Capitulo 1. Astre Noir

Canción del capítulo:Friends de V
Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas —Federico Garcia Lorca
Las calles adoquinadas de Le Marais en París, como era costumbre los sábados por la tarde, estaban repletas de visitantes que paseaban entre las galerías, cafés y boutiques bajo el frío invierno de aquel noviembre 2, mismas que usualmente eran un refugio del arte y diversidad.
Entre rincones vibrantes, se encontraba la conocida tienda de tatuajes Astre Noir, ubicada en la calle Rue de Temple. Su fachada roja destacaba entre los tonos neutros de las demás tiendas El letrero, minimalista pero elegante, tenía letras doradas sobre negro mate, un indicativo sutil de lo que ocurría en su interior: arte, intimidad y transformación.
El sonido constante y familiar de la máquina de tatuar llenaba el ambiente, acompañado por una vieja lista de reproducción de música pop y R&B. Julian se encontraba sumergido en su rutina diaria, enfocado en cada línea y sombra que trazaba en la piel de su cliente.
Meticuloso era una palabra que lo definía, pero también distante, era un hombre atrapado en una rutina que le permitía refugiarse del dolor que aún cargaba en su interior.
No le gustaban las distracciones, pero las había aceptado como parte del trabajo. A pesar del bullicio en la tienda, mantenía su concentración en lo que hacía. Desde su estación de trabajo podía oír la risa ocasional de la recepcionista o los chillidos de algún cliente que no soportaba la incomodidad de una aguja en la piel.
Ese día, Luca caminaba sin prisa por los rincones de Marais, con las manos hundidas en los bolsillos de su hoodie manchado de pintura. Movía su cabeza de lado a lado, al ritmo de la melodía de “La Vie en Rose”, la melodía lo envolvía mientras sus pasos lo llevaban hacia Astre Noir.
«Qu’il me parle tout bas, Je vois la vie en rose», cantó en un susurro, antes de detenerse frente a los grandes ventanales de la tienda de tatuaje que le fue recomendado por su amigo Alex, quien ha estado a su lado Desde la facultad de Bellas Artes.
Luca y Alex tienen una química natural desde el primer día que se conocieron. Ambos son creativos, caóticos, expresivos y con un sentido del humor un poco raro. Viven la vida con la misma intensidad y despreocupación. Aunque sus físicos son completamente distintos, Alex es más alto y robusto que él.
Su amigo tiene una fascinación por los tatuajes, razón por la que tiene tantos. Así que después de una llamada a la dos de la mañana, de él lloriqueando porque no lograba siquiera bocetar algo que se pudiera apreciar en una galería y debido a que ambos compartían una conexión artística inigualable, Alex le dio varias sugerencias y en ese instante estaba frente a su última opción, una tienda de tatuajes.
Al llegar, se detuvo frente al escaparate. Observó el interior con curiosidad, notando cómo los tatuajes colgados en las paredes parecían más obras de arte que simples diseños. Desde allí pudo apreciar que no estaba tan vacío como esperaba.
La campanilla sobre la puerta tintineó al entrar, pero solo captó la atención de la recepcionista, una joven pelirroja de sonrisa amplia y tatuajes que cubrían sus brazos. Luca le dedicó una sonrisa tímida mientras se acercaba lentamente.
—Hola, soy Luca, tengo una cita con Julian —expresó mientras sus ojos vagaban por los dibujos colgados de las paredes rusticas.
La recepcionista asintió con amabilidad y señaló un sillón en el área de espera frente a ella, pero él se mantuvo de pie cerca. Con actitud tranquila, ella buscó en su ordenador. No era su primera vez en una tienda de tatuaje, pero aquello le pareció tan organizado como ir al consultorio médico.
—Disculpa, no hay una cita registrada para el día de hoy, ¿con quién hiciste la cita?
Luca se quitó los auriculares, dejándolos descansar en su cuello, para prestarle mejor atención a lo que ella le decía.
—Bueno, un amigo habló con él —señaló tratando de acomodar la maraña de su cabello.
—Debió haberse olvidado de avisarme —murmuró casi para sí misma—. Puedes tomar asiento donde gustes mientras... ¡Julian!
