Saga L.C.P XI — Markhyuck

Sinopsis

Minhyung, un cambiaformas halcón, es el mentor del cambiaformas águila llamado Donghyuck desde hace varios meses. Durante todo ese tiempo, Minhyung ha tratado de hacer un soldado medianamente decente del mocoso, mientras lucha contra la creciente atracción que sienten el uno por el otro. Al ser el único de su especie, Donghyuck está constantemente en peligro de ser capturado y convertido en esclavo. Minhyung tiene sus manos llenas con el entrenamiento de Donghyuck y la protección del joven contra sus enemigos, hasta que descubre que hay una amenaza mayor para Donghyuck. Esta es más peligrosa que todas las demás. Donghyuck no puede huir de esta amenaza porque está en su interior. ¿Podrá Minhyung salvarlo, o el águila se perderá en su propia locura?

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Kei
Estado:
En proceso
Capítulos:
6
Rating
3.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1.

En retrospectiva, tal vez no había sido tan buena idea dibujar caras sonrientes en todos los objetivos del campo de tiro de la coalición. No sólo había enojado a los felinos, sino que los Halcones tampoco le habían visto la gracia al asunto, algo que dejó perplejo a Donghyuck, porque ¿a quién no le gustaba un emoticono de vez en cuando? Aunque fuera en las dianas.

Sin embargo, como tantas otras veces en su vida, había averiguado de la manera difícil que sus acciones lo habían metido en problemas otra vez. Así que después de que lo reprendiera tanto el líder de los felinos como el de los Halcones, Donghyuck hizo lo que cualquier otro cambiaformas águila civil que estuviera en la picota habría hecho, se escapó de la sede.

Había ido a un lugar donde podía encontrar paz. El único lugar donde no se sentía como un bicho raro, defectuoso, de bajo nivel o decepcionante, la fuente que estaba en medio del centro comercial local.

Por extraño que sonase, ese lugar tenía la capacidad de calmarlo, no importaba lo mal que se sintiera. Puede que no fuera gran cosa, sólo una piscina circular de piedra con un pequeño querubín en el centro, pero lo hacía sentir mejor de lo que jamás podrían hacer miles de doctores Phil.

Se estiró boca abajo, a lo largo de una curva de la pared que abarcaba el agua. A su alrededor, los compradores, seres humanos que estaban felizmente ignorantes de lo que realmente se escondía entre ellos y lo malo que era el mundo, se apresuraron. Donghyuck casi los odiaba por su ignorancia.

Dejó escapar un suspiro, apoyó la mejilla en la piedra fresca y pasó las blancas yemas de sus dedos sobre la superficie del agua. Daría cualquier cosa por volver a ese mundo de nuevo. Uno en el que sólo fuera otro ser humano y no supiera que en realidad era un cambiaformas águila, y en el que no tuviera que vivir con el desagradable hecho de que el mundo entero lo esperaba ahí fuera y que la mayoría de ellos quería, literalmente, su mierda de culo en una jaula de oro.

El agua se sentía más fría de lo normal. Extraño, ya que por lo que Donghyuck podía decir, el tiempo fuera no había cambiado. Así que, ¿por qué la fuente dentro del centro comercial sería diferente a la de la calle peatonal?

—Realmente debemos irnos —advirtió Minki con una voz tensa.

Donghyuck contempló el reflejo de Minki en el agua. Sólo un poco más alto que él y con el pelo negro, el cambiaformas jaguar era uno de los pocos a los que realmente Donghyuck podría llamar amigo. Minki tenía una expresión preocupada, agobiada cuando su mirada se movió de lado a lado. Donghyuck casi quería matar al dolor de culo, pero sabía que Minki estaba preocupado por si los capturaban. Quizás Minki no debería haberlo acompañado en esta excursión. Al final, Donghyuck se mordió la lengua. Sabía que la única razón por la que Minki estaba ahí, era por la profunda lealtad que se tenían el uno al otro.

—Dame cinco minutos más y luego te juro que volveremos —prometió Donghyuck mientras continuaba pasando sus dedos sobre la superficie del agua.

Donghyuck evitó cuidadosamente mirar su propio reflejo, ya que nunca le gustaba lo que encontraba allí. Aunque muchos le habían dicho a su manera lo hermoso y especial que era, él no lo veía. Para él, era escuálido. Su pelo era demasiado pálido y sin complicaciones. Su boca estaba demasiado delgada. Su nariz demasiado estrecha. En otras palabras, no había nada espectacular en él en absoluto.

