✩.• Just feels •.✩ 「One-Shot's Sanscest」

Sinopsis

Algo chill, no voy a extenderme en la descripción, solo serán cositas que se me vayan ocurriendo que no pude meter en las historias que tengo, al menos para que las ideas no se desperdicien.

Estado:
En proceso
Capítulos:
14
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

✩•.Calidez.•✩

• LustSwap

⚠️ Alusión al abuso sex. ⚠️


Corrimos a casa de sus padres en una noche tormentosa.

Sujeté su manó con fuerza durante todo el camino, era tan tibia, yo sentía mis huesos doler por el clima, pues apenas podía generar calor propio, y cómo hacerlo, si la lluvia nos cubrió con fuerza, no nos dio un respiro para poder cubrirnos de ésta.

Lo miré de reojo un par de veces, una sonrisa, casi frenética se posó en su rostro, las gotas gruesas de lluvia corrían por sus mejillas, y reía, amaba cuando lo hacía, pues con voz armoniosa iluminaba mi noche oscura.

A mi, por otra parte, la confusión me invadió por breves segundos, sin embargo, a pesar de compartir su alegría y euforia, aún sentía que el mundo se me iba de las manos.

Finalmente, cuando las casas residenciales nos rodearon, supe que por fin habíamos llegado a nuestro destino. No era la primera vez que él me invitaba a su hogar, siempre a escondidas de su padre y hermano. Muchas veces solo platicábamos, él era tan interesante, siempre tenía algo nuevo que decir.

Pero ésta noche, algo en ésta noche se sentía tan distinto. Quizás fue su mirada, quizás fue su tono al hablar, o sus delgados y suaves dedos que llegaron a acariciar mi rostro, supe que no habría más plática de por medio entre nosotros.

Tras abrir la puerta y silenciosamente entrar a casa, él me miró de nuevo con esa mueca, que a mis ojos, podía entenderla, y a su vez no. Sus ojos azules se clavaron en los míos, algo que me avergonzaba, esa atención siempre era desconocida para mi, muchos ni siquiera me dedicaban una mirada, solo hacían lo propio y se iban, me arrancaban una parte de mi, parte que no habría de ser recuperada con nada.

Con una sonrisa más tranquila en el rostro, se acercó tímidamente a mi, no retrocedí, sabía que esa caminata, viniendo de él, no era un peligro, sino un regalo. Mordió su labio, ahora estaba tan cerca, sentía su respiración frente a mi, y sabía lo que él planeaba, pues con picardía, por fin acortó la cercanía entre nosotros.

Sus sedosos labios me atraparon y envolvieron en segundos, un roce sin igual, un roce tan lento y agradable que me llenó por completo.

En mi interior, un nerviosismo se hizo presente, me quemaba las entrañas, ahora, siendo ésta la primera vez que nos besábamos, temía cometer un error que cortara con éste momento. Ciertamente fue ese miedo el que me paralizó, quería hacer algo, más allá de corresponder, deseé ser yo quien llevara las riendas de la situación, ser quien cumpliera sus caprichos, no al revés, sin embargo, con tanto pavor a mover siquiera un musculo, él tomó la iniciativa.

Lo que llegaron a ser besos entrecortados, un acercamiento tímido en realidad, terminó por sentirse más entusiasta, apenas pasar sus manos por detrás de mi cabeza jalándome al momento.

Sentí su boca rítmicamente llevarse bien con la mía, sus besos me embriagaban.

En ese instante, aún me encontraba un poco fuera de sí. Esa noche, me encontró en el mismo bar de siempre, entregándome como carne fresca, esperando a alguien que pudiera pagar bien por ello, para dejarme degustar, y finalmente ser escupido como un mal bocado. Pero él, apenas chocar sus ojos con los míos, poco podía recordar.

Perdido en mi mente, y en la pronunciada textura de su piel, que él me separó de si, solo para darle espacio a un par de palabras.

—Sígueme, vamos a mi habitación.

Dijo él entre susurros, yo me dejé llevar, siempre lo seguiría a pesar de conducirnos a la propia muerte.

Luego de subir las escaleras, y encerrarnos en su alcoba, pude sentir el claro cambio de temperatura. El lugar era más cálido, quizás era por lo pequeño del cuarto, también admiré el panorama apenas había una pequeña ventana cerrada, el lugar estaba muy vacío, y aún podían verse las paredes blancas brillar por lo poco de luz lunar que entraba por las persianas. Pero poco importaba todo eso, lo único que realmente quería mirar era la belleza de ojos turquesas que posaba frente a mi.

Con un poco de adrenalina subiendo por mis hombros, me atreví a ser el que continuara con la sesión de roces que anteriormente teníamos, así que, sin dudarlo, porque podría arrepentirme, me aproximé, y le robé aquel beso desesperado y necesitado.

Con el corazón palpitando con fuerza, sus manos clavándose en mi con impaciencia, o su olor ahogándome, apenas había notado cuando caí en la cómoda cama.

Me removí un poco, las sabanas me sofocaron al momento, la ropa pesaba más que nada, y la humedad de ésta me hacía hervir la piel.

—Muero de calor, necesito desnudarme.

Dije con voz queda y entrecortada, él rio, y tras eso, mientras quitaba mis prendas, él copiaba mis actos.

Ahora podía verlo, su piel expuesta, siendo parcialmente cubierta por el la luz de la luna, brillando por lo mojada que aún estaba, sus marcas y cicatrices contrastaban con la suavidad de su carne, un cuerpo envidiable.