Julian cruzó la puerta de su estudio a pasos tranquilos, acostumbrado a mantener un semblante tranquilo frente al bullicio de la tienda. Al escuchar a Jessica llamarlo, levantó la mirada, encontrándose primero con su sonrisa luminosa y luego con el chico que esperaba frente al mostrador.
Luca sin darse cuenta, contuvo el aliento al notar la presencia de Julian. Un hombre alto de complexión fuerte que contrastaban casi a la perfección con la delicadeza de los tatuajes que cubrían sus brazos, un mosaico de colores y líneas que se extendían hasta quedar escondidos debajo de la camiseta negra que se ceñía a su cuerpo. Pero lo que atrapó a Luca fue su mirada de un azul grisáceo que sostenían cierta melancolía y mesura. Eran fríos en apariencia, pero con una profundidad innegable.
Julian observó al chico con cierta curiosidad. No era raro que llegaran clientes peculiares, pero él tenía algo distinto. Su aspecto era ligeramente desaliñado y las manchas de pintura en su camiseta dejaba en evidencia que estaba frente a un alma creativa, caótica quizás.
Por un instante, Julian se sintió como si estuviera frente a un lienzo humano, un boceto aún por completar.
—Entonces, ¿qué sucede? —cuestionó Julian quitándose los guantes negros que cubrían sus manos.
—El chico dice que tiene cita contigo, pero no está registrado —replicó la recepcionista.
—Soy Luca, creo que un amigo en común, Alex, te mencionó que vendría.
—Ah, sí. Alex me habló de ti —expresó Julian en un tono de voz profundo, no era hostil, solo distante—. Olvidé registrarlo, tampoco pensé que no vendrías ya que tu amigo dijo que probablemente encontrabas a otro tatuador.
—Ese estúpido —susurró Luca para sí mismo—. Bueno, sí tengo que volver otro día, puedo hacerlo.
Luca no pudo evitar que su voz saliera más baja de lo habitual. La mirada de Julian lo hacía sentirse expuesto y pequeño. Si, era mucho más alto que el, pero no era lo único que lo hacía sentir de esa manera, sino toda su aura en general, dominante.
—No es necesario, puedo atenderte —declaró—. Eres el ultimo, puedes tomar asiento, hay un catálogo de dibujos por si quieres ver, revistas y café. Está prohibido comer y fumar.
Estuvo a punto de responder cuando el chico se dio la vuelta y volvió al estudio del que había salido, cerrando la puerta a su paso, dejándolo solo en medio de los cinco clientes que había delante de él.
Luca miro que la hora en el reloj de pared marcaban las cuatro de la tarde, lo que quería decir que el tiempo de espera seria largo. Agradeció haber llevado su libreta para dibujar, porque de no ser así se aburriría de hacer cola.
Aunque Julian todavía no lo sabía, él estaba allí con un propósito que no era precisamente obtener un tatuaje. No es alguien fanático de ellos, apenas tenía un muy pequeño en su muñeca, muy poco visible, pero le fascinaban descubrir como otros interpretaban el arte y se sumergían en esta a su manera.
Se sentó en uno de los sillones de cuero negro cerca da la puerta de la estación de trabajo del tatuador, porque sabía que no iba a poder quedarse mucho tiempo en aquella sala de espera sin hacer nada más que ver videos en su teléfono o buscar referencias para dibujar.
Observó a su alrededor, admirando los dibujos y fotografías a blanco y negro que colgaban de las paredes. Se sorprendió que la mayoría en espera de su turno, eran mujeres, y solo dos hombres eran parte de los clientes de la tienda. Todos hablaban entre ellos y bromeaban, como si ya se conociera, mientras que él estaba allí, con su hoodie manchado de pintura por el cuadro que dejo a medias antes de tomar la decisión de buscar la inspiración que no tenía, en un tatuador que, según Alex, era de uno de los mejores de la zona.
Luca levantó la mirada cuando se abrió la puerta mucho antes de lo que esperaba que sucediera.
