Estar juntos | JinNam O. S.

Sinopsis

A SeokJin no le gusta dormir solo.

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16+

Capítulo único

El cantar de las aves ya no se escucha, aquel sol que antes deslumbraba con su presencia dejó de mostrarse. Aquel increíble día donde las flores y los árboles danzaban se vino abajo, como si una nube negra trajera consigo la desgracia. Un terrible frío recorre su cuerpo. Es tan incómodo. Por más que intenta encogerse, no se va. Hacerse bolita no funciona, la ventisca fría recorre su espalda, no se va, permanece ahí. Tal vez se burla de él. Se remueve. Intenta rodar sobre el suelo. No sabe de dónde o cómo apareció el césped alto (demasiado distraído para notarlo), pero se enreda. Forcejea, pero no se libera. Las patadas que da intentando zafarse no provocan efecto alguno. Tampoco nota que estaba en medio de una colina disfrutando el, antes, maravilloso paisaje, pues cae debido al forcejeo. Es ahí donde despierta del tirón. Es tanto el susto de caer que, por automático, se sienta rápido en la cama. Observa el alrededor descifrando en dónde está. Está tan dormido que no sabe si no ve nada por la obscuridad o por tener los ojos hinchados por el sueño.

Intenta acomodarse para volver a dormir, pero el antes césped que lo hizo caer resultó ser la colcha con la que se cobija. Patalea en un intento de volver a dejarla cómoda, pero falla, está tan enredada cual lianas. Patea sin más, deshaciéndose de ella, dejándola a los pies de la cama. Frunce el ceño en señal de molestia, por tan arduo trabajo se le está yendo el sueño.

Cuando se vuelve a acostar y quiere abrazar aquella cosa tan cómoda, nota que no está. Palmea el lugar, no encuentra nada sólo el frío de ese lado de la cama. Ese frío tan helado que le dice que ya lleva tiempo durmiendo solo.

Ahora sí está enojado.

Abandona la cama. Apenas y nota que salió sin sus pantuflas de la habitación, es más su enojo que siente una pizca de frío en sus pies.

Con los ojos entrecerrados busca en dónde puede estar su fuente de calor. Descarta el baño que está frente de él rápidamente (se hubiera escuchado ruido y, aparte, la puerta está cerrada y no hay luz del foco que pase por las orillas de esta), sigue su camino. Son pocos los pasos que da para llegar a la sala. El televisor no está encendido, el control remoto está a como lo dejó cuando fue a dormir, no hay nada fuera de su lugar, todo está ordenado. No hay indicios. Dirige su vista a la cocina… ¡bingo!

No se escucha ruido, pero la bombilla está encendida. Su cuerpo es más rápido que sus pensamientos, cuando menos lo espera ya está en el marco de la cocina, viéndolo. Bueno, lo que puede. La bruma del sueño aún está en él y la luz, aunque cálida, le cala y le hace pestañear varias veces para acostumbrarse, le genera pocas lágrimas que se acumulan en la esquina de sus ojos. Cuando su vista logra adaptarse a la luminosidad es cuando lo ve, sentando en el pequeño comedor. Está frente a él. Parece congelado, atrapado como un niño que come dulces a escondidas.

Aún molesto (porque lo dejó abandonado en la cama), con el ceño fruncido y los labios abultados en señal de enfado, se acerca. Sus pasos son lentos, él aún no manda, es su cerebro quien primero acciona. El de tez acanelada lo observa acercarse. En sus pensamientos se ríe del aperlado, ¡parece un pato con ese puchero!, pero realmente se está cagando del miedo.

Están a centímetros del uno al otro. SeokJin ahuyenta el poco sueño que le queda tallándose los ojos.

—¿Qué haces aquí?— está molesto y la grave voz al recién despertar provocan mayor efecto al mostrar su disgusto.

—Comiendo, ¿qué no ves?— es cuando recién cae en cuenta el tazón con ¿cereales de miel con trozos de pepinillos? Okay…

NamJoon no se inmuta a sus palabras, las primeras veces temía a su forma de hablar tan ruda, con el tiempo se dio cuenta que sólo es así cuando su sueño es interrumpido y recién se levanta.

