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Dos años atrás, todo se fue a la mierda.
No fue algo que pasó de la noche a la mañana, aunque así lo sintieron en ese momento. La verdad es que las grietas ya estaban ahí, pequeñas fisuras que fueron creciendo poco a poco, día tras día, hasta que todo explotó de la peor manera posible.
Eran ocho. Siempre habían sido ocho.
Desde la secundaria, cuando Chan decidió que necesitaban un nombre para su grupo de amigos y se les ocurrió “Stray Kids” porque, según él, todos estaban un poco perdidos pero al menos se tenían el uno al otro. Sonaba cursi como el demonio, pero de alguna forma había funcionado. Se habían vuelto inseparables.
Chan era el mayor, el líder autoproclamado que siempre se preocupaba demasiado por todos. El tipo que se quedaba despierto hasta las tres de la mañana ayudando a cualquiera que necesitara estudiar o simplemente alguien con quien hablar. Tenía ese complejo de “necesito salvar a todos” que a veces era reconfortante y otras veces sofocante.
Luego estaba Minho, o como todo el mundo le llamaba Lee Know, callado pero observador, el tipo que siempre sabía qué estaba pasando incluso cuando no decías nada. Era el mejor amigo de Chan desde la infancia y tenía ese humor seco que o lo amabas o te confundía completamente. Bailaba como si su vida dependiera de ello y tenía tres gatos a los que amaba más que a la mayoría de las personas.
Changbin era pura energía concentrada en un cuerpo pequeño pero musculoso. Rapero nato, siempre con una libreta en la mano garabateando rimas. Era ruidoso, intenso, apasionado con todo lo que hacía. El tipo de amigo que te defendería en cualquier pelea sin hacer preguntas primero.
Hyunjin era el artista del grupo, literalmente. Pintaba, dibujaba, veía belleza en las cosas más random. Era alto, dramático, y tenía ese aire de persona que sabía que era atractiva pero intentaba no ser presumida al respecto (aunque a veces fallaba). Había algo en él que era intenso, como si sintiera todo demasiado profundamente.
Han era el payaso, el que hacía reír a todos incluso en los peores momentos. Pero los que lo conocían de verdad sabían que usaba el humor como escudo. Tenía ansiedad, de la que te paraliza y te hace pensar que todo va a salir mal siempre. Pero con el grupo se sentía seguro.
Seungmin era el cínico sarcástico, siempre con un comentario mordaz listo. Pero debajo de esa actitud de “no me importa nada” era probablemente el más leal de todos. El tipo que recordaba cada pequeño detalle sobre ti, tu cumpleaños, tu comida favorita, esa vez que mencionaste que querías ver esa película.
I.N era el bebé del grupo, aunque odiaba que lo llamaran así. Tenía esa risa contagiosa y esa capacidad de ver lo bueno en las personas. Era el pegamento, de alguna forma. Cuando las cosas se ponían tensas, I.N era quien conseguía que todos recordaran por qué eran amigos en primer lugar.
Y luego estaba Felix.
Felix era... complicado. Siempre lo había sido, suponen, pero durante mucho tiempo eso fue parte de su encanto. Era el alma de la fiesta, el que convertía cualquier plan aburrido en una aventura. Tenía esa voz profunda que no pegaba para nada con su cara de ángel y ese acento australiano que sacaba cuando estaba emocionado o enojado. Era cálido, divertido, el tipo de persona que hacía que te sintieras especial solo por estar en la misma habitación.
Pero también era impulsivo. Temerario. El tipo de persona que decía “fuck it” y saltaba sin mirar si había algo abajo que lo pudiera atrapar.
Al principio, eso solo significaba cosas como saltar desde lugares muy altos en el lago, o colarse en el cine, o convencer a todos de hacer un viaje espontáneo a la playa a las dos de la mañana. Cosas estúpidas pero inofensivas. Cosas que los hacían sentir vivos y jóvenes y como si las reglas no aplicaran para ellos.
Pero luego empezó la universidad y todo cambió.
Felix cambió.
Comenzó a llegar tarde a las quedadas. Luego empezó a no llegar del todo. Cuando estaba con ellos, parecía distraído, ausente, como si su mente estuviera en otro lugar. Sus ojos, que siempre habían brillado con esa alegría natural, empezaron a verse cansados. Vacíos.