—¡Que pase el siguiente! —vociferó desde el interior del estudio y él se puso de pie dubitativo, ganándose la mirada amenazante de la mujer que se paró junto a él. Guardó el móvil en su bolsillo y se acercó al umbral de la puerta antes de que esta fuera cerrada.
—Disculpa, Julian —dijo desde la puerta, viendo como la mujer se sentaba en la camilla antes de que siquiera le dieran la indicación de hacerlo, lo que le dejó claro que no era su primera vez allí.
El tatuador no dijo nada, solo asintió con la cabeza y esperó a que Luca dijera algo.
—¿Puedo quedarme aquí mientras espero? Traje mi libreta para dibujar y...—preguntó Luca, señalando con una mano al grupo de personas que murmuraban en la pequeña sala de espera.
Julian alzó una ceja, aún concentrado en la máquina de tatuajes que ajustaba antes de iniciar.
—¿Hay alguna razón para que quieras quedarte aquí? —preguntó sin siquiera mirar en su dirección.
—Es más tranquilo que allá —respondió con una expresión relajada, señalando a las demás personas en espera—. Pero si es un momento muy privado con tus clientes, puedo esperar afuera.
—No, creo que no habrá problema hasta que alguien quiera tatuarse en partes íntimas, ya sabes...
Luca soltó una risa suave por la respuesta.
—Ivette, ¿hay algún problema con que Lucas se quedé aquí?
—¿A ti te molesta? —cuestionó la chica, dedicándole una mirada coqueta que Luca no pasó por el alto. En ese instante que ella se mordido el labio, viendo a Julian mezclar colores, quiso retractarse y volver a la sala de espera.
—De hecho, es Luca, sin la S —interrumpió antes de que Julian decidiera coquetearle de vuelta.
—Yo estoy aquí para complacer los deseos de mis clientes —consideró al colocarse nuevos guantes negros—. Y Luca sin S, ella decide.
—Me da igual si se queda o no. No me importa que otro hombre me vea los pezones.
Luca se sorprendió tras escuchar la confesión de la chica que empezaba a levantarse la camiseta sin apartar su mirada de Julian. Definitivamente le estaba coqueteando o ellos ya tenian algo.
—¡Genial! —exclamó, sintiéndose en la libertad de sentarse en el sillón de cuero para una sola persona que se encontraba en la esquina de frente a la camilla.
—La puerta.
La voz fría de Julian hizo que se pusiera de pie de inmediato y cerrara la puerta del pequeño estudio. Un espacio impecablemente organizado, con todos sus utensilios perfectamente alineados.
Luca abrió su libreta de dibujos, pasando por el desastroso último dibujo que realizó en esta. Tomó el lápiz y en el instante que escuchó la máquina de tatuajes quiso levantar la mirada, pero sabía que la chica estaba desnuda del torso hacia arriba y lo último que quería es que ella pensara que estaba dibujándola o algo parecido.
Se removió algo incomodo en su lugar cuando la conversación entre ellos se volvió bastante atrevida, más por parte de Ivette, que no había dejado de coquetear con Julian desde que entró al estudio, mientras que este se limitaba a responder con monosílabos o frases muy cortas. De vez en cuando escuchaba jadeaos por parte de la chica, no fue su mejor idea pedir permiso para estar allí en ese preciso momento.
—No finjas tanto, Ivette —expresó Julian mientras pasaba la maquina alrededor de las aureolas de la chica que se mordía el labio—. Has soportado dolores más grandes.
—Si, definitivamente parir a un humano es mucho más doloroso que esto, pero no finjo dolor es que es un punto erógeno y tener tu rostro tan cerca resulta ser mucho más morboso, amor mío —señaló.
Luca trago en seco y no se atrevió en ningún momento a levantar la mirada. Era suficiente con lo que podía apreciar por el rabillo de sus ojos. A pesar de toda esa escena tan extraña, aun prefería estará allí dentro, que afuera con todo aquel bullicio.
—No te excites mucho, porque no va a pasar nada entre nosotros, ¿lo sabes no?
—Lamentablemente estoy más que consciente que te gusta lo mismo que a mí.
—Lamentable para ti —susurró Julian en respuesta—. Hemos terminado.