—¿Por qué a esta hora? Es de madrugada— quiere acercarse a él, sentarse en sus piernas, abrazarlo, que lo cargue, fundirse con él y volverse uno, pero no puede. Lo extraña de esa forma.

—Tu hijo tiene hambre, genio.

—Pues a la otra vas y comes en la puta habitación.

Es que en verdad no le gusta estar solo. SeokJin ama dormir al lado de NamJoon, despertar a su lado, comer a su lado y toda actividad que requiera contacto físico. No puede separarse de él. En el mundo animal, lo marcaría con su olor y lo mearía para marcar territorio, pero vivimos en una sociedad…

—Te quejas por levantarme a cada rato a hacer pis, ¿cómo quieres que coma allá si luego te andarás quejando? Y, aparte de eso, andarás enojado por despertarte y no tengo ganas de aguantar tus berrinches— es difícil hacer un bebé, NamJoon se siente cansado, apenas van cinco meses y faltan cuatro por terminar, creyó que lo difícil serían los cambios de humor, los vómitos o los mareos, pero sólo tiene antojos. Lo demás se lo llevó Jin y resultó ser peor, no sabe si lidia con su novio o su novio es una prueba para saber cómo lidiar con su bebito en camino. En verdad soportar a Jin es de las pruebas más difíciles que ha tenido. Y aguantarlo ahora que los cambios de humor los tiene él es aún más complicado. Y ahora tiene que soportar esto porque la ha cagado, y lo sabe porque la mirada del aperlado se vuelve brillosa, su ceño se relaja, ya no hay señal de molestía, pero sus labios exageran más su puchero. SeokJin está a nada de llorar.

—Sé que te dije eso, pero no es para que me lo recuerdes ahorita. Te pedí perdón después y prometí no volverme a quejar, ¡para que después salgas a echármelo en cara!— y las lágrimas fluyen por sus mejillas para juntarse por su mentón. —Sólo te estoy pidiendo que no me dejes solo.

Cuando la respiración se vuelve entrecortada, NamJoon se para de su lugar y lo abraza. No dice nada, Jin ocupa contacto físico, siempre ha sido así: cuando andaban saliendo, cuando formalizaron, cuando se casaron y, ahora que viven juntos, nunca cambió.

NamJoon se preguntó a sí mismo si sólo era con él o tuvo otras parejas en las que era igual. Fue cuando, por azares del destino, vio el mismo comportamiento con los padre del Kim mayor y con su pequeño grupo de amigos. "Sólo es así con las personas que les tiene confianza, NamJoon-ah. Eres el primer novio con el que se muestra así como es y me da gusto, ¿sabes? Mi Jinnie sufrió bastante con sus antiguas parejas" cuando el padre de Jin le dijo eso, NamJoon se sintió importante. Ser el primero, sentimentalmente hablando, fue como ganar el primer lugar en el concurso de conocimientos a nivel nacional. Fue como tener un promedio perfecto que nadie ha logrado superar. Así lo sentía. No lo tomaba como medalla para exhibir, era simbólico, porque fue tan importante que lo compara con eso.

Jin se acurruca en el cuello contrario, aspirando su aroma, mojando la pijama del moreno y dejándole mocos. Se calma con las suaves palmaditas que siente en su espalda y las caricias en un vaivén dejadas en su brazo. No quiere separase de NamJoon, no cuando tiene su olor tan cerca. Huele a… como a… No sabe describirlo, pero huele rico, a seguridad, a confort, a hogar. Se siente como un cachorro que se emociona cuando percibe el aroma de su dueño.

—¿Nos vamos a acostar? Realmente sabe asqueroso esa mierda, no sé cómo tu hijo me obliga a comer esto— su voz es calmada, tan suave que no rompe la tranquilidad que hay en ese abrazo. Jin asiente sin más, reuniendo fuerzas para separarse de él.

—¿Lo tirarás?— se refiere al plato una vez que rompe el contacto.

—Ni loco, no sabe a como me lo imaginé, pero le puedo agarrar gusto— camina pocos pasos para dar con el refrigerador, depositando el tazón con aquella aberración a la gastronomía. Se regresa en sí para ir con el aperlado.

