Capitulo I: El rey de la Sabiduría
“La sabiduría de Dios” o “la luz de Salomón” a sí llamó él a su habilidad, el mismo día en que yo le dije que éramos mejores amigos. ..
Samuel, para mí, siempre lució como un chico listo. Bueno , no solo listo... es insoportablemente perfecto a veces, pero de eso a decirme que tenia una extraña razón para serlo y que yo tenía una amistad con un descendiente del antiguo rey Salomón.
Está bien, aquel día fue uno de los más extraños de mi vida.
Al principio pensé que bromeaba y le seguí la corriente. Es un chico bastante inteligente, por lo que no me sorprendería una broma así de ingeniosa de su parte. Quién sabe, quizá tener una amistad con el “príncipe de la sabiduría de dios” sería interesante si partimos del punto que Sammy es ateo.
Pronto descubrí que no era del todo mentira, él podía saber el contenido de cualquier libro existente como si lo tuviera en frente. Aquí, es el punto cuando tuve que afrontar la realidad a mi asquerosamente positivo estilo
—¡Podrás leerme gratis cualquier libro que desee!—
Han pasado siete años desde eso y hemos sido más amigos desde entonces.
_______________
Esta mañana, Sammy me ha dicho que desea hablar de algo realmente importante. Quedamos de vernos en el parque de la ciudad en la fuente principal y bueno, las sabanas se me han pegado.
Estoy corriendo y aún así se que llegaré tarde.
Estoy jadeando, soy un desastre completo y entonces lo veo: sentado en la pileta, con sus veintidós años y con un libro en la mano. Vamos solo le falta el efecto de luz y los pájaros cantado para caer en un cliché.
—Creo que todos conocemos una persona que consideramos perfecta, pero este chico, oh dios, supera con creces ese estereotipo—
No puedo negar que es una persona curiosa, lleva puestos unos tenis rojos y una sudadera del mismo color, cosa que resalta bastante su piel algo bronceada, unos pantalones negros delgados marcan su atlética figura y un gorro de lana en su cabeza que solo deja escapar unos cuantos mechones de su cabello castaño ondulado.
Parece no estar preocupado por el tiempo, es más, parece una jodida pintura de oleo sobre lienzo, su rostro estoico y facciones suaves se mantienen firmes en la lectura mientras con sus largos dedos cruza una página del libro con un cuidado tal, que pensarías que lee sobre hojas hechas de cristal.
—Hace lucir como si ese maldito libro hubiese nacido para estar en sus manos—pienso con desgano.
Retira sus orbes oscuros del libro y me impregna la vista, levanta una de sus cejas de manera sarcástica y sé lo que viene, muerde su labio suavemente y solo sonríe...
—Me hará invitarle algo por hacerlo esperar— susurro de mala gana mientras me acerco a él
—¿Cómo alguien que lleva el don de una divinidad puede tener una personalidad tan retorcida?—
Cierro la distancia entre ambos y siento su perfume. Siempre huele refrescante, algo dulce y no sé si es el laurel o la esencia de manzana lo que produce ese efecto. Él se levanta, es un poco más alto que yo, mi mira y lo miro fijamente ninguno dice nada.
Solo terminamos estallando en carcajadas y empezamos a caminar con su paso lento a nuestra heladería favorita. Me platica sobre su nuevo libro, su voz es suave al hablar, aunque su tono sea grueso, es como si te arrullara...
—¡Santo cielo este chico es como una trampa con pies!— pienso mientras habla.
—Sammy— interrumpo— ¿De que querías que hablemos?—pregunto finalmente
Él se detiene, remoja sus labios suavemente y voltea a verme. Su expresión cambia ligeramente a una más tensa, puedo ver la sombra de una barba rasurada hace poco y un lunar en el cuello cerca de su manzana de Adán en el que antes no me había fijado mientras traga un poco de saliva, parece nervioso. —Creo que me encanta ver a este príncipe consentido en ese estado—
—No me vas a decir que te gusto o algo así, ¿verdad?—pregunto.
Esto lo hace reír, y veo se vuelve a relajar, me agrada su risa es contagiosa y no tan perfecta, creo que es lo único humano que le encuentro.
—“Quizá esta en la naturaleza humana ese mal hábito de jugar con otros. Quizá en realidad vivir no es más que una lucha por manipularse unos a otros y quizá el amor no es más que la insensatez suprema de dejarse manipular voluntariamente” —me responde.
Es la lógica de Sammy después de todo...
