a observar en silencio. Scarlett, percibiendo su mirada, lo miró también, notando su reacción. Eso hizo que el chico que había comenzado la conversación se sintiera un poco incómodo y diera un paso atrás, sin saber que había despertado una emoción inesperada en Alex.
Entonces al final de las clases, Álex se acercó a Scarlett y le comento: Sabes deberías deshacerte de ese libro tan feo, no va contigo.
—En serio, toma mi consejo y tira ese libro. Solo son tonterías.
SEPARADOR.
Vi cómo me miraba, como si yo no entendiera del todo. Pero estaba segura de que me ocultando algo; y eso no le iba a servir para nada.
Fruncí el ceño y aprete el libro contra mi pecho. Lo me mire, esperando que explicara más, pero él no estaba de ánimo como para hacerlo. Yo solo quería que el entendiera que estaba perdiendo el tiempo con eso.
—¿Por qué? —me preguntó al final, sin ocultar la incomodidad en su voz.
Suspiré. No quería entrar en detalles, pero algo en su insistencia me hacía pensar que no iba a dejarlo pasar.
—Porque esas cosas solo te llenan la cabeza de ideas falsas —le respondí, sin más. —No necesitas eso para entender lo que pasa aquí.
Ella pareció confundida, pero no añadí nada más.
Hasta que ella dijo:
—¿Cuál es tu problema, Alex? —le dije, sintiendo cómo la molestia se hacía más fuerte con cada palabra—. ¿Cómo puedes hablarme así y actuar como si nada? No me das ninguna explicación, solo dices que "son tonterías" y esperas que te haga caso.
Él me miró, entrecerrando los ojos, como si estuviera evaluando lo que iba a decir. Parecía molesto también, aunque trataba de ocultarlo.
—Scarlet, haz lo que quieras —respondió al final, encogiéndose de hombros—. Ya te advertí. No diré más.
Sentí cómo se me tensaban los hombros ante su tono. Era frustrante que él se comportara como si supiera algo que yo no y se negara a explicarlo.
Alex llegó a casa con el ceño fruncido y un nudo de frustración en el pecho. Sin pensarlo dos veces, lanzó su mochila y chaqueta sobre el sofá, como si el peso de la situación lo estuviera aplastando. Saber que Scarlet tenía ese libro lo ponía en una posición difícil. Apenas había tenido tiempo de procesarlo cuando sintió la presencia familiar de su "grupo de amigos" esperándolo bajo el porche: su manada. Entre ellos estaba el líder, con los brazos cruzados y una mirada exigente.
"¿Qué pasó en la escuela, Alex?" preguntó el líder, sin rodeos. Alex se quedó en silencio, sus ojos evitando los de su líder. Sabía lo que podría suceder si mencionaba el libro que Scarlet tenía en sus manos. Era el mismo libro que llevaban buscando durante años, una reliquia que guardaba secretos sobre el mundo sobrenatural que ninguno de ellos quería que cayera en las manos equivocadas. La revelación condenaría a Scarlet y causaría la destrucción del libro junto con ella, el castigo por tener ese libro era la muerte. Así que respiró hondo y se limitó a sacudir la cabeza. "No es nada", respondió con una voz controlada, mientras el eco de la verdad latía en su interior.
Evité la mirada penetrante de mi líder, sabiendo que cualquier señal podía delatarme. Después de un momento de silencio, él asintió, aunque en su expresión no había confianza. "Está bien, Alex. Espero que eso realmente sea nada," murmuró con tono firme, dejándome claro que no habría segundas oportunidades. Finalmente, él y el resto de la manada se marcharon, dejando la casa en un inquietante silencio.
Subí a mi cuarto y me dejé caer en la cama, mirando al techo mientras mi mente regresaba una y otra vez a Scarlet. Ahora que sabía el peligro que corría si alguien descubría que tenía el libro, solo había una cosa en la que podía pensar: tenía que protegerla. No podía permitir que la verdad saliera a la luz. Scarlet no debía pagar las consecuencias de algo que ni siquiera entendía.
En su habitación, Scarlet hojeaba las páginas gastadas del libro, deteniéndose en el mapa dibujado a mano. Era del bosque cercano y, marcaba un lugar misterioso. La curiosidad la venció y salió de casa sin pensarlo mucho, prometiendo volver en un rato. Pero las horas pasaron y, perdida entre los árboles, Scarlet no encontraba el camino de regreso.
Mientras tanto, su tía empezaba a inquietarse. Intentó llamarla una y otra vez, pero Scarlet no contestaba. Con cada minuto que pasaba, la preocupación se convertía en pánico. Finalmente, decidió llamar a uno de los maestros de Scarlet, con la esperanza de que algún compañero suyo supiera algo. ¿Cómo era posible que su sobrina desapareciera sin dejar rastro?
La tía de Scarlet marcó el número del maestro con manos temblorosas, preocupada. Al contestar él, su voz sonaba calmada, pero ella se apresuró.
—Buenas noches, maestro. Le llamo para pedirle los números de teléfono de algunos compañeros de mi sobrina Scarlet. Salió hace horas y no llega, y quisiera saber si está en casa de alguno de ellos.
El maestro notó la preocupación en su voz y respondió de inmediato:
—Claro, señora. Con mucho gusto. Cualquier cosa, por favor, avíseme si Scarlet aparece. Me preocupo por mis estudiantes.
—Por supuesto, muchas gracias —dijo la tía, colgando el teléfono.
Momentos después, llegaron al celular de la tía los contactos de varios compañeros. Ella comenzó a llamar, uno por uno, pero nadie sabía nada. Al final, al marcar a Alex, notó cómo él cambiaba su tono al escuchar que Scarlet estaba desaparecida.
—¿Hace cuánto que no aparece? —preguntó Alex, preocupado.
La tía le explicó y, sin decir más, Alex colgó. Fue directo a la escuela, corriendo al casillero de Scarlet. Sin dudarlo, dio un fuerte golpe, rompiéndolo, y tomó un suéter de ella. Corrió al bosque, con una sola idea en mente: alguien había descubierto el libro. Se transformó en lobo, olfateó el suéter y comenzó a rastrear su olor por el bosque. Finalmente, la encontró, adentrándose sola en una parte profunda y oscura.
Alex se escondió y se transformó de nuevo en humano antes de acercarse a ella.
—¡Scarlet! ¿Qué haces aquí? —preguntó, su voz llena de preocupación.
Scarlet se giró, sorprendida, pero sostuvo el libro en sus manos y señaló el mapa.
—Quería encontrar este lugar, el que aparece en el mapa.
Los ojos de Alex brillaron de angustia. Sin pensarlo, la tomó del brazo y la acercó hacia él, mirándola con una mezcla de enfado y temor.
—¿Estás loca? ¿Cómo te metes al bosque sola, sin que nadie sepa adónde fuiste? Es peligroso, sobre todo si no conoces el bosque. ¡Te perdiste y tienes a todos preocupados! ¿Te imaginas si algo te hubiera pasado?
Aquí tienes la conversación con la escena que me pediste:
Scarlet miró a Alex, bajando la vista con vergüenza.
—Lo siento, Alex. Tenías razón. No debí ir al bosque sola… fue una locura.
Alex suspiró, tratando de calmar la mezcla de enojo y preocupación que aún sentía.
—Ese libro, Scarlet … —dijo, señalando el objeto que ella sujetaba con fuerza—. Tienes que deshacerte de él. Deberías quemarlo.
Ella levantó la mirada, sorprendida, y abrazó el libro con más fuerza.
—Jamás. Este libro era de mi madre… es todo lo que tengo de ella.
Al escuchar eso, Alex sintió un escalofrío. Ahora entendía de dónde había salido el libro, y la preocupación en su rostro se intensificó. Sabía lo peligroso que era que Scarlet lo tuviera.
—Está bien… vamos a sacarte de aquí. Voy a llevarte a casa —dijo él, sin quitarle la vista de encima, como si intentara protegerla de algo invisible en el bosque.
Lo que ambos no notaron fue que, entre los arbustos, un lobo de la manada de Alex había estado observando en silencio. El lobo agudizó el oído, captando cada palabra sobre el libro y sobre la madre de Scarlet, y luego desapareció en la oscuridad del bosque para después llevar la noticia al líder de la manada.
El lobo que había escuchado toda la conversación de Alex y Scarlet, y sin perder tiempo, corrió hacia el líder de la manada. Tenía información importante que revelar: lo que Alex le había dicho a Scarlet podría cambiarlo todo.
Mientras tanto, Alex caminaba con Scarlet, llevándola de vuelta a casa de su tía. Al llegar, tocó la puerta, y enseguida la tía de Scarlet abrió, con expresión de alivio y preocupación. Sin dudarlo, la abrazó con fuerza.
—¿Dónde te habías metido? —le preguntó la tía, claramente aliviada pero molesta—. Te llamé tantas veces y no contestabas. ¡Estaba tan preocupada!
Scarlet, algo sorprendida, le respondió:
—Lo siento mucho, tía. Creo que no tenía señal. No recibí ninguna llamada, pero de verdad lo siento.
La tía asintió, y luego miró a Alex con gratitud.
—Gracias por traerla a casa, Alex. ¿Por qué no pasas y cenas con nosotras? Es lo mínimo que puedo hacer para agradecerte.
—No es necesario -contestó Alex, intentando rechazar la oferta con cortesía.
Pero la tía insistió, con una sonrisa amable:
—Insisto. Sería muy importante para mí poder agradecértelo.
Finalmente, Alex aceptó y se sentó junto a Scarlet en la mesa mientras su tía comenzaba a preparar la cena.
Solo pasaron unos minutos y Scarlet se levantó de la mesa, sintiéndose un poco nerviosa ya que Àlex estaba en su casa apuntó de cenar con ella, después de un día tan largo. Sonrió disculpándose y dijo:
—Con su permiso, voy a subir a darme un baño. Bajo en seguida.
Su tía le devolvió una sonrisa comprensiva.
—Claro, cielo. Puedes ir.
Scarlet lanzó una mirada agradecida a Alex antes de dirigirse hacia las escaleras, dejándolos a él y a su tía en la mesa mientras ella se retiraba a su habitación.
Al llegar a su habitación, Scarlet sacó su teléfono y rápidamente llamó a su amiga Leslie Cuando ésta contestó, Scarlet no pudo contener la emoción.
—¡Leslie, no sabes quién está en mi casa! ¡Alex! —dijo, casi susurrando de la emoción.
Del otro lado, Leslie dijo: No sé, pero lo que sí quiero saber es donde rayos estabas chica.
Scarlet le dijo— te cuento eso después esto es importante, Alex está aquí en mi casa, esta abajo esperando para cenar con mi tía y conmigo.
—¿Alex? ¡No puedo creerlo! ¿Y qué estás esperando para bajar?
—¡No sé qué ponerme! —respondió Scarlet, nerviosa—. Ya no sé si quedarme con esto o buscar algo más cómodo.
Leslie se rio y le aconsejó sin dudar:
—Ponte un vestidor, algo lindo pero casual. Así te verás increíble y sin esfuerzo. ¡Confía en mí!
Scarlet miró su armario, buscando rápidamente algo que se ajustara a la sugerencia de Leslie. Al final, optó por un vestido sencillo, cómodo pero bonito, perfecto para la ocasión. Se lo puso, se miró en el espejo y respiró hondo.
—¡Listo! —le dijo a Leslie, que seguía en la llamada—. ¿Qué tal?
—Seguro te ves increíble. Ahora, dúchate, baja y actúa como si nada —le aconsejó Leslie, entre risas—. Recuerda, naturalidad, ante todo.
Scarlet se colocó su vestido y se arregló el cabello, dándole un toque delicado y natural. Bajó las escaleras con calma, pero cuando llegó al último escalón, notó que Àlex estaba sentado la miraba intensamente. Sus ojos parecían brillar al verla; estaba completamente deslumbrado por lo hermosa que se veía.
Scarlet minó hacia la mesa y se sentó frente a él, tratando de disimular el leve sonrojo que le causaba la mirada fija de Àlex. A pesar de sus intentos de evitarlo, sentía la intensidad de su atención, lo que la hizo sentir un poco incómoda.
Justo en ese momento, su tía regresó a la mesa, colocando los platos mientras comenzaba a hacerle preguntas a Alex.