Probablemente esa fuera la razón por la cual se había puesto diversos piercings por todo su cuerpo. Era la única manera de que realmente pudiera controlar su apariencia y cómo lo veían los demás. Muchas partes de su cuerpo tenían aros. Actualmente, tenía uno en el labio inferior, otro en un lado de la nariz, y otro en la ceja derecha, y esos era sólo por nombrar unos pocos. Había hecho lo mismo con su peinado. Su última elección, había sido engominar su melena rubia en un estilo que lo hacía parecer un halcón. Le parecía que le daba un aspecto extraño y diferente. Y luego lo reclutaron.

—¿Por qué odias tanto la casa? Seguro como el infierno que es mejor que la jaula de oro en la que los esclavistas te encerraron —rompió Minki.

—Lo sé. Sólo tengo que salir de vez en cuando. A veces me siento como si la sede fuera otra cárcel.

Los ojos de Minki se suavizaron con lástima. Maldita sea si Donghyuck no despreció la expresión que le dirigió.

—Sabes que Chanyeol sólo lo hace para protegerte. A los esclavistas les encantaría llegar hasta ti de nuevo.

—Por la única cosa que valgo mucho en el mercado negro, es porque soy un cambiaformas águila y somos muy raros — terminó Donghyuck con voz apagada.

Dios, si tenía que escucharlo una vez más, se entregaría a los Cuervos sólo para acabar de una vez. Minki se agachó y comenzó a pasar la mano por la espalda de Donghyuck.

—¿Quieres hablar de ello?

—No —respondió Donghyuck, arrastrando los dedos sobre el agua.

Minki no lo entendería. Había sido uno de los afortunados. No sólo podía vivir con los otros felinos, sino que se había reunido con su familia, mientras que él vivía en la misma sede, pero en la sección de los Halcones, que era un gran edificio de cemento que ocupaba todo un lado de la sede. Para empeorar las cosas, los cambiaformas Águilas estaban casi extinguidos, por lo que no habría en su futuro una reunión familiar. Como mucho, tendría suerte si alguna vez se encontraba con otro águila, y se acabó.

—Estamos preocupados por ti —dijo Minki.

—¿Quién? ¿Chanyeol y tú, o los chicos y tú?

Por los chicos, Donghyuck se refería al unido grupo de sus amigos. Donghyuck anhelaba los días antes de que llegaran a la sede... cuando solo eran un manojo de gentuza, pero al menos eran una familia. La mejor parte, era que cada uno pertenecía a una raza diferente, pero a nadie le importaba. Había un par de felinos, un lobo y un halcón, además de él, el Águila. Eran su propia versión de los cambiaformas Brady.

—Los chicos —admitió Minki.

Donghyuck se incorporó rápidamente y Minki tuvo que saltar hacia atrás para no ser golpeado. Donghyuck se enfadó apenas se dio cuenta de la oleada de pánico que le llenaba el pecho.

¿Sospechaban que se había desequilibrado otra vez? Maldita sea, ¿cómo lo sabían? Se había esforzado duramente en ocultarlo. Con el poco tiempo que pasaban juntos, no podían haber visto las pocas veces que había metido la pata.

—No hay nada de lo que preocuparse —negó Donghyuck con un tono de voz ligero.

—¿Qué hay de tu pelea con el cambiaformas zorro?

—La pequeña mierda nunca debería haberle faltado al respeto Jessi. Le advertí que era un gran fan suyo, pero aun así tenía que hacer un comentario de listillo —sopló—. No me importa lo que diga, es una de las canciones más impresionantes jamás creada, y él la llamó, ‘el patético intento de una niña de baja clase de hacer un himno’. Por eso lo golpeé.

—Tal vez, pero, ¿de verdad tenías que bajarle los pantalones en medio de la cafetería?

—Hey, no es culpa mía si sus activos son pequeños. Además, he sido muy amable con él desde entonces. Le mando un email indicándole dónde puede comprar potenciadores para el pene al menos una vez al día. Por lo tanto, si lo miras bien, soy un buen samaritano.

La mirada que Minki le disparó, le dijo que el jaguar no estaba de acuerdo. —Bien, entonces, ¿qué tal con lo de hacer de kamikaze con las ensaladas de la barra de la cafetería?

—Había una araña rastreando el pan frito. —Enfadado, se agarró inconscientemente un mechón de pelo y empezó a tirar de él. En ese momento, fue dolorosamente consciente de que llevaba una camiseta que decía: ‘Mi nombre es Chico Cabana. ¿Me has llamado?’ Tal vez no era la mejor pieza de su vestuario para usar al mismo tiempo que discutía sobre su estabilidad mental.

—¿Una araña? —Minki se hizo eco, incrédulo. Eso casi lo derriba otra vez.

—Era una araña muy grande.

—¿Era un cambiaformas tarántula?

—No, pero como he dicho, era enorme.

—Entonces, ¿causaste un enorme desastre y rompiste decenas de bandejas por una araña normal?

—¿He mencionado que era peluda? Además, estoy bastante seguro de que me golpeó con el dedo al menos una vez.