Parece un cachorro abandonado con su mirada triste y aquel rastro de lágrimas espesas.

»Ven, vamos a acostarnos, ¿si?— las manos delicadas toman las suyas, todo es tan tranquilo. Eso siente cuando ve a NamJoon, cuando lo huele, cuando lo abraza. NamJoon es su hogar, su lugar seguro.

En un parpadeo ya están ambos en la cama viéndose de frente, no sabe en qué momento, tampoco le daría tantas vueltas, pero vuelve a estar junto a él lo más pegado le permite la casita de su hijo.

—Disculpa lo de hace rato, no era mi intención hablarte de ese modo. Realmente tenía hambre y, aunque al principio supo raro y feo, me terminó gustando lo que nuestro bebé me obligó comer. Por eso no quería comer en el cuarto, porque no sabía si lo iba a vomitar y no quería asustarte. Te amo, ¿está bien? Siempre te he amado, me gustaste desde que nos conocimos, me enamoraste y ahora estoy loco por ti, eso no va a cambiar nunca, ¿okay?— tan suave y tan calmada es la voz de NamJoon que se siente como caricias al alma. Un pequeño beso es depositado en la punta de su nariz.

No está llorando, pero lo mira con ojos tan brillosos que se podría reflejar la galaxia completa.

Lo mira absorto, admirando lo poco que puede ver las facciones del moreno.

—Nam— le llama, su voz es tan baja como un susurro, apenas se logra apreciar por el silencio del lugar. Un "mhm" es su contestación. —¿Puedo…? Tú sabes— y claro que lo sabe cuando siente la camisa del pijama ser jalada por SeokJin. —Por fis, prometo no morder.

—Jin, no. Te había dicho que sólo sería una vez y ya.

—Pero, Nam.

—No, Jin.

—Por fis.

—Amorcito, habías quedado con que sólo sería una vez, que no habría más. Hubieron más y me prometiste que ya no pedirías— intenta razonar con él de manera delicada, SeokJin es más de tacto que recibir órdenes frías.

—Sólo ésta vez, Namie, por fis— jala la playera varias veces, no tan fuerte, es más como una señal de lo que quiere y pide.

—Así me has dicho las anteriores veces, amorcito— acaricia los cabellos obscuros y lacios para calmar su ansiedad.

—¡Naaam, por fis!— pero es en vano, no funciona. Lo sabe cuando aquella vocecita se rompe y los jalones son más exigentes

Tal vez NamJoon tiene la sospecha de que Jin tenga alguna fijación oral o algo por el estilo, aún no lo investiga a fondo. Pero no es normal que, desde que empezaron a conocerse, SeokJin siempre ande con algo en la boca, si no eran paletas, eran chicles. Los dejó cuando empezó a preocuparse por su salud dental, no había nada que lo relajara, los bolígrafos pierden su forma fácilmente, los lápices saben raros. No había nada hasta que usó sus dedos, parecía niño pequeño cuando lo veía de esa forma: tan concentrado en morderlos y con la saliva filtrándose fuera de su boca. Dejó de hacerlo cuando NamJoon lo regañó por tener marquitas rojas (producto de las mordidas). En verdad que intentó dejar de llevarse cosas a la boca, pero le resultaba imposible. No sabe cómo pasó, cómo sucedió, pero de la nada estaba chupando el pezón de NamJoon. No estaban borrachos, no estaba en la bruma del sexo, no había nada de por medio. Eran ellos dos acostados mirando un programa cualquiera cuando Jin, más dormido que despierto, le levantó la camisa y llevó sus labios a la tetilla del acanelado. NamJoon brincó por el contacto y la rara sensación, intentó separarlo, más no lo logró, en cambio, recibió un gruñido como respuesta. Ese día, más tarde, SeokJin estaba muy avergonzado, sus orejas lo delataban, estuvo a nada de ponerse de rodillas e inclinarse. Prometió no volver a hacerlo. Vaya mentira. Cada que dormían juntos, Jin volvía a hacer de las suyas para tener en su boca aquel botoncito que ama succionar. De una vez pasó a dos veces, rara vez tres veces al día.