—Entonces, Alex, ¿cómo fue que encontraste a Scarlet? —preguntó, curiosa—. ¿Quién eres tú? ¿Son pareja, amigos…?
Scarlet se apresuró a responder, notando la sorpresa en el rostro de Alex y sintiendo la necesidad de aclarar.
—No, no, solo somos compañeros de clase, tía.
Alex asintió, sin dejar de sonreír, mientras la tía de Scarlet los observaba con una mirada divertida, como si sospechara que entre ellos había algo más que una simple amistad.
Durante la cena, Scarlet y Alex charlaban de manera casual. En un momento, Scarlet estiró la mano para tomar el fracaso de sal que estaba en el centro de la mesa, y al mismo tiempo, Alex hizo lo mismo. Sus manos se rozaron por accidente, y ambos se detuvieron un segundo, un poco sorprendidos, antes de apartarse rápidamente.
—Perdón —murmuró Scarlet, algo avergonzada, mientras le hacía un gesto para que él tomara la sal primero.
—No te preocupes —respondió Alex, tomando el fracaso y pasándoselo sin darle más importancia.
La cena continuó con tranquilidad, sin que aquel pequeño incidente interrumpiera la conversación.
Mientras la tía de Scarlet al ver esta reacción entre ellos soltó una pequeña risa pícara, y Àlex y Scarlet se miraron incómodamente.
Al día siguiente, Scarlet estaba en el salón de clases revisando sus apuntes cuando la puerta se abrió de golpe. Un grupo de chicos entró con paso firme, encabezado por el mismo chico que parecía ser el líder. Todos, incluida Scarlet, levantaron la vista, sintiendo el cambio en el ambiente; era como si la intensidad de sus miradas y la fuerza de su presencia llenaran el espacio de una energía pesada.
El líder se dirigió directamente a Alex, y, sin molestarse en disimular con su tono autoritario, dijo:
—En el receso, tenemos que hablar.
Alex asintió con un ligero movimiento, sin apartar la mirada, pero su expresión parecía diferente. Scarlet no pudo evitar notar la tensión entre ambos, una tensión que parecía a punto de estallar. Algo en la escena la hizo sentir inquieta; la mirada del líder, fija en Alex, era como un desafío silencioso.
“¿Será que Alex tiene problemas con este chico?” pensó, aunque rápidamente desechó la idea. No quería inmiscuirse en sus asuntos, especialmente después de la cena de anoche, que había sido de todo menos cómoda. Aún sentía el eco de las miradas y las silenciosas advertencias entre algunos miembros del grupo de Alex, como si ella fuera una intrusa en un territorio marcado.
Decidió concentrarse en sus propias cosas, pero no pudo evitar sentir que algo oscuro y desconocido estaba a punto de desatarse.
Al sonar el timbre del receso, Alex se levantó de su asiento y salió del salón a toda prisa, dirigiéndose hacia donde estaban sus amigos y el líder de su manada. Scarlet lo siguió con la mirada, notando la urgencia en sus pasos, pero se contuvo de preguntar. De todos modos, su amiga Leslie ya estaba esperando para salir juntas.
Caminaron hacia los casilleros, conversando de cosas triviales, cuando Scarlet se detuvo de golpe frente al suyo. Lo que vio la dejó sin palabras. Su casillero estaba destrozado, Tenía un golpe muy grande como si alguien lo hubiera golpeado con el puño, ¡pero esto es imposible! —dijo Scarlet.
—¡¿Qué diablos?! ¿Qué pasó con mi casillero? —exclamó, mirando a Leslie con los ojos muy abiertos, sin entender cómo ni por qué había sido posible.
Leslie soltó una risita nerviosa y se cruzó de brazos.
—No tengo idea, pero… deberíamos hablar con el director. Esto es demasiado raro, ¿no crees?
Scarlet asintió, aún confundida.
Mientras ambas se alejaban, Leslie se volvió hacia ella, con una expresión curiosa.
—A propósito, ¿qué pasó anoche? No me dijiste a dónde estabas y esa escena de la cena… ¡ni hablar! Estuvo bastante intensa, ¿no crees?
Scarlet suspiró, sintiendo nuevamente el peso de las miradas y las tensiones de la noche anterior. Miró a su amiga, tratando de poner en palabras lo que había sentido, pero incluso para ella era difícil de explicar.
En una esquina discreta, cerca de los árboles al final del campus, Alex estaba rodeado por los miembros de su manada, con el líder al frente, mirándolo con una mezcla de frustración y enojo. Los demás observaban en silencio, conscientes de que se trataba de una conversación que podría cambiar muchas cosas dentro del grupo.
El líder lo encaró, sus ojos oscuros y duros como el acero.
—¿Por qué no me hablaste sobre el libro, Alex? —dijo con voz firme, cruzando los brazos. La tensión en su mandíbula era evidente—. Te pregunté qué estaba sucediendo con esa chica, y tú… tú me dijiste que nada. ¿Me mentiste?
Alex sostuvo la mirada, su postura firme, pero su respiración delataba la agitación que intentaba controlar.
—No es lo que piensas —respondió, con un tono que intentaba ser calmado, pero con una chispa de desafío que no pasó desapercibida para nadie.
El líder se acercó un paso, acortando la distancia entre ellos, sus ojos ardiendo de furia contenida.
—Entonces, si no es lo que pienso, ¿por qué no entregas el libro? —exigió—. O mejor aún, entrégala a ella también. No permitiré que alguien como ella ponga en riesgo nuestra existencia. Si no lo haces tú, lo haré yo. Iré tras ella y el libro, me aseguraré de que ambos desaparezcan.
Las palabras cayeron como un peso en el aire, tensando el ambiente alrededor. Alex apretó los puños, dando un paso hacia el líder.
—Te advierto que nadie la toca —dijo en un tono bajo, pero cargado de amenaza—. Ni tú, ni nadie.
El líder lo miró con incredulidad, sus labios curvándose en una mueca de desdén.
—¿Me estás desafiando, Alex? —preguntó, acercándose aún más.
Alex sostuvo la mirada, sin retroceder.
—Tómalo como quieras, pero ya te advertí. Scarlet está bajo mi protección, y nadie la tocará mientras yo esté aquí.
El líder lo observó por un instante que pareció eterno, antes de dar un paso atrás, sus ojos aún fijos en Alex.
—Ten cuidado, Alex. Estás jugando un juego peligroso —dijo, su voz fría y cortante como el filo de una navaja.
El líder lo observó con una mezcla de furia y desprecio, aún evaluando el desafío en los ojos de Alex. La advertencia estaba clara, pero Alex no parecía intimidarse. Mantuvo su postura firme y, con una leve sonrisa desafiante, respondió:
—No importa, soy capaz de todo por ella, hasta enfrenté.
El líder lo miró con una chispa de rabia contenida, sus puños apretados. La tensión entre ambos era palpable, y los demás miembros de la manada intercambiaron miradas nerviosas, conscientes de que las palabras de Alex cruzaban una línea peligrosa.
—No te confíes tanto, Alex —dijo el líder, en un tono que sugería que esto no había terminado—. Pronto veremos si tu resistencia es tan fuerte como crees.
Sin decir más, el líder se dio la vuelta, indicándole a los otros que lo siguieran, dejando a Alex solo, pero con la determinación ardiendo en su mirada.
Después de un día agotador en la escuela, lleno de exámenes y la tensión constante de vigilar a Scarlet, las clases finalmente terminaron. Alex dejó escapar un suspiro de alivio al salir de la última clase. Por fin, tendría un poco de paz… o eso creyó.
Mientras avanzaba por los pasillos abarrotados, notó que sus pensamientos seguían regresando a Scarlett y al libro que llevaba consigo. Era imposible ignorar la advertencia de Ethan, y el peso de la amenaza pendía sobre él como una sombra. Justo cuando pensaba que podría escapar del caos y tomarse un respiro, escuchó pasos firmes detrás de él. Al girarse, vio a dos de sus compañeros de la manada acercándose rápidamente, con sus miradas serias y urgentes.
—Alex, tenemos que hablar —dijo uno de ellos, con una expresión que dejaba claro que la “paz” que buscaba estaba muy lejos de llegar.
Se acercó a Alex y le susurró, asegurándose de que nadie más escuchara.
—Ethan te espera en el bosque ¡ahora! —dijo, clavando su mirada en él—. Y dice que no tardes.
Alex sintió una punzada de tensión recorrer su espalda. La última charla con Ethan había sido suficiente para ponerlo en alerta, pero ahora las cosas parecían estar tomando un rumbo más serio. Asintió, mostrando calma en la superficie, aunque por dentro sabía que esta reunión no auguraba nada bueno.
—Ahí estaré —respondió con un tono firme, tratando de no dejar ver la inquietud que lo invadía.
Mientras los muchachos se alejaban, Alex volvió a sentir el peso de la responsabilidad sobre sus hombros.
Alex se quedó mirando a Scarlett mientras se alejaba, asegurándose de que estuviera fuera de su vista antes de dirigirse al bosque, donde lo esperaba su líder, Ethan. Los árboles formaban una barrera natural que casi aislaba el lugar del resto del mundo, y la atmósfera se volvía pesada con cada paso que daba. Al llegar, se encontró con la figura imponente de Ethan, quien lo observaba con un ceño que no prometía nada bueno.
—Sabes que esto es serio, Alex —dijo Ethan, cruzándose de brazos. Su voz era baja, pero había una fuerza en sus palabras que no dejaba lugar a discusiones—. El libro está en sus manos. No podemos arriesgarnos.
—Ella no sabe lo que tiene —respondió Alex, tratando de mantener la calma, aunque sentía su pulso acelerarse. Miró a Ethan con determinación, sabiendo que estaba jugando con fuego—. No es justo condenarla por algo que desconoce.
Ethan soltó una risa sin humor, acercándose a él hasta que solo quedaban unos centímetros entre ambos.
—¿Desde cuándo somos justos con los humanos? Ese libro es nuestro, y ella es un peligro mientras lo tenga. Si no haces algo al respecto, tendremos que intervenir nosotros mismos.
Alex apretó los puños, intentando contener la furia que se encendía en su pecho. No quería traicionar a su manada, pero tampoco estaba dispuesto a entregar a Scarlett. No mientras ella estuviera en peligro.
—Voy a encargarme de esto —dijo finalmente, con la voz firme pero llena de tensión—. Dame tiempo. Ella no puede saber lo que somos ni por qué queremos ese libro. Pero te prometo que haré que llegue a nuestras manos.
Ethan lo miró en silencio, evaluándolo. Luego asintió, aunque sus ojos no mostraban del todo confianza.
—Tienes hasta la próxima luna llena. Si no logras recuperarlo, sabes lo que ocurrirá —sentenció Ethan antes de girarse y desaparecer entre las sombras del bosque, dejando a Alex en la penumbra, con una decisión cada vez más pesada sobre sus hombros.
Alex se quedó inmóvil en el bosque, con la vista perdida en el lugar donde sus compañeros habían desaparecido. La orden de Ethan era clara, pero, a pesar de la presión de su líder y la responsabilidad con la manada, su mente solo podía enfocarse en una cosa: Scarlett.
Había algo en ella que iba más allá de la curiosidad, una conexión que no lograba entender pero que lo empujaba a protegerla a cualquier costo. La atracción que sentía era profunda, inesperada, y cada vez más difícil de ignorar. No estaba dispuesto a dejar que nada ni nadie le hiciera daño, incluso si eso significaba desafiar a los suyos.
Sin embargo, mientras se quedaba allí, preguntándose cómo podría mantenerla a salvo sin exponerse ni traicionar a su manada, el peso de la situación se hacía cada vez más evidente. Estaba atrapado entre dos mundos, y ambos parecían estar destinados a chocar.
Alex salió del bosque con pasos rápidos y decididos, sintiendo la tensión en cada músculo de su cuerpo mientras dejaba atrás la densa penumbra de los árboles. El aire frío de la noche lo acompañó en su camino de regreso a casa, como un recordatorio de los secretos que pesaban sobre él.
Al llegar, subió las escaleras en silencio y cerró la puerta de su habitación, buscando un momento de paz. Lentamente, se quitó la camiseta, dejando al descubierto su torso firme y esculpido, marcado por horas de entrenamiento y noches bajo la luna llena. Sus hombros anchos y brazos fuertes reflejaban la fuerza que llevaba dentro, mientras que sus abdominales definidos parecían tallados a mano, bajando en una línea perfecta que resaltaba cada detalle de su físico.
Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo mientras soltaba un suspiro profundo, tratando de despejar su mente. La piel cálida de su pecho brillaba bajo la tenue luz de la habitación, y cada movimiento revelaba la tensión en su mandíbula, la intensidad en sus ojos. Alex era una mezcla de peligro y atracción, un equilibrio entre la fuerza de su naturaleza y la vulnerabilidad de su silencio.
Al quedarse de pie frente al espejo, se preguntó cuánto tiempo podría seguir ocultando sus secretos. Cada día se sentía más atrapado, pero la imagen de Scarlett permanecía en su mente, dándole fuerzas para enfrentar lo que viniera.
Alex se quedó observando su reflejo por un momento más, como si en ese instante pudiera encontrar respuestas en su propia mirada. Pero solo vio la misma confusión que llevaba dentro desde que Scarlet había entrado en su vida.
Con un suspiro, se deslizó en la cama, el cansancio físico intentando empujar al fondo de su mente todo aquello que lo atormentaba. Aún podía recordar la forma en que ella lo miraba, sus ojos llenos de curiosidad, pero también con una dulzura que parecía atravesarlo, como si viera algo en él que ni él mismo era capaz de ver.
Cerró los ojos y dejó que los recuerdos de su breve conversación con ella lo envolvieran. Recordó aquella vez en la piscina, la forma en que su risa suave y despreocupada había llenado el espacio entre ellos, haciendo que por un momento olvidara las responsabilidades y el peso de sus secretos.
Y entonces, como siempre ocurría, la realidad volvió a instalarse en su mente: Scarlett no estaba a salvo. Su cercanía la ponía en peligro, y él lo sabía mejor que nadie. La lealtad a su manada y el juramento que había hecho años atrás eran como cadenas que lo mantenían anclado, impidiéndole acercarse más a ella.
Se giró en la cama, luchando contra el impulso de ir a buscarla esa misma noche. Pero sabía que debía ser fuerte. Por el bien de ella, y por el suyo propio.
Sin embargo, mientras el sueño comenzaba a invadirlo, un pensamiento persistente lo acosaba, como un susurro en la penumbra de su cuarto: ¿cuánto tiempo podría resistir antes de que los secretos se desbordaran y lo llevaran a perder a Scarlett… o a perderse a sí mismo?
Al día siguiente, Alex se despertó tan rápido que apenas recordaba haberse quedado dormido. Su primera reacción fue mirar el reloj y luego ponerse de pie de un salto, como si algo en su interior lo empujara a salir cuanto antes. Se vistió deprisa y, mientras bajaba las escaleras, intentaba entender esa sensación que lo invadía. ¿Era la necesidad de proteger a Scarlett lo que lo hacía moverse con tanta urgencia? ¿O en el fondo solo era una excusa para verla de nuevo?
La duda le recorría la mente mientras se subía a su moto, pero una parte de él no quería analizarlo demasiado. Solo sabía que necesitaba verla, escuchar su voz, asegurarse de que estaba bien. Scarlett tenía esa manera de hacer que sus prioridades se desmoronaran, de hacer que cualquier cosa dejara de importar salvo el momento en que ella estaba cerca.
Cuando llegó a la escuela, la buscó entre la multitud que se movía entre los pasillos. Su mirada vagó de un lado a otro, su corazón latiendo rápido, hasta que finalmente la encontró. Scarlett estaba a unos pasos, riendo con Leslie, ajena a que él la miraba, y por un instante, Alex olvidó todo. No importaban los secretos ni los riesgos; solo quería estar junto a ella, aunque ni él mismo supiera si era para protegerla… o para algo más.
Al ver a Scarlett, Alex sintió el impulso de acercarse, pero algo dentro de él lo detuvo. En lugar de ir hacia ella, siguió de largo, caminando directamente hacia el salón, intentando aparentar que no pasaba nada. Sin embargo, apenas cruzó la puerta, su expresión cambió. Se pasó una mano por el cabello, soltando un suspiro mientras intentaba calmar el torbellino en su pecho. ¿Por qué le afectaba tanto estar cerca de ella?
Nunca se había sentido así. Vulnerable. Scarlet hacía que sus defensas se tambalearan, algo que nunca había experimentado con nadie más. Él, que siempre había sido reservado, fuerte, siempre capaz de mantener a los demás a distancia… ahora sentía cómo todas esas barreras caían, como si ella tuviera una llave para entrar en lo más profundo de su ser.
Se sentó en el pupitre al fondo del salón, mirando hacia la puerta de reojo, esperando, aunque no quería admitirlo, que ella entrara. Pero, al mismo tiempo, un miedo se apoderaba de él: cuanto más se acercaba a Scarlett, más peligro corría ella. Y eso era algo que no podía permitir.
“Atención, chicos, tengo una noticia especial. La próxima semana haremos el tradicional campamento escolar en el bosque. Será una gran oportunidad para conocerse mejor y disfrutar de la naturaleza."
El aula se llenó de murmullos y emoción. Leslie le lanzó una sonrisa a Scarlett, quien asintió, pensando que un campamento en el bosque sería una experiencia diferente y emocionante.
Mientras tanto, Alex, sentado unos asientos más adelante, no podía quitarse de la cabeza una advertencia que había recibido hace unos días. Ethan, el líder de su manada, le había dado un ultimátum: tenía hasta el día del campamento para conseguir el libro que Scarlett tenía, o las consecuencias serían severas.
El campamento iba a ser una prueba no solo para disfrutar de la naturaleza, sino también para que Alex lograra mantenerse alerta y encontrar el modo de acercarse al libro sin levantar sospechas. Sabía que tendría que actuar con cuidado, pues cualquier paso en falso podría poner en peligro tanto a Scarlett como a él mismo.
Los días pasaron rápido, y el esperado día del campamento escolar finalmente llegó. Los estudiantes estaban llenos de entusiasmo, preparándose para la aventura en el bosque. En la escuela, todos se reunieron para tomar el autobús que los llevaría hasta el campamento, con mochilas llenas de provisiones y sonrisas que anticipaban la emoción.
Entre la multitud, Alex observaba a Scarlet, atento a cada uno de sus movimientos. Sabía que no podía permitir que algo le sucediera, y algo dentro de él lo impulsaba a mantenerse cerca, especialmente durante esta excursión.
Al llegar, Scarlett localizó a su amiga Leslie quien ya la esperaba con la misma emoción que siempre la caracterizaba. Scarlett aprovechó el momento para contarle su plan en voz baja: quería explorar el bosque. El campamento estaba cerca de un lago que aparecía en el misterioso libro que pertenecía a su madre, y ella sentía la necesidad de encontrarlo y desentrañar sus secretos.
Alex, quien estaba más cerca de lo que Scarlett creía, escuchó su conversación, y una preocupación se instaló en su mente. No puedo dejar que vaya sola a ese lugar, pensó con seriedad. Había algo en ese lago, algo que solo quienes conocían el mundo sobrenatural podían entender.
Leslie, intrigada, le preguntó a Scarlett a qué hora pensaba salir a explorar. Scarlet, con una sonrisa cómplice, le respondió que planeaba hacerlo de noche, cuando todos estuvieran distraídos.
Con los planes en mente y las expectativas elevadas, todos subieron al autobús, listos para la aventura que les esperaba. Alex sabía que tendría que seguirla; no solo por curiosidad, sino para protegerla de lo que el bosque y ese lago podrían ocultar.
Mientras el autobús avanzaba por el camino hacia el campamento, lleno de risas y charlas emocionadas, pero en el asiento de Alex, el ambiente era mucho más tenso.
Ethan, el líder de la manada, se había sentado justo detrás de él. Sin previo aviso, le tocó el hombro y, con una voz baja y amenazante, susurró:
—Espero que no la pierdas de vista, ya llego mi hora.
Alex giró la cabeza, encontrándose con la mirada fría de Ethan. Sus ojos, llenos de ira, reflejaban el deseo de enfrentarse a él en ese mismo instante. Solo pensar en que Ethan se atreviera a acercarse a Scarlett hacía que la sangre le hirviera. Pero Alex respiró hondo y contuvo su impulso; sabía que, en el autobús, rodeado de estudiantes, no era el lugar ni el momento.
Ethan, notando la tensión en Alex, sonrió con satisfacción. Nada le daba más placer que recordarle quién era el líder, que el control estaba en sus manos… por ahora.
Mientras el autobús continuaba su trayecto, Alex apretaba los puños, jurándose a sí mismo que protegería a Scarlett de cualquier peligro, incluso si eso significaba enfrentarse a Ethan y a todo lo que él representaba.
El autobús siguió avanzando, y con cada kilómetro Alex sentía cómo la tensión crecía. No podía quitarse de la cabeza la advertencia de Ethan, ni el peligro que significaba que Scarlett estuviera cerca de ese lago y el bosque. Sin embargo, no podía dejar que sus emociones lo traicionaran, especialmente con Ethan tan cerca y acechante.
Finalmente, el autobús llegó al campamento, y todos los estudiantes comenzaron a bajar entre risas y conversaciones emocionadas. El lugar era tan encantador como lo habían imaginado: rodeado de altos árboles y, en la distancia, el lago al que Scarlett estaba decidida a ir esa noche.
Mientras los profesores daban instrucciones y organizaban a los grupos para que armaran sus tiendas, Alex se mantuvo cerca de Scarlett, sin que ella lo notara. Observaba cómo ella charlaba animadamente con Leslie quien también parecía emocionada por la aventura nocturna que tenían planeada. Cada vez que Scarlett sonreía, Alex sentía una mezcla de ternura y preocupación que lo obligaba a reforzar su determinación de protegerla.
En un momento, Scarlett levantó la vista y sus ojos se cruzaron con los de Alex. Ella le devolvió una sonrisa amistosa, sin sospechar lo que él estaba pensando, sin imaginar el peso de la amenaza que los rodeaba. Alex apenas pudo devolverle la sonrisa; sabía que su expresión tenía más de preocupación que de alegría.
—¡Oye, Alex! —le llamó Leslie con entusiasmo—. ¿Por qué tan serio? ¡Relájate! ¡Esto es un campamento, se supone que tienes que divertirte!
Alex sonrió de manera forzada, intentando no preocuparlas. No podía decirles nada, y mucho menos mostrar la presencia de Ethan, quien estaba al acecho, observando cada uno de sus movimientos. De alguna manera, debía encontrar el momento para interceptar a Scarlett y advertirle sobre el riesgo de ir al lago.
Mientras ayudaban a instalar las tiendas y organizaban el área de campamento, Alex continuaba planeando cómo evitar que Scarlett estuviera en peligro esa noche. Sabía que, cuando el sol se ocultara y la noche cayera, Scarlett iría a ese lago.
Ethan no se detendría en su intención de obtener el libro que Scarlett tenía, y Alex haría lo que fuera necesario para mantenerla a salvo… aunque eso significara romper las reglas de la manada.
Al caer la noche, un profundo silencio cubrió el campamento mientras todos dormían. Leslie y Scarlet con pasos cuidadosos y miradas cómplices, Salieron en silencio de sus tiendas, dirigiéndose hacia el lago bajo el cielo estrellado. No se dieron cuenta de que, a la distancia, un lobo de gran tamaño las seguía en las sombras. Era Ethan, quien había decidido vigilar a Scarlett desde su forma lupina, con los ojos fijos en su objetivo.
Cuando las chicas llegaron al lago, Ethan se detuvo, observándolas desde la penumbra de los árboles. Aunque deseaba acercarse, sabía que la presencia de Leslie complicaba las cosas. Scarlett no estaba sola, y si él se acercaba, sería demasiado arriesgado; un lobo de semejante tamaño sería imposible de ignorar. Decidiendo que era mejor ser cauteloso, Ethan optó por retirarse, regresando al campamento en silencio.
Mientras tanto, Scarlet y Leslie se sentaron junto al lago. Las horas pasaron mientras charlaban y miraban el reflejo de la luna en el agua. Después de un rato, Leslie se estiró y bostezó, sintiendo el peso del sueño.
—Oye, tengo sueño. Vamos a volver, es muy tarde —le sugirió Leslie.
—Ve tú —respondió Scarlett decidida—. Yo iré más tarde. Solo quiero quedarme un rato más.