Chan fue el primero en notarlo de verdad. Por supuesto que lo fue, con su maldito sentido arácnido para cuando algo andaba mal con alguien.
—Hey, ¿estás bien?— le preguntó una noche cuando todos estaban en el departamento que Chan y Changbin compartían. Era uno de esos viernes típicos donde se juntaban para no hacer nada en particular, solo estar juntos.
—Sí, ¿por qué?— respondió Felix, sin levantar la vista de su teléfono.
—No sé, bro. Has estado raro últimamente.
—Estoy bien, Chan. Deja de preocuparte tanto.
Y Chan lo dejó pasar porque, bueno, tal vez Felix solo estaba estresado con la universidad. Todos lo estaban.
Pero las cosas siguieron empeorando.
Felix empezó a faltar a clases. Sus calificaciones, que nunca habían sido espectaculares pero siempre decentes, empezaron a caer en picada. Dejó el equipo de voleiboll, algo que le había encantado desde siempre. Empezó a juntarse con gente nueva, gente que ninguno de los chicos conocía o confiaba.
Y luego estaban las veces que desaparecía.
No solo que no respondía mensajes por unas horas, sino que literalmente desaparecía por días. No iba a clases, no respondía llamadas, no aparecía en su departamento. Y cuando finalmente reaparecía, tenía excusas vagas y se enojaba si alguien presionaba demasiado.
—¿Qué te pasa últimamente?— le preguntó Changbin una tarde cuando Felix apareció después de estar perdido por tres días. —¿Dónde mierda estabas? Estábamos preocupados.—
—No es tu problema.— respondió Felix, su tono más cortante de lo que había sido nunca con ellos.
—¿Cómo que no es mi problema? Eres nuestro amigo, idiota. Obviamente nos importa.
—Bueno, tal vez no debería. Tal vez deberían ocuparse de sus propias vidas.
Fue ahí cuando Hyunjin intervino. Hyunjin, que siempre había tenido una conexión especial con Felix, que podía leer sus estados de ánimo como nadie más.
—Lix,— dijo suavemente, usando ese apodo que solo él usaba, —solo dinos qué está pasando. Lo que sea que esté mal, podemos ayudar.
Y por un momento, solo un momento, Felix pareció a punto de quebrarse. Sus ojos se llenaron de algo, miedo, culpa, desesperación, y Hyunjin pensó que finalmente iban a llegar a él.
Pero entonces Felix cerró sus ojos, respiró profundo, y cuando los volvió a abrir, había una pared ahí. Alta e infranqueable.
—No hay nada que puedan hacer.— dijo, y se fue.
Las cosas llegaron a un punto crítico una noche de viernes, seis meses después de que todo empezara a desmoronarse.
Habían planeado una reunión en el departamento de Chan. Todos iban a estar ahí, como en los viejos tiempos. Iban a ver películas malas y comer pizza y pretender que todo estaba bien, incluso si no lo estaba.
Felix prometió que llegaría temprano. Prometió que esta vez sería diferente.
Pero las siete se convirtieron en ocho, y ocho en nueve, y para las diez y media todos estaban frustrados y preocupados y enojados.
—Ya, a la mierda esto.— dijo Changbin, tirando su control de videojuegos al sofá. —Voy a ir a buscarlo.
—Yo voy contigo.— se ofreció Hyunjin inmediatamente.
Los encontraron en un bar del lado malo de la ciudad, uno de esos lugares que huelen a cerveza rancia y malas decisiones. Felix estaba en la barra, rodeado de gente que claramente no le convenía, con los ojos vidriosos y una risa que sonaba completamente equivocada.
—¿Felix? ¿Qué mierda?— Changbin lo agarró del brazo.
Felix lo miró, y ni siquiera parecía reconocerlo por un segundo. Cuando lo hizo, su expresión se volvió defensiva.
—¿Qué hacen aquí?
—¿Qué qué hacemos aquí? ¡Se supone que estarías con nosotros hace tres horas! Todos están preocupados.
—No les pedí que se preocuparan.
—Eso no es cómo funciona la amistad, idiota.— intervino Hyunjin, y había una nota de desesperación en su voz que hizo que algunos de los que estaban alrededor voltearan a ver.
Uno de los tipos con los que Felix estaba, un tipo grande con tatuajes en el cuello, se acercó. —¿Hay algún problema aquí?