Luca sonrió de lado al escuchar la respuesta. No esperaba que al entrar al estudio mientras tatuaban a alguien más se enteraría de que había posibilidades de que el tatuador jugara para su misma cancha, y pensó que quizás no debería saberlo, ya que la primera impresión que le dio Julian parecía ser alguien reservado, podría estar equivocado o no, pero no parecía ser alguien que andaba diciendo algo como eso por ahí.
Todo apuntaba a que estaba en la escena del crimen. En el lugar correcto, en el momento incorrecto. Lo que sorprendentemente no le disgustaba del todo, de hecho, apreciaba ese tipo de experiencias en su vida.
Julian observó a Luca de reojo desde su silla giratoria mientras tatuaba a los clientes anteriores a su turno. Después de que Ivette se fue, su cliente frecuente que ha puesto a prueba su capacidad de paciencia en más de una ocasión, el chico parecía estar sumido en su propio mundo, con la libreta abierta sobre sus piernas y los ojos brillando de concentración mientras hacía garabatos.
Al cambiar de máquina para el siguiente tatuaje, Julian no pudo evitar lanzar una mirada furtiva hacia Luca, que seguía dibujando, absorto de todo lo que pasaba a su alrededor.
De repente, Luca alzó la vista, notando la cercanía de Julian y como este mantenía una mirada curiosa sobre su libreta, lo que hizo que levantara su dibujo con orgullo y se lo mostrara con una sonrisa de oreja a oreja al chico que seguía a pocos pasos de donde él estaba sentado, limpiando tranquilamente una de las máquinas de tatuaje.
Fue en ese momento que se dio cuenta de que no había nadie en la camilla y que todo lo que se escuchaba en el exterior era la música de fondo y risas femeninas discretas.
—¿Has estado todo este tiempo dibujando una flor gigante? —preguntó Julian bajando la mirada a la maquina en sus manos.
—Sí, es bonita, ¿no? —respondió Luca con seguridad, como si se tratara de una obra maestra.
Julian se rio bajito mientras levantaba su mirada y fijaba sus ojos azules en el dibujo que le mostraba con orgullo. Luca se perdió en el movimiento ágil de sus manos tatuadas que aun limpiaba la máquina, luego se perdió en la forma de su sonrisa leve que dejaba ver un pequeño hoyuelo en la esquina de su labio superior.
Observó aquella sonrisa con interés, notando lo poco que parecía salir de su boca durante las conversaciones con sus clientes. Desde que lo vio, pensó que Julian parecía ser un hombre frío, directo y sin espacio para bromas, así que su risita ronca a causa de su dibujo le pareció rara, pero autentica.
—No te rías —le pidió Luca levantando las manos en señal de defensa, aunque sin perder su tono juguetón.
—Primero porque vine aquí buscando inspiración, soy un artista que tiene más de seis meses sin crear algo digno de ser visto, como esta flor. Aunque lo simple también tiene su encanto... pero ese es un tema para otra ocasión. —explicó haciendo ademán con las manos—. Segundo, no es solo una flor, es la flor muguet, es el símbolo de la felicidad reencontrada, la usamos para dar buena suerte.
Julian lo miró desde su silla, tratando de disimular la sonrisa que se formaba en sus labios. La idea de que Luca pudiera ver algo más allá de la simple flor, le intrigaba.
—¿Siempre hablas tanto? —preguntó, ya sin poder ocultar el atisbo de sonrisa en su rostro.
—Sí, todo el tiempo —respondió Luca con sinceridad, bajando la mirada a su dibujo—. Más aún cuando se trata de arte.
—Ya es tu turno —expresó Julian—. Sube a la camilla y dime dónde quieres el tatuaje y que diseño te harás, si trajiste uno puedes mostrarme y lo diseñaré rápidamente.
Luca se levantó de su lugar dejando la libreta sobre el sillón. Se sentó en la camilla pensando muy bien en cuál sería su respuesta.
—No me gustaron los diseños del catálogo de afuera, me gustaría ver los tuyos —declaró Luca quitándose los auriculares que aun mantenía sobre sobre sus hombros.