Leslie la miró con una mezcla de preocupación y resignación, pero finalmente asintió y comenzó a regresar al campamento. Scarlett se quedó sola junto al lago, sin saber que alguien la observaba desde el otro lado de las aguas.
Al otro lado del lago, Zafira y su hermana Zahia, dos gorgonas, mujeres que en vez de piernas tenían cola de serpiente, se escondían entre las sombras. Zafira, con su cuerpo serpentino que se enroscaba sobre sí mismo, la miraba con una mezcla de sorpresa e ira desbordante.
—No la vez, Zahia —dijo Zafira, en un susurro cargado de rencor—. Es ella… ¿cómo es posible?
La rabia le ardía en el pecho, y sin pensarlo dos veces, Zafira se impulsó con un movimiento poderoso, zambulléndose en el lago y nadando con furia hacia Scarlett. Scarlett, sintiendo una extraña presencia, se asomó al agua y creyó ver una sombra moviéndose bajo la superficie.
—Leslie, espera —murmuró con nerviosismo—. Creo que… hay alguien aquí.
Leslie se detuvo y, sin darle mucha importancia, contestó:
—Es imposible, Scarlet. Vámonos ya.
Pero antes de que pudiera terminar su frase, Zafira emergió de las profundidades y, con un grito ahogado de furia, envolvió a Scarlett en su poderoso cuerpo serpentino, arrastrándola al fondo del lago. Scarlet luchaba, intentando liberarse mientras el agua se cerraba sobre ella, pero Zafira la sostenía con una fuerza implacable.
Leslie, horrorizada, corrió hacia el campamento buscando ayuda. Sabía que no podía contarle a ningún maestro sin meterse en problemas, así que, desesperada, corrió hasta donde estaba Alex.
—¡Alex! -gritó, entre jadeos y lágrimas—. ¡Scarlett está en peligro!
Alex sintió cómo su corazón se aceleraba.
—¿Dónde está? ¿Qué pasó? —preguntó con urgencia.
—¡Algo saltó del agua y la sumergió en el lago! —dijo Leslie, sin aliento.
—Quédate aquí —le ordenó Alex, antes de correr hacia el lago.
Sin pensarlo dos veces, Alex se lanzó al agua y nadó rápidamente hacia el fondo, buscando desesperadamente a Scarlett La oscuridad y el frío no lo detuvieron, y finalmente, vio una figura: la Gorgona Zafira, envolviendo a Scarlett y apretándola con fuerza, intentando ahogarla.
Con una mezcla de furia y determinación, Alex nadó hacia ellas, golpeando a la Gorgona en el rostro y enroscando sus brazos alrededor de Scarlett para liberarla de su opresor. Tras una dura pelea bajo el agua, logró desatar a Scarlett de las escamas de Zafira, y nadando con todas sus fuerzas, la llevó de regreso a la superficie, sacándola del agua.
Ambos salieron jadeando, Alex sosteniéndola con fuerza mientras Scarlett recuperaba el aliento, sin terminar de comprender lo que acababa de suceder en el lago.
Al salir del lago, Alex apenas lograba contener la preocupación en sus ojos. Se acercó rápidamente a Scarlett y le preguntó, con el ceño fruncido:
—¿Estás bien?
—Estoy bien… —respondió Scarlett, aunque aún jadeaba, tratando de procesar lo que acababa de suceder-. Pero… ¿qué era eso?
Alex la abrazó con fuerza, sus brazos temblaban levemente. Con un tono lleno de ira y preocupación, murmuró junto a su oído:
—Algo que no debiste haber visto.
Después, se separó y, mirándola fijamente a los ojos, añadió, casi en un susurro:
—Si algo te hubiera pasado… no sabría qué hacer. Se supone que debo protegerte.
Scarlett lo miró, sus ojos brillando con una mezcla de asombro — le dijo.
—Entonces protégeme.
Los dos se quedaron en silencio, mirándose, y el espacio entre ellos pareció desvanecerse. Poco a poco, Alex fue acercándose más, hasta quedar a solo un centímetro de sus labios. Pero, justo antes de besarla, se detuvo y apartó la mirada.
—Debo llevarte al campamento —dijo, dando un paso atrás y tomando aire.
Scarlett lo miró, confundida, mientras él comenzaba a caminar. No entendía qué había pasado; estaba segura de que había sentido la misma conexión, pero algo lo había frenado.
Al llegar al campamento, Leslie los esperaba con el rostro lleno de preocupación. En cuanto vio a Scarlett, corrió hacia ella.
—Amiga, no sabía qué más hacer… Tuve que buscar la ayuda de Alex. Me tenías tan preocupada —dijo Leslie, con lágrimas en los ojos mientras la abrazaba.
Scarlett la tranquilizó, devolviéndole el abrazo.
—Estoy bien, de verdad. Alex me salvó -le aseguró con una sonrisa débil.
Entonces, Scarlett se giró hacia Alex, quien la observaba en silencio.
—Debemos hablar de lo que vimos en el lago —le dijo con seriedad.
Alex asintió, pero su expresión se volvió aún más reservada.
—Mañana hablaremos de eso. Pero prométanme que no le dirán a nadie sobre lo que pasó esta noche.
Scarlett asintió, sintiendo cómo la incertidumbre crecía dentro de ella.
A la mañana siguiente, mientras todos despertaban y el sol apenas iluminaba el campamento, Alex ya había tomado una decisión: debía proteger a Scarlett sin importar nada. Lo de anoche no había sido un accidente. La gorgona que casi ahoga a Scarlett es una princesa del lago, y aunque Àlex aún no entendía por qué la atacó, sabía que tenía que averiguarlo ya que debía haber un motivo. Y eso significaba que, por fin, tendría que contarle la verdad a Scarlett sobre el mundo sobrenatural… y sobre quién la atacó anoche.
Scarlett salió de su tienda junto a Leslie, sintiendo el frío de la mañana en la piel. Justo en ese momento, Alex salió de su tienda, y sus miradas se cruzaron. No pasó ni un segundo ante de que se le acercara a él con una pregunta en la punta de la lengua.
—Alex, debemos hablar —dije con un tono firme, deseando respuestas después de la noche aterradora que había vivido.
Él asintió, pero bajó la voz antes de responder:
—Está bien, pero este no es ni el lugar ni el momento adecuado.
Antes de que pudiera preguntar por qué, Alex miró hacia otro lado, y sus ojos se clavaron en alguien a unos metros de nosotros. Seguí su mirada y ahí estaba Ethan, mirándonos con una expresión entre divertida y peligrosa. Leslie se giró también y, al notar la presencia de Ethan, le gritó:
—¿Qué es lo que ves? Esto no es asunto tuyo.
Ethan solo sonrió con malicia y, sin decir una palabra, se alejó.
Alex nos observó a ambas con una seriedad inquietante.
—No se acerquen a Ethan —advirtió—. Y no vayan solas a ningún lado, ¿entienden?
Asentimos, ambas un poco confundidas y preocupadas, pero sabíamos que no era momento para preguntas. Alex se dio la vuelta para marcharse, pero, antes de alejarse, se volvió y me miró con intensidad.
—Scarlett, asegúrate de traer el libro. No lo olvides; es muy importante. Nos veremos después de comer.
Su voz me dejó claro que el libro era imposible de ignorar. Algo me decía que, después de esa charla, nada volvería a ser igual.
Después de ese intercambio, apenas pude concentrarme en el desayuno. Leslie y yo comimos rápido, y mientras yo intentaba mantener la calma, notaba que Alex apenas nos quitaba la vista de encima. Cuando terminamos, él hizo una seña para que lo siguiéramos a su tienda.
Una vez adentro, Alex cerró la entrada para darnos un poco de privacidad. Miró de nuevo el libro que llevaba conmigo y soltó un suspiro, como si lo que estuviera a punto de decir pesara más de lo que esperaba.
—Lo que viste anoche… -empezó, con los ojos serios— no fue una pesadilla, ni una alucinación. Scarlett, esa criatura que casi te ahoga es una gorgona. Una princesa del lago, para ser exactos.
Las palabras apenas parecían reales, y por un segundo pensé que se trataba de alguna broma.
—¿Una… gorgona? —repetí, incrédula—. ¿Cómo en las leyendas?
—Sí. —Alex asintió, su expresión sin rastro de duda—. No sé por qué una princesa del lago te atacó, pero te prometo que voy a averiguarlo.
Leslie nos miraba, alternando la vista entre él y yo, completamente confundida.
—¿Entonces… el libro tiene algo que ver con esto? —pregunté, sintiendo un escalofrío al recordar todas las veces que lo había hojeado sin entender lo que realmente contenía.
Alex asintió lentamente.
—Ese libro es más peligroso de lo que piensas, Scarlet. Hay criaturas que darían lo que fuera por tenerlo… y ahora que lo tienes tú, ellas te estarán buscando.
El impacto de sus palabras me dejó en silencio. No podía procesarlo del todo: ¿por qué un simple libro me había metido en algo tan peligroso?
—¿Por qué me buscan? —pregunté finalmente, mi voz apenas un susurro.
Alex se cruzó de brazos, como si lo que fuera a decir me fuera a preocupar aún más.
—Porque ese libro contiene secretos sobre criaturas como… la gorgona de anoche. Secretos que nadie debería conocer. Cualquiera que tenga este conocimiento representa una amenaza para ellas… y para mi manada también.
Mi mente giraba con preguntas, tratando de encontrar alguna salida, alguna lógica en todo esto.
—¿Tu manada? —preguntó Leslie, mirándolo con una mezcla de sorpresa y confusión—. ¿Qué estás diciendo, Alex?
Él cerró los ojos un segundo, como si tratara de encontrar la mejor manera de explicarlo sin asustarnos aún más.
—Mira, todo esto suena extraño, pero es la verdad. Yo… pertenezco a una manada de lobos, y algunos de nosotros tenemos el deber de proteger a quienes poseen este tipo de conocimiento. Este libro lleva mucho tiempo desaparecido, y que aparezca ahora, en tus manos, es… complicado, Scarlett.
Sentí como un nudo se formaba en mi estómago. Todo lo que había considerado normal hasta ahora parecía desmoronarse.
—Entonces… —intenté recomponerme—, ¿me estás diciendo que tú… eres un… lobo?
Alex asintió, mirándome directamente a los ojos, sin titubear.
—Sí. Y ahora mi trabajo es protegerte, aunque eso me meta en problemas con otros de mi especie.
Scarlett negó con la cabeza, dando un paso hacia atrás, como si necesitara poner distancia entre ella y lo que acababa de escuchar. “No, no puede ser… estás loco, o sea, esas cosas no existen.”
Leslie, a su lado, frunció el ceño y miró a Alex. “Mira, eso es imposible. Esas cosas no son reales.”
Alex suspiró, tratando de mantener la calma. “Les estoy diciendo la verdad.”
Leslie lo miró de arriba abajo, con escepticismo. “Es que no puede ser posible. Aparte, bueno… anoche teníamos sueño. Tal vez lo imaginamos, o algo así.”
“No pueden tener la misma alucinación. Es imposible,” respondió Alex, su voz firme pero tranquila.
Scarlett cruzó los brazos, nerviosa y confundida. “Es que no lo puedo creer… no puedo creerlo. Es algo… no sé, o sea…”
Alex dio un paso hacia ella y, con suavidad, tomó sus manos. “Mírame a los ojos, Scarlett,” le pidió en un susurro.
Ella levantó la vista, aún llena de dudas, y entonces lo vio. Los ojos de Alex brillaban con un verde intenso, sobrenatural, como si se perdiera en su mirada, que la atraía y la aterrorizaba al mismo tiempo.
Scarlett se quedó completamente sorprendida. Las palabras parecían haberse esfumado de su mente, y apenas podía reaccionar.
Alex, sin soltar sus manos, esbozó una leve sonrisa y dijo: “¿Ahora me crees?”
Scarlett asintió lentamente, sin apartar la mirada de sus ojos aún brillantes. “Sí…” murmuró, con la voz apenas audible.
Leslie, que había estado observando la escena en silencio, se quedó en shock. Al ver la expresión en el rostro de Scarlet, comprendió que lo que estaba pasando era real, por más increíble que pareciera.
Entonces, con un tono lleno de inquietud y emoción contenida, miró a Alex y luego a Scarlett. “Entonces, ahora solo falta averiguar qué quería la gorgona contigo, Scarlett.”