—Sobre lo que iba a decirte— suspira más aliviado — lo dejare para después, es algo serio— Contesta a la vez que me regala una sonrisa coqueta y empieza a articular su voz.
—Pero, por el momento lo que más deseo es ese helado que me invitaras por haberme hecho esperar—reclama juguetonamente.
Nos desplazábamos fuera del parque. Sammy luce tranquilo mientras caminamos y ahora, genuinamente, tengo más curiosidad sobre que quiere decirme.
Las hojas caen de los árboles y hacen sonidos curiosos al pisarlas, para distraerme comienzo a jugar saltando sobre ellas. El sonido del color naranja fracturándose me cautiva. Volteo y noto que él me observa sonriente, siento un enorme picor en mi rostro, sé que estoy ruborizándome y eso me apena aún más.
El resto del camino no logro verlo a la cara.
—Buenas tardes, bienvenidos—saluda de forma cordial la mesera mientras nos extiende las cartas de menú y se retira inmediatamente.
Después de tantos año sé lo que él ordenara: “Helado de chocolate y pie de limón”.
Sigo pasando las hojas de textura fibrosa, y trato de recordar cuantas veces hemos estado aquí, en esta heladería, creo que somos un poco rutinarios sin quererlo, me pregunto si no se aburre de hacer lo mismo conmigo cientos de veces.
Me pierdo en mis pensamientos y no noto que Sammy extiende su mano derecha frente a mí.
—Estas bien? —dice algo preocupado —Te quedaste en blanco por un rato—.
—No es nada, solo me distraje un poco —respondo y comienzo a repasar con los dedos de mi mano izquierda el patrón del mantel de la mesa.
Observo un poco el lugar, hemos frecuentado esta heladería desde tan pequeños que ya ni siquiera presto atención a los detalles. Ocho mesas cuadradas, en un amplio espacio, separadas por arreglos florales unas de otras, ventas amplias al lado derecho, la entrada está a un extremo de ellas y visión panorámica de la calle gracias a las mismas. Pero, quizá el efecto de madera en el techo y unas lámparas cilíndricas con estilo de vitrales que cuelgan de él son mis partes favoritas del lugar.
—¿Cuánto tiempo planeas dejarme hablando solo hoy?—interrumpe Sammy mientras chasquea los dedos frente a mí.
—Sabes que ese sonido me fastidia ¿verdad?—contesto y envuelvo su mano con la mía para detener ese molesto sonido.
Lo siento titubear y es extraño hasta cierto punto. Puedo sentir sus manos tensarse, están temblando un poco, sus nudillos hacen presión en mi piel y no se mueve en absoluto. Levanto la vista y él me mira fijamente. —¿Qué es esta sensación tan molesta?—
—Puedo tomar su orden—pregunta la mesera que al parecer atravesó toda la habitación desde el mostrador y no la notamos.
Separamos nuestras manos rápidamente y fingimos tomar las cartas para revisar.
—Quiero un helado de chocolate y un pedazo pie de limón—espeta él.
Una pequeña risa de satisfacción escapa de mi
—Supongo que ordenaré lo mismo—Lo miro a los ojos y sonrió—Pero mi helado de limón y chocolate, por favor—digo mientras cierro el menú y lo devuelvo.
La mesera toma nota y se queda mirándonos un rato mientras sonríe. Por un momento pienso que preguntará el tan típico “¿Son pareja?” que nos atormenta desde que entramos a la adolescencia, sin embargo, se limita a soltar un suspiro y dirigirse a la cocina.
Es curioso que lo único que varié en este lugar sea la mesera, pienso mientras volteo a ver al chico de cabello castaño frente a mí.
—Entonces...— suelto, desviando la mirada— ¿Qué querías decirme en el parque?—pregunto finalmente al ver que ninguno dice nada, situación que es muy extraña.
—Primero esperemos el helado— responde mientras también desvía la mirada y empieza a empujar las cutículas de su mano
—Eres pésimo ocultando cosas, solo suéltalo—reclamo.
Suelta un bufido y lo más probable es que está organizando sus pensamientos para poner las cosas de una forma en la que no sea regañado.
—Sonara a locura...—empieza
—Eres una enciclopedia divina con pies, creo que no podrías decirme algo que me sorprenda más— respondo en son de broma, pero el no se ríe.
El ambiente se torna algo serio y lo veo aún algo pensativo, el ruido de los autos empieza a filtrarse y a hacerse notar debido a la ausencia de conversación entre nosotros.
—Está bien no me digas que no te lo advertí—duda un momento, y luego solo lo suelta...
—El universo y la existencia se están cayendo a pedazos—