Aquella respuesta captó la atención de Julian. Sus clientes rara vez elegían algo de su portafolio. La mayoría traía ideas propias o imágenes de referencia genéricas. Que alguien quisiera tatuarse algo salido de su mente, era extraño, hace mucho tiempo que nadie se tatuaba algo diseñado completamente por él.
A su mente llegaron aquellos comentarios hirientes, críticas de clientes y conocidos: “Demasiado simple”, “Nada especial”, “¿Eso es todo lo que puedes hacer?“, que lo llevaron a no mostrar sus dibujos a menos que alguien lo pidiera, exactamente como lo estaba haciendo Luca.
Su mandíbula se tensó y sus ojos mostraron una expresión oscura, casi sin darse cuenta.
Julian tomó su portafolio de diseños de la pequeña mesita con gavetas junto a la camilla y se la extendió a Luca, quien hojeo sin prisa, asintiendo con su cabeza en un silencio que empezaba a intranquilizar al tatuador que esperaba que el eligiera alguno de sus diseños.
—¿No ves nada interesante? —cuestionó tratando de no darle mucha importancia a lo mucho que se tardaba en elegir.
—No, al contrario, no sé cuál de todos me gusta más.
—¿Pero ya sabes donde lo quieres?
—Oh claro que sí, lo tengo decidido desde antes de venir aquí.
—Bien —masculló Julian mordiéndose el labio con nerviosismo mientras Luca continuaba pasando las hojas.
Finalmente, los largos dedos de Luca se detuvieron en una página donde un diseño captó su atención. Aunque en una primera instancia no fue con la intención de obtener un tatuaje, sino más bien de conocer al famoso Julian al que su amigo tanto halagaba por su arte y forma meticulosa de tatuar. Debía mantener su fachada de que su motivo si era tatuarse, lo que no esperaba era encontrar un diseño como el que tenía frene a sus ojos.
Él no es una persona que le guste llevar tinta en su cuerpo, por lo que no es de hacerse tatuajes por impulso y si va a hacerse algo más allá de lo meramente estético, debe tener significado especial para él y podía ver eso en el diseño de Julian que llamó toda su atención hasta dejarlo fascinado.
—Este. Tiene algo... no sé, como si contara una historia sin necesidad de palabras.
Julian no respondió de inmediato, algo en la espontaneidad de Luca lo descolocaba, lo empujaba fuera de su zona de confort, hasta que finalmente, carraspeó, volviendo a fijar la mirada en su trabajo.
—Es solo un dibujo, no tiene historia.
Luca alzó una ceja, pero no discutió, solo sonrió de lado y se acomodó en su lugar.
—Tal vez no la tenga para ti, pero yo puedo verla —señaló Luca—. El significado que yo puedo darle, es que representa la libertad creativa, un espíritu ligero y despreocupado.
El diseño presenta una pequeña pluma de ave estilizada, diseñada con un estilo minimalista y delicado. La pluma está dibujada con líneas finas y limpias, sin sombras pesadas, lo que le daba una sensación ligera y elegante. Los detalles en las fibras de la pluma son mínimos, con suaves curvas que le aportan un toque más orgánico y natural.
El tallo de la pluma se extiende hacia abajo y al llegar al extremo, se transforma en un trazo continuo y fluido que se curva suavemente antes de convertirse en una diminuta constelación de la Osa Menor.
La constelación está formada por pequeñas estrellas, representadas como puntos brillantes de diferentes tamaños, conectados por líneas finas que respetan el estilo minimalista del dibujo.
—Muy bien, ¿dónde lo quieres? —preguntó Julian tomando el diseño de las manos de Luca con cuidado
—En mi nalga derecha.
La expresión de Julian fue de total sorpresa cuando pronunció aquellas palabras, lo que causó que Luca se echara a reír por como los ojos del tatuador se abrieron de golpe, por como este volvió a su postura habitual, supo que ni siquiera él mismo pensaba reaccionar de esa manera.
—Tranquilo, solo bromeo —le aseguró Luca aun sonriente—. Primero te invitaré un café y un croissant.
—No pensé que fueras de esos, señor pintor —susurró más para sí mismo que para el mismo Luca.