Scarlett rompió el silencio, intentando sacudirse el dolor que acababa de revivir. “¿Y ahora qué vamos a hacer?” preguntó, mirando a Alex, buscando respuestas.
Alex tomó aire y apretó la mandíbula antes de responder. “Lo primero que debemos hacer es mantenerte alejada de Ethan. Él es el líder de mi manada… y sabe que tienes el libro.”
Scarlett sintió que el miedo se apoderaba de ella. “¿Qué quieres decir con eso?”
Alex la miró, su expresión llena de seriedad. “Ethan no dudará en hacer lo que sea necesario para obtener ese libro, Scarlett. Para él, proteger los secretos de nuestra especie es todo. Si piensa que el libro está en peligro, no pensará dos veces en hacer cualquier cosa, incluso… deshacerse de ti."
Leslie, que había estado escuchando en silencio, miró a Scarlett, alarmada. “¿Entonces… qué hacemos? ¿Cómo evitamos que Ethan se entere de más?”
Alex la miró con firmeza. “Nos mantendremos alerta. Y haré lo que sea necesario para protegerlas a ambas.”
Scarlett se cruzó de brazos, pensativa, y finalmente habló. “¿Y si… le entregamos el libro a Ethan?”
Alex la miró con una mezcla de sorpresa y preocupación. “¿Entonces con qué te quedarás tú?”
Scarlett sonrió un poco, como si hubiera tenido una idea repentina. “Podemos hacerle una copia. Le entregamos el original a Ethan, y así él pensará que ya tiene lo que quería.”
Alex asintió lentamente, viendo la lógica en su plan. “Es una buena idea.” Miró a Leslie. “¿Tú qué piensas?”
Leslie asintió, de acuerdo con ellos. “Me parece bien. Al menos nos mantendría seguros… por ahora.”
Tras una pausa, Leslie frunció el ceño, recordando otro tema que les preocupaba. “¿Y qué pasará con la gorgona?”
Alex se inclinó hacia atrás, pensativo. “Yo me encargaré de buscar respuestas sobre eso. Conozco a alguien que podría ayudarnos. Sabe mucho de estas criaturas.”
Scarlett y Leslie intercambiaron miradas antes de que Scarlett preguntara, intrigada. “¿Quién es esa persona… o criatura?”
Alex sonrió levemente, con un toque de misterio en su mirada. “Es una elfa princesa. Hermana de un ex druida. Si alguien puede ayudarnos a entender por qué una gorgona vino tras de ti, es ella."
Leslie miró a Alex con asombro. “¿Entonces vas a buscarla?”
“Sí,” respondió Alex. “Iré en cuanto sea posible. Por ahora, asegúrense de que el libro esté bien escondido.”
—¿Y por qué tú eres el que va a proteger a Scarlet? -le preguntó, con un toque de desafío en su voz.
Alex suspiró, echando un vistazo a Scarlett antes de contestar.
—Porque creo que ella no tiene la culpa de haberse topado con el libro —dijo, sin rodeos—. No sabía en el lío que se metía, así que para mí es inocente… aunque los demás quieran destruir el libro y a ella también.
Scarlett sintió un escalofrío al escuchar eso, como si apenas comenzara a entender en qué clase de problemas estaba.
Más tarde, al caer la noche…
Alex salió de su tienda y, al llegar al bosque, dio un salto y se transformó en lobo, avanzando a toda velocidad entre los árboles. Corría hacia la zona de los elfos. Al llegar, preguntó por la princesa, y algunos elfos le dijeron que a esta hora solía estar en un lago tras la montaña.
Alex fue hasta allí y encontró a Edelin, la princesa elfo, sentada con los pies sumergidos en el agua.
—Hola, Edelin, ¿cómo estás?
Edelin lo miró con una sonrisa.
—Soy una princesa, cachorro. ¿Solo un simple “hola”? -bromeó entre risas-. Qué raro verte por aquí, ¿algo interesante?
Alex suspiró.
—Sí. Hubo un problema con la princesa gorgona, ya sabes, Zafira.
Edelin le lanzó una mirada intrigada.
—¿Qué pasó exactamente?
—Zafira trató de ahogar a una chica… no sé por qué. Pero pensé que podrías saber algo, ya que la conoces muy bien.
Edelin suspiró, meneando la cabeza.
—La conozco, sí, pero no nos llevamos bien. ¿Y quién es esa chica?
—Se llama Scarlett.
El rostro de Edelin se puso pálido, y sus ojos se aclararon de repente.
—¿Cómo dijiste que se llama? —preguntó, casi sin voz.
—Scarlett. ¿La conoces? —repitió Alex, desconcertado.
Edelin negó con la cabeza.
—No, pensé que había escuchado otro nombre. Disculpa, debo irme.
Alex la detuvo antes de que se alejara.
—Espera, ¿me vas a ayudar o no? Es urgente.
Edelin lo miró y asintió.
—Haré todo lo posible. Si averiguo algo, te lo haré saber con uno de mis mensajeros.
Alex vio cómo Edelin desaparecía entre los árboles. Había algo raro en ella, como si el nombre de Scarlett la hubiera descolocado por completo. Ese miedo en su mirada… Algo estaba ocultando.
Con el ceño fruncido y sin respuestas, Alex regresó al campamento. Tenía que actuar rápido, cualquier pista sobre el ataque de Zafira podría ayudar. Al acercarse a su tienda, un escalofrío recorrió su espalda; sintió un olor familiar, Zafira estaba cerca.
De pronto, una voz helada y burlona rompió el silencio.
—¿Buscando respuestas, cachorro? —susurró Zafira, con un tono desafiante—. No deberías meterte en asuntos que no te importan.
Alex apretó los puños—¿Por qué atacaste a Scarlett? ¿Dónde está serpiente inmunda?
Zafira apareció entre las sombras, con una sonrisa fría y calculadora.
—¿Scarlett? —repitió con desprecio—. Esa niña lleva algo pendiente conmigo, no te metas o conocerás de lo que soy capaz.
Antes de que Alex pudiera decir algo más, Zafira se desvaneció en la oscuridad, dejando en el aire una advertencia que se sentía más como una amenaza. Sabía que esto apenas empezaba, y proteger a Scarlett sería un reto mucho mayor de lo que había imaginado.
A
L día siguiente Alex entró en la tienda con el rostro serio, pero sus ojos brillaban con un atisbo de alivio. Scarlett y Leslie lo miraron, esperando una noticia que aliviara la tensión en el aire.
—Tengo buenas noticias —dijo Alex, aunque su tono grave no lograba disimular completamente la preocupación que lo había atormentado durante toda la noche—. La princesa Edelin nos va a ayudar.
Scarlett lo miró con ansiedad, su corazón palpitando en su pecho. De inmediato, algo en su expresión cambió, como si sintiera que aún faltaba algo.
—¿Pero ¿qué más, Alex? —su voz, suave pero urgente, reflejaba su naturaleza cautelosa y su necesidad de saber todo, de entender. No podía relajarse sin la verdad completa, sin importar cuán aterradora fuera.
Alex se quedó en silencio un momento, mirando el suelo como si las palabras fueran difíciles de pronunciar. Finalmente, suspiró, y alzó la vista con una seriedad que dejó claro que lo que estaba por decir no era algo que esperara compartir.
—Anoche, tuve una visita inesperada —murmuró, manteniendo la mirada fija en Scarlett—. Zafira. La gorgona que intentó ahogarte.
Scarlett palideció, un escalofrío recorriéndole la espalda. Su instinto le decía que el peligro estaba lejos de haber pasado.
—¿Por qué…? —musitó, su voz casi temblando de preocupación. Aunque confiaba en Alex, la duda la asfixiaba. ¿Por qué atacaría Zafira? ¿Qué la unía a ella?
Alex notó el miedo en los ojos de Scarlett, y su instinto protector se intensificó. Con un suspiro, se pasó una mano por el cabello, como si intentara despejar sus pensamientos. Sabía que ella merecía respuestas, pero algunas aún escapaban de su entendimiento.
—No estoy seguro del porqué —admitió Alex, su tono ligeramente frustrado—. Pero no parece que sea un ataque al azar. Ella vino directamente a mí, como si quisiera advertirme… o amenazarme.
Lesly frunció el ceño, cruzando los brazos. —¿Advertirte? ¿De qué?
Alex la miró un instante antes de volver a fijarse en Scarlett. —No me dio demasiadas explicaciones. Solo dijo que me alejara, que no me involucrara contigo.
Scarlett sintió un nudo en el estómago. Sabía que el libro que había encontrado era extraño, que apenas comenzaba a comprender, pero nunca pensó que eso pudiera llevarla a ser el blanco de una amenaza tan peligrosa. Hizo acopio de valor y preguntó, con un hilo de voz:
—¿Y… qué piensas hacer ahora?
Alex observó su expresión, y sus ojos endurecieron. —Voy a protegerte, pase lo que pase —aseguró, firme y decidido—. Si Zafira está tras de ti, significa que estás más involucrada en este mundo de lo que imaginaba. Y eso me hace pensar que quizá no sea el único peligro.
Scarlett asintió, aunque su mirada reflejaba la incertidumbre que sentía. Su vida, hasta hace poco tan predecible, ahora parecía girar en torno a secretos y seres de pesadilla. Pero Alex, con su presencia fuerte y resuelta, le daba una razón para sentir que no estaba sola, que alguien la cuidaba en medio de la oscuridad.
Después de un momento de silencio, Leslie, quien había estado observando a sus amigos con creciente preocupación, dio un paso hacia ellos y dijo en voz baja:
—Entonces… ¿qué hacemos ahora?
Alex miró hacia fuera, como si buscara algo o alguien en el exterior.
—Esperaremos la ayuda de Edelin —dijo, aunque su voz estaba cargada de cautela—. Pero debemos estar preparados para cualquier cosa.
El silencio se apoderó de la tienda, y la tensión era palpable. Scarlett miró a Alex, queriendo preguntarle más, pero temiendo la respuesta. Finalmente, fue Leslie quien rompió el silencio, con el tono de quien busca una certeza entre tanto misterio.
—Entonces… esa tal Zafira, ¿volverá? —preguntó, intentando sonar fuerte, aunque en su voz se adivinaba una inquietud creciente.
Alex asintió, con una seriedad que hizo que un escalofrío recorriera a ambas chicas. —No sería raro. Ella vino para dejar en claro que está observando, y que no permitirá que nadie interfiera en sus planes. No sé qué quiere realmente, pero parece dispuesta a llegar hasta el final.
Scarlett apretó los labios. Había una mezcla de miedo y de rabia en su pecho; miedo por lo que Zafira podría hacer y rabia por sentirse atrapada en un juego que apenas comenzaba a entender. Con un tono casi inaudible, como si hablara más consigo misma que con los otros, susurró:
—Esto es por el libro, ¿verdad?
Alex la miró, y una chispa de comprensión cruzó sus ojos. —Probablemente. Ese libro tiene información valiosa y lo han buscado por años. Información que podría darle poder a quien la posea.
Leslie, alarmada, miró a Scarlett. —¿Estás diciendo que esa gorgona quiere el libro que tú tienes?
Alex murmuro— Tal vez, su mandíbula tensa. —Exactamente. Y no se detendrá hasta conseguirlo. —Desvió la mirada hacia Scarlett, su expresión decidida, pero al mismo tiempo llena de una preocupación palpable—. Pero mientras yo esté aquí, no la dejaré acercarse a ti.
Scarlett lo miró, y por un momento, su corazón se aceleró por algo que no era miedo. La forma en que Alex la miraba, con esa determinación que desbordaba su carácter impulsivo y protector, la hizo sentir segura, a pesar del peligro que la acechaba.
—Gracias, Alex —murmuró, con una sonrisa apenas visible.
Él le devolvió una sonrisa fugaz, una que reflejaba no solo su compromiso de protegerla, sino también algo más que no se atrevía a expresar en palabras.
Leslie, al ver la conexión que se formaba entre ellos, tosió para llamar la atención. —Bueno, entonces… ¿qué vamos a hacer con el libro? Porque si Zafira lo quiere, no podemos dejar que caiga en sus manos.
Aunque ¿Cómo zafira se enteró que Scarlett tiene el libro?
Alex pensativo, retomando su tono serio. —Lo primero será encontrar un lugar seguro. Edelin nos ayudará a reforzar la protección hablare con ella cuando nos encontramos, pero debemos estar atentos. Scarlett, quiero que tengas el libro siempre contigo. Mientras esté en tus manos, será más fácil protegerlo.