Minki se quedó asombrado por un momento antes de añadir: —Las arañas normales no tienen dedos.

Donghyuck hizo una pausa para meditar eso durante un momento. —Oh, entonces lo siento. Error mío.

—¿Entramos en cómo te follaste a los dos gemelos Halcones? Ni te molestaste en tomar una habitación, en su lugar lo hiciste justo en el centro de la sala de grabación.

—Sí, vamos, no vayas por ahí —espetó Donghyuck, cortando a Minki.

El jaguar parpadeó un par de veces por la confusión y Donghyuck entrecerró sus ojos. Por supuesto, Minki se había sorprendido porque Donghyuck nunca se enfadaba o enojaba. No, tenía que ser feliz todo el tiempo o empezaban a preocuparse por él. Entonces las miradas se iniciarían, junto con las conversaciones en susurros mientras Donghyuck no miraba, y se ganaría otra ronda de cortesía al servicio de la guardia 24/7 de sus sobreprotectores amigos. Eso no era tan divertido como sonaba.

—¿Por qué todo el mundo le da tanta importancia a ese incidente? Fue sólo sexo —protestó Donghyuck, aunque cuando pensaba en ese encuentro, le daban ganas de vomitar de la vergüenza.

—Porque ese no eres tú, Donghyuck, y eso me asusta como el infierno. Todos recordamos lo que sucedió la última vez que tuviste uno de tus ataques —respondió Minki suavemente.

—Como si pudiera olvidar que me atasteis y me encerrasteis en un sótano durante más de una semana —disparó de nuevo Donghyuck, sus intestinos se apretaron al recordarlo.

—No tuvimos otra opción. Te amamos y no estábamos dispuestos a ver cómo te destruías.

Donghyuck se puso de pie y comenzó a alejarse, pero Minki lo siguió. El centro comercial estaba bastante lleno, así que no volvió a hablar hasta que estuvieron casi frente a las puertas de salida.

—No es necesario que te preocupes por mí —aseguró Donghyuck, y salió al exterior.

Aunque la primavera había llegado, estaban en Michigan, por lo que el aire todavía golpeaba un poco. Donghyuck se cruzó de brazos en un intento de conservar algo del calor de su cuerpo cuando un escalofrío le recorrió.

Minki le dio una mirada dudosa, pero cuidadosa al mismo tiempo. —¿Estás seguro de eso? Tal vez deberías ir a ver a Dr. Bang para asegurarte.

—¡No! —protestó Donghyuck mucho más fuerte de lo que pretendía. Se ruborizó, solo quería que el pánico en su interior se calmara—. Lo que quiero decir es, que no es necesario. Estoy bien.

—No, no es así —respondió Minki, en un tono duro y contundente.

Donghyuck pensó en negarlo de nuevo, pero por la expresión determinada en el rostro de Minki, se dio cuenta que no había forma de que lo engañara y saliera de esta. Minki y él habían pasado juntos por mucho, muchísimo. Así que Donghyuck utilizó la única munición que le quedaba, la verdad.

—No puedo decirles que hay algo mal en mí. Ya has visto la forma en la que han usado algo así para tratar a Leo, como si fuera una especie de monstruo enfermo que debería ser alejado. Prefiero que me miren como a la puta, que tener que lidiar con la basura de mi pasado, como Leo.

Minki negó con la cabeza. —Pero por todo lo que sabemos, el Dr. Bang podría ser capaz de ayudarte.

—¿Sí? ¿Como ha sido capaz de ayudar a Leo? ¿O como fue capaz de ayudar a esos inocentes que perdieron sus mentes en su primer cambio? Llámame cínico, pero no creo que sepan tratar mi problema.

—Sigo pensando que al menos debes decírselo a alguien. ¿Qué hay de Minhyung? ¿No se supone que es tu mentor o algo así?

El nombre de Minhyung estuvo a punto de hacer gemir a Donghyuck de vergüenza y miedo. En un momento dado, el atractivo cambiaformas halcón había sido el único punto brillante en la mierda de vida de Donghyuck. A continuación, Donghyuck se había lanzado sobre un hombre mayor, y había terminado como un desastre épico. Minhyung no sólo lo había rechazado, sino que le había señalado que era joven y carente de recursos.

—Minhyung es el último al que podría acudir —dijo Donghyuck con voz áspera. Extendió la mano y la colocó implorante en el brazo de Minki—. Por favor, prométeme que no vas a decir nada. Realmente tengo mi problema bajo control. No será como la última vez, te lo juro.

Minki lo miró fijamente unos momentos y Donghyuck casi podía ver las ruedas girando en su cabeza por la preocupación. Finalmente, Minki soltó una suave maldición.

—Bien, pero te vigilaremos de cerca.

