El Arte del Abismo

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Sinopsis

El Arte del Abismo "El deseo es la forma más elegante de la guerra." William lo tiene todo bajo control. A sus cuarenta años, ha construido un imperio de orden y prestigio. Su matrimonio con Helena es su obra maestra: una unión impecable basada en el respeto y el equilibrio. Para William, proteger a su esposa —quien habita un mundo de silencio y señas— es su mayor deber y su forma de ejercer el poder. Él es su voz, su escudo y su guía. Pero la perfección es frágil, y el orden de William se agrieta cuando Mikhail, el hijo de Helena, cruza el umbral de su casa. Mikhail no es el joven rebelde que William esperaba moldear. Es un incendio de convicciones, un observador perspicaz que ve las grietas bajo la fachada de su padrastro. Él no busca protección ni acepta traducciones. Para Mikhail, la "nobleza" de William es solo dominación disfrazada. Entre cenas silenciosas y diálogos cargados de veneno, nace una tensión que ninguno puede ignorar. Una guerra de voluntades donde la proximidad física se vuelve una invasión y el odio empieza a confundirse con algo mucho más peligroso. En esta casa, el poder ya no se mide en palabras, sino en quién será el primero en romperse. Porque cuando el abismo te devuelve la mirada, solo queda una opción: rendirse. ✦ ✦ ✦ El problema del poder no es encontrar resistencia… es descubrir que la deseas. ✦ ✦ ✦

Genero:
Lgbtq/Romance
Autor/a:
Y.I.Gallart
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

PRÓLOGO: El Peso del Cristal

Prólogo

El poder no siempre grita. A veces, el poder es un silencio bien calculado, una sonrisa simétrica y un hogar donde no sobra ni un solo alfiler.

William no era un hombre de arrebatos. A sus cuarenta años, como director de una de las inmobiliarias más influyentes del país, entendía que la vida, al igual que los rascacielos, se sostiene sobre una premisa innegociable: la estabilidad de los cimientos. Él no vivía; él diseñaba. Cada decisión era un plano, cada palabra una viga de carga.

Su matrimonio con Helena no fue un incendio de pasión, sino una alianza de alta costura. Tras su divorcio, ella no buscaba el caos del enamoramiento, sino el refugio del orden. William fue la respuesta perfecta.

Ella aportaba el prestigio: la sensibilidad estratégica y esa red de contactos que solo se hereda o se cultiva con décadas de discreción.

Él aportaba la estructura: la seguridad inamovible de un hombre que sabe exactamente dónde estará en diez años.

Era una armonía funcional. Una coreografía impecable donde los sentimientos no estorbaban a la eficiencia. Para William, su vida era una fachada de cristal perfecta: traslúcida, brillante y, sobre todo, bajo control.

Pero el cristal tiene una debilidad que el acero no conoce: no se dobla, se rompe.

Y el peso que amenazaba su estructura no era una falla en el diseño, sino una presencia que William nunca incluyó en sus planos. Un eco de una vida que Helena creía haber dejado atrás.

La puerta se abrió. El aire se volvió pesado.

Y el nombre que lo cambió todo entró sin pedir permiso: Mikhail.