Chapter 1
Capitulo 1
En Eldhryn, la tierra nunca ha sido neutral. Hay quienes nacen donde el agua corre y la sombra protege, y hay otros que aprenden desde niños que vivir es resistir. Yo nací entre estos últimos.
Mi nombre es Aren de Varkuun, y mi pueblo pertenece a las arenas del sur, a un territorio árido donde la tierra no acepta semillas y los animales mueren antes de crecer. En Varkuun Sands no se sobrevive cultivando, sino comerciando: especias, joyas, rutas… y a veces cosas que es mejor no nombrar. No es una ciudad buena ni mala; es gris, como todo lo que se forma bajo el sol que no perdona.
Desde pequeño aprendí a trabajar sin descanso, a caminar largas jornadas con poca agua, a dormir donde la noche nos alcanzara. Mi pueblo es conocido por moverse, por no echar raíces, y esa fama nos persigue como una condena. Muchos terminan marchándose a Black Port, el gran puerto de la costa, buscando fortuna entre el comercio y la locura.
Pero yo ya no quiero seguir huyendo.
He visto cómo viven los otros pueblos de Eldhryn, cómo algunos tienen tierras firmes, animales, hogares que no se desmontan al amanecer. Tal vez me equivoque, tal vez solo soy un joven que aún no entiende el mundo, pero hay algo que sé con certeza: si seguimos viviendo así, nada cambiará jamás.
Durante este día nos toco estar trabajando como vendedor de joyería, en la cual no me quejo es bastante tranquilo y fabuloso el poder conocer gente nueva, muchas veces que van de paso a lo que es la Ruta del oro, en la cual pasan muchas caravanas con cargamento nuevo o simplemente van de paso a Black Port, era ya la tarde cuando empiezo a darme cuenta que un anciano hablaba al viento con la mirada perdida diciendo: “He vivido toda mi vida bajo este sol ya no recuerdo otro lugar que no sea este” al escuchar aquello tuve un sentimiento de tristeza y dolor; cuando llegué con mi familia al lugar que estamos acampando, les quise preguntar: “Cómo son los otros lugares tan frondosos y oscuros que he escuchado o las grandes rocas con nieve que se ven desde aquí”
Mi madre me comenzó a hablar que solo en una oportunidad pudo verlos me mencionaba que existen unos bosques tan verdes como las esmeraldas que se venden en el mercados y montañas tan grandes como si estuvieran tocando el cielo; me dijo “Hijo sólo espero que no siempre sea todo malo para nuestras vidas y haya un cambio”, sin saber ella que lo único que siento y pienso en mi corazón que todo sea diferente ya que quiero conocer lugares nuevos, ir a ver esos lugares tan maravillosos pero misteriosos que hay en nuestro mundo en el cual podemos vivir.
Durante esa noche me levanté y el cielo se abrió sobre mí, cubierto de estrellas que nunca se movían, como si observaran en silencio. Por primera vez me atreví a pensar que tal vez el destino no era una senda marcada, sino una decisión que aún no me atrevía a tomar.

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