—No hay problema,— dijo Felix rápidamente. —Son solo... conocidos. Ya se van.
—¿Conocidos?— La palabra salió de la boca de Hyunjin como si le doliera físicamente. —¿En serio acabas de llamarnos conocidos?
Felix no respondió, solo tomó otro trago de lo que sea que estuviera bebiendo.
Changbin perdió la paciencia. —Ya, sabes qué, se acabó. Vienes con nosotros ahora.
—No voy a ningún lado contigo.
—Felix, por favor,— dijo Hyunjin, y había algo en su voz, algo vulnerable y roto que hizo que Felix finalmente lo mirara. —Solo... ven a casa. Hablemos de esto. Lo que sea que esté pasando.
—No entienden nada— interrumpió Felix, poniéndose de pie tan rápido que casi se cae. —Ustedes con sus vidas perfectas y sus planes perfectos. No saben una mierda sobre lo que es esto.
—Entonces explícanos,— suplicó Hyunjin. —Déjanos entender.
Pero Felix solo negó con la cabeza y salió del bar, dejando a Changbin e Hyunjin parados ahí, sintiéndose completamente impotentes.
Cuando regresaron al departamento de Chan y les contaron a los demás lo que había pasado, el silencio fue ensordecedor.
Fue I.N quien finalmente dijo lo que todos estaban pensando: —Estaba drogado, ¿verdad? No era solo alcohol.
Nadie quería admitirlo, pero todos lo sabían. Las señales estaban ahí, claras como el día si te molestabas en verlas. Los cambios de humor, la paranoia, las desapariciones, los ojos vidriosos, las manos temblorosas.
—Tenemos que hacer algo,— dijo Chan, pasándose las manos por el pelo en ese gesto que hacía cuando estaba estresado. —No podemos solo quedarnos sentados viendo cómo se destruye.
—¿Pero qué?— preguntó Han, su voz pequeña. —Si ni siquiera nos deja acercarnos.
—Una intervención,— sugirió Seungmin. —Como en esos shows de TV. Lo confrontamos todos juntos, le decimos que necesita ayuda.
Y eso fue exactamente lo que hicieron.
Dos días después, lograron que Felix fuera al departamento con el pretexto de que necesitaban hablar sobre un proyecto grupal. Cuando llegó y vio a todos sentados ahí, su expresión se cerró inmediatamente.
—¿Qué es esto?
—Siéntate, Lix,— dijo Chan con su mejor voz de líder, la que usaba cuando necesitaba que todos lo tomaran en serio.
—No.
—Por favor.
Felix se quedó parado, sus brazos cruzados defensivamente sobre su pecho, pero no se fue. Eso era algo, suponen.
Chan empezó a hablar, algo sobre cómo todos estaban preocupados, cómo había notado cambios, cómo querían ayudar. Las palabras eran cuidadosas, medidas, el discurso de alguien que claramente había estado practicando.
Pero Felix no estaba escuchando. Sus ojos se movían por la habitación, evitando hacer contacto visual con cualquiera de ellos, su mandíbula apretada.
—¿Terminaste?— preguntó cuando Chan hizo una pausa.
—Felix, solo queremos ayudarte.— intervino Minho suavemente.
—No necesito su ayuda.
—Sí la necesitas,— dijo Changbin, su voz subiendo. —Estás jodido. Todos lo podemos ver. Estás drogandote con algo y...
—¿Y qué si lo estoy?— explotó Felix finalmente, su control rompiéndose. —¿Y qué mierda si lo estoy? Es mi vida, mi decisión.
—No cuando nos importas,— dijo Hyunjin, dando un paso hacia él. —No cuando tenemos que verte autodestruirte.
—Entonces dejen de verme. Problema resuelto.
—No es gracioso,— la voz de Han temblaba. —No es un puto chiste, Felix. Podrías morir.
—Todos vamos a morir eventualmente.
—¡Para!— gritó I.N, y todos se sobresaltaron porque I.N nunca gritaba. Había lágrimas en sus ojos. —Solo... para, okay? No digas esas cosas. Te queremos. Eres nuestro amigo. Eres parte de nosotros.
Y por un segundo, solo un segundo, algo se quebró en la expresión de Felix. Por un segundo pareció el chico que conocían, el que se reía demasiado fuerte y abrazaba demasiado fuerte y sentía todo demasiado intensamente.