Scarlett asintió, sintiendo la carga de la responsabilidad, pero también la fuerza que el apoyo de sus amigos le daba.
De pronto Leslie se levantó, con una sonrisa animada. —Voy a buscar algo de comer. Necesitamos energías si vamos a seguir con esta charla de criaturas y libros Extraños. —Les guiñó un ojo y salió de la tienda, dejando a Scarlett y Alex solos.
La habitación se quedó en silencio, y Scarlett bajó la vista, mordiéndose ligeramente el labio antes de levantarla nuevamente para mirar a Alex.
—¿Y entonces? —dijo en voz baja, con un atisbo de duda—. ¿Qué vamos a hacer con Ethan y Zafira?
Alex la observó, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y preocupación. Sin decir nada, tomó sus manos entre las suyas, transmitiéndole un calor reconfortante.
—Todo va a estar bien, Scarlett —murmuró, su voz suave pero firme—. No tienes que preocuparte. Yo me encargaré de que estés a salvo.
Ella bajó la cabeza, pero no soltó sus manos. —Alex… tengo miedo, de verdad. No es solo Zafira, es… es todo esto, todo lo que está pasando.
Alex dio un paso hacia ella, y con delicadeza, levantó su mano para acariciar su rostro. Sus dedos se deslizaron suavemente por su mejilla, y Scarlett sintió un escalofrío que la hizo olvidar, aunque solo por un momento, todo el peligro que los rodeaba.
—No dejaré que nadie te toque —dijo, su voz un susurro lleno de promesa—. Y si alguien lo intenta, se las verá conmigo.
Una pausa se instaló entre ellos, el silencio cargado de algo que ambos parecían temer nombrar. Alex se quedó mirándola, sus ojos buscando en los de Scarlett una certeza que nunca había necesitado. Sus corazones latían con fuerza, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante.
Pero, de repente, Alex retrocedió, rompiendo el contacto, y giró la vista hacia otro lado, tensando la mandíbula. Sentía que, cuanto más estaba cerca de ella, más vulnerable se volvía, y eso lo inquietaba. Sabía que, si cedía a sus sentimientos, pondría en riesgo no solo a ella, sino también no también estaría rompiendo las leyes.
Scarlett lo observó, su corazón dividido entre la tristeza y una esperanza tímida, sin saber exactamente qué hacer con la distancia que él había puesto de nuevo entre ellos.
Miró a Alex, buscando en sus ojos alguna señal de que no era sólo ella quien sentía el peso de aquella distancia que él había puesto entre ellos.
Dio un paso hacia él, dispuesta a decirle todo lo que había guardado, a confesarle que, por más que él intentara alejarse, no podía evitar sentir una atracción poderosa e innegable hacia él. Inspiró profundamente, reuniendo valor.
-Alex, yo... no puedo seguir fingiendo que no...
Él la interrumpió, alzando una mano y mirándola con intensidad, sus ojos reflejaban una mezcla de dolor y algo más que Scarlet no lograba descifrar.
-Scarlett, no puedes decir eso -dijo, su voz profunda y firme, pero quebrada en el fondo-. Yo... no puedo estar contigo. No se me permite.
Ella lo miró, desconcertada.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó en un susurro.
Alex apartó la mirada, cerrando los puños, como si resistirse le costara toda su fuerza.
-Es la ley en nuestro mundo, Scarlett. No puedo involucrarme contigo, no de esa manera. Las reglas son claras. Si rompo esa ley... no solo yo pagaría las consecuencias, sino también tú.
Scarlett sintió un nudo formarse en su garganta, la esperanza que había llevado consigo se desmoronaba en pedazos.
-Pero... no es justo -murmuró-. Tú dijiste que estarías a mi lado, que me protegerías...
Alex asintió, sus ojos reflejando esa promesa.
-Y lo haré. Te protegeré, no importa el riesgo. Pero eso es lo único que puedo hacer. No puedo permitir que mis sentimientos, ni los tuyos... -Se detuvo, como si las palabras fueran demasiado dolorosas para él-. No podemos hacer esto, Scarlett.
El silencio que siguió fue pesado, opresivo, como una pared invisible que ambos no podían cruzar. Scarlett sintió el frío de aquella ley desconocida que ahora los separaba.
Scarlett pasó el día absorta en la conversación con Alex. Intentaba comprender qué significaban esas leyes sobrenaturales y por qué les impedían estar juntos. En la tienda, bajo la tenue luz de una lámpara, abrió el libro antiguo de su madre. El libro parecía tener vida propia, y algunas páginas parecían relucir, como si la esperaran para ser leídas.
Mientras tanto, Lesly, siempre inquieta y curiosa, no se quedaba atrás. Fue a una pequeña biblioteca que estaba muy cerca del campamento, encontró un libro sobre criaturas místicas. En una de sus páginas, una prohibición establecida para mantener la paz entre ambas especies. Leslie, al leer aquello, sintió la urgencia de contarle a Scarlett.
Al día siguiente, Leslie le mostró el libro a Scarlett, y juntas comenzaron a juntar las piezas. Scarlett sentía una mezcla de esperanza y resignación, entendiendo que su vínculo con Alex iba más allá de una simple atracción. Él no se alejaba de ella por elección; estaba atrapado entre sus sentimientos y las leyes de su especie.
La noche siguiente, cuando Scarlett estaba a punto de dormir, una brisa helada llenó su habitación. Una figura alta y etérea apareció ante ella: era la princesa Edelin, una criatura de ojos profundos y sabiduría milenaria. Su presencia iluminaba el cuarto con una energía mágica, y Scarlett sintió una mezcla de respeto y temor.
-Scarlett -dijo Edelin con voz suave pero firme-, me han enviado para advertirte. Tu cercanía con Alex ha puesto a toda su manada en riesgo. Pero estoy aquí para ofrecerte mi protección... bajo una condición.
Scarlett la miró, tratando de entender.
- ¿Qué condición...?
-Debes renunciar a Alex, Es la única manera de que él, y tú misma, estén a salvo.
Scarlett sintió el peso de aquellas palabras como una losa. Sabía que no podía simplemente renunciar a Alex, pero tampoco quería que él sufriera a causa de su vínculo. Edelin le dio un amuleto y desapareció, dejándola con una decisión que parecía imposible de tomar.
Más tarde, Scarlett logró encontrarse a solas con Alex. Sabía que, para comprender por qué él insistía tanto en alejarse, debía conocer más sobre su vida. Después de un momento de silencio, él comenzó a hablar, su mirada fija en el suelo.
-Mi vida nunca ha sido fácil -dijo Alex-. Perdí a mis padres siendo muy joven, y mi manada me acogió. Desde entonces, he seguido sus reglas, he respetado su ley... y eso incluye proteger a los humanos, incluso si eso significa renunciar a lo que yo quiero.
Scarlett sintió un nudo en el pecho. Alex la miró, sus ojos llenos de una tristeza antigua.
-Es por eso por lo que te dije que no puedo estar contigo, Scarlett. Si rompo esa ley... la manada podría perderlo todo.
Pero mientras él hablaba, ella se dio cuenta de algo: su conexión iba más allá de las leyes, más allá de cualquier límite impuesto. En silencio, Scarlett decidió que haría todo lo posible para descubrir cómo romper esa barrera, sin importar las consecuencias.
Entonces Scarlett simplemente se retiró, pero esa tarde, Scarlet y Leslie regresaron al lago, buscando respuestas sobre el libro y las criaturas que la rodeaban. Al llegar, notaron que el lugar estaba extrañamente silencioso, y una brisa fría acariciaba la superficie del agua. Justo cuando Scarlett se inclinaba para observar su reflejo, una sombra se movió entre los arbustos.
Ethan salió de entre los árboles, mirándolas con expresión seria.
-Scarlett -dijo él-, tu presencia aquí es una amenaza para nosotros.
Scarlett se quedó helada, sin entender. Ethan explicó que la manada había estado buscando el libro durante unos años, y que poseerlo implicaba acabar con ella y con ella y con el libro.
-Ese libro no es cualquier objeto. Contiene secretos sobre nuestro mundo, información que, en las manos equivocadas, podría desatar el caos.
Scarlett miró a Leslie, sintiendo cómo una nueva capa de misterio se añadía a todo lo que ya vivía. Ethan les advirtió que, si continuaban indagando en los secretos del libro, atraerían más enemigos, y la amenaza de Zafira no sería la única.
Ethan comienza a acercarse asía Scarlett y le dice: Aunque la verdad nada me daría más placer que acabar contigo, tal vez así Alex comprenda quien es el líder.
Después de haber dicho estas palabras a Scarlett, Ethan procede a irse dejando a Scarlett y a Leslie en el lago.
Conscientes del riesgo, Scarlett, Leslie decidieron hablar con Àlex, Entonces Scarlet y Alex reunirse en secreto en un refugio en el bosque. Allí, bajo la luz de la luna, se sentaron uno frente al otro, en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido para ellos. Scarlett sentía que sus palabras sobraban, y Alex parecía atrapado en sus propios pensamientos.
-No sé cuánto tiempo más podremos hacer esto -dijo él finalmente-. Pero quiero que sepas que, aunque el mundo sobrenatural no nos permita estar juntos, no cambiaría nada de lo que siento por ti.
Scarlett lo miró, sintiendo cómo la distancia que los separaba se desvanecía por un instante. Por primera vez, sus manos se entrelazaron, y en ese toque, ella sintió una promesa silenciosa. Sabía que, pase lo que pase, lucharían por permanecer juntos.
Al día siguiente, Alex y Scarlett regresaron muy temprano al campamento, Ethan vio que Alex acababa de regresar, sabía que Àlex no avía dormido en su tienda, entonces fue convocado a un consejo urgente. Ethan lo enfrento, cuestionando su cercanía con Scarlett y recordándole que su deber era proteger su mundo, no mezclarse con él. Alex, sin embargo, defendió su compromiso de cuidar a Scarlett, aunque eso significara arriesgar su propia vida.
-Scarlett está en peligro, y ella es inocente en todo esto. No puedo simplemente dejarla a su suerte -dijo con firmeza.
Ethan furioso le dice a Alex: No entiendes, esto se ha salido de control, sabes que mi deber como líder es proteger mi manada, mi mundo, nuestro mundo, comprendes, aunque comprendo tu lealtad, te exijo que tomes una decisión: abandonar a Scarlett o ser exiliado de la manada. Alex se quedó en silencio, debatiéndose entre su amor por ella y su lealtad a su familia y amigos.
Alex con una mirada decidida le dice a Ethan—Entonces para obtener lo que quiero debo ser el líder de la manada.
Ethan se detuvo en seco cuando escuchó las palabras de Alex.
Ethan giró lentamente hacia él, su mirada se llenó de incredulidad y rabia contenida.
—¿Me estás retando, Alex? —gruñó, su voz cargada de furia. ¿Realmente crees que puedes desafiarme... y ganar?
Alex lo miró con una confianza inesperada, sus ojos brillaban con una determinación férrea. Sabía que lo que estaba haciendo era arriesgado, pero no iba a permitir que nadie, ni siquiera Ethan, le impidiera proteger a Scarlett.
En un instante, ambos se transformaron en lobos. Alex sintió cómo su cuerpo se alargaba, sus músculos se tensaban y su vista se adaptaba a la penumbra del bosque. Frente a él, Ethan, en su forma de alfa, era imponente, más grande y robusto, su pelaje blanco como la luz de la luna. Los dos comenzaron a moverse en círculos, evaluándose mutuamente, sus gruñidos rompiendo el silencio del bosque.
Ethan fue el primero en atacar, lanzándose hacia Alex con una velocidad brutal. Alex esquivó por poco, pero sintió las garras de Ethan rozar su flanco. No había tiempo para dudar; cada segundo podía ser la diferencia entre ganar y perder.
Alex se abalanzó sobre Ethan, lanzando un mordisco directo al hombro de su oponente. Logró atrapar su piel, y ambos rodaron por el suelo, luchando cuerpo a cuerpo. La fuerza de Ethan era aplastante, pero Alex se mantenía firme, impulsado por algo más grande que él mismo: su amor por Scarlet y su deseo de protegerla a toda costa.