La actitud tan relajada de Luca le hacía sentir un poco raro, especialmente luego de que este le haya insinuado que estaba dispuesto a invitarle una café, como si de alguna manera le estuviera dejando saber que podría tener algún tipo de interés en el o probablemente solo estaba haciéndose ideas en la cabeza.
De todos modos, se mantuvo profesional y no dijo nada más que le permitiera a Luca acercarse a él de esa manera. Estaba casi seguro que solo le haría el tatuaje y no volvería a verlo, por el pequeño tatuaje en el antebrazo de su cliente supuso que no era alguien amante de los estos como lo era su amigo Alex.
—En la cadera derecha, así de pequeño como está en el dibujo.
—¿No quieres modificarle algo?
—Así está perfecto.
—Levántate un poco la camiseta.
—Creo que si la quito sería más cómodo para ambos —consideró Luca quitándose el hoodie manchado de pintura y la camiseta negra que llevaba debajo, colocándolo en la parte superior de la camilla, para usarlo de almohada.
—Como gustes.
Luca optó por quedarse tranquilo en su lugar, mientras dejaba que Julian hiciera lo suyo. Estaba nervioso desde el momento en el que colocó el dibujo sobre su piel antes de empezar a tatuar con tinta negra.
Apretó sus ojos durante el proceso por la incomodidad de sentir la aguja pinchando una y otra vez en su piel, la tinta en aquella zona de manera permanente. Solo los abrió para apreciar la concentración y agilidad con la que Julian trazaba las líneas más complejas.
Luca bajó su mirada y se encontró con él movimiento casi hipnótico de las manos de Julian. No fue la aguja lo que llamó su atención, sino la manera en la que deslizaba su pulgar para estirar, fijar o estabilizar la piel antes del trazo, con precisión y seguridad. Estaba casi seguro de que lo hacía por costumbre, no porque fuera él, pero aun así sentía calor donde lo tocaba, para un artista visual como él, aquello era simplemente... electrizante.
No es un gesto sensual por intención, pero si por la proximidad física y la precisión con que lo hace.
Julian detuvo la aguja por breves instantes y apoyó suavemente el dorso de sus dedos sobre la piel para sentir la temperatura. Él suele hacer aquello para sentir la temperatura, para asegurarse de que la zona no esté demasiado tensa, si él cliente está nervioso o dolorido, pero también para mantener el control sobre lo que hace.
El ambiente se aligeró cuando empezaron a hablar más relajadamente, aunque más bien, era Luca poniéndole conversación a Julian, quien solo se limitaba a responder con frases muy cortas que no era suficiente para seguir hablando, pero el pintor encontró la forma de mantenerlo hablando mientras lo tatuaba.
—¿Sabes? No vine aquí por un tatuaje —admitió Luca.
Ese era su momento de confesar sus verdadera razón de estar allí.
—¿Y qué es lo que haces entonces? —preguntó casi en un tono burlón.
—Quiero pintar.
—¿Pintar? No entiendo nada.
Luca asintió comprensivo a pesar de que el pelinegro no tenía la mirada puesta en él.
—He estado buscando inspiración para mi próximo proyecto y como Alex no dejaba de hablar de tus diseños y lo único que son, pensé que podría encontrar lo que buscaba en alguien que veía el arte de manera distinta a la mía —explicó Luca—. Quiero retratarte mientras trabajas.
El tono de Luca era tan despreocupado, como si no estuviera pidiendo permiso, sino únicamente ofreciendo una posibilidad y aquello derribó cualquier objeción que Julian podría haber tenido.
Se quedó en silencio por un instante, aun sorprendido por la solicitud y no supo qué decir. Observó a Luca con recelo, evaluando sus intenciones y preguntándose quién demonios entraba a un estudio de tatuajes buscando algo así.
—No lo sé... No suelo dejar que me dibujen. —Su tono fue más frío de lo que pretendía que fuera, pero no lo pudo contener cuando la propuesta de Luca fue algo que nunca le habían ofrecido, era nuevo para él e imaginarlo no le resultaba del todo cómodo.
Que él haya dejado que Luca estuviera presente mientras tatuaba a otras personas fue algo de una vez. Sin embargo, Luca no se desanimó, mantuvo su sonrisa confiada y observó a Julian desde su lugar.