Pero entonces se recuperó, y la pared volvió a subir.
—Si de verdad me quisieran.— dijo, su voz peligrosamente calmada, —no estarían haciendo esto. No me estarían juzgando. No estarían tratando de controlar mi vida.
—No te estamos juzgando,— dijo Chan, frustrado. —Estamos tratando de salvarte de ti mismo.
—No les pedí que lo hicieran.
—¡No deberías tener que hacerlo!— explotó Chan. —¡Así es como funciona esto! ¡Así funciona tener personas que te aman!
—Entonces tal vez no quiero tener personas que me aman.— escupió Felix. —Tal vez sería más fácil si todos ustedes solo me dejaran en paz.
El silencio que siguió fue absolutamente devastador.
—¿De verdad quieres eso?— preguntó Hyunjin, y su voz era tan pequeña, tan rota, que dolía escucharla.
Felix lo miró, realmente lo miró, y había tanto dolor en sus ojos que Hyunjin casi retrocede. Pero entonces Felix apartó la mirada.
—Sí.
—Estás mintiendo,— dijo Hyunjin.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque te conozco.
—No.— dijo Felix, dirigiéndose a la puerta. —Ya no me conoces. No sé si alguna vez lo hiciste.
—Felix, si sales por esa puerta…— comenzó Chan, su voz endureciéndose.
—¿Qué?— Felix se volteó, desafiante. —¿Qué vas a hacer, Chan? ¿Dejar de ser mi amigo? Adelante. Hazme un favor.
—No te estoy dando un ultimátum.— dijo Chan, aunque su tono decía lo contrario. —Solo te estoy diciendo que si no aceptas ayuda, si no dejas de hacer esto, entonces... entonces no podemos quedarnos aquí viéndote destruirte. No podemos ser parte de eso.
—Perfecto. Entonces no lo sean.
Y con eso, Felix salió del departamento, cerrando la puerta con tanta fuerza que hizo temblar las paredes.
Nadie habló por un largo rato.
Fue Seungmin quien finalmente rompió el silencio, su voz inusualmente suave: —¿Hicimos lo correcto?
Nadie tenía una respuesta.
Hyunjin se sentó en el sofá, su cabeza entre sus manos. —Se supone que esto lo ayudaría. Se supone que... mierda.
—Le dimos opciones— dijo Chan, aunque sonaba como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo. —No podemos obligarlo a aceptar ayuda.
—¿Pero lo perdimos?— preguntó I.N, limpiándose las lágrimas. —¿Eso es todo? ¿Simplemente... se acabó?
Nadie respondió porque ninguno sabía qué decir.
Esa fue la última vez que los ocho estuvieron en la misma habitación.
Felix desapareció. No de la ciudad, pero sí de sus vidas. Cambiaron su número, lo bloquearon en redes sociales (aunque Hyunjin nunca pudo traerse a hacerlo realmente, solo dejó de seguirlo). Ocasionalmente escuchaban cosas sobre él a través de conocidos mutuos. Nada bueno.
Y ellos... ellos siguieron adelante. O lo intentaron.
Changbin se volvió más callado, más serio. Lee Know se enfocó obsesivamente en la danza. Han tenía más ataques de ansiedad que antes. Seungmin se volvió aún más cínico. I.N perdió parte de esa luz en sus ojos. Chan se culpaba a sí mismo, obviamente, porque por supuesto que lo hacía.
Y Hyunjin... Hyunjin guardaba todo adentro, pintando cuadros oscuros y preguntándose si había algo más que podría haber dicho, algo que hubiera hecho la diferencia.
Dos años pasaron así.
Dos años de pretender que estaban bien, de evitar hablar sobre Felix, de actuar como si no hubiera una parte de ellos que todavía extrañaba a su amigo, incluso después de todo.
Se juntaban todavía, los siete, pero ya no era lo mismo.
Parecía que Felix unía al grupo, porque después de su partida, empezaron a alejarse.
La amistad inquebrantable dejo de existir. Y de ser un grupo de mejores amigos, paso a ser un grupo de conocidos que de vez en cuando quedaban para pasar las tardes juntos.
Y entonces, el primer día del nuevo semestre, entraron al aula 304.
Y todo cambió de nuevo.
Aquí os traigo una nueva historia. Se que tengo muchas pendientes por continuar, pero no me podía contener para publicar esta.
-Aria