Ethan rugió y se liberó del agarre de Alex, empujándolo con una patada poderosa que lo hizo retroceder unos metros. Alex respiraba agitado, pero no perdió su postura. Ambos se miraron por un segundo, sus ojos ardiendo con una mezcla de furia y desafío.
—¿Crees que estás preparado para ser líder? —gruñó Ethan—. La responsabilidad es más grande de lo que puedes imaginar.
—Y, aun así, estoy dispuesto a asumirla —contestó Alex, sin titubear.
Ethan rugió nuevamente y se lanzó hacia él. Los sonidos de su pelea resonaron por todo el bosque, la tierra temblaba bajo sus patas, y las sombras danzaban con cada movimiento. Ambos sabían que no podían detenerse hasta que uno de ellos se rindiera... o cayera.
Alex comenzó a ganar terreno, su instinto de supervivencia y su deseo de proteger a Scarlet lo impulsaban a moverse con una precisión y una fuerza que incluso él desconocía. Ethan, aunque fuerte y experimentado, empezaba a mostrar signos de cansancio, sus movimientos eran menos ágiles, y Alex lo notaba.
En un momento clave, Alex esquivó un ataque de Ethan y, aprovechando su distracción, se lanzó sobre él con toda su fuerza. Sus mandíbulas se cerraron en el cuello de Ethan, y aunque no aplicó la presión suficiente para hacerle daño permanente, dejó claro que tenía el control. Ethan intentó liberarse, pero Alex lo sostuvo con firmeza, mostrando que la batalla había terminado.
Ambos lobos se miraron intensamente, y en ese momento, Ethan entendió que Alex no iba a dar marcha atrás. Al final, con un gruñido de resignación, Ethan bajó la mirada en señal de rendición, reconociendo la victoria de Alex.
Alex retrocedió unos pasos, liberando a Ethan y permitiéndole levantarse. Con una última mirada desafiante, Alex comenzó a retomar su forma humana, y Ethan hizo lo mismo. Al ponerse de pie, Alex observó a Ethan, aún jadeante y con la ropa rasgada por la pelea, pero con una expresión de calma y determinación.
—Ethan, sabes que nunca quise esto, pero tengo que protegerla. Si ser el líder es lo único que me permitirá hacerlo, entonces lo aceptaré—dijo Alex, su voz firme.
Ethan asintió, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de orgullo y frustración.
—Tienes mi respeto, Alex—admitió con voz grave-. Pero ahora la responsabilidad está en tus manos. Cuida de nuestra manada y de todo lo que has jurado proteger. Que esto no sea en vano.
Alex sintió una mezcla de alivio y responsabilidad al escuchar esas palabras. Había ganado, pero también sabía que este era solo el comienzo de una lucha aún más grande. Con su liderazgo recién ganado, debía proteger a Scarlett, a la manada y, de algún modo, encontrar un equilibrio en ese mundo de secretos y amenazas.
Después de la intensa batalla, Alex regresó al campamento, sintiendo el dolor en cada músculo, pero con una sensación de calma y determinación. Sabía que la decisión que había tomado cambiaría su vida, pero también sabía que era la correcta. Al llegar a su tienda, entró y se dejó caer en el suelo, apoyándose contra la pared mientras intentaba controlar su respiración y el dolor que aún palpitaba en las heridas de su cuerpo.
De repente, escuchó un susurro desde afuera.
—¿Alex? —La voz de Scarlett, preocupada, rompió el silencio de la noche. ¿Puedo pasar?
Alex suspiró y le dio permiso. La tela de la tienda se levantó, y Scarlett entró con una expresión de angustia en el rostro. Su mirada se fijó de inmediato en las heridas que marcaban el torso y los brazos de Alex. Sus ojos se abrieron con pánico, y rápidamente se acercó a él, sus manos temblando mientras intentaba inspeccionar las heridas.
—¡Alex! ¿Qué te pasó? -preguntó, su voz temblorosa—. Estas heridas... parece que te atacó un animal. ¿Cómo te hiciste esto?
Alex se quedó en silencio por un momento, dudando en cómo explicarle, pero sabía que debía ser honesto con ella.
—Tuve una pelea con Ethan—confesó, su voz baja pero firme—. Fue necesario... él me dio un ultimátum, Scarlet. Me pidió que te dejara, que te abandonara o.… que asumiera las consecuencias.
Scarlett lo miró horrorizada, su pánico crecía al imaginar lo que esa pelea pudo haber significado para Alex.
—¿Cómo pudiste enfrentarte a él? ¡Ethan es el líder! Pudo haberte hecho mucho más daño, Alex... ¿en qué estabas pensando?
Alex la miró con una suavidad que contrastaba con su estado. Levantó una mano temblorosa y la posó en la mejilla de Scarlett, atrapando su mirada con la suya.
—Estaba pensando en ti, Scarlett — respondió en voz baja, sus palabras cargadas de sinceridad. No puedo abandonarte, no después de todo lo que hemos pasado. Tú eres... eres lo único que importa ahora.
Scarlett sintió cómo su corazón latía con fuerza ante las palabras de Alex. El peligro que él había enfrentado, la decisión que había tomado y la intensidad en sus ojos le decían todo lo que necesitaba saber. Sintió una mezcla de gratitud y miedo, al darse cuenta de que Alex había arriesgado todo, incluso su lugar en la manada, solo por ella.
Sin saber qué decir, tomó la mano de Alex, sosteniéndola con suavidad, como si quisiera aliviar el dolor que él había soportado por su causa. En ese momento, entre miradas y silencios, supieron que su vínculo iba más allá de cualquier peligro, de cualquier enemigo. Y aunque el camino que se avecinaba era incierto, estarían juntos, enfrentándolo lado a lado.
Alex apretó suavemente la mano de Scarlett entre las suyas y, con una mirada firme pero serena, le dijo:
—No tienes de qué preocuparte. Ahora soy el líder de la manada, y mientras esté a tu lado, no dejaré que nada ni nadie te haga daño.
Scarlett lo miró en silencio, con los labios temblando por las palabras que quería decir, pero no sabía cómo. Alex añadió:
—Por ahora, lo único que debemos hacer es esperar a que Edelin consiga información. Ella sabrá cómo actuar contra Zafira.
Las palabras resonaron en Scarlett, pero no con la seguridad que Alex buscaba. Dudó por un momento, pero finalmente lo dijo:
—Alex… Edelin vino a verme. Me dijo que la única forma en que podía protegerme era si me alejaba de ti.
El rostro de Alex cambió al instante. Sus cejas se fruncieron y su mandíbula se tensó. Soltó la mano de Scarlett lentamente y se levantó, un destello de furia brillando en sus ojos.
—¿Quién se cree que es para decidir eso? —dijo, su voz firme y cargada de enojo.
Scarlett lo observó, sorprendida por la intensidad de su reacción, pero antes de que pudiera decir algo, Alex ya se dirigía a la puerta de la tienda.
—Alex, espera… —intentó detenerlo, pero él no se detuvo.
Salió rápidamente y, en cuestión de segundos, se adentró en el bosque. Su respiración era agitada, y cada paso que daba hacia las sombras de los árboles era un intento de calmar la tormenta que sentía en su interior.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, dejó que el calor en su pecho se desbordara, y su cuerpo comenzó a cambiar. Sus músculos se tensaron, su piel se cubrió de un espeso pelaje, y un lobo de pelaje oscuro y ojos rojos como la sangre tomó su lugar.
En silencio, pero con determinación, Alex corrió entre los árboles, su velocidad superando cualquier pensamiento racional. Solo tenía una cosa en mente: encontrar a Edelin exigirle una explicación.
Alex corría entre los árboles con una velocidad y fuerza impulsadas por su rabia. Cada pisada resonaba en el suelo húmedo, y el viento frío acariciaba su oscuro pelaje mientras sus sentidos se afinaban, buscando la esencia de Edelin.
Era imposible ignorar el torbellino de emociones que lo consumía. ¿Cómo se atrevía Edelin a pedirle a Scarlett que se alejara de él? No solo era una decisión absurda, sino una traición a la promesa de protegerla.
Finalmente, un aroma familiar lo guio hacia un claro del bosque, donde las ramas de los árboles parecían entrelazarse, formando una cúpula natural. Allí estaba Edelin, de pie, con su figura etérea.
—Sabía que vendrías —dijo Edelin con calma, sin siquiera voltear a verlo.
Alex volvió a su forma humana en un instante, su respiración pesada y su expresión dura.
—¿Cómo te atreves? —exclamó, avanzando hacia ella. Sus palabras estaban cargadas de rabia—. ¿Qué derecho tienes a pedirle que se aleje de mí?
Edelin finalmente giró para enfrentarlo, Su rostro mantenía una serenidad inquietante.
—Lo hice para protegerla —respondió—. Tú sabes mejor que nadie lo que está en juego, Alex. Scarlett no sobrevivirá si la manada, o peor.
Alex apretó los puños, luchando por contenerse.
—No te corresponde decidir eso por ella. Scarlett es fuerte, más de lo que crees. Y yo soy el líder de la manada. Haré lo que sea necesario para mantenerla a salvo.
Edelin dio un paso hacia él, con los ojos resplandeciendo de determinación.
—¿Y qué pasará cuando la manada decida que tú también eres un peligro? ¿Qué harás cuando te desafíen por elegir a una humana sobre ellos?
El silencio cayó entre ambos, pesado como el aire antes de una tormenta. Alex desvió la mirada por un instante, pero su voz no titubeó cuando respondió:
—Dejaré que lo intenten. Pero te advierto algo, Edelin: no vuelvas a intervenir entre Scarlett y yo. No dejaré que nadie la aleje de mí, ni siquiera tú.
Edelin lo observó con una mezcla de tristeza y respeto. Sabía que Alex no cambiaría de opinión, pero el precio de su decisión aún estaba por verse.
Edelin mantuvo su mirada fija en Alex, con un brillo inquisitivo en sus ojos mientras las hojas crujían suavemente bajo sus pies.
—La amas, Alex —dijo, su tono calmado, pero con una firmeza que no admitía evasivas.
Alex apretó los dientes, desviando la mirada por un instante antes de regresar sus ojos a los de ella.
—Eso no es asunto tuyo —respondió, su voz grave pero controlada.
Edelin dio un paso más hacia él, como si quisiera asegurarse de que entendiera el peso de sus palabras.
—Alex, ella es humana. Sabes lo que eso significa. Las reglas son claras: está prohibido que alguien como nosotros esté con un humano.
El lobo dentro de Alex rugió en su pecho, pero lo contuvo, manteniéndose firme. Dio un paso hacia ella, su postura desafiante.
—Lo sé —admitió, con una voz cargada de determinación—. Pero voy a cambiar eso.
Edelin lo observó en silencio por un momento, sus ojos plateados reflejando una mezcla de sorpresa y resignación. Finalmente, sus labios se curvaron en una leve sonrisa melancólica.
—Entonces deberías prepararte, Alex. Porque cambiar algo como eso tiene un precio, y puede que no estés listo para pagarlo.
Alex no respondió. Simplemente, la miró con la misma intensidad con la que había llegado, antes de dar media vuelta y desaparecer de nuevo entre los árboles, dejando atrás las advertencias de Edelin y sus propias dudas.
Alex se alejó sin mirar atrás, sus pasos resonando en el silencio del bosque. Cada palabra de Edelin parecía arder en su mente, pero no iba a permitir que el miedo o las reglas antiguas le impidieran lo que sentía. Scarlett era diferente. Ella no era solo una humana; era su humana, y nada lo apartaría de ella.
El aire frío acariciaba su rostro mientras corría, y con cada zancada su resolución crecía más fuerte. Las advertencias de Edelin, el peligro que acechaba a Scarlett, todo eso se desvanecía mientras pensaba en su rostro, en sus ojos marrones que lo miraban con una mezcla de incertidumbre y esperanza.
Al llegar al borde del bosque, donde los árboles se abren a la vista del pequeño pueblo, Alex se detuvo y miró hacia el cielo estrellado. Por un momento, sus pensamientos se nublaron con la carga de su responsabilidad. Pero cuando recordaba el rostro de Scarlett, sus dudas desaparecían.
El amor que sentía por ella era más fuerte que cualquier regla, más fuerte que cualquier amenaza. Y estaba dispuesto a luchar por ello.
Con esa resolución ardiendo en su pecho, Alex dio un paso adelante, decidido a enfrentar lo que viniera, sabiendo que, aunque el camino sería difícil, no se detendría hasta cambiar el destino que las reglas habían impuesto.
