L-U-C-14-N : EL CÓDIGO FUENTE

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Sinopsis

Lucian creía que su mayor problema era aprobar programación, hasta que un error en la realidad le reveló que él era el arma destinada a salvarla—o destruirla.

Genero:
Scifi
Autor/a:
Coffee and Break
Estado:
Completado
Capítulos:
24
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Quiebre

El amanecer en el piso 17 siempre tenía un filtro grisáceo, cortesía de la contaminación de la ciudad, pero para Lucian Gómez, esa vista era un ancla. Mientras se cepillaba los dientes, observó su reflejo: la cicatriz en la sien apenas visible bajo el cabello, el único recordatorio físico del "accidente" de hace tres años. El resto —la amnesia, el vacío donde debería estar la infancia, el terror nocturno— se había disuelto gracias a las pastillas y a las interminables sesiones de terapia familiar.

—¡Lucian, se te hace tarde! —gritó Yenifer desde el pasillo. Su madre, con las manos manchadas de arcilla roja, estaba en plena crisis creativa matutina.

—Ya voy, mamá.

En la cocina, José, su padre, estaba inclinado sobre la tostadora con un destornillador de precisión. —He recalibrado el termostato —murmuró sin levantar la vista—. Ahora el pan debería salir con un dorado molecularmente perfecto. Pruébalo.

Lucian sonrió, tomó una tostada (que, efectivamente, estaba perfecta) y le dio un beso a María, que dormitaba sobre su café antes de su turno en el hospital. —No olvides tu almuerzo, "chico cerebro" —masculló ella cariñosamente.

La vida era buena. Estable. Predecible. Justo lo que los médicos habían ordenado.

La universidad era su reino. Al caminar por los pasillos hacia la facultad de Ingeniería, Lucian saludaba a diestra y siniestra. No era solo el "chico del accidente" o el "programador genio"; tenía un carisma natural que atraía a la gente. En clase de Algoritmos Avanzados, terminó el ejercicio en quince minutos, dejando al profesor revisando su propia sintaxis en la pizarra. El código para Lucian no era un lenguaje; era música. Fluía de sus dedos con una lógica que a veces le asustaba, como si recordara las respuestas en lugar de deducirlas.

Luego llegó el descanso.

El sol del mediodía caía a plomo sobre el césped del campus. Lucian estaba sentado con Ricardo y Antonia, compartiendo unas papas fritas y riendo de una imitación que Ricardo hacía del decano.

—Te lo juro, Lucian —decía Ricardo, gesticulando con una papa frita—, si sigues optimizando los códigos de la facultad, van a pensar que estás hackeando el sistema para subirnos las notas.

Antonia le dio un codazo suave. —Déjalo, es su superpoder. Quizás en su vida pasada era un cyborg.

Todos rieron. Lucian echó la cabeza hacia atrás, sintiendo el calor del sol en la cara, disfrutando de la normalidad del momento.

Fue entonces cuando sucedió.

No hubo ruido. No hubo explosión. Fue un parpadeo.

Por una fracción de segundo, el mundo se quedó en silencio absoluto, como si alguien hubiera presionado el botón de "Mute". El pájaro que volaba sobre ellos se congeló en el aire, sus alas estáticas contra el cielo azul. La papa frita que Ricardo sostenía se detuvo a medio camino de su boca.

Lucian parpadeó, confundido. —¿Ricardo?

Entonces, el cielo se rasgó. No como una tela, sino como una pantalla corrupta. Una línea de píxeles negros y verdes atravesó el horizonte, distorsionando los edificios de la facultad. Y frente a sus ojos, flotando en el aire sobre la cabeza de Antonia, apareció un texto en una tipografía sans-serif de color rojo brillante:

> ALERTA DE INTEGRIDAD: SUJETO L-U-C-14-N DESINCRONIZADO. > INICIANDO PROTOCOLO DE REINICIO DE MEMORIA EN 10... 9...

Lucian se puso de pie de un salto, tirando su refresco. El líquido se derramó, pero no tocó el suelo; se quedó suspendido en gotas brillantes que empezaron a vibrar.

—¿Antonia? ¿Están viendo eso? —gritó Lucian, pero sus amigos seguían congelados, con las sonrisas petrificadas en una mueca grotesca.

Miró sus propias manos. Sus dedos... no eran piel. Por un segundo, bajo la carne, vio luz. Circuitos dorados y fibra óptica donde deberían estar las venas.

El contador en el aire bajó a 5.

Una sensación de vértigo lo golpeó, pero no era miedo. Era recuerdo. Una avalancha de datos que su cerebro biológico había bloqueado durante tres años. No hubo accidente de coche. No hubo hospital.

El "inventor de poca monta" no era su padre. Era su ingeniero de mantenimiento. Y él no era un estudiante universitario llamado Lucian Gómez.

> 3... 2...

Lucian cerró los puños, y por primera vez en tres años, accedió a la consola de comandos de su propia mente.

—sudo abort_sequence —susurró.

El contador se detuvo en 1. El mundo volvió a la vida con un estruendo ensordecedor de sonido y movimiento. Ricardo dejó caer la papa y Antonia gritó por el refresco derramado.

—¡Joder, Lucian! ¡Qué susto! ¿Estás bien? Te has puesto pálido —dijo Antonia, limpiándose el zapato.

Lucian los miró. El texto rojo había desaparecido, pero ahora, cuando miraba a Ricardo, podía ver algo más. Unos pequeños números flotando junto a su oreja: Ritmo cardíaco: 80 bpm. Nivel de estrés: Bajo.

Lucian tragó saliva, el corazón martilleándole contra las costillas (¿o era un procesador?).

—Sí —mintió, forzando una sonrisa que sentía ajena—. Solo... un mareo. Creo que necesito ir al baño.

Se alejó rápidamente, no hacia el baño, sino hacia la salida. Necesitaba un espejo. Necesitaba ver a su "padre". Y, sobre todo, necesitaba saber por qué su código interno acababa de decirle que su hermana María era, en realidad, su oficial de custodia.