Siempre decía que sería la última vez, otra mentira más.

»Por favor— vuelve a pedir entre sollozos sin dejar de jalar.

NamJoon lo considera, odia verlo llorar y verlo tan ansioso por algo que puede ser remplazado, pero aún no encuentra con qué.

—Sólo está vez y ya, ¿entendido?— sabe que no lo será, sabe que va a pedirle más, mas lo deja pasar. Al menos ahora lo pide, no como antes que sólo alzaba la camisa y chupaba.

Como lombriz, SeokJin se remueve para quedar a la altura de aquella delicia. Su boca empieza a secretar saliva. Toma el pijama y no sabe a quién darle las gracias al ser de botones de fácil quitar. No desabrocha todos, sólo los necesarios para poder tener buena accesibilidad.

La poca iluminación no ayuda, pero confía en su instinto y su instinto le dice que se apegue al pecho del contrario y busque el pezón café que tanto ansía. Y eso hace. No le importa dejar un camino de baba, no cuando lo siente rozar sus labios.

Lo toma sin más, sus labios se cierran a él, su lengua se acomoda para succionar (no sale nada, pero eso es lo de menos) y toda esa ansiedad que recorría su cuerpo se esfuma cuando da la primera succión.

El calor que emana NamJoon, más su olor y las caricias que le deja en el cabello hacen que dé una respiración profunda, listo para dormir en cualquier momento.

—Empiezo a sospechar que te aprovechas al no poder negarte nada— alza la vista al verlo. Su mano viaja a la cara del moreno y le pica la mejilla repetidas veces.

Poco a poco entra en una burbuja de ensoñación, de esas que se rompen con cualquier cosa.

Y se rompe.

Alguien pequeño lo hizo.

Gruñe molesto. En algún momento la mano que picoteaba la cara de Nam, descansó en el cuello, lo supo cuando la dirigió para acariciar la casita del bebé.

—Creo que intenta darte las buenas noches, amorcito— la mano libre la dirige hacia su vientre para acariciarlo y apaciguar las patadas que duelen.

SeokJin suelta el pezón. Da un besito al hogar de su bebé, recuesta media rostro por si responde, más no hay respuesta. Antes de acomodarse vuelve a dejar otro beso y un pequeño "te amo” sale dirigido con tanto cariño hacia su primogénito.

—Buenas noches, bebé— toma el pezón abandonando y, en algún momento, sus manos se encuentran, se entrelazan, no queriendo separase. —Buenas noches, Namie.

—Buenas noches, amorcito— vuelve a acaricie la suave cabellera azabache del aperlado en lo que el sueño decide visitarlo.

Siente las succiones que SeokJin da, hay un ruido chicloso producto de la baba acumulada, no se asquea, está acostumbrado (como lo está cuando se despierta por las balas y ve el desataste de saliva que es el mentón de Jin y su tetilla). El agarre de las manos entrelazadas es débil, pero no se sueltan. Ama lo que ve, lo que siente, lo que escucha. Es lo que soñó cuando conoció a Jin, tener una familia con él. Se está cumpliendo, están con su primer hijo, ansiando tenerlo ya en brazos. Con esa felicidad que siente, Morfeo decide visitarlo.





Buenas noticias: NamJoon existe

Malas noticias: no puede quedar embarazado

¡Hola! No saben cuanto amo ver a Nam embarazado jajajaja, lo amo tantoooo:((

La verdad empiezo a dudar que termine las “historias” (si es que se le puede llamar así a los intentos de porquería escrita que tengo) porque apenas me libro de mis obligaciones y escribo nuevas cosas jajajaja.

¿Alguien realmente lee jinnam o escribe ese contenido? Es difícil encontrar historias. De hecho batallo en encontrar historias de los ships que me gustan. Soy todo terreno, leo btsxbts realmente jajajaja, lo que más me cuesta encontrar son Nammin (o minimoni) y jinnam, (¡mucho más difícil es encontrar un btsfem!) por eso decidí “escribir” (según yo vrd) jajajaja. Eso es todo.

Escrito y publicado: 30/11/25