Por otro lado, Scarlett estaba preocupada. Alex había salido de la tienda furioso, con la mirada oscurecida y el cuerpo marcado por heridas recientes. No tenía idea de lo que podría suceder, pero una sensación de intranquilidad la invadía. Leslie intentaba distraerla con comentarios despreocupados, pero el ambiente estaba cargado de tensión.
De repente, Leslie se asomó por la ventana y lo vio.
—¡Alex ha vuelto! —gritó, corriendo hacia Scarlett con una mezcla de alarma y emoción.
Sin pensarlo dos veces, Scarlett dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a la tienda de Alex. Al entrar, sus pasos vacilaron al verlo tumbado en la cama. No llevaba camisa, y sus heridas estaban completamente cerradas, como si nunca hubieran existido. Su piel brillaba bajo la luz tenue, revelando un cuerpo perfectamente esculpido. Por un momento, Scarlett quedó sin palabras, incapaz de desviar la mirada.
—¿Cómo es posible que sanes tan rápido? —preguntó finalmente, su voz temblorosa mientras trataba de mantener la compostura.
Alex se giró hacia ella, con una mirada serena pero intensa.
—Los hombres lobo tenemos habilidades de curación acelerada. Es una de las ventajas… como muchas otras criaturas como yo —respondió con naturalidad, como si no fuera algo extraordinario.
Scarlett se acercó lentamente, su mano temblando al posarse sobre su pecho. Sintió el calor de su piel y la fuerza de su latido bajo sus dedos. Levantó la mirada hacia él, preguntándose si sus heridas eran realmente cosa del pasado.
—¿Seguro que no sientes nada? —susurró, preocupada.
Alex la miró fijamente, con una intensidad que la hizo estremecer. Llevó una mano a su barbilla, alzando suavemente su rostro para que lo mirara a los ojos. La distancia entre ellos se acortó, sus respiraciones se entrelazaron.
—No siento nada —dijo él, con una voz grave y segura. Pero su mirada, fija en la de Scarlett, parecía decir lo contrario.
Scarlett apenas podía pensar con claridad. El calor que emanaba del cuerpo de Alex y la proximidad de su rostro nublaban su juicio. Su mano aún estaba sobre su pecho, sintiendo cómo sus músculos tensos respondían al leve contacto.
—No siento nada… —repitió él, pero esta vez su voz se tornó un susurro, casi ronco, como si las palabras cargaran un peso invisible.
Scarlett tragó saliva, su mente gritándole que retrocediera, pero su cuerpo se negaba a obedecer. Alex era peligroso, lo sabía, pero esa intensidad en sus ojos… la atrapaba.
—Entonces, ¿qué es esto? —murmuró Scarlett, apenas consciente de sus palabras, mientras sus dedos seguían trazando líneas sobre su piel.
Alex la observó en silencio por un momento, y luego dejó escapar un suspiro profundo. Sus labios se curvaron en una sonrisa que no era exactamente amable, sino algo más oscuro y cautivador.
—Quizá no siento dolor, Scarlett… pero contigo, siento algo mucho peor —dijo con voz baja, acercándose más hasta que apenas un suspiro los separaba.
—¿Peor? —repitió ella, con la voz quebrada por los nervios.
—Sí. Siento… que te quiero más cerca. —Su mano, aún en la barbilla de Scarlett, se deslizó lentamente hacia su cuello, sus dedos rozando su piel con una delicadeza que hizo que un escalofrío recorriera su espalda.
Scarlett sintió que el aire le faltaba, pero no era miedo lo que la inmovilizaba, sino una atracción imparable.
—Alex… esto no está bien —susurró, aunque su cuerpo traicionaba sus palabras al inclinarse ligeramente hacia él.
—Tienes razón, no está bien. —Su tono era un murmullo cargado de peligro, pero sus labios apenas se rozaron con los de Scarlett cuando continuó—. Pero dime… ¿te importa?
La pregunta quedó suspendida en el aire, electrificando el ambiente. Scarlett apenas tuvo tiempo de procesarla cuando Alex sonrió de lado al escucharla, con una chispa de travesura en su mirada, pero no apartó sus manos de ella.
—Entonces, tenemos un problema, Scarlett —dijo, su voz ahora más suave, casi un ronroneo que hacía que su nombre sonara como una caricia.
—¿Un problema? —repitió ella, intentando recuperar el aliento y el control de su mente, aunque la cercanía de Alex hacía todo más difícil.
—Sí. Tú… —sus dedos se deslizaron desde su cuello hasta su brazo, dejando un rastro de calor—. Tú eres más peligrosa para mí que cualquier criatura en este mundo.
Scarlett quiso protestar, decirle que estaba exagerando, pero la intensidad de su mirada la dejó sin palabras. Había algo en él que la hacía sentirse vista, completamente desarmada.
—¿Por qué dices eso? —logró preguntar, aunque su voz era apenas un susurro.
Alex se levantó lentamente de la cama, acercándose aún más, hasta que la hizo retroceder un paso instintivamente. Su altura y presencia llenaron el espacio entre ellos, pero su movimiento fue tan calculado que ella no pudo apartarse más.
—Porque contigo, Scarlett, no tengo control. Y si no tengo control… —se inclinó hacia ella, su rostro rozando apenas el suyo, mientras su aliento cálido acariciaba su piel—, puedo terminar destruyéndolo todo.
Scarlett sintió cómo su corazón latía tan rápido que temió que Alex pudiera escucharlo. La fuerza de sus palabras, la cercanía, la vulnerabilidad que se escondía tras esa fachada de dureza… Todo en él era una tormenta que la arrastraba sin remedio.
—Entonces, ¿por qué no te alejas? —preguntó finalmente, con valentía, aunque su voz tembló ligeramente.
Alex esbozó una sonrisa melancólica, como si ella acabara de decir algo obvio pero imposible.
—Porque no quiero hacerlo.
Con esas palabras, sus manos la sujetaron suavemente por la cintura, acercándola más a él, como si necesitara confirmar que estaba ahí, real y tangible. Scarlett sintió cómo el calor de su cuerpo la envolvía, una sensación que la hizo perder cualquier argumento en contra.
—Alex… esto es complicado —intentó razonar, aunque su voz era más débil de lo que esperaba.
—Lo sé —respondió él, inclinándose para rozar su frente con la de ella—. Pero hay cosas que ni siquiera un hombre lobo puede controlar.
El silencio entre ellos se llenó con el latido frenético de sus corazones. Alex acarició su mejilla con una ternura inesperada, contrastando con la intensidad de todo lo demás.
—Prométeme una cosa, Scarlett —dijo finalmente, su tono más serio, aunque no apartó su rostro del de ella.
—¿Qué cosa? —preguntó ella, cautivada por el fuego en sus ojos.
—No importa lo que pase, nunca dejes que te alejen de mí.
Scarlett no entendió del todo el peso de esas palabras, pero algo en su pecho le dijo que había mucho más detrás de ellas. Sin embargo, en ese momento, no pudo hacer otra cosa que asentir, atrapada en el torbellino de emociones que Alex le provocaba.
—Lo prometo —susurró, con una mezcla de convicción y rendición.
Alex la abrazó entonces, un gesto protector pero cargado de una intensidad que le aseguraba que, por ahora, estaban seguros. Pero Scarlett no podía evitar sentir que, con cada paso que daba hacia él, también estaba cruzando una línea de la que quizá no podría regresar.
Scarlett, con el corazón aún desbocado por la cercanía de Alex, se apartó lentamente de él, sus dedos temblando al separarse de su piel. Su mente estaba a mil por hora, intentando comprender lo que acababa de suceder.
—Esto no está bien, Alex—dijo, su voz temblorosa, pero firme. Intentó dar un paso atrás, una forma de poner distancia entre ellos, de recuperar el control sobre su propio cuerpo y pensamientos.
Pero Alex, rápido como siempre, la alcanzó antes de que pudiera ir más lejos. En un solo movimiento, la tomó del brazo, girándola hacia él con una fuerza tan suave como peligrosa.
Scarlett intentó zafarse, pero era inútil. Alex la tenía atrapada, su cuerpo presionando contra el de ella, su mirada fija y decidida.
—Déjame ir, Alex. Sabes que esto no puede seguir así. —Sus palabras salieron con un hilo de desesperación, pero la verdad era que su cuerpo respondía de manera completamente diferente.
Él no la soltó, al contrario, la acercó aún más, su mano deslizándose suavemente por su cintura, manteniéndola cerca de él. Scarlett sentía el calor de su cuerpo invadiéndola, la tensión entre ellos se disparaba, y no sabía si estaba más asustada o deseosa de que todo se desbordara.
—¿Sabes qué hay en juego aquí, Scarlett? —dijo Alex, su voz más grave, más intensa. Sus labios estaban tan cerca de su oído que su aliento acarició su piel, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.
Scarlett intentó alejarse, pero no podía. Su cuerpo respondía a la cercanía de él de una manera que la confundía, la desorientaba.
—Sabes que hay leyes en tu manada — repitió ella, aunque la firmeza de sus palabras ahora sonaba como una mentira ante la tensión que los rodeaba.
Alex sonrió, pero no una sonrisa cualquiera. Era una sonrisa de conocimiento, de poder. Se acercó aún más a su oído, hasta que su respiración se fusionó con la de Scarlett.
—Recuerdas que yo soy el líder, ¿verdad? —susurró, su voz como un suspiro caliente que hizo que Scarlett se tensara, su corazón acelerando aún más.
La intensidad en sus palabras fue un golpe directo a su mente, pero también despertó algo dentro de ella, algo oscuro y prohibido. Scarlett no sabía si debía apartarse o entregarse completamente. Su cuerpo estaba en guerra con su mente, pero las palabras de Alex, esa promesa de protección, la envolvían de tal manera que no podía ignorarlas.
El la sostuvo contra sí, sus manos firmes, pero suaves, como si tuviera el control total de la situación, y, sin embargo, Scarlett sentía que había algo en él que también estaba perdido, algo que lo hacía aún más peligroso.
—No hay reglas que valgan cuando se trata de ti, Scarlett —dijo Alex, y sus ojos brillaron con una intensidad que le hizo temer y desear a partes iguales.
Scarlett tragó saliva, intentando encontrar una razón para apartarse, pero su corazón y su cuerpo ya habían tomado su decisión.
—No puedes controlarlo todo—dijo, aunque las palabras ya no parecían tener el peso que solían tener.
Alex sonrió, una sonrisa llena de misterio, de algo más profundo que ella no lograba comprender completamente.
Y, con esas palabras, se inclinó hacia ella una vez más, esta vez más cerca, más exigente, como si fuera inevitable y la besó.
El beso de Alex la consumió, envolviendo a Scarlett en una ola de emociones tan intensas que la desbordaban. Su corazón latía con fuerza, cada golpe resonando en su pecho mientras se dejaba llevar. Las manos de Alex la sostenían con una fuerza que hablaba de su necesidad, de su deseo de tenerla cerca, de no dejarla.
Scarlett intentó apartarse, pero era imposible. La sensación de sus labios sobre los suyos, la presión de su cuerpo contra el suyo, todo era tan ardiente, tan desesperado, que se sintió atrapada en una tormenta que no sabía cómo controlar.
El calor de su aliento, la firmeza de sus manos, y la forma en que Alex la poseía sin decir una palabra, la empujaron más allá de los límites de la razón. Él la abrazó con tal intensidad que casi la levantó del suelo, y Scarlett no pudo evitar entregarse por un momento. Sus manos encontraron su cuello, sus dedos acariciaron la piel cálida de su torso, como si buscara aferrarse a algo real, algo que la anclara en esa tormenta de sensaciones.
Pero antes de que pudieran perderse por completo, un sonido rompió la burbuja de calor y deseo que los envolvía. La puerta se abrió abruptamente, y Leslie apareció en el umbral, sus ojos abiertos de par en par al ver la escena. Scarlett se apartó de Alex al instante, como si el mundo entero se hubiera detenido de golpe. Su rostro estaba rojo, la respiración entrecortada, su cuerpo aun temblando por el beso, pero obligó a mantener la compostura.
Leslie, con una expresión de sorpresa y algo de incomodidad, se disculpó rápidamente.
—Oh, lo siento… no sabía… —dijo, su voz temblorosa, retrocediendo para darles espacio.