—No te preocupes, no seré una molestia. Solo quiero capturar el momento —afirmó Luca.
Julian lo miró de reojo, notando en la mirada de Luca una espontaneidad que hizo que lo reconsiderara. Se dijo a sí mismo que solo era un artista buscando inspiración en alguien que compartía el amor por el arte desde otra perspectiva.
«Una vez termine su pintura y encuentre la inspiración que necesita, se irá», es lo que pensó Julian mientras dibujaba sobre la piel de Luca.
—No seré una distracción, lo prometo —repitió Luca al notar que el tatuador no le daba una respuesta, más bien parecía estar sumido en sus propios pensamientos.
Después de un momento de duda, Julian suspiró antes de darle una repuesta definitiva.
—Está bien. Pero que no se convierta en un espectáculo —indicó terminado el último trazo del tatuaje.
Luca sonrió ampliamente, como si hubiera ganado una pequeña batalla
—No lo será. Solo arte —les aseguró sonriente.
—Está listo. Puedes verlo mejor en el espejo —declaró Julian dándose la vuelta.
Aun con una sonrisa de oreja a oreja por haber logrado lo que quería, Luca se detuvo frente al espejo de cuerpo completo y se sorprendió al ver el tatuaje en su cadera, se veía mucho mejor de lo que esperaba, tenía el tamaño perfecto para ser discreto y no se perdieron ninguno de los detalles, especialmente los de las estrellas más pequeñas.
Es hermoso, Julian de veras hizo que el tatuaje se viera así de bien en su cadera.
—¿No te gustó? —preguntó Julian ahora de pie junto a Luca, quien ladeó su cabeza hacía él, mirándolo con sorpresa en sus ojos.
—¿Bromeas? Me encanta, es perfecto —afirmó volviendo su mirada el espejo.
Julian asintió y se fue de su lado antes de que este se diera cuenta. Luca lo vio organizar y limpiar sus cosas, una vez más.
—Me alegra —comentó aun dándole la espalda—. Otra cosa, vendrás a la tienda para hacer... lo que sea que tengas que hacer para inspirarte.
—¡Si! —expresó con una emoción que no se tomó la molestia en ocultar—. Voy a retratarte, primero haré el boceto a lápiz para capturar los detalles y luego pintaré en acuarelas. Puede ser como tú quieras, aquí o en otro lugar, siempre y cuando estés dibujando o solo en lo tuyo.
—Si, prefiero que vengas, en esta semana estaré muy ocupado, así que no podré salir mucho —señaló—. Además, aquí estoy en mi esencia y es lo que quieres dibujar ¿no?
—Exactamente —declaró Luca sonriente mientras se colocaba su camiseta y hoodie.
Julian solo asistió sin levantar su mirada y volvió a hacerlo cuando Luca se despidió dándole las gracias por el tatuaje y por permitirle retratarlo mientras dibuja o tatúa.
En el instante que Luca salió de la tienda, lo primero que hizo fue reconsiderar la propuesta de Luca, pero ya no había vuelta atrás, el accedió a ser retratado por un artista de acuarela que buscaba inspiración, ¿acaso él era inspirador?
No se consideraba alguien tan interesante como para ser retratado, pero en el fondo se sentía bien saber que lo era para Luca sin S, el pintor de acuarelas que fue hasta su tienda para hacerse un tatuaje diseñado por él y pedirle que fuera su modelo de arte.
Era algo tan absurdo como maravilloso. Le asustaba a que los podría llevar, pero también le causaba cierta curiosidad porque lo había elegido a él para ser su “inspiración”.
Mis solecitos hermosos, hasta aquí el priemr capítulo, espero que les haya gustado mucho y que se queden a ver el final de Luca y Julian.
Cuéntenme que les pareció, ¿que esperan leer en los próximos capítulos?, ¿será que Luca termina su dibujo y desaparece o escsleta a mayores? Los leo
Adelanto del próximo capítulo: “No era desinterés, era su manera de protegerse, de no dejar que nadie se acercara más de lo estrictamente necesario”








