1. Bendita Suerte
ALEX
He hecho esto antes. No es como si me enorgulleciera del trabajo que hago, no siempre es placentero tampoco, pero necesito esto… No, no lo necesito en sí, lo que necesito es el dinero que gano por ello, y soy muy bueno en lo que hago, también mi anatomía me respalda. Llevo poco tiempo haciendo esto, y me he labrado de una buena “reputación” por así decirlo.
Puedo darme el lujo de escoger a mis clientas, no por el físico, trato siempre de no predisponerme con físicos no deseados, solo estudio sus estatus económicos. Sí, mis servicios son caros, cobro un alto precio monetario por lo que hago y es por eso que, a veces, puedo rechazar o no una que otra propuesta.
Esta noche es diferente. Cavilo para mis adentros mientras espero pacientemente a que el ascensor llegue al nivel de piso número 44. Me encuentro a solas aquí, bueno estamos yo y los cuatro reflejos de mi figura en las cuatro paredes de espejo de la cabina del ascensor. Estoy yendo al encuentro con una nueva clienta. Esta vez, no he estudiado nada sobre ella.
He recibido su llamada hace poco más de una hora. Solo le he recitado de forma robótica mis términos, condiciones y tarifas y ha estado de acuerdo apenas sin dejarme terminar de hablar. Intrigante.
¿Por qué me he aventurado hasta aquí casi a ciegas?
1. Es un Hotel lujoso de seis estrellas, que no cualquiera tiene la dicha y el poder de alojarse aquí y mucho menos en una de sus master suites. Ella es rica.
2. Normalmente les toma unos minutos en decidir si llevar a cabo o no el encuentro. Ésta ha aceptado al instante y en segundos he recibido un texto con la dirección de este hotel. También intrigante, generalmente mandan su ubicación.
3. He tratado de devolver la llamada, para preguntar su nombre y avisarle de mi llegada, ya que la única indicación que me ha pedido es que deje mi nombre en la recepción para poder acceder a su habitación. El interlocutor ha dicho que pertenece a un número que no existe. Quiere ocultar su identidad. Es poderosa… o casada.
Por instinto primario mi mano se acerca al pequeño tatuaje de la cruz en lo alto del pómulo izquierdo de mi rostro, lo acaricio con mi dedo índice.
Es una de mis manías cuando estoy en este estado de incertidumbre y a la expectativa de que algo desconcertante está por suceder. No sé por qué me siento así. Pero la seguridad en mí mismo no me permite darle más vueltas al asunto e instantáneamente solo ajusto mi chaqueta de cuero negro, auxiliándome de mi reflejo en las puertas del ascensor. Mi encanto y mi anatomía nunca me han fallado, así que ésta vez no será diferente.
Divagando en mis pensamientos, no me percato del sonido del elevador llegando a su destino, y solo me doy cuenta cuando las puertas se abren para mí. Me aventuro dando unos pasos dentro de un pequeño y lujoso vestíbulo.
Una decoración clásica y elegante envuelve el ambiente, donde del protagónico se hacen cargo los enormes jarrones con arreglos florales de rosas color rosa pálido y dos butacas decó de color crema y estructura dorada. Al final, la puerta.
No es normal que mis nervios afloren cuando estoy a punto de hacer mi trabajo, pero en este caso, lo hacen. Por lo que me tomo unos segundos para inspirar y exhalar en un llamado a toda mi calma y concentración. Llamo a la puerta.
La hoja de la puerta se abre de forma silenciosa y mi respiración se detiene. Solo miro mi reflejo en unos preciosos ojazos color café claro a los que largas pestañas les reflejan sombra. Nariz fina y perfecta. Unos carnosos labios que se mueven para ser mordidos desde el interior, en su labio inferior. Todos dentro de su hermoso rostro ovalado. Copiosos rizos cobrizos adornan su cabeza y bañan un poco más de una cuarta hacia el sur de sus hombros.
No puedo controlar el impulso de mi mirada que se aventura atrevidamente bajando por sus labios y deleitándome con la vista hacia el escote de su vestido strapless comprimiendo sus pechos y dejando ver una porción sus montículos. Las asesinas curvas entre su estrecha cintura y caderas, que guarda dentro del ajustado vestido, que termina un poco antes de sus rodillas. Sus piernas impresionantemente lubricadas y sus pies descalzos con uñitas color rosa pálido, haciendo contraste con su piel canela.
Es una diosa ante mis ojos y lo único que pienso es postrarme a su merced. Una parte de mi cuerpo lo aprueba con un respingo.
– ¿Alex? – la música de su melodiosa y firme voz me trae a tierra.
Los nervios me traicionan cuando le contesto con enronquecida y afónica voz
–Sí madame.
Avergonzado y aclarando mi garganta obligo a mis ojos volver a su precioso rostro para mirarla cuando me habla. Me percato que tiene una copa de vino tinto con el cual moja sus carnosos labios mientras estudia mi rostro.
–Adelante.
Me invita a pasar, pero me quedo inmóvil una vez más, cuando la veo voltearse mientras se adentra en la suite, con un caminar elegante y provocando que su respingado trasero se mueva hipnotizándome por completo. Llevo casi un año haciendo este trabajo, casi ya llego al presupuesto que necesito para terminar con esta labor de una puta vez.
Nunca, nunca, nunca en todo este tiempo he tenido esta bendita suerte.