Cuando Donghyuck comenzó a protestar, Minki levantó la mano. —Ese es el trato, tómalo, o métetelo por el culo.

Era una mierda, pero no tenía otra opción. Donghyuck asintió a regañadientes. —¿Sabes que si os mantenéis pegados a mí, al final sospecharán algo?

—Nos aseguraremos de que parezca una casualidad tanto como sea posible.

—¿Cuánto tiempo voy a tener que aguantar tener a uno de vosotros a mi lado en todo momento?

—Durante el tiempo que sea necesario para que esta recaída se te pase —respondió Minki con voz suave.

Donghyuck dejó escapar un suspiro y maldijo por la complicación. Si bien parte de él sabía que se preocupaban porque lo querían, otra parte se sintió molesta. ¿Por qué no lo dejaban simplemente en paz? El hecho de que hubiera perdido los estribos un par de veces, no quería decir que fuera a perder la cabeza otra vez. Donghyuck lo tenía todo bajo control en esta ocasión. Era más fuerte y más viejo, así que no había razón para que ellos empezaran a actuar como un grupo de abuelas.

—Está bien, pero todavía pienso que es una gran pérdida de energía. Estoy bien.

—Sin ánimo de ofender, Donghyuck, pero a veces eres el peor juez de esto.

—Lo que sea. —Donghyuck se encogió, fingiendo indiferencia—. ¿Podemos irnos a casa? Si papá halcón se da cuenta de que estoy desaparecido, me va a matar.

Una mano fuerte llegó desde atrás y agarró a Donghyuck por la nuca. —Demasiado tarde, ya se ha dado cuenta.

Minki palideció mientras Donghyuck dejaba escapar un grito. A pesar de que no podía ver a su interlocutor, reconoció al instante la voz de Minhyung. Oh joder, estaba de mierda hasta arriba.

Minhyung tiró de Donghyuck tan cerca, que su espalda se quedó al ras contra el fuerte pecho del halcón. En cualquier otra situación, a Donghyuck le hubiera encantado encontrarse en esa posición. En ese momento, sin embargo, el miedo lo llenó. Minhyung no sólo desprendía ira, su furia era además casi palpable, ya que pasó a través de él.

—Dime, águila, ¿cuál es la regla número uno que se supone que debes seguir? —exigió Minhyung.

—¿Que si comes fuera, es una buena idea comerte sólo dos tercios de tu plato, porque las porciones son demasiado grandes?

Minki dejó escapar un gemido, mientras Minhyung apretó su agarre hasta el punto de dolor.

—¿Quieres intentarlo de nuevo? —gruñó Minhyung, sus labios a pocos centímetros de la oreja de Donghyuck.

—¿Asegurarme de bajar la tapa del váter cuando utilizo el baño mixto, porque si no las mujeres halcón se cabrean mucho?

En ese momento, Minki soltó una maldición entre dientes sacudiendo su cabeza con incredulidad. No es que culpara a Donghyuck, pero no sabía por qué el idiota estaba soltando esas afirmaciones tan suicidas. Minhyung le dio una pequeña sacudida y Donghyuck dejó escapar un grito que sonó muy parecido al de un auténtico águila.

Un calor abrasador cubrió sus mejillas cuando varios humanos le echaron miradas entre divertidas y curiosas. Bien, ahora había cometido el mayor pecado capital de los cambiaformas: ‘Nunca, nunca, nunca, llames la atención hacia los de tu clase’. Desesperado por hacer las paces, le dedicó una amplia sonrisa y saludó a la multitud.

—No te preocupes, solo es gente. Sin embargo, él me llevará a su casa y me golpeará como me gusta.

—Por Dios, Donghyuck. Dejar de hablar, por favor —dijo Minki casi en un susurro.

—Estoy tratando de hacerlo, pero mis labios no quieren estar juntos —dijo Donghyuck en un tono similar.

—Un poco de cinta adhesiva podría arreglar eso —replicó Minhyung cuando comenzó a arrastrar Donghyuck hacia el estacionamiento.

Donghyuck miró al hombre mayor y más alto. Mientras observaba lo caliente que era, con su pelo corto, oscuro y profundos ojos marrones, se dio cuenta también de que Minhyung parecía enojado. Un tic se destacaba en la línea de la fuerte mandíbula del halcón. Sus labios estaban unidos en una línea apretada y cada músculo de su bien construido cuerpo, parecía tenso.

Volviéndose, Minhyung dijo: —Será mejor que tú también regreses a casa, Minki. Tu compañero está loco de preocupación por ti.

Donghyuck se dio cuenta de que estaba en problemas. Problemas, muy, muy grandes. Este era uno de esos momentos en el que una dulce conversación no lo ayudaría a salir del lío. La vergüenza y el odio hacia sí mismo lo llenaron cuando se dio cuenta de que había defraudado a Minhyung una vez más.

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