Cuando no hubo rastro de ropa, comencé las comparaciones, su tez se diferenciaba por mucho a la mía, mientras que su ser se cubría de un color melocotón, casi rosado, que lo hacía ver tan vivo, la mía era pálida cual nieve, casi como signo de enfermedad, me sentí intimidado ante su belleza. Sin embargo, había algo que compartíamos, y era el mapa de recuerdos marcados sobre la carne.

Yo sabía su historia, él la mía, a ambos, desde pequeños se nos arrancó algo imposible de reemplazar, la pureza. Pero, mientras que Blue se reprimió y refugió en los fugaces momentos donde fue feliz, sin poder avanzar, sin poder olvidar, yo busqué hacerlos, sin imaginar que aquello que encontré, no llenaba mi vacío interno, o borraban el calor de las manos que me tocaron.

Aún de pie, al filo de la cama, me dediqué sin descanso a consentir dichas marcas, acaricié las de su pecho, besé las de su cuello, y me contuve con las de sus piernas, mencionar el tema era difícil, aún para mi, que me enfrentaba al recuerdo diariamente.

Él se escuchaba contento, pero para cuando menos cuenta me di, yacía postrado de rodillas, como si planeara venerarlo, endiosarlo, pedirle que fuera mi todo, y yo sería su faltante como intercambio.

—No te quedes ahí, te necesito a mi lado.

Dijo, y yo le seguí.

Terminamos recostados, uno frente al otro, mirándonos como si no existiera nada a nuestro alrededor, sintiéndose tan intimo. Una sonrisa nuevamente se formó en su boca, y parecía resplandecer junto a sus ojos llorosos. No quería ser yo quien causara su llanto, aun si éste no fuera por la tristeza del recuerdo, pues si miraba una lagrima bajar por sus mejillas, era probable que yo llorara a la par.

Él tomó mis manos, y llevó sus labios hacia mis muy marcadas muñecas, me estremecí por el contacto tan suave, contrastaba con el dolor y frialdad de aquel metal cortándome.

Ahora entendí sus sentimientos, entendí por qué estaba a nada de llorar, jamás me había sentido tan amado antes, él no me rechazó por mi tan mancillado cuerpo como otros sí lo habían hecho.

Creí que estábamos destinados a estar el uno con el otro.

Un par de almas rotas, de cuerpos marcados por el “pecado”, mentes quebradas, pero con la necesidad de sentirse querido.

Luego de minutos de entero silencio, donde él se entretuvo con mis manos, que ahora temblaban por el sentimiento albergado en mi pecho, paró, pasó las propias por mis mejillas buscando reconfortarme, yo me aferré a ellas, y pude besarlo de nuevo.

Estúpidamente sonreí, pues lo amaba.

Amaba a Blue desde el día en que lo conocí, desde que me enteré de su historia, y como era tan similar a la mía, desde la primera vez que él se mostró vulnerable, y justo ahora, que estaba enseñándome la desnudez de su alma y cuerpo a la vez.

Pero tenía miedo, demasiado. Temí que él no compartiera el sentimiento, temí encariñarme de nuevo, pues no quería salir lastimado, o que él me abandonara tras saciarse de mi, así como todos lo habían hecho.

Tomando de su cintura, lo acerqué más a mi, dejé que nuestras piernas se entrelazaran, pude sentir el calor de su piel, y a su corazón latir con fuerza y calma al mismo tiempo, aún lo imposible que sonara eso.

Una vez más me vi recostado a su lado. Mi cuerpo y el suyo aún estaban húmedos, la ropa poco había servido para resguardarnos de la lluvia, el cabello de ambos mojó las almohadas debajo de nosotros, sin embargo, poca importancia tenía esto.

Sus labios y los propios hacían una perfecta fusión, podía percibir el cariño y el deseo al mismo tiempo, en realidad, podía sentirlo todo a su lado, y estaba contento con ello, pues significaba que aún no estaba muerto por dentro.

Era hilarante, más para mi, pues pasé desde muy joven, casi niño, buscando el amor que nadie nunca me dio, con la edad me refugié tantas veces en brazos de hombres, y sustancias que no conocía, únicamente para poder olvidar la mala pasada que mi padre grabó con su puño y letra en mi mente, pero nunca conseguí nada más que sentirme aún más vacío, solo para que, tras años de búsqueda, y de incesantes suplicas, terminara por encontrarme con éste pobre ángel, tan roto como yo, quien sería el que me haría sentir vivo de nuevo.

—Te amo, Lust.

Susurró entrecortadamente mientras sus manos tocaban cada fibra de mi ser. Renegué mentalmente su tacto suave, que dejaba cierto cosquilleo al pasar sobre mis costillas, me hacía reír.

Las horas pasaron, la lluvia finalmente se terminó, él se escondía en mi pecho, sus piernas de frotaban con las mías en un intento de encontrar calidez y evadir el frío.

El silencio nos inundó después de que su respiración se suavizara, ciertamente me gustaba escucharlo más a él, que al aire golpeando con fuerza la ventana.

—¿Te quedarás ésta noche?

Preguntó.

—No pienso irme, no hoy.

Respondí mientras me acurrucaba mejor, quizás ya era hora de descansar, pues podía notarlo un poco más apagado que cuando llegamos, debía dejarlo dormir.

Solo pude ver una pequeña sonrisa de su parte antes de que terminara de acomodarse, intuí que estaba listo, así que, con lo que pude encontrar, nos cubrí un poco.

Estuve así un rato, sabía que él había caído dormido, podía escuchar los suaves ronquidos interrumpir el silencio que la noche otorgaba, solo así pude estar listo.

—Te amo, Blue...

Susurré, y finalmente cerré los ojos.